Dragon´s Legacy (Reinos Olvidados) - Cuentos de los Valles (2/12)
Cinthork despertó en una playa. No llevaba su armadura ni arma alguna, tan sólo una túnica blanca cubriendo su cuerpo. Se encontraba ante una gran montaña que se elevaba desde un mar infinito hasta alturas que iban más allá de la comprensión humana. La montaña estaba llena de frondosos y bellos bosques con manantiales de agua dulce y pura.
Ante él se encontraba Tyr, su dios, quien había adoptado la forma de un anciano enjuto y de apariencia frágil. Tyr le indicó que era la hora de que su alma descansase en el Monte Celestia, a pesar de las protestas del minotauro, que quería volver para seguir combatiendo la amenaza drow que acechaba al Valle.
Un arconte llamado Benril se personó en la playa, llamado por el dios Tyr. El aasimón se encargaría de acompañar al alma de Cinthork hasta el lugar donde hallaría el descanso para siempre. Sin embargo, la bravura y determinación del minotauro conmovieron a Benril, quien le permitiría volver al mundo de los vivos a cambio de proteger a los indefensos que descubriría al despertar.
De vuelta en el mundo de los vivos, el minotauro se despertó en un entorno extraño: un lugar oscuro y apenas iluminado por algunas fraguas. La voz de un enano le reconfortó justo antes de que cayese inconsciente.
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Al alba, Jesper y Zenit partieron del Valle de la Sombra acompañados por la sacerdotisa Britha y el explorador Álakir. Se encaminaban hacia la boca de aquella cueva donde habían encontrado a aquel contingente drow días atrás, donde habían perdido a su amigo Cinthork.
Mientras Jesper conversaba por el camino con Britha, Zenit hacía lo propio con Álakir. Eran unos primeros contactos en los que el grupo trataba de conocerse. Compartieron con sus nuevos compañeros la información referente a los enanos fugados que habían descubierto en su anterior viaje a la zona.
Así continuaron hasta que el sol se puso.
La primera noche de su viaje, Zenit tuvo un extraño encuentro con una dama fantasmal en el bosque. La mujer no muerta le indicó al mago que estaban siendo rodeados.
Lo cierto es que casi de inmediato, fueron atacados por un grupo de bandidos. El grupo de aventureros, sin embargo, era notablemente superior a los salteadores; lo que quedó claro muy pronto.
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Cinthork volvió a despertar en aquel lugar, junto a aquel enano que respondía por Simón Rompepiedras. Pronto descubriría que se hallaba prisionero de los drow, quienes estaban empleando a los esclavos enanos para rehabilitar una antigua fortaleza enclavada en la suboscuridad.
Simón le contó al paladín que él y los otros cien enanos (ahora sólo quedaban sesenta) residían en un pequeño pueblo cerca de Lejanascolinas. Un grupo de mercenarios, bajo el mando de un tipo al que los demás llamaban “Temi”, atacó el poblado matando a mujeres y niños; llevándose a los hombres. Después, los reos fueron entregados a los drow en una cueva. Tras un largo viaje por la infraoscuridad, llegaron a esta fortaleza.
Simón se mostraba reacio a cualquier plan de huída, ya que según sus palabras, los drow habían prometido liberarlos al acabar sus trabajos. Por lo visto, Simón creía en las promesas de los elfos oscuros.
Cinthork sintió pronto el desasosiego que le suponía verse vulnerable en aquella oscuridad. Al contrario que drows y enanos, él no disponía de infravisión y sólo disponía de la tenue luz de las forjas.
Conoció a Istorlán Kenmtor, el general drow que le había derrotado en el bosque, y a Nastra Kenmtor, su hermana. La drow era una maga que tenía aterrados a los enanos con sus poderes.
Sabiendo que necesitaba a aquellos enanos, el minotauro realizó numerosas preguntas a Simón acerca de ese lugar, sus captores y los posibles líderes de aquella comunidad cautiva.
Aquel mismo día, colocaron un arnés sobre los amplios hombros de Cinthork y le obligaron cada día a arrastrar las grandes rocas que habrían de servir para la reparación de la fortaleza.
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Durante la mañana del segundo día de camino hasta la cueva, el grupo de Jesper y Zenit fue atacado por un troll. La bestia fue abatida tras mucho trabajo, ya que sus capacidades regenerativas complicaban la tarea de darle muerte. Zenit resultó herido en el combate.
Exhaustos por la lucha, decidieron hacer un alto y llegar a la cueva a la mañana del día siguiente.
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Cinthork trabajó todo el día siguiente, acarreando aquellas pesadas piedras para reacondicionar la fortaleza.
Cuando por fin sus captores le dieron descanso, tuvo una larga conversación con Urin Hacha de Hierro, el líder de aquellos enanos. Urin se mostraba de acuerdo en escapar, pues no creía para nada en la palabra de los drow. Sin embargo, argumentaba que se debía elaborar un plan consistente y, por descontado, que debían intentar escapar con todos los enanos de allí.
Urin le habló a Cinthork de un tal Frinan Escudo de Roble, el alguacil del pueblo donde los enanos residían antes de ser capturados. Quedaron en que el paladín hablaría con Frinan al día siguiente: el minotauro necesitaba de su parte al mayor número de prisioneros posible.
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Cuando Jesper, Zenit, Britha y Álakir llegaron a la cueva, descubrieron que los drow habían derrumbado el túnel de acceso. El grupo trabajó toda la mañana para lograr despejar la entrada.
Por la tarde accedieron a los túneles.
No habían avanzado mucho trecho cuando encontraron los cadáveres de unos cuantos enanos pudriéndose en un túnel. Britha, a pesar de la oposición de Zenit y Jesper, decidió volver para enterrarlos. Álakir secundó a la mujer, así que todos regresaron.
Volverían a los túneles por la mañana.
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Otro día sin oscuridad para Cinthork, otro día de duro trabajo arrastrando rocas e informándose de todo lo que le rodeaba a través de los ojos del enano Simón.
Cuando pudo descansar, se reunió discretamente con Frinan, quien estuvo de acuerdo en unirse al futuro plan de fuga de Cinthork, si es que este era razonable.
Era un paso más hacia la libertad.
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El periplo por los túneles fue lento y penoso, tanto que se llegaron a crear tensiones entre Zenit y Álakir; que era quien guiaba el grupo. Ofuscado, el explorador le cedió la guía al mago. Mientras avanzaban lentamente y casi en círculos, Jesper se encargaba de buscar las posibles trampas ocultas.
Y las había.
Los drow habían colocado varias trampas en los túneles, consistentes en pequeños desprendimientos de rocas. Cerca de esas trampas, los quaggots aguardaban a posibles víctimas.
Los quaggots eran esos humanoides peludos de casi tres metros de altura con los que Jesper y Zenit se habían encontrado en el bosque en su anterior viaje.
Entre trampas y emboscadas, el grupo llegó hasta la gran caverna que cobijaba al grupo de quaggots que guardaba esos túneles. Allí encontraron a ocho de estas bestias, a las que derrotaron en combate.
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El nuevo día de trabajo se le hizo casi liviano a Cinthork, sabedor de que aquella tarde hablaría con los cabezas de las distintas familias enanas que allí se hallaban cautivas. Si lograba convencer a los suficientes enanos, su plan de revuelta podría tener bastantes probabilidades de éxito.
Algunos enanos se mostraron bastante reticentes, pues temían enormemente a los drow. Sin embargo, gracias al apoyo que Cinthork había logrado por parte de Urin y Frinan, logro convencer a todos los cautivos de sumarse a su plan.

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