Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como La Rosa de Acero

La Rosa de Acero: Hijos de La Madriguera (4/X)

Imagen
En plena noche, jadeando, con el corazón casi fuera del pecho, Picoafilado se plantó ante los dos matones que custodiaban la puerta de la casa de Nadiegüelto. Ambos tenían los ojos enrojecidos por fumar flor del desierto. Con la voz entrecortada, les dijo que tenía que hablar con su jefe, a pesar de la hora que era. Nadiegüelto le recibió en ropa de cama. Sin perder el tiempo, Picoafilado le relató que unos hombres de la banda de Riofrío se habían llevado a Luna para interrogarla acerca de la operación en casa de Recuero. Le explicó también que Malhadado había seguido a Jaro y ahora les estaría esperando en Los Dejados para guiarlos. Todo esto debió de alarmar bastante al hampón, que de inmediato sacó a su propio hijo de la cama para que fuese a dar aviso a Amaranto. Después, le dijo a Picoafilado que le acompañase —a él y a sus dos hombres— a solucionar el tema. Uno de aquellos hombres ató a Luna al respaldo de una vieja silla. Jaro estaba frente a ella. Se mostraba amable, aseguránd...

La Rosa de Acero: Hijos de La Madriguera (3/X)

Imagen
Tres semanas habían pasado desde que Tisana apareciese flotando en el Canal de los Suspiros. La cosa parecía haber quedado ahí, sin consecuencias más allá de un ligero aumento de presencia por parte de la guardia del bailío en La Madriguera. Los reclutadores del ejército también se dignaron a visitar las mugrientas calles, en busca de incautos que quisieran alistarse en una inminente guerra con Salarcia en la frontera de poniente. Malhadado empezó el día desayunando en Los Dejados, como cada mañana. Aquel día, Margarita, la posadera, parecía muy afectada. Según explicó, se debía a la actitud ausente e inusualmente taciturna de Grito, su marido. Cuando Malhadado habló con el posadero, le vio todavía muy afectado por la reciente muerte de su hijo pequeño. Grito le pidió a Malhadado que le dijese a Luna que el posadero quería hablar con ella. Malhadado le prometió que lo haría. Después, cogió su maltrecho atril y sus naipes, y se encaminó hacia la tienda de Picoafilado para trabajar en ...

La Rosa de Acero: Hijos de La Madriguera (2/X)

Imagen
Había sido una noche larga para Malhadado. Pese a poder disfrutar, una vez más, de aquel cómodo colchón en Los Dejados, había dormido poco. La visión del cadáver abotargado de Recuero no le había dejado descansar. No sabía quién era el responsable del asesinato, pero por su cabeza pasaban tanto la banda de Lobo como el propio Serrín atando cabos. Sea como fuere, la sensación de que él podría ser uno de los siguientes no se le iba de la cabeza. Decidió que sería una buena idea pasarse por el Puerto Dulce, ya que allí hacía la mayor parte de sus negocios el difunto Recuero. Así que se fue allí con su atril de trilero y comenzó a desplegar su arte ante los transeúntes. Algún que otro marinero picó, también algún estibador. Por desgracia, atrajo otro tipo de atención que no le venía nada bien. Una pareja de guardias del bailío se acercó. Uno de ellos le había reconocido en el Barrio de los Sacos. Tras insultarle, e incluso escupirle, le volcaron el atril y le obligaron a marcharse. No era...

La Rosa de Acero: Hijos de La Madriguera (1/X)

Imagen
Parecía una mañana como otra cualquiera en el barrio de chozas podridas y callejones inmundos que era La Madriguera. Pero Picoafilado estaba preocupado: Romero, su empleado, no estaba allí para ayudarle con la apertura de la tienda. Y era extraño, porque Romero era un hombre puntual. No había tiempo para pensar. Era el primer día que se hacía cargo de aquella tienda, después de que sus padres se marchasen al campo para disfrutar de un merecido retiro. Picoafilado era un tipo alto y delgado, con una perpetua barba de tres días y una cicatriz en el cuello fruto de un antiguo intento de atraco en la tienda. Poco a poco, los primeros clientes fueron llegando para hacer sus compras matutinas. No es que el género de Picoafilado brillase por su calidad, pero tenía casi de todo; y aquello era más que suficiente en La Madriguera. Una pareja de jóvenes se interesó por un collar de cobre con una piedra lacada en azul. Se lo llevaron por unas pocas monedas. Hacía una hora de la campanada que ma...