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Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (6/X)

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Los compañeros había regresado a Trono de Kantirm para descubrir que la ciudad enana estaba siendo invadida por gigantes y trolls debido a una traición interna. No habían podido evitar la caída de Trono de Kantirm ni la muerte del bardo Odge, su nuevo compañero. Finalmente, guiados por Mira, escaparon por los túneles mientras eran perseguidos. Ya en el exterior, la general Anleen les había confirmado tanto la muerte del rey Thorgrim como la traición de Baerrak. Agotados y al borde de la muerte, iniciaron una huida por el Espinazo de Hierro con el objetivo de encontrar un lugar donde descansar e intentar rehacerse. La general Anleen les condujo, junto con el resto de refugiados, hasta unas ruinas abandonadas en la parte más alta del Espinazo de Hierro. Los soldados enanos tenían el ánimo por los suelos, mientras que la desesperación más absoluta era la tónica entre los civiles. Mientras descansaban, Mira observó con preocupación el avance del sarpullido negruzco sobre su cuerpo. Ingoff...

Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (5/X)

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Tras una brutal batalla en las entrañas de la fortaleza-prisión enana de Hog-Gurum, donde Lyrendë había perdido la vida bajo la magia de oscuridad de un terrible chamán gigante, los compañeros encontraron un misterioso orbe negruzco, que decidieron llevar de vuelta a Trono de Kantirm. El costo de la expedición había sido terrible: Lyrendë y Baldrik estaban muertos, como los doce soldados enanos que les acompañaban. Ingoff se encontraba gravemente herido, y el sarpullido negruzco avanzaba implacable sobre el cuerpo de los compañeros. Ahora, con el peso de la pérdida y la urgencia de descifrar el secreto del orbe, emprendían el regreso, sabiendo que el destino de la guerra bien podría depender de lo que habían encontrado. Ateridos por el frío, regresaron por aquellos caminos de caza que atravesaban el Espinazo de Hierro transportando aquel orbe negruzco. Las muertes de los compañeros caídos, especialmente de Lyrendë y Baldrik, pesaban en el alma. Pero había algo más ensombreciendo el áni...

Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (4/X)

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Tras interrogar a los centinelas que guardaban las galerías que conducían a la entrada este y seguir el rastro de un aguardiente adulterado, los compañeros llegaron hasta el capitán Melmin, líder de los Martillos del Trueno, quien, ya corrompido, se había suicidado antes de revelar más información. Entre sus pertenencias hallaron un mapa que señalaba la antigua fortaleza-prisión de Hog-Gurum, abandonada siglos atrás. Convencido de que allí se ocultaba una amenaza mayor, el rey Thorgrim había enviado a Baldrik y a los compañeros a investigar el lugar junto con una docena de soldados. La mañana antes de partir, una sombra de desasosiego volvió a cernirse sobre los compañeros. El sarpullido negruzco había avanzado en Elatha y Mira de tal modo que, de seguir así, en poco tiempo sería demasiado difícil ocultarlo a la vista. Además, aquella mañana también Ingoff había presentado los primeros síntomas. Asustada, Lyrendë le pidió a Mira que examinase su cuerpo, aunque la semielfa no encontró r...

Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (3/X)

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Tras ser encarcelados por los enanos a causa de la discusión entre Ingoff y el general enano Baldrik, los compañeros habían conseguido convencer a su carcelero para que los liberase una vez se descubrió que los gigantes habían irrumpido en una de las galerías de Trono de Kantirm. Armados con lo primero que encontraron a mano, lograron derrotar a sus enormes contrincantes y ponerlos en fuga. Ahora, por la gracia del rey Thorgrim, los compañeros descansaban en uno de los barracones del ejército enano bajo la estrecha supervisión de Baldrik. Suponían que debía de haber amanecido hacía poco, dada la actividad en el distrito castrense de Trono de Kantirm. Aquella zona de la ciudad que los enanos habían excavado en la montaña ya había cobrado vida, con los soldados marchando de acá para allá, haciendo traquetear sus armaduras bajo los gritos de sus mandos o practicando ejercicios de combate individual en algunas de las numerosas balconadas de piedra. En el interior de aquel barracón que el ...

Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (2/X)

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Los compañeros no habían iniciado nada bien su andadura en las montañas del Espinazo de Hierro: tras enfrentarse tanto a tres yetis como a dos gigantes, todos infectados por el sarpullido, Elatha y Mira habían comenzado a mostrar los primeros síntomas de esa terrible dolencia. Por si fuese poco, habían encontrado las puertas de Trono de Kantirm, la ciudad de los enanos, cerradas a cal y canto. La posterior discusión entre Ingoff y el general enano Baldrik se había acabado acalorando tanto, que ahora los compañeros estaban siendo apuntados por una decena de ballesteros enanos. Baldrik les dejó muy claro a los compañeros que las únicas razones por las que se les iba a perdonar la vida después de haberle insultado insinuando que quizá estaba al servicio del mal que amenazaba la ciudad enana, era el hecho de que Ingoff fuese un paladín de Oteyar y que hubiesen ayudado a Gorin a defender el puesto de guardia enano. No obstante, la impertinencia del guerrero sagrado les iba a costar caro. En...

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (18/18)

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Tras salvar la vida milagrosamente cuando su navío volador —el Aethereon— se estrelló contra la isla flotante del Plano Astral donde se encontraba el Templo del Destino, los compañeros descifraron el modo de entrar en el edificio sagrado. Allí, se enfrentaron en un duro combate al Gran Príncipe Telamonte y sus hombres, acabando con los últimos miembros de la raza de los Umbra. Exhaustos por el combate, el grupo se replegó a uno de los edificios de la explanada para descansar y, de ese modo, poder acometer su último desafío, aquel que sin duda les aguardaba tras las enormes puertas que conducían al corazón mismo del Templo del Destino. Cuando despertaron, completamente restablecidos, volvieron a encaminarse al Templo, donde, tras colocarse una vez más sobre los círculos, las enormes puertas se abrieron para ellos. Atravesaron la amplia nave hasta las puertas que daban a las escaleras, donde aún se encontraban tendidos los cadáveres de los Umbra. Según se aproximaban a las puertas, Vanua...