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Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (4/X)

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Tras interrogar a los centinelas que guardaban las galerías que conducían a la entrada este y seguir el rastro de un aguardiente adulterado, los compañeros llegaron hasta el capitán Melmin, líder de los Martillos del Trueno, quien, ya corrompido, se había suicidado antes de revelar más información. Entre sus pertenencias hallaron un mapa que señalaba la antigua fortaleza-prisión de Hog-Gurum, abandonada siglos atrás. Convencido de que allí se ocultaba una amenaza mayor, el rey Thorgrim había enviado a Baldrik y a los compañeros a investigar el lugar junto con una docena de soldados. La mañana antes de partir, una sombra de desasosiego volvió a cernirse sobre los compañeros. El sarpullido negruzco había avanzado en Elatha y Mira de tal modo que, de seguir así, en poco tiempo sería demasiado difícil ocultarlo a la vista. Además, aquella mañana también Ingoff había presentado los primeros síntomas. Asustada, Lyrendë le pidió a Mira que examinase su cuerpo, aunque la semielfa no encontró r...

Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (3/X)

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Tras ser encarcelados por los enanos a causa de la discusión entre Ingoff y el general enano Baldrik, los compañeros habían conseguido convencer a su carcelero para que los liberase una vez se descubrió que los gigantes habían irrumpido en una de las galerías de Trono de Kantirm. Armados con lo primero que encontraron a mano, lograron derrotar a sus enormes contrincantes y ponerlos en fuga. Ahora, por la gracia del rey Thorgrim, los compañeros descansaban en uno de los barracones del ejército enano bajo la estrecha supervisión de Baldrik. Suponían que debía de haber amanecido hacía poco, dada la actividad en el distrito castrense de Trono de Kantirm. Aquella zona de la ciudad que los enanos habían excavado en la montaña ya había cobrado vida, con los soldados marchando de acá para allá, haciendo traquetear sus armaduras bajo los gritos de sus mandos o practicando ejercicios de combate individual en algunas de las numerosas balconadas de piedra. En el interior de aquel barracón que el ...

Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (2/X)

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Los compañeros no habían iniciado nada bien su andadura en las montañas del Espinazo de Hierro: tras enfrentarse tanto a tres yetis como a dos gigantes, todos infectados por el sarpullido, Elatha y Mira habían comenzado a mostrar los primeros síntomas de esa terrible dolencia. Por si fuese poco, habían encontrado las puertas de Trono de Kantirm, la ciudad de los enanos, cerradas a cal y canto. La posterior discusión entre Ingoff y el general enano Baldrik se había acabado acalorando tanto, que ahora los compañeros estaban siendo apuntados por una decena de ballesteros enanos. Baldrik les dejó muy claro a los compañeros que las únicas razones por las que se les iba a perdonar la vida después de haberle insultado insinuando que quizá estaba al servicio del mal que amenazaba la ciudad enana, era el hecho de que Ingoff fuese un paladín de Oteyar y que hubiesen ayudado a Gorin a defender el puesto de guardia enano. No obstante, la impertinencia del guerrero sagrado les iba a costar caro. En...

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (18/18)

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Tras salvar la vida milagrosamente cuando su navío volador —el Aethereon— se estrelló contra la isla flotante del Plano Astral donde se encontraba el Templo del Destino, los compañeros descifraron el modo de entrar en el edificio sagrado. Allí, se enfrentaron en un duro combate al Gran Príncipe Telamonte y sus hombres, acabando con los últimos miembros de la raza de los Umbra. Exhaustos por el combate, el grupo se replegó a uno de los edificios de la explanada para descansar y, de ese modo, poder acometer su último desafío, aquel que sin duda les aguardaba tras las enormes puertas que conducían al corazón mismo del Templo del Destino. Cuando despertaron, completamente restablecidos, volvieron a encaminarse al Templo, donde, tras colocarse una vez más sobre los círculos, las enormes puertas se abrieron para ellos. Atravesaron la amplia nave hasta las puertas que daban a las escaleras, donde aún se encontraban tendidos los cadáveres de los Umbra. Según se aproximaban a las puertas, Vanua...

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (17/18)

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Los compañeros se habían hecho con el último Glifo del Destino tras acabar con el vampiro Strahd Von Zarovich en el mundo de Barovia, lo que les permitió regresar a Sigil solo para descubrir que el Gran Príncipe Telamonte, de los Umbra, les llevaba la delantera. Tras subir a bordo del Atehereon, el navío astral capitaneado por la halfling Eola, los compañeros habían logrado llegar hasta el islote flotante en el que se encontraba el Templo del Destino para encontrar los restos estrellados de la fortaleza voladora netherese. Por desgracia, el propio Aethereon también había sido succionado por la terrible tormenta mágica que rodeaba el islote y, ahora, se precipitaba descontrolado hacia una letal colisión. Sathelyn aferraba el timón junto a la capitana Eola, tratando de gobernar el barco sin conseguirlo del todo. Cinthork se disponía a correr en su ayuda cuando, de pronto, los cabos de las alas —tanto a babor como a estribor—se soltaron, lo que hizo que el barco se descontrolase aún más. ...