La Rosa de Acero: Hijos de La Madriguera (2/X)
Había sido una noche larga para Malhadado. Pese a poder disfrutar, una vez más, de aquel cómodo colchón en Los Dejados, había dormido poco. La visión del cadáver abotargado de Recuero no le había dejado descansar. No sabía quién era el responsable del asesinato, pero por su cabeza pasaban tanto la banda de Lobo como el propio Serrín atando cabos. Sea como fuere, la sensación de que él podría ser uno de los siguientes no se le iba de la cabeza. Decidió que sería una buena idea pasarse por el Puerto Dulce, ya que allí hacía la mayor parte de sus negocios el difunto Recuero. Así que se fue allí con su atril de trilero y comenzó a desplegar su arte ante los transeúntes. Algún que otro marinero picó, también algún estibador. Por desgracia, atrajo otro tipo de atención que no le venía nada bien. Una pareja de guardias del bailío se acercó. Uno de ellos le había reconocido en el Barrio de los Sacos. Tras insultarle, e incluso escupirle, le volcaron el atril y le obligaron a marcharse. No era...