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Blue Spring (2/2)

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Anton y Nick despertaron con la sensación de que había amanecido demasiado pronto. Ni siquiera el olor del café recién hecho pudo hacer mucho por cambiar eso. No tenían la impresión de haber dormido demasiado bien, aunque ninguno recordaba haber tenido pesadillas, por raro que pareciese. A Nick aún le dolía la espalda de su fallido intento de trepar por la escalera de incendios en el piso de Susan, pero le dolía menos que el día anterior. Haciendo algunos movimientos para desentumecer la musculatura de la espalda, Nick encendió el ordenador de Susan e hizo un nuevo intento de acceder al dispositivo. Si bien esta vez lo consiguió, no encontró nada de utilidad en él, solo la búsqueda en Google de la iglesia de Santa Inés. Mientras, Anton telefoneaba a Peter para preguntarle por el estado de la familia: sus padres seguían nerviosos y no había noticias de la policía. Anton le pidió que fuese al piso de Susan para buscar entre sus discos si hubiese alguno llamado Blue Spring. Peter no en...

Blue Spring (1/2)

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Era una mañana soleada. El viento traía el olor de la hierba seca hasta las puertas de aquella iglesia metodista que había sido levantada a las afueras de Nashville. Allí, Anton y Nick aguardaban a que diese comienzo la boda a la que habían sido invitados. Se casaba Eve, la prima de Susan. Como amigo íntimo de la familia, Anton había sido invitado. Nick no tenía mucho que ver con aquella gente, pues era el hermano de Gregg, la actual pareja de Susan; pero Gregg había insistido en que asistiese para no sentirse tan fuera de lugar entre toda la familia política. Susan había movido hilos, y allí estaba Nick. El problema era que ni Susan ni Gregg estaban aún allí. Si bien Gregg era algo anárquico en lo referente a sus compromisos —y a su vida en general—, aquello no parecía propio de Susan. Margarett, su madre, parecía preocupada, mientras su padre, Steven, no hacía más que echar pestes sobre Gregg, especialmente ante Nick, que aguantaba el tipo como podía. Peter, el hermano de Susan, tamb...

La pantalla del Director de Juego: por qué no deberías esconder tus dados

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Hace un par de días, hablaba con un colega acerca del uso de la pantalla de director de juego y las tiradas que se realizan tras ella. Teníamos opiniones opuestas, y la mía es simple: el director de juego debería tirar sus dados a la vista de la mesa porque las tiradas ocultas destruyen justo aquello que hace que el riesgo en los juegos de rol signifique algo. LO QUE LA PANTALLA ESCONDE En mi experiencia personal, algo que todos los directores que la usan saben es que si la tirada oculta existe, es sobre todo, para poder ignorarla. Si el director siempre respetara el resultado, daría igual que el dado rodase detrás del cartón o en el centro de la mesa. Esconder el resultado solo tiene sentido si te reservas la opción de manipularlo . Y eso es, según mi particular filosofía, una mierda inapropiado. Los defensores de la manipulación de tiradas lo presentan como un acto generoso: salvar al personaje de una muerte anticlimática, corregir sobre la marcha un encuentro mal diseñado o ma...

¿Quién cuenta la historia? Autoridad narrativa compartida en los Juegos de Rol

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Hay un momento en el que un jugador suelta algo como: “ ¿Puedo hacer que mi amigo John esté ahí, esperándome? " Y ahí, el Director de Juego tiene que decidir algo mucho más importante de lo que parece: quién tiene derecho a construir la ficción . La autoridad narrativa compartida es una herramienta de diseño que existe en un espectro, y cada mesa necesita encontrar su propio punto en él . Este artículo trata de darte el mapa para que decidas, con cierto criterio, cuánta autoridad repartir y cómo hacerlo sin que la partida se convierta en un caos. ¿QUÉ ES LA AUTORIDAD NARRATIVA? Te explico el que es, al menos, mi concepto. La autoridad narrativa es el poder de introducir hechos vinculantes en la ficción compartida : decidir qué existe, qué pasa y qué significa. En la práctica se divide en varias capas que casi nunca se tratan como el mismo bloque: Autoridad de worldbuilding: qué hay en el mundo (una taberna, una facción, un rumor). Autoridad de PNJ: cómo piensan y ...

La Rosa de Acero: Hijos de La Madriguera (4/X)

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En plena noche, jadeando, con el corazón casi fuera del pecho, Picoafilado se plantó ante los dos matones que custodiaban la puerta de la casa de Nadiegüelto. Ambos tenían los ojos enrojecidos por fumar flor del desierto. Con la voz entrecortada, les dijo que tenía que hablar con su jefe, a pesar de la hora que era. Nadiegüelto le recibió en ropa de cama. Sin perder el tiempo, Picoafilado le relató que unos hombres de la banda de Riofrío se habían llevado a Luna para interrogarla acerca de la operación en casa de Recuero. Le explicó también que Malhadado había seguido a Jaro y ahora les estaría esperando en Los Dejados para guiarlos. Todo esto debió de alarmar bastante al hampón, que de inmediato sacó a su propio hijo de la cama para que fuese a dar aviso a Amaranto. Después, le dijo a Picoafilado que le acompañase —a él y a sus dos hombres— a solucionar el tema. Uno de aquellos hombres ató a Luna al respaldo de una vieja silla. Jaro estaba frente a ella. Se mostraba amable, aseguránd...

La Rosa de Acero: Hijos de La Madriguera (3/X)

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Tres semanas habían pasado desde que Tisana apareciese flotando en el Canal de los Suspiros. La cosa parecía haber quedado ahí, sin consecuencias más allá de un ligero aumento de presencia por parte de la guardia del bailío en La Madriguera. Los reclutadores del ejército también se dignaron a visitar las mugrientas calles, en busca de incautos que quisieran alistarse en una inminente guerra con Salarcia en la frontera de poniente. Malhadado empezó el día desayunando en Los Dejados, como cada mañana. Aquel día, Margarita, la posadera, parecía muy afectada. Según explicó, se debía a la actitud ausente e inusualmente taciturna de Grito, su marido. Cuando Malhadado habló con el posadero, le vio todavía muy afectado por la reciente muerte de su hijo pequeño. Grito le pidió a Malhadado que le dijese a Luna que el posadero quería hablar con ella. Malhadado le prometió que lo haría. Después, cogió su maltrecho atril y sus naipes, y se encaminó hacia la tienda de Picoafilado para trabajar en ...