Dragon's Legacy (Reinos Olvidados) - Cuentos de los Valles (4/12)

 Los bandidos castigaban con dureza las rutas comerciales de los Valles, al parecer guiados por un enorme guerrero que combatía enfundado en una impresionante armadura completa. Cada vez más caravanas caían en manos de los bandidos y las gentes cada vez miraban con ojo más crítico la inacción de Lord Mourngrym.

Mucho más abajo, en la suboscuridad, la matriarca del clan Kenmtor reprendía a sus hermanos menores, Nastra  e Istorlán por haber permitido la fuga de aquellos esclavos que rehabilitaban la antigua fortaleza drow existente bajo el Valle de la Sombra.

Ajenos a esto, Jesper y Zenit continuaban su descenso a las entrañas de la suboscuridad para vengar, o quizá rescatar, a Cinthork en compañía de la sacerdotisa Britha y el explorador Álakir. Al mismo tiempo, el minotauro guiaba a los enanos esclavos que habían sido liberados de la fortaleza drow hacia la superficie, hacia la libertad.



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La minuciosa inspección del terreno por parte de Jesper, evitó que su grupo cayera en una trampa de pozo bastante bien camuflada. Sin duda, el estruendo de los aventureros cayendo en esa oquedad habría llamado la atención de un nutrido grupo de quaggots que dormitaba más adelante. Una vez más, Jesper, Zenit, Britha y Álakir dieron cuenta de ellos sin muchos problemas.

Álakir, el explorador semielfo, se acercó a Zenit para confesarle lo evidente: su amor hacia Britha. Álakir se hallaba desconsolado y dudaba de si, algún día, lograría el amor de la sacerdotisa. Zenit, que no quería hundir el ánimo del semielfo, le mintió diciendo que confiaba en un futuro sentimiento correspondido de la mujer hacia Álakir. Sin embargo, el mago se mostró tan poco convincente que solo acrecentó el desconsuelo de su compañero.

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Cinthork viajaba por aquellos túneles en completa oscuridad, guiado por Frinan. El grupo era guiado por Simón, aquel enano del que todos desconfiaban pero que parecía conocer aquella zona del entramado subterráneo. En un punto, Simón les indicó que más adelante había un altar de Lloth en el que ocasionalmente podían encontrarse patrullas drow.

Tulkor, aquel enano que había forjado amistad con Cinthork en aquellos días se adelantó para comprobarlo. Aunque acabó muriendo bajo los virotes drow, su muerte sirvió para que el grupo no cayera en una emboscada.

Entre el valeroso minotauro y los pocos enanos que se hallaban en condición de combatir, lograron acabar con aquella decena de drows sin sufrir más bajas que la del desafortunado Tulkor.

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Casi al final de esa misma jornada, el grupo formado por Jesper, Zenit, Britha y Álakir, sufrió un ataque por parte de unas sigilosas arañas gigantes que llegaron a ponerles en aprietos. De hecho, Jesper quedó atrapado por la pegajosa tela de una de esas arañas, por lo que necesitó ser liberado por uno de sus aliados.

Tras ese combate, Britha habló con el sacerdote acerca de la zozobra que sentía en su alma: la sacerdotisa tenía miedo a morir y dudaba de su utilidad para el grupo en esas condiciones de inestabilidad. Las palabras de Jesper lograron reconfortar su corazón y devolverle la confianza.

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Al inicio de la siguiente jornada, los enanos que Cinthork y Frinan eligieron como exploradores lograron evitar que el grupo cayera en una trampa mágica de glifo. Sin duda, hubiese sido una trampa letal de necesidad para el grupo.

Uno de aquellos enanos conocía el Valle de la Daga, de donde era oriundo Cinthork. Se interesó por los orígenes del minotauro; estableciendo que probablemente era descendiente de los antiguos minotauros que trabajaban como esclavos en las minas de Tethyamar.

No mucho más adelante, el grupo se topó con una manada de quaggots, de los que también dieron buena cuenta sin sufrir bajas. Entre los despojos que había en la guarida de estos humanoides monstruosos, el minotauro encontró un escudo con el símbolo de su dios. Inspirado por el hallazgo, lo tomó solo para sentir de inmediato que la magia fluía por él.

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Una zona inundada hasta las rodillas recibió al grupo de Jesper y Zenit cuando descendieron un poco más hacia la infraoscuridad. En ese momento, Álakir les recordó aquella máxima de cualquier aventurero que se precie “Nunca te metas en la niebla, y nunca te metas en el agua”.

Alerta, se introdujeron en esa sección inundada de los túneles.

Una poza de succión se abrió bajo los pies de Britha, quien a punto estuvo de morir ahogada. Solo con gran esfuerzo, sus compañeros fueron capaces de rescatarla.

No estaban para nada a salvo, un aballín, una especie de légamo transparente oculto en el agua estuvo a punto de devorar a Zenit cuando este se acerco a inspeccionar un pequeño tesoro sumergido. Aunque el mago lo esquivó con bastante destreza, el aballín logró atrapar a Jesper. La magia de fuego de Zenit era ineficaz contra el monstruo, pero con esfuerzo, las flechas de Álakir si lograron desmoronar la estructura celular de la criatura.

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Cinthork y los enanos continuaban su ascenso por los túneles. Esta vez, los enanos no parecían tan atentos y no advirtieron unos diminutos glifos en las paredes de la caverna. Una esfera de ácido explotó en aquel pasadizo hiriendo a Cinthork y Frinan, pero acabando con el resto de enanos luchadores que también marchaban en cabeza.

Los gritos y el hedor a carne socarrada, además, atrajeron a un grupo de arañas gigantes las cuales acabaron con la vida de Frinan y dejaron bastante malherido al minotauro.

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En la zona inundada, al grupo de Jesper y Zenit, aún le aguardaban un par de sorpresas: tras salvar a Álakir de otra poza de succión, fueron atacados por una serpiente gigante, que precisamente casi acaba con la vida del explorador semielfo.

Tras estos contratiempos, lograron salir del agua y descansar en una sección seca de los túneles; lo que todos agradecieron.

Durante el sueño de los compañeros, en la guardia de Zenit, el mago volvió a tener un encuentro con aquella dama fantasmal del bosque, a la que él ya casi con toda seguridad identificaba con la difunta Sylune, de las Siete Hermanas.

La dama le susurró un extraño mensaje: “¿Qué te ha pasado? ¿Qué te han hecho?”

Tras esto, el fantasma desapareció, dejando a Zenit confuso.

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Y así, mientras el grupo formado por Jesper, Zenit, Britha y Álakir continuaba descendiendo a la suboscuridad, Cinthork el minotauro ejecutaba el camino inverso, al frente de un grupo de dieciocho enanos entre los cuales no había un solo guerrero.

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