Draconis Tempora: Korvosa (T2), siete días de aquí a la tumba (1/7)
Habían transcurrido ya un par de semanas desde que Vencarlo y el grupo formado por la paladina humana Kaylee, el guerrero elfo Linasaer, el mago gnomo Valmin y el explorador shoanti Rostroajado consiguieran rescatar del cadalso a aquella joven a la que la reina Ileosa quería hacer pasar por Trinia Sabor.
Después de aquello, y del amago
de revuelta que se produjo, el grupo había decidido mantenerse relativamente
fuera de las calles, alojándose en “La Jarra de Jeggare”, un lugar de dudosa
reputación regentado por un viejo amigo del propio Linasaer. Allí estarían a
salvo, ya que era un lugar donde acostumbraban a refugiar a la gente sobre la
que no había que hacer demasiadas preguntas.
En este tiempo, durante el cual
la Reina no había sido vista fuera de palacio, la monarca había fundado el
cuerpo militar de las Doncellas Grises; destinado a auxiliar a la guardia de la
ciudad. El cuerpo estaba conformado por jóvenes hermosas que solo debían
lealtad a la reina Ileosa y a su guardaespaldas, Sabina Merrin.
En estas circunstancias, parecía
que la vida contemplativa de los miembros del grupo iba a prolongarse un poco
más: nada más lejos de la realidad.
Sin perder tiempo, el grupo se
encaminó hacia la escuela de esgrima.
Cuando llegaron a la escuela, el
propio Vencarlo les guió hacia su despacho: un lugar en el que podrían hablar
sin preocuparse por los posibles oídos indiscretos de la ciudad. En el despacho
ya aguardaba Trinia Sabor, la artista falsamente acusada del asesinato del rey
Eodred que Kaylee y la difunta Gilmarie habían puesto al cuidado de Vencarlo.
Vencarlo les contó que la reina
Ileosa había puesto precio a la cabeza de Trinia: nada menos que 5.000 monedas
de oro, por lo que todos los guardias de la ciudad y mercenarios independientes
estaban peinando la ciudad en su busca. El maestro no creía poder garantizar la
seguridad de la artista durante mucho tiempo más.
Así, Vencarlo le pidió al grupo
que sacase a Trinia de la ciudad. La idea era que la escoltasen hasta una posta
llamada Trotes, en el camino del norte, a un par de días de Korvosa. Allí
podrían dejarla a cargo de un tal Jasan Adriel, amigo intimo del propio
Vencarlo.
El grupo aceptó de inmediato la
misión, rechazando además la paga de 500 monedas de oro que les ofrecía
Vencarlo.
Tras meditar durante un tiempo la
mejor forma de sacarla de la ciudad, decidieron vestir a Trinia con ropas ajadas
de viajera y, colocándola en medio del grupo, marchar con ella hacia la puerta
norte de Korvosa.
Consiguieron evitar sin problemas
a la guardia de la ciudad, quizá muy agotada de tanto bregar con los tumultos
en los días pasados. Sin embargo, no pudieron evitar que un atento miembro de
la Compañía del Sable creyera haber reconocido a Trinia. Sin pensarlo, el
mercenario corrió a buscar a sus compañeros mientras pensaba en la jugosa
recompensa.
Se habían alejado apenas un par
de kilómetros de Korvosa cuando detectaron la polvareda levantada por los
caballos de sus perseguidores. En unos pocos minutos, tuvieron a aquel grupo de
diez mercenarios de la Compañía del Sable sobre ellos.
Fue un enfrentamiento rápido y,
aunque Kaylee, Linasaer y Valmin resultaron heridos, el grupo se mostró muy
superior a sus enemigos.
El grupo prosiguió su camino, un
camino en el que se desarrolló una fuerte atracción entre Trinia y la paladina
Kaylee. Ninguna fue muy directa, acostumbradas como estaban a ocultar sus
inclinaciones románticas al resto de la gente, pero para ambas quedó claro que
allí se había prendido una llama.
La mañana del día siguiente llegó
con sobresalto, ya que les despertó el ataque de un par de trolls hambrientos
que se arrojaban sobre el campamento.
Aunque Valmin recibió un feo
recuerdo en forma de zarpazo por parte de uno de los monstruos, el grupo se
deshizo de estos apestosos contrincantes sin demasiada dificultad.
El resto del día prosiguió sin
incidentes hasta que, bien entrada la tarde, el grupo llegó a Trotes. Se
trataba de un sitio poco notable en el que el alojamiento era más o menos
decente.
En la posada local se encontraron
con Jasan Adriel, un tipo robusto que tenía aspecto de saber defenderse
bastante bien. Tras una breve despedida, Trinia subió a la grupa de uno de los
caballos que traía el hombre y ambos se marcharon tomando el camino del norte.
Una pequeña pero afilada garra
oprimió durante un rato el corazón de Kaylee.
El grupo pasó aquella noche en
Trotes. A la mañana siguiente, partieron de nuevo en dirección sur, de vuelta a
Korvosa.
Poco antes de llegar a la ciudad,
toparon con un mercader. Hicieron algunos tratos de poca importancia, y el
comerciante les dio alguna información de lo que se había cocido en Korvosa
durante aquellos dos días en los que habían estado ausentes.
Al parecer, un navío lleno de
piratas de Puerto Enigma había intentado infiltrarse en el corazón de la ciudad
al abrigo de la noche. Por suerte, la guardia de Cressida Kroft había logrado
acertar con sus balistas la línea de flotación del barco, hundiéndolo.
Ligeramente intrigados por
aquella noticia, los compañeros decidieron que le preguntarían a su amiga
Cressida acerca del asunto.
Sin más, continuaron su camino
hacia Korvosa, cuya puerta norte cruzaron casi al anochecer.

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