Blades In The Dark - Oblivio Idoli (1/9)

No era un día muy diferente a cualquier otro día en la gélida ciudad de Doskvol. La atestada urbe industrial, también conocida como Baluarte Oscuro o "La Oscura", estaba envuelta en la misma espesa niebla de siempre. Sus calles de casas apiñadas, las calles empedradas donde se respiraba el humo negro de las chimeneas y los canales de agua negra como el petróleo donde navegaban los barcos de vapor seguían presentes, como cada día desde que el Cataclismo hiciese pedazos el sol mil años atrás, resquebrajando con ello las Puertas de la Muerte.

Desde entonces, no sólo Doskvol sino el mundo, se hallaba sumido en la perenne oscuridad. Era por aquello que todas las ciudades del Imperio, como Doskvol, estaban rodeadas de altísimas torres de rayos que crepitaban para mantener alejados a los fantasmas y otros horrores que moraban las Tierras de la Muerte; más allá de los límites de la barrera de rayos.

La sangre electroplasmática que alimentaba esas descomunales barreras de energía era extraída do los leviatanes que habitaban el Mar del Vacío. Los inmensos barcos metálicos, con sus aguerridos tripulantes, surcaban aquellas negras aguas para dar caza a aquellos terrores demoníacos.


Luther Calvin Ward, líder de la banda de los Gatos Grises, recibió la mañana con la figura de un sucio mocoso entregándole una nota cifrada en la misma puerta de su casa. Mientras desayunaba un vaso de whisky, Luther desencriptó el mensaje para averiguar que se trataba de una misiva de Lord Mora, quien le citaba en el Club Centuralia a la hora de comer.

Luther maldijo: le debían dinero al Círculo de la Llama. Debido a que el distrito de Seis Torres pertenecía al Círculo, las bandas menores debían pagar su "licencia" para operar y mantener una guarida en el territorio. Los Gatos Grises llevaban un par de semanas eludiendo el pago... principalmente porque Luther se había gastado el dinero consumiendo ingentes cantidades de Loto Negro.

Consciente de que no podía seguir escondiendo la cabeza ante aquel asunto, o le traería problemas mucho más graves, Luther decidió acudir a la cita. Así, caminó por las amplias avenidas empedradas de Seis Torres, cubiertas de vegetación y descuidadas; oscuras por la falta de energía o tenuemente iluminadas por las hogueras de los mendigos. Las antiguas mansiones y fincas, ahora remodeladas en apartamentos estrechos y baratos, hablaban de un distrito que una vez fue el hogar de las familias nobles y ricas de Doskvol pero que ahora era poco más que un nido de miserables, vagabundos y okupas.

El Club Centuralia era uno de los burdeles más ostentosos y depravados de Doskvol, cuya recargada fachada dorada y roja destacaba hasta lo doloroso con el resto del panorama en Seis Torres. Cuando regentaba un casi-honrado negocio comercial, Luther solía frecuentarlo para cerrar tratos... todo eso antes de que su adicción al Loto Negro lo mandase todo al traste.

Uno de los matones del local le llevó hasta el reservado de Lord Mora, donde el noble bebía solo; sentado en una mesa con cuatro sillas vacías. Sin más preámbulos que un gesto de la mano para invitar a Luther a tomar asiento, le recordó la deuda que los Gatos Grises mantenían con el Círculo de la Llama.

El Círculo de la Llama era una sociedad "secreta" de anticuarios y eruditos que, en realidad, se dedicaban mayormente a la extorsión, los locales de vicio, el soborno y los asesinatos. No eran gente con la que una banda menor quisiese meterse en problemas.

Tras escuchar el aluvión de escusas que Luther más o menos improvisó en el momento, Lord Mora dijo que acababa de ocurrírsele un modo en el que los Gatos Grises podían pagar la deuda, aunque Luther tenía claro que el noble ya tenía aquel trato ideado de antemano.

Primeramente, Lord Mora le preguntó a Luther lo que sabía acerca de una nueva enfermedad que parecía aquejar a cada vez más personas en la ciudad. Según pudo contarle Luther, no sabía mucho más allá de que se trataba de algún tipo de fiebre cerebral que estaba matando a gente por toda la ciudad. Varios médicos parecían investigar los casos sin llegar a ninguna conclusión clara.

Entonces, tras asegurarse de que no había oídos indiscretos cerca, Lord Mora le contó a Luther que había habido un robo en las cámaras del tesoro del Consejo Municipal, en el distrito de Charterhall. Al parecer, un poderoso artefacto llamado Oblivio Idoli había desaparecido del inexpugnable lugar.

Según la información que poseía Lord Mora, el Oblivio Idoli tenía la capacidad de manipular la memoria colectiva de una ciudad. Dominando su complejo funcionamiento, podía emplearse para borrar selectivamente los recuerdos de la población, lo que otorgaba a quien lo controlase un poder inmenso sobre la percepción de la verdad y la historia misma de la ciudad. En esencia, era algo tan importante como que quien poseyera el Oblivio Idoli podría manipular el pasado para adaptar la realidad a su conveniencia.

Lord Mora tenía la teoría de que la epidemia de fiebres cerebrales que se estaba empezando a manifestar en Doskvol podía tener que ver con un posible uso errático del Oblivio Idoli por parte de quien quiera que fuese que lo tuviese en su poder en aquel momento.

Los tratos entre el Consejo Municipal y el Círculo de la Llama no eran desconocidos, ni para Luther ni para nadie en Doskvol, por lo que al antiguo mercader no le dejó de sorprender que Lord Mora le sugiriese que el Círculo de la Llama estaba bastante interesado en hacerse con el control del artefacto antes de que pudiera ser recuperado por el Consejo o, en el peor de los casos, de que cayese en manos de cualquier facción indeseable de la ciudad.

Así, Lord Mora le indicó a Luther que el Círculo de la Lama estaba dispuesto a aceptar el Oblivio Idoli como pago por la deuda de los Gatos Grises con la organización.

Luther no era ningún estúpido y tenía claro que su banda solo sería un sabueso más en la cordada del Círculo de la Llama para hacerse con el artefacto: sin duda la organización pondría a más bandas a trabajar en ello a cambio de condonación de deudas, como en su caso, o de apetecibles estipendios.

Aún sabiendo que todos aquellos potenciales rivales, por no decir las demás facciones que pudieran estar tras el artefacto, harían lo que fuese por salirse con la suya; aquel trato le brindaba a Luther la enésima oportunidad de salvar el cuello en el último momento.

Aceptó el trato.

Tras despedirse cortésmente de Lord Mora prometiéndole tempranos resultados, Luther empleó unas pocas monedas para enviar a varios chiquillos andrajosos con mensajes a los miembros de su banda. El mensaje era corto, e inequívoco para cualquiera de los Gatos Grises.

"Al anochecer"

La guarida de los Gatos Grises era un viejo y desvencijado vagón de tren que descansaba sobre un tramo de vía en desuso en Seis Torres. Dicho tramo de vía perteneció antaño a un ferrocarril privado de uno de los nobles más poderosos de Doskvol. Cuando dicho noble se marchó a otra zona más pujante de la ciudad, la vía quedó condenada y el vagón de recreo abandonado sobre los oxidados raíles.

La primera en llegar fue Florence Steele, una hábil ratera criada en el mismo distrito de Seis Torres y que llevaba media vida allanando propiedades por todo Doskvol. Había hecho trabajos como agente libre en Nightmarket y Brightstone, pero había acabado haciendo buenas migas con Luther. Ambos, de hecho, habían sido los fundadores de los Gatos Grises.

Jack Drew llegó algo después, con su ropa cara y su olor a perfume; lo que le ponía e cierto riesgo en las calles de Seis Torres. Aún así, aquel noble caído en desgracia se negaba a renunciar a su elegancia. Jack era el hijo de uno de los más poderosos magistrados de la ciudad, por lo que vivió una juventud de opulencia y exceso. Tristemente, su padre se enemisto con el actual Lord Gobernador y su familia lo perdió todo. Su padre fue fusilado, mientras que el joven y confuso Jack tuvo que limitarse a ver morir a su madre y a su hermana de tuberculosis en su miserable casa de Seis Torres unos pocos años después. Jack había sido reclutado por Luther en el Club Centuralia con la promesa de unos elevados ingresos que, tras un año de trabajos, no habían llegado a materializarse.

El tercero en personarse en aquel maltrecho vagón fue un hombre alto y corpulento, Salomón Sterling. Se trataba de un ex soldado imperial que había combatido durante ocho años en la guerra de Skovlan. Tras tanto tiempo luchando, había regresado a Doskvol para encontrar a su prometida casada con otro hombre y a su familia ya fallecida. Dado que todos sus amigos habían muerto en el frente o no querían saber nada que él, la idea de trabajar para Luther no le había parecido peor que cualquier otra cosa.

La última en llegar, como siempre, fue Wajeeha Seri. Era una bella mujer oriunda de la misteriosa tierra de Tycheros. El linaje demoníaco de su sangre había sustituido su cabello por negras plumas de córvido que le caían hasta más abajo de la cintura. Sus ropas sucias, dispares y llenas de remiendos desprendían el característico hedor a azufre y electroplasma propio de la alquimia. De hecho, Wajeeha había llegado a Doskvol para estudiar en el Paraninfo Jayan de Alquimia pero, desgraciadamente, un explosivo incidente que el que varias extremidades de profesor y alumnos acabaron saltando por los aires había desembocado en su expulsión de la escuela y su posterior reclutamiento por parte de Florence.

Una vez todos se hubieron reunido, Luther decidió ir al grano y contarle al resto de la banda el estado de la deuda con el Círculo de la Llama. Obviamente, en cuanto los demás supieron que la supuesta mente maestra de la banda se había gastado el fruto de los últimos trabajos en Loto Negro, no se lo tomaron demasiado bien; quizá a excepción de Wajeeha, que permaneció sentada e inmutable mientras Salomón zarandeaba de la pechera a Luther al tiempo que Florence le insultaba y Jack repetía algo así como "Esto es sumamente inapropiado, Luth".

Finalmente, la posibilidad que ofrecía el hallazgo y rescate del Oblivio Idoli para saldar la deuda, pareció calmar a sus compañeros. De hecho, Wajeeha sugirió que quizá la banda podría, en lugar de rescatarlo para el Círculo de la Llama, quedarse el artefacto para sí y usarlo en su provecho.

Aunque era algo que realmente les apetecía a todos, Luther advirtió que el manejo del Oblivio Idoli parecía ser complejo y que, de hecho, un manejo inapropiado del mismo por parte de su actual proveedor parecía estar causando las actuales fiebres cerebrales que habían fulminado ya a varios ciudadanos.

De ese modo, comenzaron a discutir sobre cuál debía ser su siguiente paso.

Mientras Jack abogaba por que Florence se colase en las cámaras del tesoro del Consejo Municipal en busca de pistas sobre los posibles ladrones del artefacto, la mujer intentaba explicarle lo complejo de aquella tarea que, probablemente, incluso estaba fuera de su alcance.

Salomón, por su parte, sugirió que salieran a la calle a partir algunas caras hasta que alguien soltase la lengua en algún sentido que les fuese útil. Si bien aquello arrancó una carcajada a Luther, le hizo ver al ex soldado que se trataba de una línea de investigación demasiado aleatoria.

Wajeeha, por su parte, se limitó a compartir con sus compañeros que ella se dedicaría a buscar información acerca del Oblivio Idoli, así como de la alteración de la memoria; por si podía encontrar una forma de detectar y ubicar los campos de energía mental emitidos por el artefacto.

Tras un buen rato discutiendo posibles cursos de acción, Luther sugirió que la banda podría aprovecharse sin duda del trabajo que ya estuviesen realizando las autoridades para encontrar el artefacto. De ese modo, conociendo el pasado de Jack entre la alta sociedad, le preguntó si conservaba algún contacto de su juventud que pudiese resultarles de ayuda.

Tras pensarlo un momento, Jack recordó a Philander Isaiah: un joven que cursó estudios con él en la Escuela de Estudios Inmortales y que ahora trabajaba para Lord Penderyn en el Archivo de los Ecos; institución que probablemente se había encargado del estudio del Oblivio Idoli. Lamentablemente, desde la caída en desgracia de la familia Drew, había perdido toda relación con Philander; aunque sabía que actualmente residía en algún lugar de Charterhall.

Una vez que Luther les dijo a sus compañeros que no le sería demasiado problemático dar con la dirección del tal Philander, Florence aseguró que podría colar al grupo en la casa sin muchos problemas. Como era de esperar, Salomón se ofreció a sacarle la información a guantazo limpio a Philander si fuese necesario; lo que le pareció aberrante a Jack.

Antes de marcharse a hacer las gestiones necesarias para obtener la dirección de Philander, Luther comentó al grupo la posibilidad de que otras facciones distintas al Círculo de la Llama estarían obviamente interesadas en el artefacto, al igual que otras bandas a sueldo de estas facciones o incluso del propio Círculo de la Llama. En definitiva: podían esperar problemas.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Wajeeha prometió meterse en su laboratorio a fabricar algunos "juguetitos", que en realidad eran algunas bombas de chispa por si la cosa se ponía difícil y encontraban oposición.

Aquella misma tarde, Luther se reuniría con Laroze, un Casaca Azul con bastantes deudas de juego que solía proporcionarle de cuando en cuando algo de información a cambio de unas monedas. Unas horas después de marcharse del callejón de Seis Torres en el que se habían visto, Laroze regresó con la dirección de Philander Isaiah escrita en un sucio pedazo de papel.

Mientras tanto, Wajeeha había pasado la tarde entre los compuestos químicos y herramientas imposibles de su laboratorio. Ya con la noche entrada, a la luz de una vela (lo que algunos considerarían imprudente dado el carácter explosivo e inflamable de casi todo lo que la rodeaba), contempló con satisfacción las cinco pequeñas esferas metálicas, del tamaño de un puño, que se desplegaban en la mesa; con sus mechitas apuntando hacia arriba.

Era hora de meterse en harina...



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