Draconis Tempora: Korvosa (T3), Huida del Viejo Korvosa (2/6)
Tras pasar la noche en una de las casas abandonadas de Viejo Korvosa, ocultándose de la Turba de Pilts, el grupo formado por la paladina humana Kaylee, el guerrero minotauro Jarnarak, el guerrero-mago elfo Anduil y el sacerdote enano Thrainan, se puso en marcha hacia la casa de Vencarlo, el maestro de esgrima con el que la mariscal Cressida Kroft les había encomendado contactar.
Cuando llegaron a la vivienda de
Vencarlo, la encontraron aparentemente vacía y con la puerta de entrada cerrada
con llave. Justo cuando Kaylee y Anduil discutían sobre quién debería trepar a
una de las ventanas, el minotauro Jarnarak echó la puerta debajo de un
empellón.
Cuando entraron en la vivienda,
rápidamente se percataron de un leve olor a humo. La casa parecía llevar
abandonada más o menos desde que la mariscal Kroft recibiera la última carta de
Vencarlo.
No habían avanzado más que unos
pocos pasos hacia el interior de la vivienda cuando sus enemigos cayeron sobre
ellos. Alertados por la estruendosa entrada de Jarnarak, los dos Mantis Rojas
habían tenido tiempo de preparar su emboscada: uno surgió del interior de un
armario, mientras que el segundo se dejó caer desde las vigas del techo.
Por suerte para el grupo, solo
dos de aquellos asesinos no eran un rival demasiado formidable y el combate se
solventó con apenas unos cortes superficiales para los compañeros. Sin embargo,
aquellos sicarios arrojaron varios frascos de fuego de alquimista, por lo que
la casa comenzó a arder, obligando al grupo a escapar a toda carrera para no ser
devorados por las llamas.
Salieron a la calle sin
demasiados problemas, a excepción de Anduil, quien recibió algunas quemaduras
de consideración. Por fortuna, nada que la imposición de manos de Kaylee no
pudiera solucionar.
La multitud comenzó a arremolinarse
en el lugar, atraída por el espectáculo de las llamas. Entre ellos, se
encontraba Armin Jalento, aquel joven noble al que Kaylee ayudase una vez a
escapar de una turba que quería lincharle.
Armin se lamentó de que los demás
compañeros de Kaylee que habían ayudado a rescatarle hubiesen muerto.
El muchacho les contó que la
declaración de cuarentena le había sorprendido en la academia de Vencarlo. Sin
posibilidad de regresar a su casa, el maestro de esgrima le había invitado a
alojarse allí hasta que la situación se solucionase.
Al parecer, hacía unos días, un
grupo de Mantis Rojas había atacado la academia de esgrima. Vencarlo se había
enfrentado a ellos mientras le ordenaba a Armin que se escondiese. Los Mantis
Rojas resultaron ser demasiados y, finalmente, Vencarlo se había visto forzado
a escapar.
Armin no sabía dónde estaba
Vencarlo, pero les habló de un artista local que solía visitar a menudo al
profesor de esgrima: un tal Salvador Alarido.
Salvador Alarido (era un nombre
artístico), vivía en Muelle Viejo. Muelle Viejo estaba bajo el control del
Emperador de Viejo Korvosa, del que se rumoreaba que era un caníbal, que había
decapitado a más gente de la que murió con el Velo de Sangre, que realmente era
un demonio y que sus secuaces eran tan malos y sanguinarios como él mismo.
Según había escuchado Armin, quienes
deseaban hablar con el emperador debían primero ganarse su respeto
entreteniéndole. Por lo que se decía, el entretenimiento favorito del Emperador
era un juego mortal que había inventado, y que se llamaba el Cerdo de Sangre. Decían
que había convertido un tejado de gran tamaño de su palacio en un campo de
juego para dicho pasatiempo, y que los aullidos y gritos de los que jugaban,
así como de los espectadores se podían oír cada noche por todo Muelle Viejo.
El grupo empezaba a pensar que
aquella sugerencia de Cressida Kroft acerca de hablar con el Emperador para
averiguar la suerte corrida por Vencarlo no era una idea demasiado buena, al
menos si querían mantener las tripas dentro del cuerpo.
Así, tras despedirse de Armin,
decidieron encaminarse a la vivienda del tal Salvador Alarido. El joven noble
les dio las indicaciones pertinentes para que pudieran llegar sin dar
demasiados rodeos.
Y quizá lamentaron no haberlos
dado.
Al poco de entrar en Muelle
Viejo, se toparon casi de bruces con cuatro miembros de la Turba de Pilts.
Aquellos tipos debían haber escuchado la descripción del grupo, ya que se
arrojaron sobre ellos sin mediar palabra.
Esta vez el grupo reaccionó
rápido, acabando con sus enemigos con espeluznante eficacia y corriendo hacia
el puerto antes de que los refuerzos de la turba llegasen, pues oían griterío
acercándose desde calles anexas.
Se toparon con otro grupo de
cuatro Pilts en uno de los muelles, donde buscaban cobijo. Los malhechores
portaban ballestas, así que consiguieron obligar a que los compañeros se
cobijasen tras un pequeño bote en reparaciones que allí yacía abandonado.
Pronto llegaron cuatro Pilts más a apoyar a sus compañeros.
No podían quedarse mucho tiempo
tras ese bote y lo sabían, así que cargaron contra sus enemigos y los
aniquilaron a base de acero y magia. No obstante, nuevamente pudieron comprobar
que aquellos sujetos no eran para tomarlos a broma, al menos cuando aparecían
en un número suficiente: Kaylee y Jarnarak estuvieron a punto de perder la vida
y Thrainan se vio obligado a esquilmar sus poderes curativos para salvares.
Corrieron hacia la dirección en
la que se encontraba la casa de Salvador Alarido. Lo hicieron mientras
continuaban escuchando los gritos furiosos de las turbas que pretendían darles
caza. Finalmente, consiguieron dejar atrás la marabunta y llegar hasta su
destino: un edificio alargado y decrépito construido a lo largo del canal.
Como de costumbre, Jarnarak echó
la puerta abajo para que todos entraran corriendo en el edificio. Tras esto,
subieron al primer piso, donde se encontraba la vivienda del artista.
Un minuto y una puerta abajo
después, se hallaban todos en el interior de la casa.
Salvador no estaba allí, pero
encontraron a una elfa plateada llamada Laori Vaus, una sacerdotisa de Cyric.
Tras unos instantes de tensión inicial al encontrar a aquella mujer que servía
a un dios maligno en la casa, el grupo se tranquilizó al comprobar que la
actitud de la clérigo no era hostil.
Laori decía buscar a Salvador por
tener “cuestiones importantes para el Culto” que tratar con él. No sabía dónde
estaba Salvador, pero había encontrado un pedazo de ropa de un oficial del
gobierno en la casa. La tela estaba empapada en sangre seca.
Thrainan examinó cuidadosamente
el pedazo de tela, determinando que pertenecía a un uniforme de senescal de
Korvosa, lo que hizo que todos pensasen en el senescal Neolandus Kalepopolis,
que había quedado teóricamente atrapado en Viejo Korvosa por la cuarentena.
Kaylee preguntó a la elfa por
Vencarlo.
Laori no parecía saber nada de
Vencarlo, ni siquiera le interesaba demasiado, pero sabía que Salvador estaba
retenido por el Emperador de Viejo Korvosa. Dado que el artista parecía ser la
única manera de llegar hasta el maestro de esgrima, la sacerdotisa se ofreció a
que trabajasen juntos para rescatar a Salvador Alarido de las garras de ese
cacique venido a más.
Estaban ante una situación
desesperada y lo cierto es que el poder de una sacerdotisa no les vendría mal,
de modo que Kaylee y (sobre todo) Thrainan acabaron por aceptar de mala gana
aquella alianza forzosa. Sin embargo, el enano advirtió a Laori de que la
mantendría estrechamente vigilada, dándola muerte sin dudarlo si sospechaba de
cualquier amago de traición por parte de la elfa.
Cerrados los términos de aquel
inusual acuerdo, parecía que era hora de hacerle una visita a ese Emperador.
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