DT8: Dragones de Krynn - En busca de los dragones (2/9)

Tras haber sido testigos de los augurios apocalípticos de la "Manzana de la Revelación" del alcalde Frohm y, en vista de las sospechas acerca de que esas terribles revelaciones tuviesen que ver con la repentina enfermedad que aquejaba a los dragones, los compañeros se pusieron al alba en camino hacia Belleria, donde el propio Frohm les habia dicho que podrían encontrar a un tal Abworth Kannard, experto en dragones.

El grupo formado por el sacerdote humano Estrellanegra, la guerrea elfa Iryl, el guerrero-mago elfo Grendalas y la exploradora humana Shalindra se movían a buen ritmo por aquellas tierras mayormente secas y desoladas. Los escasos pastos solo eran útiles para las pequeñas manadas de cabras y vacas que, de cuando en cuando, encontraban.

No había llovido en más de un mes lo que aumentaba la sensación de calor en aquel clima ya cálido de por sí. Durante su camino, el grupo pudo avistar algunos grupos de casas, probablemente pertenecientes a pequeñas comunidades que no eran ni siquiera lo suficientemente grandes como para recibir un nombre formal.

Antes de finalizar el primer día de viaje, Shalindra se percató de la presencia de una extraña sustancia cristalina sobre la hierba seca. La sustancia era cauchutesca, con un tinte azulado. Cuando la exploradora tocó aquello con los dedos, notó que quemaba ligeramente, como si se tratase de algún tipo de sustancia urticante.

Escamados por aquel descubrimiento, continuaron alerta. Aquella noche, pusieron especial atención en sus guardias nocturnas. Habían acampado en mitad de una llanura, lo que les dejaba bastante expuestos en caso de problemas.

La noche pasó sin incidentes, así que los compañeros se pusieron en movimiento con el nuevo amanecer. Poco después de hacerlo, se toparían con un hombre que cabalgaba a lomos de un caballo de tiro cargado con cachivaches. De su caballo partía una larga soga a la que estaban atados en cadena otros ocho caballos de tiro.

Se trataba de un comerciante que respondía al nombre de Ryn Brombo, cuya mercancía no era gran cosa a excepción de los caballos, que parecían en buen estado. Les intentó vender unos largos guantes de cuero "por si tenían que tocar a algún dragón muerto" ya que, según les dijo, ahora todos eran venenosos. Cuando Estrellanegra le preguntó si había visto algún dragón en las cercanías, el mercader le contestó negativamente, pero le aseguró que se rumoreaba que los cadáveres de los dragones enfermos eran terriblemente contagiosos.

El grupo continuó su camino mientras todos debatían sobre las posibles causas de la enfermedad draconil. Pasado el mediodía, se toparon con un grupo de cuatro jinetes a lomos de briosos corceles. Llevaban ropas bastante elegantes, espadas enjoyadas y arcos de calidad a la espalda.

Se presentaron al grupo como unos mercaderes de Kalamán que habían decidido salir a cazar algunos dragones por deporte. Según dijeron, los rumores hablaban de que los enormes reptiles estaban debilitados por la enfermedad y todos querían coseguir un buen trofeo. Aunque Estrellanegra les intentó hacer ver tanto lo indigno como lo imprudente de aquella idea, los hombres hicieron caso omiso y continuaron su viaje.

La noche cayo de nuevo sobre aquellas tierras. Mientras preparaban la cena, Grendalas se percató de un extraño suceso: tanto las lunas como las estrellas parecían haberse oscurecido notablemente, somo si una sombra las velase. Debatió con Estrellanegra sobre este fenómeno, sospechando ambos que podía estar relacionado con la enfermedad draconil y los oscuros presagios hechos por la manzana de Frohm.

Poco después de ponerse en camino al alba del tercer día, llegaron hasta un pequeño arroyo. Cerca de la orilla norte del mismo, encontraron algunas vasijas de leche colocadas cada pocos metros y aparentemente abandonadas. Shalindra se acercó a oler la leche, constatando que ya se había agriado.

La exploradora encontró unas huellas junto a los recipientes, mostraban el andar errático de un humanoide. El grupo siguió las huellas arroyo arriba hasta encontraron el cuerpo inconsciente de un muchacho. Vestía las ropas de la tribu lor-tai, según les dijo Shalindra, y parecía haberse desplomado a causa del calor.

Estrellanegra se arrodilló junto al joven y le refrescó la cara con el agua de su cantimplora. Poco a poco, el muchacho volvió a la consciencia. Luego, tomó el recipiente de manos del sacerdote y bebió con ansia.

Los compañeros preguntaron al muchacho por su identidad y el motivo de que se encontrase en aquel lugar. El joven se limitaba a sonreír y asentir. Luego, sin previo aviso, hizo sonar su silbato; lo que puso al grupo en alerta.

Poco después, llegó al lugar un grupo de cuatro pastores lor-tai; acompañados de su rebaño de cabras. Aquellos hombres no parecían hablar ningún idioma que los compañeros pudiesen comprender, pero se mostraban amables y amistosos. Tras ofrecerles algo de queso como agradecimiento por auxiliar al joven, les hicieron gestos para que les siguieran.

En este punto, Iryl se mostró rehacia a acompañar a los lor-tai, ya que eso les retrasaría en su camino a Belleria. Después de todo, los pastores parecían desviarse hacia el este. Tras debatirlo durante un rato, el grupo llegó a la conclusión de que los salvajes mostraban excesivo interés en que los compañeros les siguieran... quizá había un buen motivo para ello.

De modo que los compañeros siguieron a los pastores lor-tai hasta un denso bosque con árboles de hoja perenne y gran cantidad de maleza. En la distancia, podía escucharse el balar de alguna cabras, por lo que todos sospecharon que había más pastores en la zona.

No mucho más tarde, se toparían con varias docenas de tiendas de piel alojadas entre los árboles. Personas envueltas en pesadas pieles se dedicaban a manufacturar toscos ropajes, cuidar sus cabras o preparar guisos en ollas de barro. Los niños, entusiasmados por la llegada de los extranjeros, correteaban en torno al grupo.

Los pastores les condujeron hasta la tienda más grande, dedujeron que la del líder de los lor-tai. M'Bert, que así se llamaba el hombre que guiaba a ese pueblo, les dio la bienvenida en idioma común. Les dijo que aquel era el poblado de Pl'odel y les invitó a entrar en su tienda.

Tras ofrecerles algunas viandas y agradecerles sinceramente la ayuda que prestaron al joven en el arroyo, les dijo que había visto en un sueño que los dioses enviarían a un grupo de extranjeros para ayudar a los lor-tai.

Mientras todos fumaban en una pipa ceremonial, M'Bert les contó que su pueblo estaba preocupado por el oscurecimiento de las lunas. Según las creencias lor-tai, las lunas eran la fuente de vida cuya influencia permitía que las mujeres quedasen embarazadas. Si las lunas se oscurecían, no habría más niños. Las vasijas colocadas junto al arroyo eran para que las lunas pudiesen beber de ellas y así se fortaleciesen.

Los compañeros se miraron entre sí, a medio camino entre la incomodidad y la diversión al escuchar aquellas supersticiones de labios del caudillo lor-tai. Sin embargo, se haría un silencio tenso cuando el salvaje continuó con su historia.

Al parecer, en una cueva oculta en las colinas al norte del poblado, habitaba un dragón broncíneo llamdo Escamalunar. Durante generaciones, los lor-tai habían alimentado al dragón en un claro cercano mientras mantenían su existencia oculta a los extranjeros. A cambio, el poderoso dragón protegía a los lor-tai de las amenazas.

Sin embargo Escamalunar llevaba más de un mes sin presentarse en aquel claro donde la tribu le presentaba sus ofrendas. M'Bert pensaba que la desgracia acaecida con las lunas podría tener que ver con la desaparición del dragón.

Por lo visto, las leyes ancestrales de los lor-tai les prohibían entrar en la guarida del dragón, de modo que M'Bert suplicó a los compañeros que inspeccionasen el lugar para averiguar si Escamalunar se encontraba bien.

Una vez que el grupo hubo aceptado la encomienda, el jefe hizo llamar a tres de sus guerreros, uno de los cuales era L'Vrez, su propio hijo. Los lor-tai les guiarían hasta la guarida de Escamalunar, aunque no podrían entrar en ella.

La partida del contingente estaba prevista al alba, de modo que M'Bert les invitó a compartir la cena. Aunque las preocupadas miradas de los salvajes se dirigían a aquel firmamento antinaturalmente oscurecido, los lor-tai se esforzaron por agasajar a sus invitados: pan de arándanos y carne de cabra pasaban de mano en mano en toscos platos.

Alumbrados por el fuego, tres músicos con instrumentos hechos de hueso y tripa de cabra acompañaban a un par de cantantes que entonaron una curiosa canción que quedó grabada en las mentes de los compañeros:

Escaleras de cristal

se extienden hacia el cielo.

Sus raíces y hojas crecen distantes

de donde yacen los dragones.

Sus hojas son sitiales de oro

para las zarpas de la madre neutral.

El corazón de la gloriosa causa,

lugares secretos en las nubes

con sombras nunca demasiado lejos.

Nuestra madre neutral sigue durmiendo

entre las parpadeantes estrellas”.

Mientras los lor-tai aplaudían con entusiasmo la actuación, Iryl le preguntó a M'Bert sobre el significado de la letra. Desgraciadamente, el caudillo lo desconocía. Al parecer, era un himno sagrado que había pasado de generación en generación en su tribu.

Así, los compañeros disfrutaron del resto de aquella cena antes de sumirse en un profundo y reparador sueño. Al alba del día siguiente, partirían en busca de Escamalunar.

Poco después de partir con el amanecer, el grupo siguió a L'Vrez y sus dos guerreros lor-tai hasta unas colinas densamente pobladas de árboles y maleza. El suelo era pedregoso, lo que ralentizaba algo el viaje.

En lo más denso de un bosquecillo de árboles grandes y multitud de arbustos, encontraron una cueva de unos cuatro metros de diámetro en la ladera de una colina. L'Vrez les indicó que se trataba de la guarida de Escamalunar.

El hijo del caudillo les recordó que ellos no podían entrar en la cueva debido a sus leyes ancestrales. Del mismo modo, les indicó que solo uno de los compañeros podría entrar en la cueva a fin de molestar al dragón lo menos posible. El propio L'Vrez decidió que fuese Estrellanegra quien entrara ya que, como sacerdote de Paladine, Escamalunar no le consideraría una amenaza.

Aunque los compañeros se mostraron inicialmente reacios a este curso de acción, finalmente fue el propio Estrellanegra quien convenció al resto para que aceptasen. De ese modo, el sacerdote se internó a solas en la cueva, alumbrado por el fulgor de su símbolo sagrado.

Un rocoso pasadizo serpenteaba en dirección al interior de la tierra. A lo lejos, Estrellanegra podía escuchar el rugir de algún tipo de oleaje. De pronto, el pasadizo descendía abruptamente hacia abajo, por lo que el sacerdote se vio obligado a deslizarse sobre la grava suelta.

Estrellanegra no era especialmente hábil en aquellas lides, por lo que acabó dándose un buen costalazo al llegar al final del pasadizo. En vista de la posibilidad de encontrar algún problema más adelante, empleó los dones curativos de su dios para sanar.

Mientras tanto, en el exterior, Iryl, Grendalas, Shalindra y los lor-tai eran sorprendidos por un grupo de pequeñas criaturas aladas que descendieron en picado del cielo súbitamente. Tenían la forma de óvalos peludos dotados de alas membranosas y largas colas rematadas por un aguijón. El único y rojizo ojo central parecía refulgir con determinación.

Cuatro de los ojos-ala se arrojaron sobre el grupo, mientras que los otros tres se dirigieron hacia la entrada de la cueva con la clara intención de desprender algunas rocas para quizá bloquear la entrada.

Mientras Iryl y Grendalas protegían a los lor-tai con las flechas ígneas del arco mágico de la guerrera y los conjuros de su compañero, Shalindra comenzó a disparar su arco largo contra los ojos-ala que intentaban bloquear la cueva. Inmediatamente, las criaturas abandonaron su empeño para arrojarse sobre la exploradora y herirla con sus aguijones venenosos.

Ajeno a lo que ocurría en el exterior, Estrellanegra continuaba su periplo por la cueva, llegando hasta un pozo de unos seis metros de diámetro y unos quince de profundidad. El sacerdote maldijo su suerte por no tener una cuerda. Después, apretando los dientes, comenzó su penoso descenso hacia el fondo del pozo con la intención de trepar luego el otro lado para ascender,

Nuevamente, quedó claro que aquello hubiese sido mucho mejor trabajo para Shalindra. Estrellanegra perdió pie a unos tres metros del fondo y se llevó un buen golpe. Dolorido, el sacerdote inició nuevamente el ascenso por el otro extremo del pozo.

En el exterior, los siete ojos-ala habían caído ya fuese bajo las flechas de Iryl y Shalindra o arrasados por la electricidad convocada por Grendalas. Aunque los dos elfos estaban indemnes, Shalindra había recibido algunas heridas por parte de aquellos aguijones venenosos y no se sentía demasiado bien.

Además, Grendalas explicó a sus compañeras que los ojos-ala eran extraplanares que solían ser convocados mágicamente, por lo que aquella emboscada implicaba la presencia de otras fuerzas en aquel conflicto.

Dentro de la cueva, los rugientes sonidos del oleaje se hacían cada vez más fuertes. El pasadizo terminaba en una enorme caverna con el techo a casi treinta metros de altura. Indudablemente, se trataba de la guarida de Escamalunar, como atestiguaba el enorme nido construido en una esquina.

No había señales del dragón ni ningún signo de violencia en la guarida.

Al fondo de la caverna, el sacerdote encontró un pasadizo que le llevaría hasta una salida situada en un acantilado desde el que se veía el océano romper contra las rocas a unos cien metros más abajo. Frustrado por no haber encontrado nada, Estrellanegra desandó el camino.

Al llegar al exterior de la cueva, se mostró alarmado al descubrir que sus compañeros habían sido atacados. Rápidamente, se apresuró a usar sus dones curativos con Shalindra. Luego, los lor-tai les condujeron de regreso a su poblado.

M'Bert, el jefe lor-tai, se mostró desilusionado al saber que los compañeros no habían encontrado rastro alguno de Escamalunar, pero aún así les agradeció su ayuda. Además, le entregó a cada compañero un par de guijarros adornados con símbolos lunares.

El caudillo les explicó que se trataba de “Piedras del Sueño”, las cuales otorgaban premoniciones a sus portadores cuando los símbolos lunares coincidían con la disposición de las tres lunas de Krynn en el cielo. Para que esto ocurriese, debían colocar las piedras bajo sus cabezas cuando durmiesen por la noche.

Tras agradecerle su presente a M'Bert, los compañeros decidieron reanudar su camino hacia Belleria. Aunque el caudillo les invitó a pasar la noche en el poblado, el grupo decidió que se había demorado demasiado y era preferible acampar al raso y llegar de mañana a su destino.

Así, se despidieron de los lor-tai y continuaron su camino.







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