Jugadores tóxicos en los juegos de rol
Si estás leyendo mi blog, supongo que estás más que de sobra familiarizado con los juegos de rol y no te descubriré nada nuevo si te digo que nuestro maravilloso hobby va mucho más allá de explorar mundos imaginarios, interpretar a personajes o masacrar monstruitos verdes. Los juegos de rol son, sobre todo, una actividad social recreativa que, no solo es divertida, sino que estimula notablemente la sociabilidad y el espíritu de equipo.
Sin embargo, como en cualquier
ámbito de nuestra sociedad, uno puede encontrarse con gilipollas
personas tóxicas, algo que el juego en línea ha magnificado
por la simple razón de que no es lo mismo comportarte como un
mastuerzo sentado a una mesa con cinco personas que hacerlo desde
la seguridad de tu casa, quizá a kilómetros de distancia de
quienes podrían ponerte en tu sitio. Pero esto es solo mi
opinión totalmente subjetiva.
El caso es que los jugadores tóxicos siempre han estado ahí, como me cuenta algún colega que acostumbraba a dirigir en jornadas. Al parecer, en estos eventos, era costumbre que te tocase alguno de cuando en cuando en mesa; probablemente por el hecho de tratarse de un acto en el que se juntaba una multitud de personas desconocidas. No tengo demasiada experiencia en jornadas, así que ahí me fio de lo que me dicen mis fuentes.
¿QUÉ ES UN JUGADOR TÓXICO?
Pues supongo que todos tendremos nuestra opinión al respecto, pero te aseguro que no soy una de esas personas que se la cogen con papel de fumar. Ni soy un yonki de la superioridad moral o la corrección política, ni me comporto como el padre de nadie cuando dirijo una partida, pues presupongo que me siento entre adultos funcionales.
Para mí, un jugador tóxico es aquel que insulta a otro jugador (no al personaje), muestra algún otro tipo de comportamiento irrespetuoso o se dedica a sabotear la partida. Ya no digamos si se dedica a amenazar a sus compañeros de mesa o algo así... yo no he vivido esto nunca, pero me han contado historias acojonantes sobre energúmenos de este calado.
¿QUÉ HACEMOS?
Como he dicho, uno de estos
jugadores en tu mesa puede cargarse la partida en un
pispás, mandando a tomar por culo
perjudicando la experiencia de juego del grupo. Esto puede
desincentivar claramente la participación de los
perjudicados en futuras sesiones y, por supuesto, asustar
mortalmente a un nuevo jugador que se esté aproximando a
la afición.
Estoy seguro de que no quieres tener a un imbécil interrumpiendo el juego, saboteando la partida, insultando a sus compañeros y, en general, creando un ambiente hostil en mesa. Lo único que, como directores de juego, podemos hacer es estar muy atentos a este tipo de dinámicas en mesa y cortarlas de raíz.
Yo soy muy fan de mantener una conversación con el jugador problemático para explicarle cómo su comportamiento está afectando a la mesa, al menos en los casos en el que el tipo o tipa está saboteando la partida con su forma de jugar. Hago esto porque soy consciente de que muchos jugadores vienen de mesas que seguían ese tipo de dinámicas y no hacen lo que hacen por mala intención, sino porque piensan que es “la forma” de jugar.
Otro asunto es lo de las faltas de respeto o las amenazas: para ese camino solo tengo la expulsión de la mesa. Como he dicho, se te presupone un adulto funcional, así que si lo que quieres en insultar a los que juegan contigo a un juego de mesa, o incluso pegarte con ellos, vete a jugar a las cartas a algún tugurio de cocainómanos y estarás como en casa.
EL DIRECTOR DE JUEGO NO ES PAPÁ, NI ES EL “PROFE”
Yo mismo he caído en la trampa de decir un poco más arriba lo que “como directores de juego” podemos hacer respecto a los jugadores tóxicos, pero lo cierto es que la erradicación de conductas tóxicas en la mesa de juego es algo que incumbe a todos los que se sientan a jugar.
Los juegos de rol son, o deberían
ser, una experiencia divertida y positiva para todos los
participantes, por lo que TODOS LOS PARTICIPANTES deberían
ser los encargados de actuar cuando un jugador tóxico
comienza a comportarse como un gilipollas cretino en
la mesa.
El director de juego es un jugador más, uno con una función distinta, pero un jugador más. No tiene más responsabilidad, autoridad fuera del juego o capacidad de actuación que otro jugador. De hecho, incluso puede darse el caso de que el jugador tóxico sea el director de juego.
A lo que voy es a que todos estamos sentados en esa mesa, por lo cual tenemos nuestra propia parcela de responsabilidad en hacer que la experiencia de juego resulte enriquecedora o, cuando menos, agradable. En última instancia, uno siempre puede levantarse de una mesa en la que todos los demás están permitiendo conductas tóxicas y marcharse.
¿Y tú? ¿Has tenido malas experiencias con jugadores tóxicos?
¿Cómo actuaste?
¿Qué hizo el resto de la mesa?

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