Veneno en la sangre (T3) - Viejos enemigos (9/9)
Los compañeros se hallaban ante las ruinas de la Fortaleza de Mellsmere, donde se había atrincherado el consejero traidor Viccard junto con la hechicera Durriele. Solo un angosto puente levadizo y lo que ocultasen aquellos decrépitos muros separaba a los compañeros de su objetivo: liberar al Bosque de Mirie de la lacra que suponían el propio Viccard, la hechicera y, por consecuencia, el influjo de Yzumath.
Lyrendë activó de inmediato su anillo de Guardavento, haciendo que una lilenda se materializase en los parapetos. Aquella especie de elfa alada desnuda, con su parte inferior de serpiente dorada, apareció a la izquierda de uno de los elfos infectados, clavándole una de sus largas espadas curvas en el vientre y usando la otra para decapitarle.
Mira disparó su arco, hiriendo a otro de los infectados sobre los muros mientras Elatha ya corría hacia las puertas de la fortaleza atravesando el puente. Los demás elfos en el parapeto hicieron llover flechas sobre el puente, aunque tanto los compañeros como la Guardia del Consejo lograron mantener el tipo. A la vez, tres necrarios interceptaban el avance de Elatha justo bajo el arco de entrada, rodeándola.
Asqueada por el hedor de las criaturas, Elatha retrocedió un paso mientras las garras de los no muertos arañaban su escudo. La Guardia del Consejo avanzaba por el puente, devolviendo flechas a los infectados de lo alto del muro sin demasiado éxito. Ingoff llegaba en ese momento junto a Elatha, viéndose también afectado por el hedor de los no muertos.
Mientras la lilenda descuartizaba a un infectado con sus espadas, otro caía desde los muros con el cuello atravesado por una de las flechas de Lyrendë. Un nuevo enemigo era herido por el arco de Mira mientras Elatha tomaba el vial de antídoto que le permitía reponerse ante los efectos del hedor de necrario.
Desde el patio de armas, dos elfos infectados aparecieron para disparar sendas flechas que golpearon sobre la armadura de Ingoff. Otro más, a retaguardia, también hizo repicar la punta de su flecha contra el metal que recubría al paladín. Mientras, Elatha estaba en bastantes apuros, rodeada por los tres necrarios que la acosaban.
La lilenda exterminó al último infectado sobre los parapetos, permitiendo que el grupo del puente pudiese avanzar sin peligro. Lyrendë invocó entonces un proyectil mágico que golpeó a uno de los necrarios que acosaban a Elatha, dejándolo bastante maltrecho. Una flecha de Mira golpeó a continuación a ese mismo no muerto, que se mantenía en pie de forma inexplicable, al menos hasta que la propia Elatha lo partió en dos con su lanza.
Ingoff, que había consumido también el antídoto para no sufrir los efectos del hedor, arrugó el gesto cuando un par de flechas disparadas por los infectados del patio de armas rasgaron su piel. Elatha también había resultado herida por las garras de los necrarios, con los que seguía combatiendo.
Al otro lado del patio de armas, podían ver Elatha e Ingoff desde su posición, había una segunda muralla con su correspondiente arcada. De allí surgieron un par de soldados de élite con sus pesadas armaduras que, un momento después, disparaban sus arcos contra la lilenda de los muros. La criatura esquivó los proyectiles sin problema, con un grácil vuelo.
Pero, justo a continuación, fue la hechicera Durriele quien cruzó esa arcada, más bien cuatro versiones de aquella hechicera elfa. Era evidente que se trataba de algún tipo de argucia mágica, pero resultaba imposible saber cual de ellas era la auténtica.
Las flechas de dos guardias del consejo impactaron sobre el pecho de un necrario, arrancando enormes pedazos de su costillar. Ingoff remataría el trabajo partiéndolo en dos con su hacha antes de colocarse hombro con hombro con Elatha para enfrentar al último de los no muertos en pie.
Los cuatro arqueros del patio de armas preparaban ya sus arcos para disparar contra los intrusos cuando, de súbito, la bola de fuego arrojada por Lyrendë explotó entre ellos, devorándoles hasta la muerte con sus potentes llamas. Mira, colocándose junto a la maga, puso toda su atención en Durriele, disparando una de sus flechas contra ella. Lamentablemente, el proyectil atravesó a una de las copias ilusorias, que se desvaneció al ser golpeada.
Elatha continuaba luchando con el último necrario, mientras los dos soldados de élite de Durriele lograban herir a Ingoff con sus flechas. Mientras, la lilenda ya volaba hacia la hechicera y sus dos esbirros. Durriele invocó entonces una nube de ponzoña que envolvió a la criatura alada quien, a pesar de todo, no salió demasiado mal parada del trance. Por los muros de la segunda muralla, los compañeros pudieron ver que ya se acercaban Viccard y otros tres soldados de élite.
Mientras Ingoff castigaba al necrario con su hacha, la Guardia del Consejo intentaba sin éxito abatir con sus arcos tanto a Durriele como a sus dos soldados. Lyrendë intentó entonces convocar unos tentáculos negros que surgiesen del suelo para atraparlos, pero no logró concentrarse lo suficiente y los negros apéndices se desmoronaron casi de inmediato. La lilenda aterrizó entonces ante las tres Durrieles, aunque todas ellas retrocedieron hábilmente para evitar sus filos. La flecha disparada por Mira tampoco acertó a ninguna de las tres idénticas hechiceras.
Elatha, que acababa de destrozar al necrario, comenzó a correr hacia la arcada de la segunda muralla, mientras los dos soldados de Durriele fallaban por poco en sus disparos sobre Lyrendë. Al tiempo, Viccard y sus hombres disparaban sobre la lilenda, logrando herirla de gravedad. Fue entonces cuando Durriele lanzó una bola de fuego cuya deflagración envolvió tanto a los compañeros como a dos de los guardias del Consejo. Por suerte, todos consiguieron echarse al suelo a tiempo para minimizar los daños.
Los guardias del Consejo dispararon sobre Durriele y sus hombres, dos de ellos acertando sobre la auténtica hechicera que, rápidamente, volvió a intercambiar posiciones con sus réplicas. Ingoff ya corría hacia allí con el hacha firmemente empuñada. De pronto, un gesto de Lyrendë disipó las dos copias ilusorias de Durriele, permitiendo que la lilenda se arrojase sobre el objetivo correcto, hiriendo de gravedad a su enemiga,
Una certera flecha de Mira atravesó entonces la garganta de la maga, haciéndola caer de rodillas para luego desplomarse de bruces, muerta, sobre el suelo. Igualmente, un par de las flechas de los soldados de Viccard se clavaron en la lilenda, aunque fue la flecha del consejero la que se enterró en el corazón de la extraplanar, haciendo que regresase al anillo.
Ingoff llegó a la segunda arcada para comenzar a batirse con los dos soldados que habían estado protegiendo allí a la difunta Durriele. Al tiempo, Lyrendë desaparecía en una nube plateada para reaparecer frente a la zona de muros en la que estaban Viccard y sus hombres, lanzando una bola de fuego contra ellos. Sin embargo, sus enemigos estuvieron rápidos y lograron evitar lo pero cubriéndose tras los parapetos.
Mira hirió a uno de los hombres de Viccard con su arco, mientras Elatha empleaba su escudo mágico para enviar una lluvia de proyectiles ígneos que herían a uno de los soldados de la difunta Durriele. El elfo respondió colocando una flecha en el vientre de Elatha, que se tambaleó por la terrible herida.
Una lluvia de flechas cayó en torno a Lyrendë, aunque la maga logró rodar por el suelo para evitar los proyectiles. Entonces, la Guardia del Consejo lanzó una andanada de flechas que hirió a varios de los soldados de Viccard, abatiendo incluso a uno de ellos mientras Ingoff arrinconaba al adversario con el que se batía en combate singular.
La flecha de ácido invocada por Lyrendë impactó en el pecho de Viccard, haciéndole aullar de dolor. Mientras, Mira dejaba bastante malherido a uno de los soldados del patio con una flecha bien alojada en la costillas. Elatha llegaría a toda carrera para ensartar a aquel enemigo, arrebatándole la vida.
En ese momento, Lyrendë caía bajo la flecha de uno de los soldados, mientras que otro hería a Ingoff con su arco. Un momento después, la flecha de Viccard impactaba en el pecho de paladín, que dio dos pasos atrás, sostenido por apenas un hilo de resistencia.
Los últimos soldados de Viccard cayeron bajo las flechas de la Guardia del Consejo, mientras Ingoff corría hasta Lyrendë para invocar el poder de su Dios y hacer que la maga abriera de nuevo los ojos. Tras levantarse algo tambaleante, la mujer lanzó una nueva flecha de ácido contra Viccard, aunque esta vez el consejero lograría esquivarla.
Mira disparó entonces la flecha paralizadora de su arco, pero Viccard también pudo hacerse a un lado para no resultar impactado. Con una sonrisa cruel en el rostro, el consejero disparó dos flechas en rápida sucesión: la primera derribó a Ingoff, mientras que la segunda hizo lo propio con Lyrendë.
Mientras dos de los guardias del consejo hurgaban en los cintos de la maga y el paladín para extraer de ellos sendas pociones curativas y verterlas en sus labios, los otros tres disparaban sus arcos contra Viccard, logrando herirle. Ingoff, apenas se vio algo restablecido por la poción, corrió tras Elatha hacia la segunda arcada para ascender a los muros en busca de Viccard.
La última flecha de ácido conjurada por Lyrendë también erró, mientras Mira apuntaba su arco contra Viccard, poniendo sus esperanzas en aquel disparo. La flecha surcó el aire a través de la veintena de metros que les separaban para acabar alojada en el ojo del consejero. Tras un segundo de extraño silencio, el cuerpo de Viccard cayó hacia delante desde los muros, estrellándose sonoramente contra el suelo.
Finalizado el enfrentamiento, los compañeros se dejaron caer, exhaustos. Un par de los guardias del Consejo se encontraban bastante heridos, así que Ingoff empleó sus poderes curativos sobre ellos. Luego, tras registrar aquellas ruinas sin encontrar nada de demasiada utilidad, regresaron a Lilaena Edhil para informar al Consejo de la Hoja.
Con Viccard y sus hombres muertos, solo era cuestión de tiempo que los elfos lograsen contener el avance del sarpullido negruzco en el Bosque de Mirie, aunque fuese a costa de tener que perseguir y exterminar a los últimos infectados. Además, el hecho de no tener suelta a Durriele alzando necrarios por todo el lugar facilitaba bastante las cosas.
Como era de esperar, los compañeros recibieron nuevamente las disculpas del Consejo de la Hoja que, además, prometió solemnemente la participación de los elfos de Mirie en la batalla que las tropas del rey Amodius habría de librar contra Yzumath y sus huestes.
Así, tras despedirse de los elfos, Elatha, Mira e Ingoff se dispusieron a partir hacia Trono de Kantirm, en el Espinazo de Hierro, donde intentarían conseguir también la adhesión de los enanos a la causa de Amodius.
Sin embargo, no harían ese viaje solos.
Lyrendë había decidido abandonar su puesto en el Consejo de la Hoja para acompañar al grupo. Había sido testigo de todo el mal que Yzumath podía traer sobre el mundo y estaba decidida a tomar parte activa en aquella lucha, aunque pudiera costarle la vida.
Así, los compañeros tomaron el Sendero de los Visitantes hasta la Carretera del Sur, aunque tuvieron buen cuidado de evitar pasar por Grasspost. Les esperaba un arduo viaje a través de las imponentes montañas del Espinazo de Hierro hasta Trono de Kantirm, la ciudad de los enanos.

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