Veneno en la sangre (T4) - El Lamento del Hierro (5/X)

Tras una brutal batalla en las entrañas de la fortaleza-prisión enana de Hog-Gurum, donde Lyrendë había perdido la vida bajo la magia de oscuridad de un terrible chamán gigante, los compañeros encontraron un misterioso orbe negruzco, que decidieron llevar de vuelta a Trono de Kantirm. El costo de la expedición había sido terrible: Lyrendë y Baldrik estaban muertos, como los doce soldados enanos que les acompañaban. Ingoff se encontraba gravemente herido, y el sarpullido negruzco avanzaba implacable sobre el cuerpo de los compañeros. Ahora, con el peso de la pérdida y la urgencia de descifrar el secreto del orbe, emprendían el regreso, sabiendo que el destino de la guerra bien podría depender de lo que habían encontrado.


Ateridos por el frío, regresaron por aquellos caminos de caza que atravesaban el Espinazo de Hierro transportando aquel orbe negruzco. Las muertes de los compañeros caídos, especialmente de Lyrendë y Baldrik, pesaban en el alma. Pero había algo más ensombreciendo el ánimo: el avance del sarpullido negruzco en sus propios cuerpos.

Estarían a apenas medio día de camino de Trono de Kantirm cuando el dulce sonido de un laúd les llegó flotando por el aire. Mira se adelantó al grupo, como de costumbre, regresando al poco para informarles de que había un humano sentado sobre una piedra, tocando su música despreocupadamente. El grupo decidió acercarse.

El humano, que dijo llamarse Odge, resultó ser un bardo de Garlwood que había viajado hasta aquellas montañas para investigar sobre la guerra entre enanos y gigantes a fin de escribir una canción al respecto. Elatha le reprendió por su imprudencia al tocar música en aquel lugar, donde podría haber atraído la atención de algún gigante o troll, lo que le hubiese costado la vida.

El bardo les aseguró que sabía defenderse, lo que hizo que Mira sugiriese al grupo la adhesión de aquel juglar. Tras discutirlo un rato, con la única oposición inicial de Elatha, que le consideraba un auténtico imbécil, finalmente le propusieron unirse al grupo.

Así, los compañeros continuaron su camino hacia la Puerta Este de Trono de Kantirm, ya que pretendían evitar al ejército de gigantes que habían visto dirigirse hacia la Puerta Norte. Sin embargo, para su sorpresa, descubrieron que la Puerta Este estaba siendo atacada.

Las enormes hojas de piedra estaban parcialmente abiertas, seguramente desde el interior, como la otra vez. Gigantes y trolls se iban colando gradualmente, como una marea perezosa pero mortal, mientras un grupo de enanos trataba sin éxito de volver a cerrar las puertas.

Los compañeros corrieron hacia allí.

Según corría, Mira disparó una flecha que se incrustó en el ojo del troll que, junto a un par de gigantes, les bloqueaban el paso hacia la puerta. Inexplicablemente, el monstruo continuaba en pie. Mientras esquivaba el virote lanzado por Odge, el ser ya regeneraba la herida ante la frustración de los compañeros.

Mientras Elatha corría lanza en mano hacia el troll, Ingoff le impactaba en el pecho con su ballesta. Viendo el avance de los compañeros, los dos gigantes arrojaron sendas rocas de enorme tamaño que impactaron contra el suelo, levantando una tempestad de afiladas lascas de piedra que le produjeron algunos rasguños a Mira.

La segunda flecha de la exploradora atravesó la cabeza del troll, haciendo que el monstruo se desplomase muerto. Elatha corría hacia la puerta, seguida muy de cerca por Ingoff y Odge. Una enorme roca estalló en fragmentos muy cerca del paladín, que rodó por el suelo al recibir el impacto de una lasca de gran tamaño.

Mira acertó con su arco al muslo del gigante que acababa de atacar a Ingoff mientras Odge se colocaba ya junto a Elatha con la espada corta desenvainada. Ingoff, por su parte, llegaba hacha en mano hasta el oponente al que acababa de herir Mira. Un segundo más tarde, Elatha rodaba por el suelo ante el embate del enemigo al que previamente había logrado herir con su lanza.

Mira tuvo que echarse al suelo para evitar otra roca lanzada por el gigante que luchaba con Ingoff, aunque no pudo evitar que uno de los fragmentos despedidos la produjese un feo corte en el brazo. Al tiempo, Odge sonreía al clavar su espada en el pie de un gigante, que reaccionaba mandando a volar al bardo de un puntapié. La lanza de Elatha castigó al monstruo, aunque este le devolviese la cortesía con un hachazo al escudo que la hizo rodar de nuevo.

Ingoff asestó un tremendo hachazo a la pierna del gigante con el que luchaba, que contraatacó con un golpe vertical que casi incrusta en el suelo al paladín. Por suerte, cuando el gigante iba a rematarle, una flecha de Mira le entró por el ojo, haciendo que la enorme mole de carne se desplomase de espaldas.

Ágilmente, Odge trepó a la espalda del gigante, hendiendo su espada en la grupa del coloso. Elatha lo finiquitó al clavarle su lanza en el vientre. Sin embargo, no pudo evitar que el enorme monstruo le cayese encima. Todos los compañeros corrieron a sacar a la malherida guerrera de debajo de la criatura.

Los compañeros estaban en un estado muy precario, especialmente Elatha e Ingoff. Como pudieron, ayudaron a los enanos a cerrar la Puerta Este, aunque los soldados les informaron de que bastantes enemigos habían logrado introducirse por allí. Del mismo modo, les informaron de que también la Puerta Oeste había sido abierta desde dentro. Al parecer, la marcha sobre el acceso norte no había sido más que una distracción para que los traidores abriesen las puertas Este y Oeste al enemigo.

Tras la relativa seguridad de las puertas, Ingoff empleó sus poderes curativos sobre el grupo. Exprimió el poder de su dios hasta casi agotarlo, por lo que sabía que no iba a poder abusar mucho más de aquel recurso.

Tras reponerse un poco, los compañeros avanzaron por la galería hasta llegar al barrio de los artesanos, donde se combatía calle a calle. Allí pudieron ver a un par de trolls que, junto a tres de sus abyectos sabuesos, acorralaban a un grupo de civiles. Sin pensarlo, los compañeros corrieron en ayuda de los enanos.

Mira colocó una flecha en el lomo de un sabueso, que se arrancó el proyectil con las propias fauces mientras su herida regeneraba. Elatha e Ingoff se arrojaban al tiempo contra aquellos enemigos que les recibían a garras y dentelladas, aunque ambos hicieron buen uso del escudo para mantener la posición.

Mira volvió a colocar una flecha, esta vez en el cuello del sabueso, que se retorcía entre gruñidos mientras Odge pasaba como un relámpago a su lado para llegar junto a Elatha y apoyarla en combate. Mientras Ingoff se desesperaba al ver como su magnífico golpe era regenerado por el troll al que combatía.

Odge y Elatha retrocedían, con el bardo bastante malherido tras el zarpazo de un troll. Mientras, Mira volvía a acertar al mismo sabueso troll de antes, aunque la capacidad regenerativa de la criatura la hacía seguir manteniéndose en pie. Lo mismo frustraba a Elatha, que extraía la lanza de otro sabueso solo para ver como la herida volvía a cerrarse. Mas suerte tuvo Odge, cuya herida a la mejilla de un troll no pudo curar la criatura.

Envalentonado, el bardo hizo retroceder al monstruo con otro tajo, mientras a unos pocos pasos, Ingoff era herido por la zarpa de un troll. Mira, por fin, abatía al sabueso troll que había tomado como objetivo con una flecha entre los ojos.

Odge recibía un nuevo zarpazo del troll, que le abría una tremenda herida en el pecho. Mientras el bardo retrocedía, Elatha se abalanzaba sobre el monstruo para destrozarle la cabeza con su lanza en una auténtica lluvia de pedazos de hueso y cerebro. Mientras, Ingoff seguía asestando inútiles hachazos contra un troll y su sabueso, quienes regeneraban una y otra vez sus heridas.

El sabueso que estaba junto a Ingoff esquivó por poco la flecha de Mira, corriendo un segundo más tarde hacia la exploradora mientras espumaba por la boca. A unos pasos, con Odge retirado del combate, Elatha castigaba el costado de un sabueso troll con su lanza, haciéndole retroceder entre gruñidos lastimeros. Por su parte, el paladín, logró asestar una herida al troll con el que luchaba que la criatura no logró regenerar.

El sabueso aferró con sus dientes el brazo de Mira, haciendo que la exploradora soltase el arco. Un segundo después, semielfa y monstruoso can rodaban por el suelo enmarañados. Viendo la situación, Odge disparó la ballesta desde su escondite lo que, desgraciadamente, llamó la atención de la criatura, que corrió hacia él.

Elatha abrió las tripas del sabueso troll con su lanza, dejando a la criatura muerta en mitad de la calle. Luego, corrío hacia un Ingoff que aún seguía intentando acabar con aquel troll que se empeñaba en sanar una y otra vez. Mira, por su parte, había recuperado su arco y disparaba una flecha sobre el sabueso que, sobre Odge, trataba de arrancarle el cuello al bardo. La flecha erró por mucho.

Las fauces del sabueso troll se cerraron en la garganta de Odge, arrancando un buen pedazo de cuello y haciendo que el juglar se desangrase en segundos. A la vez, Elatha decapitaba al último troll con un revés de su lanza. Solo quedaba ya el sabueso que había matado a Odge, trotando hacia Mira mientras la exploradora le colocaba una flecha en la grupa. Elatha e Ingoff corrieron en ayuda de su compañera.

Mira, que había dejado caer el arco, trazó un corte con su espada en el rostro de la criatura que, sin embargo, lo regeneró casi al instante; al igual que las heridas infligidas por Elatha e Ingoff. Una terrible dentellada del cánido hirió el muslo del paladín, que retrocedió con un grito de dolor. Un momento después, el sabueso volvía a hendir su carne con los pútridos colmillos.

Cuando Mira recogía su arco del suelo y se alejaba rodando para ganar distancia de disparo, Elatha dio un salto hacia delante para hendir su lanza en la parte superior del cráneo del sabueso y dejar al monstruo clavado en el suelo, donde murió tras un par de estertores.

Tras cobijarse en una calleja anexa, Ingoff trató de recurrir al poder de su dios para sanarse, aunque no logró concentrarse los suficiente. El paladín era consciente de que, en el estado en que se encontraba, no iba a poder seguir combatiendo.

Desde su posición, veían a los soldados enanos retirarse en desbandada. El hecho de que la ciudad enana de Trono de Kantirm había caído era ya incuestionable. Pese a que Ingoff parecía reacio a retirarse, sus dos compañeras acabaron por convencerle. Ahora solo les quedaba intentar escapar por las galerías enanas para intentar ponerse a salvo y llevar aquel orbe de oscuridad hallado en Hog-Gurum a los sacerdotes de Oteyar.

Mira comenzó a guiar a sus compañeros a través de los túneles, tratando de eludir tanto a los gigantes como a los trolls que, junto con sus monstruosos sabuesos, daban caza a los enanos en retirada, que eran masacrados sin piedad en sus ancestrales galerías.

No les quedaba demasiado para alcanzar la Puerta Este cuando el inconfundible ladrido de un trío de sabuesos troll les llegó desde retaguardia. Conscientes de que no podían superar en velocidad a los monstruosos canes, se dispusieron para un combate que tenía visos de ser desesperado. Eltaha y Mira dieron un paso adelante, rogándole a Ingoff que permaneciese a retaguardia el mayor tiempo posible.

Mientras Elatha avanzaba aún más para intentar retener a los monstruos, Mira disparó una de sus flechas, que quedó atravesada en la garganta de un sabueso que, una vez más, continuó su carrera a pesar de la terrible herida. Un instante después, el virote de la ballesta de Ingoff se le incrustaba en la frente, con lo que el cadáver del animal se desplomó de bruces, resbalando sobre el suelo de la galería.

Los dos sabuesos restantes se abalanzaron sobre Elatha, uno de ellos recibiendo un flechazo de Mira cuya herida, sin embargo, regeneró casi de inmediato. Aunque la guerrera bloqueó a uno con el escudo, el otro logró morderla en el muslo y hacer presa. Una flecha de Mira le entró por el ojo, obligándole a aflojar el mordisco, aunque ni mucho menos le mató.

Elatha aprovechó para hendir su lanza en el costado de la criatura, que se retorció de dolor. Pero, completamente frustrada, tuvo que ver como la herida se cerraba sobre sí misma. El otro sabueso cerró sus mandíbulas sobre el hombro de la guerrera, haciéndola gritar de dolor, aunque nuevamente una flecha de Mira le hizo retroceder entre gruñidos antes de que un segundo proyectil le entrase por la boca abierta para atravesarle el cerebro, matándolo.

Aunque Elatha hendía una y otra vez su lanza en el último sabueso troll, la capacidad regenerativa de la criatura la hacía mantenerse en pie. Finalmente, la guerrera atravesó la lanza en el cuello de la criatura y, tras retorcerla con un alarido de guerra, logró decapitar a la criatura.

Y así, con Elatha e Ingoff al borde de la muerte, Mira consiguió por fin guiarles hasta la salida, donde coincidieron con algunos de los supervivientes enanos, entre ellos la general enana Anleen, quien les informó de la muerte del Rey Thorgrim a manos de Almauj, el líder de los gigantes. También les habló de que otro general, Baerrak, se había desvelado como el traidor que le abrió la puerta a los gigantes.

Pero nada podían hacer ahora, más allá de huir a través de los gélidos senderos del Espinazo de Hierro.

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