One Shot (Slaves of Darkness): Hermanos de sangre -de Mar Calpena- Mesa #1
Acababa de anochecer cuando John Turner, un veterano cazador de esa ciudad a la que todos llamaban “Skull City”, recibió una llamada de Kolya Yegorovich. Yegorovich era un vampiro relativamente joven y ofrecía un trabajo, algo que John no podía permitirse rechazar: unos cuantos dólares más servirían para renovar parte de su equipo.
John llevaba mucho tiempo vivo porque sabía cuidar de sí mismo, así que decidió hacer una llamada a Mark (Zaheil), un ángel caído que le debía más de un favor. El demonio, a su vez, insistió en que los acompañase Beatrix, una vampiresa de aspecto juvenil pero más anciana que la propia ciudad. La no-muerta quería hacer contactos y este sería una oportunidad tan buena como cualquier otra.
Kolya les había citado en el “Pilgrim”, un bar pequeño y oscuro cerca del centro. Beatrix señaló a sus compañeros que muy cerca se encontraba el “Karma” un local donde solían reunirse los vampiros del clan Yegorovich. Era notablemente extraño que Kolya hubiese citado a John en el “Pilgrim” en lugar de hacerlo en el “Karma”.
Mark señalo que era bastante probable que Kolya no quisiese que le vieran hacer tratos con un cazador que se había llevado por delante a más de un vampiro.
En la última mesa del “Pilgrim” se encontraba un hombre que aparentaba unos cuarenta años, aunque tenía muchos más… y tampoco era un hombre, ya no. Rubio, con el pelo engominado hacia atrás, una gabardina negra y ropa hippie de diseño.
Arrugó un poco el rostro al ver a Mark y, sobre todo, a Beatrix: no contaba con aquellos dos invitados. Aún así, invitó a sentarse a todo el grupo. Las dotes observadoras de Mark le permitieron darse cuenta de que aquel vampiro estaba desesperado.
Kolya les contó que, en el Moscú de 1930, había convertido a una joven bailarina de ballet llamada Tatiana. Los dos vampiros tuvieron una fogosa relación, aunque el temperamento explosivo de Tatiana hizo que la relación se rompiera. Aún así, los dos habían seguido manteniendo una relación de amistad.
Tatiana llevaba una vida de excesos y su carácter no cuadraba con la disciplina del clan Yegorovich, del que se marchó. Aún así, conocía las reglas y mantuvo la discreción para no ser ajusticiada. La vampiresa acabó ejerciendo la prostitución para financiarse.
Últimamente, Tatiana vivía en un apartamento junto a una chica humana llamada Thais. Ambas ejercían la prostitución. Kolya iba a visitarlas de vez en cuando y, hasta donde el vampiro sabía, Thais desconocía la naturaleza sobrenatural de Tatiana.
Pues bien, la noche anterior, Kolya había ido a visitar a Tatiana. El vampiro encontró la puerta del apartamento abierta de par en par. Al entrar, encontró señales de lucha por todas partes y a Tatiana desangrada a cuchilladas, en lo que los vampiros llaman sopor: un estado comatoso del que solo se puede salir bebiendo la sangre de un príncipe vampiro y al que se llega a través de la pérdida masiva de sangre. Thais no estaba por ninguna parte.
Ahora, el cuerpo inerme de Tatiana estaba en la casa de Kolya.
Kolya sabía que solo Vania Yegorovich, su príncipe, podría sacar a Tatiana del sopor. Pero temía que el príncipe le acusase de no cuidar a su progenie y, además, tampoco quería que Vania supiese el motivo de su visita.
Beatrix presionó lo suficiente a Kolya para que este confesase que Tatiana hacía de camello, vendiendo cocaína que el vampiro “descuidaba” de los alijos del clan Yegorovich. No quería que Vania pudiese enterarse de esto de ningún modo… y ahora no sabía hasta que punto podía la tal Thais estar enterada de todo aquello y quién pudiera haber accedió a esa información, puesto que Kolya sabía que Thais no tenía ni de lejos las capacidades para hacerle aquello a Tatiana.
Necesitaba que John y sus amigos descubriesen qué había pasado.
Kolya sabía muy poco de Thais, solo que era una huérfana cuya única familia era un hermano que cumplía condena en alguna cárcel del país.
Tras la conversación, Kolya le facilitó a John la dirección de las dos chicas: un apartamento en el Distrito 25, una zona bastante mala controlada por una manada de licántropos. Para John tenía sentido, ya que nadie del clan Yegorovich daría mucho por saco a la muchacha en aquel lugar y, después de todo, a los lobos les gustaba el dinero como a cualquiera… si la chica pagaba y no daba problemas, los pulgosos la dejarían en paz.
En el piso no parecía haber nada muy interesante, parecía un simple piso de estudiantes decorado con cierto gusto. Allí había algunas fotos de Tatiana y Thais. Haciendo un registro exhaustivo, sin embargo, Mark encontró unos dos kilos de coca en el interior de un sillón y Beatrix una foto de Thais con su hermano. John, por su parte, encontró una carta con la dirección del centro penitenciario donde cumplía condena el hermano de Thais.
A John le dio mala espina aquella foto, así que hizo un par de llamadas para tirar de contactos. Averiguó que el hermano de Thais, un tal James, había sido detenido unos años atrás por perpetrar una masacre en un local de góticos; convencido de que uno de ellos era “un vampiro”. El tipo era un exmarine que había quedado bastante jodido de la cabeza en Iraq.
Y había algo más… había escapado de la prisión un par de noches antes de que tuviese lugar el ataque a Tatiana.
Al salir del apartamento, se toparon con Hilda, la anciana vecina de las chicas. La mujer les contó sus sospechas acerca del “oficio” de sus vecinas; ya que (por la mirilla) las había visto llegar acompañadas de hombres distintos cada noche y “vestidas como putones”. Además, les contó, su marido las había visto en la calle Lincoln “paseando arriba y abajo, asomándose a los coches como pilinguis”.
El grupo decidió entonces acercarse a la calle Lincoln. Allí encontraron a un tipejo que se hacía llamar Durden. Era el chulo de la mayoría de las prostitutas de aquella calle. No parecía muy dispuesto a hablar, al menos hasta que Mark le dio una soberana paliza.
Conocía a Thais y Tatiana, iban por libre. Durden había intentado amenazarlas para que trabajasen para él, pero “esa maldita zorra” (Tatiana) le había dado una paliza de muerte. Llevaba tiempo sin ver a Tatiana, pero había visto a Thais aquella misma noche.
Durden les advirtió que ahora ya no iba por libre, sino que trabajaba para Simón: uno de los moteros que controlaban ese distrito. Aquello olía a lobo que apestaba.
El grupo se dirigió a ver a Thais, en el lugar indicado por Durden.
La muchacha estaba donde esperaban, haciendo la calle. No tenía la más mínima intención de hablar con John, así que intentó irse. Cuando Mark la cortó el paso, le empujó con tal fuerza que el ángel caído casi atraviesa la carrocería del coche contra el que le arrojó.
La joven fue perseguida hasta un callejón por el grupo. Por desgracia, allí había alguien más: un grupo de diez licántropos.
Los licántropos (y Thais) adoptaron su forma lupina, casi al tiempo en que Mark adoptaba la forma del demonio Zaheil (su verdadera forma). John agradeció llevar su Magnum 44 cargada con balas de plata. Beatrix se limitó a enseñar los colmillos y susurrar “venid con mamá”.
Los licántropos no fueron rivales para el grupo, que salió del trance con apenas algunos rasguños. El balance fue de diez licántropos muertos y una joven loba bastante herida a la que interrogar.
La atemorizada lobita no sabía nada de lo sucedido a Tatiana, simplemente la había abandonado. Tatiana le había contado todo sobre el mundo sobrenatural y Thais le había pedido que la convirtiese; a lo que esta se negó. Enfadada con su amiga, Thais había ido a uno de aquellos antros de hombres lobo de los que Tatiana le había hablado. Allí, había conocido al alpha, Simón, que la había convertido en mujer lobo. Nunca regresó a su apartamento.
John le preguntó a Thais acerca de su hermano. Aunque no sabía nada de su fuga, les contó que había vuelto de Iraq hablando de criaturas sobrenaturales como vampiros, hombres lobo, etc… Ella había creído que estaba loco, como todos; sobre todo cuando llevó a cabo la matanza en el garito de góticos.
Cuando Thais supo de la naturaleza vampírica de Tatiana, le había contado a su hermano que iba a pedirla que la convirtiese. Su hermano se puso furioso, incluso la dijo que no permitiría que su hermana cargase con esa maldición, que antes la destruiría… a ella y a Tatiana.
Entonces, el sonido de sirenas y los reflejos azules alertaron al grupo. Creyendo que la policía llegaba, decidieron escapar. Thais, por su parte, aprovechó la confusión para desaparecer.
Sin embargo, John se dio cuenta de que la policía no iba en dirección al callejón en el que había tenido lugar el enfrentamiento con los lupinos, sino a un descampado de la calle Lincoln.
Por suerte, el oficial de la policía científica era un contacto de Beatrix, por lo que les dejó echar un vistazo a la escena del crimen. Se trataba de una mujer morena, muy parecida físicamente a Thais. Le habían asestado unas cuarenta puñaladas con un cuchillo de caza o algo similar.
Pronto comenzaron a llegar los curiosos a la zona, y con ellos más licántropos en su forma humana, montados en motos Harley. El grupo sabía que los lupinos no iban a empezar una pelea ante tantos humanos (y alguna televisión que había llegado), así que decidieron que era un buen momento para irse con dignidad.
Al marcharse, pasaron ante el tal Simón, quien les advirtió de que su manada limpiaría con sangre la sangre derramada.
Durante dos noches más, el grupo trató de localizar de nuevo a Thais, aunque sin lograrlo. Lo que sí lograron fue encontrarse con otro grupo de cinco licántropos de los que se deshicieron sin demasiado esfuerzo.
La segunda de aquellas noches, la policía volvió a visitar la calle Lincoln: otra prostituta ligeramente parecida a Thais había muerto acuchillada.
John intuía que James, el hermano de Thais, pensaba que su hermana había sido vampirizada por Tatiana. Por eso se había vengado en la vampiresa y ahora buscaba a su hermana para “darle paz”.
Beatrix empleó sus recursos económicos para alquilar una furgoneta con cristales tintados desde la que vigilar el Distrito 25. Para no levantar sospechas, la conducía un tal Peter, al que la vampiresa le había ofrecido la inmortalidad.
No tardaron mucho en ver a James acechando a una prostituta que, esta vez, solo se daba un aire lejano a su hermana. El tipo estaba totalmente trastornado.
Bajaron de la furgoneta y corrieron hacia James, quien huyó al verles hasta un viejo edificio abandonado. Allí, el exmarine se defendió con uñas y dientes, habitación a habitación, haciendo uso de una pistola Glock que llevaba bajo la cazadora. Beatrix recibió un par de disparos en el brazo, aunque se alimentó con parte de la sangre del propio James para curar su herida.
Tras hacer prisionero a James, decidieron llevárselo a Kolya Yegorovich.
Sin embargo, la noche les deparaba un último desafío: Simón les aguardaba en la planta baja del edificio junto a cuatro licántropos más. La ropa de los moteros se rasgó cuando estos adoptaron su forma lupina.
Los cuatro licántropos cayeron pronto, aunque uno logró herir levemente a John que, como Mark, estaba muy agotado del combate con James. Sin embargo la lucha con Simón fue terrible.
Los compañeros hicieron uso de todos sus recursos en una lucha sin cuartel contra aquel enorme y feroz hombre lobo. Mark, a pesar de adoptar su forma demoníaca, resultó herido de gravedad y John casi muere. Solo gracias a que Beatrix se había recuperado al beber la sangre de James y estaba en plenas facultades, lograron salir vivos de aquello.
Simón, también herido de gravedad, optó por huir a toda la velocidad que le proporcionaban sus cuatro patas. Los noticiarios de la noche hablarían de un enorme perro que había cruzado la calle Lincoln en plena noche causando el terror entre los pocos viandantes que se encontraban allí a aquellas horas.
A todos les quedó claro que Simón no olvidaría aquello. A partir de ahora, deberían vigilar sus espaldas.
Maltrechos como estaban, los compañeros entregaron a James a Kolya; quien sin duda lo ajustició para vengar la agresión a Tatiana. Cogieron el dinero y se marcharon sin saber si el vampiro recurriría al príncipe para despertar a su amiga.
Sólo era un trabajo más.

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