Slaves of Darkness: Aullidos para el Príncipe del Verano

 Yatebuth, el ángel caído más conocido como Yate Rogan en La Ciudad, estaba intranquilo. Los rumores de aquella pequeña guerra civil entre las hadas del Distrito 22 le tenían preocupado. No es que le importase mucho en realidad lo que les ocurriese a esos “purpurinas” ni que se matasen entre ellos, pero le habían llegado informaciones preocupantes acerca de las arengas del nuevo Príncipe del Verano: el señor de las hadas del Distrito 22 había prometido a los suyos expulsar a los caídos del Distrito 21 y hacerse con el control de la barriada.



Así, Yate decidió aparcar su negocio de snuff movies y convocar una reunión de su antigua legión, la que ahora controlaba el 21, para alertar a su líder de lo que podría estarse gestando. Así, los caídos se reunieron en el sótano del bar Lost Eden y Yate pudo poner a Aziel (Azz en La Ciudad) al corriente de sus sospechas.

Sus congéneres no parecieron tomarse muy en serio las inquietudes de Yate, sin embargo, el hecho de que un par de hadas intentasen asesinar a Azz disparando desde una moto cuando todos se marchaban de la reunión, pareció suficiente como para que el líder de los caídos se lo tomase en serio.

Azz encargó a Yate que averiguase lo que en realidad estaba pasando.

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Mientras tanto, el vampiro Armand Le Noir estaba bastante molesto debido al hecho de que alguien había dado una paliza a una de sus chicas en el prostíbulo de lujo del que era propietario. Al parecer, se trataba de un licántropo. La chica, una prostituta humana que desconocía el mundo sobrenatural, había casi enloquecido al ver como su cliente se transformaba en una bestia e intentaba matarla. Sólo la rápida intervención de otras dos chicas, estas vampiresas, había logrado que el licántropo huyese.

A Armand no le gustaba que nadie maltratase su mercancía, pero aún le gustaban mucho menos los licántropos; así que decidió hacer algo al respecto.

Como lo primero era lo primero, decidió hacer una visita a la armería de John, un caído del 21 que le había presentado su amigo Yate. Allí se hizo con algo de munición de plata, uno debía prepararse para dar cuenta de los chuchos. John le contó que, unas semanas atrás, los lobos del Distrito 14 habían estado molestando en la frontera del barrio y los caídos les habían apretado las clavijas.

El armero destacó que los malditos perros parecían muchas veces como drogados, lo que era raro debido a la tolerancia física natural de los chuchos ante las sustancias psicotrópicas.

Tras agradecerle a John la información, Armand decidió darse una vuelta en coche por el Distrito 14.

Armand no había pisado demasiado el Distrito 14, controlado por los licántropos, pero conocía La Ciudad, las calles… y sabía perfectamente encontrar lo que no encajaba. No tardó en dar con lo que buscaba: licántropos entrando y saliendo de un piso custodiado. Los perros que salían de allí parecían “idos”, como drogados… justo lo que le había comentado John.

Armand no sabía si aquello tendría realmente mucho que ver con la paliza a su chica. Pero quizá solo un licántropo drogado tendría los cojones de meterse en el Distrito 3 e intentar comerse a la puta de un vampiro. Así que era un buen lugar por el que empezar.

 

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Yate no tenía mucho de dónde tirar, así que decidió que el mejor curso de acción pasaba por secuestrar a un hada de la Corte del Verano y sonsacarle todo lo que pudiese acerca del nuevo Príncipe y sus planes.

Antes de nada, para andar sobre seguro, decidió pasar por la armería de John para hacerse con algo de munición de hierro frío.

De este modo, se internó en el Distrito 22 en compañía de dos de los hombres de confianza de Azz. Se apostaron en un callejón durante un buen rato hasta que vieron pasar a un grupo de tres hadas por la calle anexa. Llamando su atención mediante una treta, las emboscaron en el callejón y lograron secuestrar a una al tiempo que mataban a las otras dos.

Yate llevó al hada al Lost Eden y, a pesar de las protestas del dueño, la amordazó en el sótano para interrogarla.

El hada era extremadamente leal y poseía una fuerte voluntad, así que no le reveló nada a Yate. Sin embargo, si le advirtió sobre una futura derrota de los caídos a manos del Príncipe del Verano que llegaría “con el caos de garras y dientes” para despedazarles.

Tras esto, el hada desató su furia elemental; consumiéndose en un relámpago que golpeo el pecho de Yate, arrojándolo a varios metros de distancia e hiriéndole de gravedad.

Azz llegó al local poco después. El líder de los caídos del 21 parecía cada vez más preocupado por el asunto. Ordenó a Yate que se recuperase de sus heridas mientras que él investigaba un poco por su cuenta e intentaba localizar al Príncipe del Verano.

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Armand se presentó en el Distrito 14 en compañía de los dos vampiros que llevaban habitualmente la seguridad de su local. Necesitaba echar un ojo en aquel piso, y no estaba tan loco como para meterse solo en un cubil de perros.

Con el mayor sigilo posible, se escabulleron hasta un callejón y treparon por la escalera de incendios. Sin embargo, los agudos sentidos de los licántropos les detectaron sin muchos problemas.

Aquellos cabrones se transformaron e hicieron correr la sangre, masacrando a uno de los acompañantes de Armand. Pero Le Noir era rápido y, por descontado, un combatiente mucho más peligroso de lo que su elegante apariencia hacía parecer. Inteligencia, velocidad y una lluvia de balas de plata allanaron el camino al vampiro.

En aquel edificio, Armand hizo un inesperado descubrimiento: en lo que parecía un extraño fumadero de crack, encontró a un hada atrincherada con una Uzi tras el sofá. El segundo vampiro que acompañaba a Armand fue acribillado por las balas.

Le Noir disparó a través de la pared, intentando que alguna de las balas ciegas alcanzase al hada. Esta maniobra desesperada resultaría infructuosa y el hada acabaría por escapar por una de las ventanas del baño.

Rápidamente, Le Noir recogió una de aquellas pipetas en las que el crack parecía mezclado con algún tipo de sustancia rojiza y se marchó de allí antes de que apareciese algún invitado no deseado.

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Azz visitó a Yate en su casa, ya que el demonio convalecía de las heridas infligidas por el hada en aquel sótano del Lost Eden. En apenas un día, las capacidades demoníacas habían hecho un buen trabajo, curando lo peor de las lesiones. En apenas unas horas era probable que Yate se encontrase en plena forma de nuevo.

Azz le contó que había logrado que sus contactos localizasen al Príncipe del Verano en un ático del Distrito 22. Al parecer, el “purpurina” se alojaba allí con su cuerpo de protección personal y, sorprendentemente, con una escolta de licántropos.

A parecer, el jefe de los perros era un tal Buster: un Beta problemático que había sido exiliado de la manada del 14 y del que se rumoreaba que estaba tan loco que había entrado en el 3 para intentar comerse a una puta en el club de un vampiro.

Azz le pidió a Yate la cabeza del Príncipe del Verano.

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Armand estaba escamado con su descubrimiento en aquel piso, así que decidió solicitar audiencia con el Príncipe Alexander, cuyo clan vampiro regía el Distrito 3.

Aunque Alexander no se mostró muy partidario de intervenir, ya que las cosas de “purpurinas y chuchos” no le incumbían, si se mostró algo intrigado por la inusual alianza. También le llamó la atención la extraña droga encontrada por Armand; así que se ofreció a que su químico, Lucius, la analizase.

Sin mucho más que rascar, Armand decidió hacer una visita a su amigo Yate. Aquella alianza entre las hadas del distrito anexo al de los caídos y los perros que les habían dado problemas semanas atrás quizá interesase a los demonios.

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Armand visitó a Yate y, tras cruzar información, decidieron llevar a cabo una incursión conjunta para acabar de un plumazo tanto con el Príncipe del Verano como con ese licántropo llamado Buster que parecía organizar su protección y que había intentado comerse a la chica que trabajaba para Le Noir.

Mientras hacían planes, Armand recibió la llamada telefónica del Príncipe Alexander, quien le indicó que la droga que había encontrado en aquel piso del 14 era metanfetamina mezclada con sangre de hada; aquello era lo que parecía volver locos a los licántropos.

Aquella alianza entre hadas y perros no le hacía mucha gracia a Alexander quien, si bien no pensaba intervenir directamente, consintió en dejar a cuatro vampiros armados bajo el mando de Armand para una posible incursión en el territorio de las hadas.

Yate telefoneó a Azz para exponerle la situación.  El líder de los caídos puso a otros tres demonios para completar el contingente.

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Tras pertrecharse bien en la armería de John, el grupo se dirigió al ático ocupado por el Príncipe del Verano.

Armand empleó sus dotes de carisma para hacerse pasar por policía y lograr que un repartidor humano se diese una vuelta por el edificio, con la excusa de la entrega de un pedido erróneo. El hombre les indicó la disposición aproximada de las personas que protegían al príncipe.

Tras eliminar a los centinelas apostados en el portal, entraron en el edificio.

Aquello fue un caos de sangre y fuego, con balas silbando por todas partes y granadas despedazando cuerpos o derribando paredes.

Buster, el licántropo, fue cosido a tiros en un pasillo por Armand y algunos demonios y vampiros, no sin antes haber herido a Yate con sus garras.

Finalmente, fue el propio Yate quien, tras asumir su forma demoníaca, cruzó volando el pasillo bazo el fuego de dos Uzis para ensartar con su espada al Príncipe del Verano y dejarle clavado a una pared.

Aquella alianza entre perros y purpurinas se había acabado antes de empezar, y todo gracias a Armand y Yate.

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