Aurora Heroum: La última noche de Myt Drannor (1/2)
Transcurría una calurosa tarde del verano del año 714 del Cómputo de los Valles cuando el consejero Doram Limm se dispuso a recibir a dos de sus más preciados colaboradores en el ostentoso despacho de su palacete en la ciudad de Myt Drannor.
Después de todo, Limm no compartía el generalizado optimismo del resto del Consejo. Era demasiado astuto para aquello.
Los últimos años habían resultado bastante agitados en la región, desde que seis años atrás algún patán cometiese el error de intentar saquear lo que creía una tumba en algún punto del Mar de la Luna. Aquella construcción subterránea resultó ser algún tipo de prisión arcana que contenía a tres poderosos infernales: Rinzoch, Tyranthraxus y Nerrone, los cuales quedaron libres y, seguramente, devoraron a sus incautos libertadores como única recompensa.
Tres años después de aquello, los tres demonios habían logrado reunir una fuerza de guerra, bautizada como el Ejército de la Oscuridad; un conglomerado de razas goblin, gigantes, infernales menores y algún que otro monstruo que habitaba la zona del Mar de la Luna y tuvo a bien unirse al sometimiento de los pueblos libres de la región. De ese modo, el temible ejército comenzó la invasión de Cormanthor desde el norte.
Muchos héroes de Los Valles murieron en el año siguiente, con especial mención a la organización de Los Arpistas del Crepúsculo, que fueron diezmados casi hasta el exterminio en la cruenta batalla que tuvo lugar en la ciudad de Yulash.
A punto estuvo la infernal hueste de haber puesto en jaque la Corte Élfica, aunque la acción conjunta de los elfos de Cormanthor y las tropas enviadas como refuerzo desde Myt Drannor lograron hacer retroceder al enemigo. Elminster el Sabio y Sylune, una de las Siete Hermanas, lograron acabar con la vida del demonio Rinzoch; mientras que Nerrone, otro de los miembros del infernal triunvirato caía atravesado por la espada del héroe Tyrintar.
Tras aquello, el Ejército de la Oscuridad había retrocedido hasta los límites de Cormanthor, donde parecía permanecer relativamente inactivo. Los mejores analistas de guerra de Myt Drannor consideraban que el demonio superviviente, Tyranthraxus, carecía de la astucia suficiente como para llevar a su ejército a la victoria, con lo que la derrota de la infernal hueste parecía solo cosa de tiempo.
Allí, en Myt Drannor, bajo la protección del mágico Mytal: un campo de fuerza mágica que impedía el acceso a la ciudad de las criaturas malvadas, reinaba la euforia por el fin de la guerra.
Pero el Consejero Limm no compartía para nada esa euforia. Limm estaba inquieto.
Su secretario hizo acceder a los dos visitantes que aguardaban en la antesala del despacho. Eran sus dos colaboradores más preciados, por lo que había decidido confiar en ellos para aquel asunto. Además, sus habilidades funcionarían bien en el contexto de lo que Limm tenía en mente.
Uno de ellos era Althandir, un elfo dorado que ejercía la profesión de bardo. Un tipo rápido y furtivo que era tan soberbio en el arte del canto como mortífero con la delgada hoja que se ocultaba en el mástil de su laúd. Además, aunque no muchos lo sabían, Althandir dominaba la magia de la metamorfosis.
El otro era John, un erudito especializado en las Artes Arcanas cuya reputación de hombre honrado había logrado sepultar un turbio pasado como charlatán. Dominaba muchísimos idiomas, sabía tratar con los elfos y se decía que sabía invocar la Magia de las Fuerzas.
Ambos tomaron asiento frente al escritorio de Limm. Tras un breve intercambio de formalidades, el Consejero pasó a ponerles al tanto de sus inquietudes.
Al parecer, tras la última batalla en Cormanthor, cuando Elminster, Tyrintar y Sylune habían explicado al Consejo de Myt Drannor lo ocurrido en el bosque, Limm había creído percibir cierta inquietud en Sylune. El Consejero no parecía poder explicarlo, pero sospechaba que la situación respecto al Ejército de la Oscuridad no estaba realmente tan controlada como los magos y el paladín habían dicho.
Aunque Limm confiaba en la protección del Mytal tanto o más que en la lealtad de aquellos héroes, no podía quitarse de la cabeza que se le estaba ocultando algo. Así pues, la misión de Althandir y John sería averiguar qué se le escapaba al Consejero.
Según les explicó Limm, en la noche del día siguiente se celebraría una importante fiesta en el Salón de Tyrintar, bautizado así en honor al héroe y capitán de la guardia de Myt Drannor, para celebrar el inminente fin de la guerra. Allí estarían las personalidades más importantes de la ciudad.
Moviendo sus influencias, el Consejero había logrado tramitar un par de invitaciones para que tanto Althandir como John pudiesen acceder a la celebración e intentar averiguar qué se ocultaba detrás de toda aquella apariencia de tranquilidad.
Cuando salieron del despacho de Limm, Althandir y John, convertidos en colaboradores circunstanciales, decidieron llevar a cabo un plan de acción para el día siguiente.
Aquella tarde, mientras John se retiraba a sus quehaceres, Althandir actuaba en una taberna local para ganarse unas buenas monedas.
John estaba preocupado por Tyranthraxus, el demonio que comandaba el Ejército de la Oscuridad, así que decidió indagar sobre él en los libros de historia y tratados de demonología que se contenían en el Speculum.
Por su parte, Althandir se desplazaría al Salón de Tyrintar, en cuyo interior ya se estaban llevando a cabo los preparativos para la fiesta de aquella noche. Esperaba poder echar un vistazo que le permitiera tener algo de ventaja a la hora de moverse en la fiesta que habría de celebrarse.
Las investigaciones de John le confirmaron que Tyranthraxus era un demonio del abismo. Además, uno bastante poderoso. El erudito empleó toda la tarde en llevar a cabo sus investigaciones acerca del temible archidemonio.
A Althandir no le costó demasiado trabajo colarse en el salón de Tyrintar, que a aquellas horas de la tarde bullía de actividad. Decenas de operarios se afanaban en colocar mesas y mantelerías o dejar todo limpio y pulcro para la fiesta del día siguiente.
El bardo elfo empleó sus habilidades para escurrirse entre los empleados y encontrar una pequeña habitación secreta desde la que, dado el caso, podría llegar a espiar las conversaciones de algunos asistentes. También logró hacerse con la lista de invitados e identificar al empleado que portaba las llaves de todas las estancias del edificio. Posteriormente, pagaría a un pequeño bribón para que se hiciese con las llaves para realizar una copia de las mismas.
A primera hora de la noche, Althandir y John se personaron en el Salón de Tyrintar embutidos en sus mejores galas. Una orquesta dejaba que su bella música inundase la sala desde una tarima situada en el centro justo de la gran estancia ovalada.
Los compañeros fueron ubicados por el personal del Salón en la zona correspondiente a los invitados de menor importancia, por lo que tuvieron que esperar a que finalizase la cena y los operarios retirasen las mesas para mezclarse con el resto de los asistentes.
John decidió acercarse a hablar con Fenbalar, el mago que había ideado la impresionante ingeniería arcana que hacía funcionar el Mytal, aunque había sido la magia poderosa de una docena de archimagos, Elminster y Sylune entre ellos, la que había sido necesaria para llevar a cabo la espectacular empresa.
A John le preocupaba la integridad del Mytal, el hecho de si este era realmente tan inexpugnable a las fuerzas del Mal como se decía. Por lo que pudo extraer de Fenbalar Daehorn, al menos el ideólogo estaba convencido de que así era. De todos modos, el mago temía que algún tipo de amenaza interna se cerniese sobre la ciudad de Myt Drannor.
Además, mientras hablaba con Fenbalar, John no pudo evitar percatarse de que una semielfa plateada parecía poner más atención de la debida en ellos. Tras despedirse cortésmente del mago, John se acercó hasta ella. Si bien la dama, una tal Adriel, se mantuvo en su papel, la aguda astucia del erudito le permitió averiguar que trabajaba para el Consejero Rohuar a través de las miradas furtivas hacia este que se le escapaban a la semielfa.
Por su parte, Althandir se había acercado al héroe Tyrintar, con la excusa de estar componiendo una canción conmemorativa de la batalla de Cormanthor en la que el paladín había derrotado al demonio Nerrone. La intención del bardo era averiguar si Tyrintar ocultaba algo u omitía detalles acerca de la situación respecto al Ejército de la Oscuridad.
Tyrintar, el cual estaba encantado de conocerse, le narró la batalla quizá con algún adorno que engrandeciese su leyenda; pero no mintió. El paladín pensaba que Tyranthraxus carecía de la consistencia como líder de sus dos compañeros caídos, por lo que la derrota del Ejército de la Oscuridad era apenas una cuestión de semanas o, a lo sumo, un par de meses.
Althandir se percató de que un militar parecía espiar su conversación con Tyrintar, así que hábilmente logró que el paladín le presentase a aquel hombre. El tipo resultó ser Briben el teniente de la Guardia de Myt Drannor, segundo al mando del propio Tyrintar. Aunque a Althandir le quedó claro que aquel hombre estaba espiando para alguien, Briben supo esconder bien sus cartas.
Tras hablar con Tyrintar, del que Althandir se despidió prometiendo que ensalzaría sus hazañas, el bardo se acercó a Sylune, aquella poderosa hechicera que era una de las famosas Siete Hermanas.
Si algo le quedó claro al elfo durante su conversación, fue que Sylune pensaba que Myt Drannor se enfrentaba a algún tipo de amenaza interna y que Fenbalar Daehorn, el ideólogo del Mytal, formaba parte de esa amenaza, aunque fuese de forma inconsciente.
La fiesta transcurrió sin demasiadas incidencias: la gente disfrutó de la música y la conversación hasta altas horas, cuando el salón comenzó a vaciarse gradualmente y los asistentes, poco a poco, fueron decidiendo volver a sus casas.
Una vez los compañeros se hubieron puesto al día de sus averiguaciones, John decidió que sería una buena idea realizar algún tipo de aproximación a Adriel, la espía del Consejero Rohuar, a fin de llegar a algún tipo de alianza beneficiosa para todos.
Así, John y Althandir abordaron amablemente a Adriel a la salida de la fiesta, convenciéndola de mantener una conversación privada. La semielfa accedió a ello, si bien les indicó que quizá debieran buscar un lugar más apropiado y discreto para ello.
Adriel les llevó a un local llamado La Flor Púrpura, una taberna bastante exclusiva en la que los más acaudalados de Myt Drannor solían divertirse en un ambiente bastante relajado. En uno de los reservados del local, con una botella de absenta sobre la mesa, comenzaron a hablar.
A lo largo de una distendida conversación, los compañeros lograron convencer a Adriel para que sugiriese a su patrón, el Consejero Rohuar, la conveniencia de una alianza con el Consejero Limm. Además, consiguieron que la semielfa admitiese que el teniente Briben también trabajaba como agente de Rohuar.
A la mañana siguiente, Althandir y John pusieron al día de sus averiguaciones al Consejero Limm. El patrón de los compañeros desconfiaba enormemente del ambicioso Consejero Rohuar, pero accedió a considerar la alianza en cuanto este hiciese la primera aproximación.
Algo se cocinaba en Myt Drannor... si tenía o no relación con el Ejército de la Oscuridad, era algo que aún no podían saber ni Althandir ni John.
Tendrían que continuar investigando.
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