Aurora Heroum: La última noche de Myt Drannor (2/2)

El sol de la mañana les dio en el rostro al salir de la mansión del Consejero Limm. Comenzaba un nuevo día. Un día que no sería como cualquiera de los días anteriores, al menos para Althandir y John. El bardo y el erudito habían llegado a la preocupante conclusión de que algo turbio estaba ocurriendo en la ciudad: tanto Fenbalar Daehorn como la hechicera Sylune temían una amenaza creciente para la seguridad de Myt Drannor.

Tras poner al corriente de sus pesquisas al Consejero Doram Limm, el patrón de ambos, este les había solicitado que prosiguieran con sus investigaciones por el bien de la ciudad.

Aquella mañana, los compañeros acordaron que John se citaría con Fenbalar Daehorn para indagar acerca del Mytal y las posibilidades de que, tal como temía Sylune, el propio ideólogo del más impresionante sistema defensivo de Faerún fuese una verdadera amenaza para Myt Drannor y sus gentes.

Por su parte, Althandir pretendía visitar el Irithlium, la escuela de magia más importante de todo Faerún, para entrevistarse con Sylune y averiguar más acerca de sus sospechas. La excusa utilizada por el bardo sería nuevamente la composición de aquella oda a la reciente batalla de Cormanthor.

John pasó la tarde con Fenbalar, enfrascado en numerosos debates técnicos acerca de la apabullante ingeniería arcana que conformaba el Mytal. Durante esa conversación, y gracias a sus impresionantes conocimientos sobre artes arcanas, John pudo saber que haría falta una cantidad de poder descomunal para derribar el Mytal, pero que si se poseía este, el secreto para desmoronar la urdimbre residía solamente en la cabeza del propio Fenbalar Daehorn. Además, Fenbalar poseía en su torre un pequeño altar con glifos que le servían tanto para modular la intensidad del mismo como para evaluar su estado, si bien no se podía desactivar el Mytal mediante ellos.

Durante la conversación, John sorprendió a Adriel, la espía del Consejero Rohuar, escuchando su conversación con Fenbalar. Con la promesa de compartir posteriormente la información que obtuviese del mago, el erudito logró que la semielfa se marchase de allí y le dejase a solas con Fenbalar.

John se demostró un hábil conversador, al punto que Fenbalar bajó la guardia en varias ocasiones. En una de ellas, el mago dejó entrever que el Mytal podría burlarse accediendo al interior del mismo desde otro plano de existencia.

Mientras John y Fenbalar departían, Althandir cruzaba las puertas del Irithlium para entrevistarse con Sylune, que se encontraba dando clases a un buen número de jóvenes y prometedores magos. El lugar era impresionante, un templo a la enseñanza plagado de méfits revoloteando, objetos animados que flotaban de un lado a otro y magos discutiendo intrincadas teorías arcanas por los pasillos.

Sylune accedió a entrevistarse con el bardo y, si bien en un principio la hechicera se perdió en un sinfín de aburridos detalles técnicos sobre la conflagración arcana, finalmente Althandir logró reconducir la conversación hacia los recelos que Sylune había dejado entrever en aquella velada que se celebrase en el Salón de Tyrintar.

La hechicera no conocía en qué consistía exactamente la amenaza interna, pero parecía tener evidencias relativas a que alguien bien posicionado dentro de Myt Drannor estaba colaborando con el Ejército de la Oscuridad. Al parecer, el propio Elminster, el mago más respetado de Myt Drannor, compartía sus sospechas.

En lo relativo a Fenbalar Daehorn, el ideólogo del Mytal, simplemente Sylune consideraba poco prudente que la persona con los conocimientos necesarios para derribar el Mytal permaneciese en el interior de la ciudad cuando alguien que conspiraba con el demonio Tyranthraxus y aún no había sido neutralizado se movía libremente por las mismas calles.

Finalizadas sus respectivas reuniones, los compañeros intercambiaron información obtenida a lo largo del día. A la mañana siguiente, convinieron, irían a ver a Limm. Esta vez, quizá por lo turbio de todo el asunto, utilizarían sus habilidades para saber si podían fiarse o no de su propio patrón.

A la mañana siguiente, informaron de nuevo al Consejero Limm sobre sus averiguaciones De paso, ambos pudieron quedarse tranquilos respecto a su patrón: estaban seguros que, al margen de los juegos de poder propios de la política, Limm era un creyente respecto a lo que Myt Drannor y su legado representaban para el mundo. Si había alguien totalmente opuesto a un traidor a la ciudad, ese era Limm.

Además, su patrón les informó de que había recibido el llamado de un confidente, alguien vinculado de algún modo con el Ejército de la Oscuridad. El confidente tenía información crucial para la seguridad de Myt Drannor e insistía en verle fuera del Mytal, a medio día de camino de la urbe. Althandir y John confiaban en Limm, así que se ofrecieron a acompañarle.

Ya que Limm les informó de que partirían caída la noche, John y Althandir convinieron en compartir con Adriel la información de sus respectivas conversaciones tanto con Fenbalar como con Sylune, si bien no informarían acerca de la salida de la ciudad que tendría lugar al ponerse el sol.

Esa tarde quedaron con la semielfa, a quien pusieron al corriente de todo aquello. La notaron reticente, como si no confiase ya del todo en ellos. Tras despedirse de la mujer, preocupados, marcharon a hacer los preparativos para la noche.

Una hora después de ponerse el sol, los compañeros cruzaron las puertas de Myt Drannor en compañía del Consejero Limm y cinco hombres armados que les servían como escolta. Althandir cabalgaba junto al patrón, mientras que John salió del camino para evitar ser detectado.

Las preocupaciones del erudito resultaron no ser vanas cuando una flecha emplumada atravesó el cuello de uno de los guardias de Limm. Inmediatamente, se prepararon para recibir el ataque.

Para su sorpresa, sus asaltantes no eran otros que la propia Adriel y Briben, el teniente de la guardia de la ciudad, quienes iban acompañados por cinco hombres con aspecto de mercenarios.

Rápidamente, John desató una lluvia de pequeñas esferas de fuego sobre los mercenarios, abatiéndo a varios de ellos justo al tiempo que Althandir empleaba su magia de metamorfosis para ablandar los huesos de Briben, que se desplomó del caballo como una masa informe entre alaridos de puro terror. Luego, el bardo extraería la delgada hoja de su estoque para acabar con un par de mercenarios.

Adriel, que cargó con furia contra John, no tardó en ser rodeada y descabalgada por los hombres de Limm, quien la disuadieron de intentar ningún otro acto hostil colocando varios filos sobre su cuello.

Sin demorarse demasiado, los hombres de Limm sacaron tanto a los prisioneros como a los caídos del camino. Unos metros mas allá, bajo la protección de los árboles del bosque, John y Althandir interrogaron a Adriel.

Durante el interrogatorio, se percataron de que las intenciones de Adriel no eran malvadas. Al contrario, ella (y quizá también Rohuar) sospechaban que los compañeros y el propio Limm eran quienes conspiraban con el Ejército de la Oscuridad para hacer caer Myt Drannor.

Tras convencer a la semielfa de que no eran unos traidores, la invitaron a que, junto con Briben, les acompañara a la reunión de Limm con su confidente. Aunque el Consejero se mostró reticente en un principio, Althandir logró hacer que finalmente consintiese.

Cabalgaron durante toda la noche, llegando al lugar convenido justo al despuntar el alba.

Para sorpresa de todos, quienes esperaban en el lugar del encuentro no eran sino un grupo de duergars de aspecto hosco. Su líder, un tal Fargrim, era un enano oscuro cuyo hermano permanecía prisionero en manos de Limm. A cambio de la libertad del reo, Fargrim estaba dispuesto a poner en manos del Consejero la información que había obtenido del Ejército de la Oscuridad.

Según el duergar, Tyranthraxus y sus huestes habían dado con un antiguo templo erigido en honor a Moander. En dicho templo, el demonio había encontrado un portal al Abismo. Las informaciones en manos de Fargrim indicaban que en ese plano, Tyranthraxus contaba con algún aliado capaz de flanquear su vuelta al plano material justo en el interior de Myt Drannor, burlando así el Mytal.

Con una cansada sonrisa, el duergar les indicó que el ataque habría de producirse aquella misma noche. El tiempo corría en su contra si querían salvar la ciudad de Myt Drannor.

Y así, los compañeros cabalgaron acompañados por Limm, Adriel, Briben y los guardias del Consejero en una frenética carrera contra la puesta de sol para evitar que la ciudad mas magnífica de todas las eras cayese bajo las garras del Ejército de la Oscuridad.

El grupo cruzó las puertas de la ciudad justo cuando los últimos rayos de sol se ocultaban tras el horizonte. Rápidamente, el Consejero Limm se encaminó a alertar a sus homónimos en compañía de Adriel y Briben. Mientras tanto, John se dirigió en busca de Fenbalar al tiempo que Althandir corría hacia el Irithlium en busca de Sylune y Elminster.

John no tardó demasiado en llegar a la torre de Fenbalar, aunque por desgracia no encontró allí al mago. Sin saber muy bien qué hacer, decidió dirigirse hacia el Castillo de Cormanthor, donde a aquellas alturas ya estaría reunido el Consejo de Myt Drannor.

Mientras, Althandir cruzaba las puertas del Irithlium. No tardó en encontrar a Sylune y ponerla al día de lo que acontecía. En ese momento, la hechicera le pidió que la acompañase a contarle todo aquello a Elminster.

En aquel momento, un pandemonium de rugidos terroríficos y alaridos de auténtico pánico se adueñó de la ciudad: El portal se había abierto y el Ejército de la Oscuridad se derramaba por las calles de Myt Drannor en una orgía de sangre y destrucción.

Sylune le indicó a Althandir que debía buscar a Fenbalar. Según ella, el mago debía encontrarse en la Casa del Canto, rezándole a Oghma. Fenbalar debía sellar el Mytal a nivel planar para atrapar a aquel ejército en su interior. Según la hechicera, la ciudad ya estaba perdida, pero podrían contener eternamente a aquella infame hueste.

Antes de que el bardo partiese, Elminster le dejo muy claro que Fenbalar no podía caer en manos enemigas. Si no podían extraerle de la ciudad, deberían tomar las medidas que fuesen necesarias para evitar que Tyranthraxus se hiciese con él.

Dejando claro que entendía lo que Elminster le estaba pidiendo, Althandir partió del Irithlium. Antes de ir en busca de Fenbalar, necesitaba reunirse con John. Sabiendo que el erudito no habría encontrado al mago en su torre, el bardo supuso que su amigo se encaminaría al Castillo de Cormanthor en busca de instrucciones por parte de Limm. Así que allí encaminó sus pasos.

A aquellas alturas, John corría por las calles de Myt Drannor hacia el Castillo. No tardó en toparse con un pelotón del Ejército de la Oscuridad, compuesto por goblins y orcos. El erudito tomó una calle adyacente para evitarlos, aunque no pudo evitar que un par de flechas goblin pasaran lo suficientemente cerca como para causarle un par de rasguños.

Por su parte, Althandir se encontraría en su camino con otro grupo hostil, este compuesto por tres trolls y un par de ogros. Sin pensarlo, el bardo empleó su magia de metamorfosis para hacer brotar de su espalda un par de alas y elevar el vuelo en dirección al Castillo de Cormanthor, eludiendo la batalla.

Pocos minutos después de que John cruzase a pie las puertas del Castillo, Althandir se posaba planeando sobre las almenas. Tras reunirse, se pusieron al corriente de lo acontecido y, al tiempo, informaron al Consejo. Mientras los políticos se disponían a organizar la evacuación de Myt Drannor, Althandir y John irían en busca de Fenbalar.

En ese momento, Tyrintar, el paladín que capitaneaba la guardia de la ciudad se ofreció a acompañarlos como escolta, lo cual los compañeros agradecieron enormemente.

Ya que el cielo era un hervidero de actividad demoníaca, Althandir descartó la posibilidad de volar hasta la Casa del Canto. De ese modo, los dos compañeros partieron a pie por las calles de Myt Drannor en compañía del bravo paladín Tyrintar.

Con el corazón encogido, el grupo vio al gran demonio Tyranthraxus sobrevolando la ciudad. Con gran habilidad, lograron eludir su escrutinio desde las alturas, si bien no pudieron llegar sin incidentes a la Casa del Canto ya que las calles estaban infestadas de enemigos.

Dos enormes gigantes de fuego les salieron al paso. John empleó magia de hielo para acabar con uno de ellos, mientras que Althandir hizo bailar su estoque para eliminar al otro con ayuda de Tyrintar, quien salió gravemente herido del lance.

Sin tiempo que perder, los compañeros se rehicieron para proseguir su camino.

Cuando llegaron a la Casa del Canto, encontraron a Fenbalar luchando a golpe de conjuro junto con los sacerdotes de Oghma para rechazar a los invasores de la ciudad. Sin perder un minuto, Althandir y John le explicaron la necesidad de sellar el Mytal a nivel planar para dejar atrapados al Ejército de la Oscuridad en el interior de la ciudad.

Tras meditarlo un momento, el mago admitió que sería posible hacerlo. Sin embargo, necesitaba acceder a los glifos del pequeño altar que poseía en su torre. Sin dudarlo, los compañeros se comprometieron a escoltarle hasta allí junto con el capitán Tyrintar.

Eludiendo a los enemigos lo mejor que pudieron, se echaron de nuevo a las calles de Myt Drannor en dirección a la torre de Fenbalar. A aquellas alturas, se hacía extremadamente difícil atravesar cualquier calle sin encontrarse con alguna criatura monstruosa que cortase el camino.

Así, no muy lejos del Speculum, el grupo se topó de bruces con una jauría de diez canes infernales guiados por un demonio de la sombra. El combate se desató en un abrir y cerrar de ojos.

John utilizó su ingenio para atraer hacia sí a varios de estos monstruos, mientras manipulaba las fuerzas de la gravedad para hacer levitar enormes cascotes que después dejaría caer sobre los horribles animales. Por desgracia, uno de aquellos sabuesos rojizos logró envolver a Tyrintar con su aliento flamígero, acabando con la vida del glorioso paladín.

Por su parte, Althandir blandió el estoque lo mejor que pudo y, aunque la esencia de aquel demonio de sombra no era consistente del todo, acabó por infligirle las suficientes heridas como para darle muerte.

Llorando la muerte del bravo Tyrintar, prosiguieron su camino hacia la torre de Fenbalar Daehorn, pero más obstáculos les aguardaban en su periplo.

Cuatro demonios con cabeza de buitre descendieron de los cielos junto a otro demonio, más grande y con apariencia reptiliana. Una vez más, John y Fenbalar desplegaron su magia elemental sobre los enemigos, electrocutándolos, arrojándolos con violencia contra los muros de las viviendas o sepultándolos en sarcófagos de hielo. Mientras, Althandir se movía como un relámpago entre los demonios restantes blandiendo su delgado estoque con precisión mortal para atravesar la espalda de aquellos enemigos que se distraían un solo segundo.

Continuaron corriendo tras esta batalla, avanzando sin descanso hacia la torre de Fenbalar. A aquellas alturas, los tres compañeros habían recibido algunas heridas de bastante gravedad. La sangre se vertía sobre el adoquinado mientras avanzaban conteniendo muecas de dolor.

Dos corpulentos demonios les cortaron el paso: moles musculosas con cabeza de mastín y alas membranosas a la espalda. Uno de ellos llevaba una armadura oscura y ornamentada, seguramente alguna señal de rango entre la hueste demoníaca.

Aunque el demonio de menor rango acabó pronto encerrado dentro de un bloque de hielo gracias a la magia de Fenbalar, el nycaloth de negra armadura se demostró un hueso más duro de roer: soportó casi sin inmutarse un par de cuchilladas de John, mientras detenía los embates de Althandir.

Manipulando las fuerzas gravitatorias, Fenbalar logró que el monstruo se estrellase contra la pared de una vivienda, derribándola por completo. Un instante después, Althandir y John se abalanzaban sobre el nycaloth para acuchillarle con sus filos hasta la muerte.

Cuando por fin llegaron a la torre de Fenbalar, casi no se creían el hecho de haber logrado sobrevivir a todo aquello. Rápidamente, entraron en el edificio al ver que una horda de goblins, orcos y ogros se acercaba desde el otro extremo de la calle.

Justo cuando cerraban las puertas de la torre, una enorme criatura metálica se acerco a ellos desde el interior del edificio. Se trataba de un descomunal golem de hierro que hacía de guardián para Fenbalar. Tras ordenar al constructo que impidiese la entrada a cualquier fuerza hostil, Fenbalar les pidió a Althandir y John que lo acompañasen a la parte superior de la torre.

Tras ascender un par de pisos por las escaleras, el grupo llegó al laboratorio de Fenbalar. Varios estantes llenos de libros, botellas y viales ocupaban las paredes. Un par de mesas se repartían aquí y allá. En la parte más alejada de la puerta, un enorme círculo plagado de runas se encontraba tallado en el suelo y, justo al lado, un altar de obsidiana presentaba varios glifos incandescentes.

Sin perder el tiempo, Fenbalar corrió hacia el altar de obsidiana y comenzó a manipular los glifos, advirtiendo a Althandir y John de que tardaría unos minutos en sellar el Mytal a nivel planar. Los compañeros apenas tuvieron tiempo de asentir ya que, de súbito, la mitad del techo de la torre saltó por los aires en una lluvia de astillas para dejar ver a un enorme demonio de unos tres metros, con el cuerpo cubierto de escamas rojizas y alas membranosas. Su larga cola estaba rematada por una afilada púa. Se trataba del temido demonio Tyranthraxus.

El demonio accedió a la torre desde el techo, intentando llegar hasta Fenbalar. Sin embargo, Althandir y John se interpusieron aún a costa de sufrir heridas de bastante consideración. En el último momento, una barrera de electricidad invocada por John logró evitar que las garras de Tyranthraxus llegasen hasta Fenbalar.

En mitad del fragor del combate, los compañeros lograron derribar uno de los enormes estantes de la estancia sobre su enemigo. Aquel estante contenía numerosas botellas de innombrables productos químicos que sisearon y burbujearon al tocar la piel del infernal, que aulló de dolor.

La lucha continuó sin tregua, con John erigiendo barreras de energía para evitar el avance de Tyranthraxus mientras Althandir batía las alas de su espalda al tiempo que blandía su estoque intentando que el demonio no ganase metros.

Poco a poco, los compañeros iban desgastándose mientras su enemigo se enfurecía más y más al no lograr impedir que Fenbalar continuase manipulando aquellos glifos.

Aprovechando la cercanía de Althandir en uno de los momentos del combate, Fenbalar llamó su atención. Brevemente, el mago le explicó que cuando acabase su trabajo, intentaría huir por el círculo de teletransporte que había en la estancia. Una vez al otro lado, tomaría una poción que le borraría la memoria. De ese modo, evitaría que nadie pudiese derribar el Mytal si le capturaba.

Aún así, sería necesario que alguien destruyese aquel círculo de teletransporte tras su marcha. Por desgracia, alguien iba a tener que quedarse allí para asegurarse de ello.

De improviso, uno de aquellos demonios con cabeza de mastín entró en la sala. El nycaloth, que deseaba apoyar a su infernal amo en el combate, apenas pudo dar un par de pasos antes de que John emplease su magia para derribar el techo semiderruido de la torre sobre él, ante los furiosos rugidos de frustración de Tyranthraxus.

Fenbalar les gritó que había concluido el sellado del Mytal. Tras posar una mirada de infinito agradecimiento sobre sus aliados, se internó en el círculo de teletransporte para desaparecer. Aunque Tyranthraxus intentó impedirlo, Althandir y John lograron interponerse una vez más.

Tras hacer retroceder por enésima vez al demonio, el erudito y el bardo se miraron. Jadeaban por el esfuerzo, ambos estaban muy malheridos.

Althandir le pidió a John que se marchase a través del círculo de teletransporte. El bardo confiaba en poder destruir el portal y emplear después sus alas para escapar de allí, logrando conservar la vida.

Tras asentir brevemente, John cruzó el círculo para desaparecer en un resplandor justo antes de que Althandir vertiese un vial de producto corrosivo sobre los márgenes del círculo, inutilizándolo.

Enfurecido, el demonio Tyranthraxus se abalanzó con un rugido sobre aquel bardo alado que, sin embargo, logro elevarse a tiempo para escapar por el techo derruido de la torre. Mientras ascendía apretando los dientes, Althandir podía escuchar los alaridos del demonio que le perseguía.

El bardo volvió la vista atrás justo cuando Tyranthraxus iba a alcanzarle.

En ese momento, una brutal andanada de energía derribó al demonio; precipitándole desde las alturas para hacer que se estrellase sobre el tejado de una imponente mansión, el cual se vino abajo ante el descomunal impacto.

Althandir pudo ver con Elminster y Sylune avanzaban por la calle, empleando su magia para abatir enemigos. Sin embargo, estaba claro que se dirigían al exterior de la ciudad... se marchaban. Desde las alturas, el bardo pudo distinguir a apenas un par de cientos de personas alejándose de la ciudad.

Myt Drannor había caído.

---

Nada más pisar el círculo de teletransporte, todo lo que pudo ver John fue un extraño resplandor azulado. Después, creyó haber caído en la oscuridad absoluta, al menos hasta que se percató de encontrarse en una cueva.

No tardó en ver a Fenbalar. El mago elfo se encontraba en la entrada de la cueva, su silueta recortada contra la luz de la luna. Aún sostenía en la mano aquella poción que habría de borrarle la memoria.

John caminó hasta él. Poniéndole la mano en el hombro, le aseguró que, aunque perdiese sus conocimientos arcanos al beber la poción, él mismo se encargaría de recordarle su propia persona, quién había sido.

Con una sonrisa cansada, Fenbalar le pidió que no lo hiciese. Iba a perder tanto al beber esa poción, que prefería no llegar a saber nunca lo que había perdido ni quién había sido.

-¿Y qué quieres que te cuente cuando despiertes? - Le había preguntado John.

-Cuéntame esto...



Comentarios

Entradas populares de este blog

Dirigir Rol : Subtramas

Cuando las cosas no están saliendo bien

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (12/18)