Draconis Tempora: Korvosa (T3), Huida del Viejo Korvosa (5/6)
Después de haber iniciado una despiadada batalla en el palacio de la familia Arkona y descubrir que Bahor, el jerarca, era en realidad un peligroso rakshasa, los compañeros habían descendido hasta un complejo subterráneo excavado bajo la vivienda.
Allí, tras ser emboscados por una rakshasa y varia lamias, el grupo había dado con una puerta secreta que conducía a un túnel adoquinado y, evidentemente, artificial: el inicio del Laberinto Reanimado.
Aquel túnel les condujo, tras unos minutos de camino, hasta unas enormes puertas de oro de doble hoja. Había imágenes de tigres grabadas sobre ambas hojas y varios textos escritos en lenguaje infernal que hablaban de la familia Arkona: en realidad un clan de rakshasas que había sido exiliado al plano material por un poderoso archidemonio.
Tras abrir las puertas, quedaron algo confundidos al solamente encontrar una estancia sin salida y con una enorme palanca en el centro. Tras deliberar un par de minutos, Jarnarak accionó la palanca, retrocediendo inmediatamente ante el ensordecedor estrépito que se produjo.
La estancia entera pareció temblar al tiempo que la pared frontal se desplazaba lateralmente. Con asombro, los compañeros pudieron comprobar como una sección entera de pasillo parecía rotar hasta alinearse con lo que había sido la habitación donde ellos se encontraban.
Un nuevo segmento del laberinto se extendía ante ellos.
Prosiguieron su camino por aquel pasillo hasta llegar a una enorme estancia ovalada en la que encontraron dos estanques. Desconfiando, Seldysa decidió emplear sus poderes para detectar posible magia en ellos.
No le costó demasiado averiguar que uno de los estanques había sido envenenado mágicamente, mientras que el otro estaba imbuido con magia curativa. Rápidamente, todos los compañeros bebieron del segundo mientras daban gritos de júbilo por reponerse de sus graves heridas.
No demoraron demasiado en volver a ponerse en camino por el pasadizo que se extendía ante ellos. Thepeiros caminaba unos diez metros por delante del resto del grupo, atento a cualquier trampa que pudiera haber en el camino.
De hecho, no tardó en detectar un extraño glifo tallado sobre uno de los adoquines de la pared del pasillo. En silencio, hizo el elfo hizo un gesto para que Seldysa se acercase. Tras fruncir el ceño un segundo, la gnoma pronunció las arcanas palabras que desactivarían aquella trampa mágica.
Prosiguieron largo rato por aquel pasillo sin encontrar ningún obstáculo más. Finalmente, el grupo desembocó a una sala circular en la que había tres enormes cofres sobre pedestales. Junto a ellos, se encontraba otra palanca como aquella que había hecho girar la anterior sección de laberinto.
Thepeiros y Kaylee sugirieron abrir los cofres, aunque tomando precauciones por si se trataba de una trampa, con lo que Jarnarak estuvo de acuerdo. Seldysa, por su parte, no estaba muy convencida de que fuese una buena idea.
Tras deliberar unos minutos, Thepeiros se dispuso a abrir el primero de los cofres. Justo antes de hacerlo, se percató de que la tapa tenía un aspecto raro; como si hubiese sido ungida con algún tipo de producto. Temiéndose que se tratase de algún tipo de veneno de contacto, empleó su daga para abrir el cofre sin tocar directamente la caja. Dentro del cofre encontraron un par de pociones curativas.
Tras recibir las felicitaciones de sus compañeros, se dispuso a proceder con el segundo de los cofres. El hábil granuja detectó una trampa de resorte en este cofre, un mecanismo diseñado para liberar una nube de veneno letal sobre quien lo abriese; como pudo averiguar mientras lo desactivaba. Un par de diamantes de buen tamaño hicieron brillar de júbilo los ojos de Thepeiros.
Tomando aliento, el elfo se dispuso a acometer la tarea de abrir el tercero de los cofres. Esta vez, su agudo oído le advirtió de que algo vivo se movía en el interior del cofre. Pidió entonces a Jarnarak que se situase a un flanco de la caja, mientras él se situaba al otro.
Nada más abrir la tapa, una enorme cobra real se abalanzó hacia delante. El confuso reptil solo pudo chasquear sus dientes en el aire antes de que la enorme hacha de Jarnarak le separase la cabeza del cuerpo. Otro par de pociones de curación se encontraban en el fondo del cofre.
Sin mucho más que hacer en aquella sala, accionaron la palanca.
Volvió a repetirse todo aquel estruendo, con el suelo, techo y paredes estremeciéndose mientras el Laberinto Reanimado parecía reconfigurarse merced a algún tipo de enorme mecanismo oculto que permitía tal proeza.
Como antes, encontraron un nuevo pasillo que se alargaba hacia la oscuridad. Volvieron a ponerse en camino con Thepeiros a la cabeza.
El guía elfo no tardó en toparse con algo inusual: un segmento de pasillo se encontraba decorado con varias cabezas de tigre esculpidas en oro y situadas a ambos flancos, sobre la altura del pecho.
Antes de que pudiera hacer un gesto a Seldysa para que se adelantase, las cabezas se proyectaron hacia delante, impulsadas por alargados cuellos serpentiformes de oro. Las cabezas hirieron a Thepeiros que, sin embargo, logró rodar para alejarse del área de alcance de los constructos.
Ya que Seldysa no tuvo éxito a la hora de disipar la magia que animaba a aquellos constructos, una magia poderosa, el grupo decidió abrirse paso a través de ellos. No parecía haber ningún camino alternativo y necesitaban saber si, tal como había asegurado Bahor Arkona, Vencarlo y Neolandus se encontraban allí retenidos.
En un corto espacio de tiempo, consiguieron atravesar el pasillo dejando tras de sí varios amasijos de metal precioso que, un momento antes, habían sido aquellos temibles constructos que custodiaban el pasadizo. Thepeiros, que recibió heridas graves en el proceso, se vio obligado a usar una de aquellas pociones de curación que habían encontrado en los cofres.
Un nuevo pasaje de piedra les llevó serpenteando a través de un centenar de metros hasta otra habitación. Esta vez, se trataba de una estancia perfectamente redonda en cuyo centro había un extraño pozo. Thepeiros inspeccionó la estancia con cuidado, no encontrando trampa alguna.
Sin embargo, Kaylee no fue tan cuidados a la hora de asomarse al pozo sin haber tomado ninguna precaución. Decenas de cuchillas circulares salieron volando de aquella oquedad y comenzaron a rebotar por toda la habitación.
Aunque la paladina no pudo evitar que varias de las cuchillas la alcanzasen, infligiéndola graves heridas, Thepeiros estuvo bastante rápido a la hora de echar un vistazo al pozo, localizar el mecanismo que arrojaba las cuchillas y lograr desactivarlo antes de que una nueva remesa de letales artefactos se disparase en la habitación.
Antes de continuar, tanto Kaylee como Thepeiros consumieron las tres pociones que les quedaban. La paladina estaba bastante herida y el elfo necesitaba estar al cien por cien debido a que marchaba en cabeza y era probable que se encontrase con cualquier posible trampa antes que nadie.
Dejaron atrás la estancia del pozo, iniciando el descenso por una larga escalinata que les acabaría llevando a un pasillo estrecho con cuatro alcobas en cada lado. Thepeiros entró con cuidado en el pasillo para asomarse a una de las alcobas. Desde allí, podía ver que en cada alcoba parecía haber un sarcófago.
Lamentablemente, no tuvo tiempo para mucho más, ya que en todo el pasillo resonó un pandemónium de gritos espeluznantes provenientes de los sarcófagos del lado izquierdo. Mientras el elfo se tambaleaba hacia atrás con las manos en los oídos, los sarcófagos del lado derecho se pusieron en vertical y abrieron sus tapas. Del interior brotaron lluvias de púas metálicas que hirieron a Thepeiros.
Valerosamente, Jarnarak se adentró en el pasillo para agarrar a su compañero y arrastrarle fuera de allí, aunque recibió alguna que otra herida menor al hacerlo.
Esta trampa, mágica a todas luces, tampoco pudo ser desactivada por la magia de Seldysa; que estaba empezando a consumir sus recursos de forma preocupante.
El grupo planteó tomarse un descanso para recuperar fuerzas. Por desgracia, cuando llevaban unos veinte minutos sentados en la escalera que precedía al pasillo de los sarcófagos, las paredes comenzaron a temblar: parecía que el laberinto quería recuperar su antigua configuración.
Al no tener muy claro en qué medida les iba a afectar eso, los compañeros decidieron que debían apretar el paso y llegar hasta la siguiente palanca de reconfiguración antes de que el movimiento actual del Laberinto Reanimado finalizase.
Cruzaron a toda prisa aquel pasillo, atormentados por el daño psíquico de los gemidos que surgían de los sarcófagos de las alcobas del lado izquierdo mientras los sarcófagos del lado derecho escupían una lluvia de púas metálicas sobre ellos.
Cuando llegaron al otro extremo, todos estaban en un estado lamentable. Jarnarak y Thepeiros se habían llevado la peor parte con las púas, mientras que Kaylee y Seldysa, la gnoma estaba al borde de la muerte, sufrieron mayormente los estragos del daño psíquico.
Kaylee, con lágrimas en los ojos, juró que no iba a permitirse perder a más compañeros. La paladina esquilmó sus últimas briznas de poder para sanar parte de las heridas de la maga gnoma que, sin embargo, continuaba en un estado bastante peligroso.
El laberinto continuaba girando, así que corrieron todo lo que sus cansadas piernas les permitían. Tanto fue así que se metieron de súbito en una habitación grande y construida a modo de enorme cilindro vertical. El suelo, el techo y las paredes estaban decorados por un caótico mosaico que presentaba… ¿millones? De pequeñas avispas.
Antes de que se dieran cuenta, pequeños alfileres de acero comenzaron a surgir del mosaico, allí donde debiera estar el aguijón en cada imagen de abeja. Nada más salir, la aguja volvía a retraerse con un chasquido; justo después de atravesar la suela y aguijonear el pie.
No tardaron en darse cuenta de que aquellos malditos alfileres estaban envenenados. Los compañeros corrieron como pudieron hasta la salida de la estancia. Kaylee y Thepeiros la ganaron entre agonizantes gritos de dolor, Jarnarak se desplomó inconsciente justo tras cruzar el umbral y Seldysa llegó a caer aún dentro de la habitación, lo que obligo a Thepeiros a alargar el brazo y tirar de ella, arrastrándola fuera de la estancia.
Kaylee y Thepeiros, desesperados, atendían a sus compañeros caídos. Sin magia ni pociones curativas, solo la resistencia bestial propia de los minotauros permitió que Jarnarak se volviera a poner en pie. Seldysa, por su parte, agonizó durante un buen rato hasta que, finalmente, pareció aferrarse a un hilo de vida y volver en sí.
El laberinto había dejado de girar, así que ya nada les impedía descansar un poco, tirados en aquel pasillo mientras el veneno de la última trampa aún palpitaba en sus venas.
El descanso ayudó, pero aún se encontraban en un estado tan precario que no creían poder enfrentarse a nada demasiado serio sin un riesgo evidente para sus vidas. Así, extremaron la cautela mientras avanzaban por el nuevo pasillo adoquinado.
Este les condujo hasta una habitación rectangular en la que tan solo había una especie de tarima alargada y la siguiente palanca de reconfiguración del Laberinto Reanimado. Seldysa empleó sus últimos resquicios de poder para identificar la magia de restablecimiento que imbuía aquella tarima.
Con una alegría que no habían experimentado en mucho tiempo, los compañeros fueron subiendo a aquella tarima para ver como sus heridas sanaban al tiempo que sus fuerzas regresaban a ellos casi como si hubiesen estado una semana entera descansando.
Accionaron la nueva palanca, esperando que no fuese demasiado tarde y que la última reconfiguración automática del laberinto no hubiese sido fatal para sus intereses.
Un nuevo estremecimiento de toda aquella estructura subterránea que era el Laberinto Reanimado hizo desplazarse la pared septentrional para dejar al descubierto el siguiente tramo de aquel complejo. Los compañeros estaban de enhorabuena.
Así que continuaron adentrándose en el Laberinto Reanimado.

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