Draconis Tempora: Un trabajo demasiado peligroso

Caeldrim y Zook no eran sino dos delincuentes que solían operar en la ciudad de Farallón de los Cuervos. El primero era un semielfo plateado que complementaba sus habilidades para el latrocinio con ciertas aptitudes arcanas de la escuela de ilusionismo. Por su parte, Zook era un feroz gnomo con la cara tatuada que vivía de sus dos espadas cortas.

Ambos se habían conocido tiempo atrás durante una de sus habituales visitas a los calabozos de la ciudad. Desde entonces, habían llegado a ser primero socios y después amigos.

El caso era que esta peculiar pareja andaba con la bolsa bastante vacía en los últimos tiempos, de modo que pensaron en pasarse por un antro llamado “El Lagarto Negro”, donde uno de los hampones locales, Hark Dienteausente, operaba habitualmente. Hark siempre tenía algún trabajo para cualquier alma descarriada que necesitase llevar unas monedas a su bolsa.

Dienteausente les recibió sin demasiados problemas. Incluso les agradeció que Zook descubriese a un tipo espiando los movimientos del hampón en el local. El desafortunado espía, que era un miembro de la guardia de la ciudad, no llegó a poder escapar del sitio, ya que uno de los hombres de Hark Dienteausente le arrojó un cuchillo a la espalda.

Tras este inesperado incidente, Hark les confesó que quizá tuviese un trabajo para ellos. Al parecer, la Cofradía Azor, competidores del hampón, había recibido un importante cargamento de opio en el puerto, según informaban los contactos de Hark. Ya que Dienteausente quería mantener su posición dominante en el mercado de esa sustancia, necesitaba que ese cargamento fuese localizado y destruido.

Tras algunas negociaciones, finalmente Hark consintió en adelantarles algo de dinero por el trabajo, quedando en que recibirían el resto cuando el cargamento hubiese sido destruido. Igualmente, el hampón les permitió que se quedasen parte del opio siempre y cuando no fuera una cantidad lo suficientemente importante como para afectar a sus negocios.

Cerrado el trato, Caeldrim y Zook quedaron en visitar los muelles a la mañana siguiente. Allí tenían pensado hablar con Jim El Cojo, el informante de Hark. Esperaban poder averiguar algo acerca del posible paradero de aquel cargamento de opio.

Así, a la mañana siguiente, los compañeros se personaron en los muelles, donde encontraron a un Jim El Cojo bastante reacio a hablar. Cuando comenzaban a presionar al tipo, aparecieron cinco guardias de la ciudad con la intención de arrestar a Jim.

Cuando Caeldrim y Zook intentaron quitarse de en medio, el sargento de la guardia pensó que sería buena idea arrestarlos también, así que les pidió que se desarmasen. Los compañeros intentaron hacer comprender a la guardia que no tenían nada que ver con Jim.

Entonces, el sargento escupió a los pies de Zook, insultándole a la vez que ordenaba que se desarmase. El gnomo, enloquecido por la ira, le espetó entre dientes un “Me gustaría ver tus tripas esparcidas por el suelo”, lo que obviamente hizo que se desenvainasen las espadas.

Aquellos guardias no estaban preparados para la letalidad de aquella pareja de compañeros. Mientras aquel extraño gnomo embutido en una armadura de escamas se movía como un relámpago ensartando y sajando con sus dos espadas, el ladrón semielfo se movía entre los soldados, buscando siempre la espalda para asestar una certera puñalada.

En pocos segundos, los cinco guardias yacían muertos sobre el suelo.

Caeldrim y Zook tardaron aún un rato en encontrar a Jim El Cojo, que se había ocultado tras unas cajas para ponerse a salvo de aquella carnicería. El hombre solo quería marcharse de allí antes de que apareciesen más guardias, lo que jugó a favor de los compañeros a la hora de presionar a aquel informante.

Entre sollozos, Jim les acabó contando que la carreta en la que se descargó el opio estaba siendo supervisada por un tal Frinan, miembro de la Cofradía Azor. Una vez cargado, el armatoste comenzó a rodar en dirección al Barrio Verde, controlado por la Cofradía.

Caeldrim y Zook decidieron que visitarían aquel barrio al día siguiente. Mientras tanto, emplearían aquella tarde en hacer algunas compras en la ciudad para dar salida al oro que Hark Dienteausente les había adelantado.

Después de amanecer el día siguiente, los compañeros visitaron el Barrio Verde. Iban estratégicamente separados para que nadie notase que trabajaban en equipo. Mientras Zook se dedicaba a preguntar con Frinan, haciendo correr la voz de que tenía información para él, Caeldrim se mantenía en un discreto segundo plano, observando cualquier posible movimiento que resultase sospechoso.

Tras dar unas vueltas al barrio, fueron a una de las tabernas del lugar. Se sentaron en mesas separadas y aguardaron a que fuesen los propios hombres de la Cofradía Azor los que apareciesen en busca de aquel gnomo que parecía tener tanto interés en localizar a Frinan.

Ni se equivocaban, ni tuvieron que esperar demasiado.

Al poco rato aparecieron cuatro hombretones de aspecto patibulario que cruzaron el local hasta la mesa de Zook. Le dijeron que Frinan quería verle y debía acompañarles. Sin oponer resistencia, el gnomo salió al exterior en compañía de los hombres.

Mientras aquellos sujetos conducían a Zook a través del Barrio Verde, Caeldrim empleaba sus facultades para seguirles sin ser detectado. El semielfo era como una auténtica sombra que se deslizaba de esquina en esquina, siempre invisible a ojos de sus presas.

Los matones de Frinan introdujeron a Zook en un almacén, mientras Caeldrim quedaba fuera, atento por si debía intervenir para ayudar a su amigo. En el interior, el gnomo encontró al tal Frinan dialogando con un tipo de modales petulantes y vestido con ropa bastante elegante. Aquel caballero de noble apariencia parecía responder al nombre de Laucian.

Laucian no tardó en marcharse de allí, cruzando ante la atenta mirada de Caeldrim, quien se esforzó en retener todos los detalles sobre la apariencia de aquel hombre.

Mientras tanto, en el interior del almacén, Zook se afanaba en intentar convencer a Frinan de que Hark Dienteausente estaba conspirando para dañar a la Cofradía Azor y que él mismo se ofrecía para actuar como agente doble en contra de Dienteausente.

Por desgracia, alguno de los hombres de Frinan se había dedicado a espiar a Hark y sabía que el gnomo trabajaba para él. Además, el hecho de que Zook se mostrase tan predispuesto a traicionar a Dienteausente, no le inspiraba demasiada confianza a Frinan.

De modo que ordenó a sus hombres que matasen al gnomo.

El ruido del acero entrechocando no tardó en llegar hasta Caeldrim, que aguardaba en el exterior del almacén. Rápidamente, el semielfo utilizó su magia de ilusión para adoptar la apariencia de Laucian y entrar apresuradamente al almacén, donde Zook ya se encontraba en el suelo, a merced de las espadas enemigas.

El falso Laucian ordenó a los hombres que se detuviesen, argumentando que quizá aquel miserable gnomo fuese de mayor utilidad vivo. Frinan expresó sus dudas al respeto, al tiempo que se mostró sorprendido por aquella falta de determinación homicida en un miembro de los Zhentarim, por lo que Caeldrim pudo saber que aquel tipo noble al que estaba suplantando formaba parte de la terrible Red Negra.

Mientras el falso Laucian continuaba departiendo con Frinan, los hombres de la Cofradía llevaron a Zook a la parte trasera del almacén, donde le dejaron maniatado. Quizá hubiese sido una buena idea amordazarle, ya que el gnomo comenzó a emitir el agudo chillido propio de las ratas hasta que uno de esos roedores apareció para mordisquear sus ataduras. Agradecido, colocó a aquel pequeño animal sobre su hombro.

Liberado, el gnomo echó un rápido vistazo por el almacén, aunque estaba quizá demasiado nervioso como para ver nada que no fuesen cajas y más cajas. Mientras Zook se movía sigilosamente hacia la puerta trasera del edificio, Caeldrim, en forma de falso Laucian, se despedía de Frinan y sus hombres y salía de nuevo a la calle, donde tras recuperar su apariencia normal, comenzaba a rodear el edificio.

Zook escucho a un par de hombres hablando al otro lado de la puerta. Por un momento, dudó si abrir la hoja de madera, pero salió de dudas en cuanto Frinan y sus hombres entraban en la parte posterior del almacén para descubrir que se había desatado.

Sin pensarlo, el gnomo empujó la puerta de madera al tiempo que Caeldrim doblaba la esquina para encontrar a su amigo saliendo por la puerta trasera del edificio y a punto de ser ensartado por dos hombres que empuñaban sendas espadas.

Rápidamente, el semielfo empleó su magia para hacer que, tanto Zook como él mismo, se volviesen invisibles. Indetectable para sus enemigos, el gnomo logró pasar entre aquellas espadas que los matones de Frinan agitaban de modo frenético, intentando ensartar a su invisible oponente.

Aliviados por haber logrado salvar el pellejo, los compañeros decidieron ocultarse en las alcantarillas de la ciudad. Desconfiaban de todo y de todos, así que pensaron que allí podrían descansar sin ser encontrados por ningún potencial enemigo.

Mientras Zook se recuperaba durante un par de días en las alcantarillas, habló con aquella pequeña rata que había roído sus ataduras en el almacén de Frinan. El gnomo le enseñó un poco de opio al animal, quien le dijo que en “su casa” había mucho de eso. El opio sin duda estaba en el almacén de Frinan, aunque Zook no lo hubiese visto cuando estuvo allí.

Así, los compañeros planearon visitar el almacén aquella misma noche con la intención de prenderle fuego al mismo y dar al traste con aquel lucrativo negocio de la Cofradía Azor.

Los compañeros se pusieron en movimiento nada más caer la noche, llegando al almacén del Barrio Verde muy poco después. Zook envió a su pequeña amiga peluda a hacer un reconocimiento mientras ellos aguardaban en un callejón cercano.

A su regreso, la rata le contó que había cinco hombres dentro, dos de ellos probablemente Frinan y Laucian. Además, dos hombres vigilaban la puerta trasera por la que él había escapado un par de días atrás.

Los compañeros se acercaron hacia aquella puerta trasera desde ambos flancos, con la intención de acabar de forma simultánea con los dos centinelas. Sin embargo, Caeldrim pisó la cola de una rata mientras se acercaban, lo que hizo que uno de los guardias le descubriese e iniciase de inmediato su persecución.

El otro centinela no llegó ni a reaccionar: apenas se estaba echando mano a las armas cuando un enloquecido gnomo surgió de las sombras para saltar sobre él y apuñalarle el pecho con sus dos espadas cortas.

Al mismo tiempo en que Caeldrim doblaba la esquina y se volvía invisible para burlar a su perseguidor, la puerta trasera del almacén se abría de golpe para dejar ver a un tipo con aspecto de mercenario, sin duda uno de los zhentarim que trabajaban para Laucian. Las espadas se cruzaron bajo ese umbral mientras otro mercenario se acercaba para apoyar a su compañero contra aquel aguerrido gnomo.

Mientras, Caeldrim aprovechaba su invisibilidad para entrar en el almacén, donde esperaba prenderle fuego al lugar. Sin embargo, ocurrió algo con lo que no contaba.

Laucian parecía poder verle incluso a pesar de la invisibilidad. Además, el cuerpo de aquel noble pareció convulsionarse hasta asumir la apariencia de un enorme tigre antropoide que ya corría hacia él mientras empuñaba dos espadas largar. Horrorizado, Caeldrim corrió hacia la parte delantera del almacén, donde se encontraba la puerta que daba a la calle.


Laucian, que ya había desvelado que en realidad era un rakshasa, se disponía a seguir al semielfo cuando el combate de la puerta trasera llamó su atención. Para aquel momento, Zook ya había decidido retirarse y corría alejándose de los mercenarios zhentarim.

Lamentablemente, tuvo que detener su huida en seco al ver como la pared del almacén explotaba en una lluvia de astillas frente a él para dejar ver la aterradora forma de aquel rakshasa que empuñaba dos espadas.

El gnomo ni siquiera necesitó sopesarlo un momento.

Dando media vuelta, corrió de nuevo hacia la puerta trasera donde, tras ensartar a uno de los mercenarios, eludió al otro para entrar corriendo en el almacén. Para entonces, Caeldrim ya había vuelto a entrar por la puerta delantera y había iniciado un fuego en ese lugar, retirándose después hacia la calle.

Así las cosas, Zook se encontraba con un incendio frente a él, Frinan a su flanco y un rakshasa enfurecido llegando por su retaguardia. El gnomo era un luchador bastante arrojado, pero hay circunstancias que superan a cualquiera.

Y corrió hacia las llamas.

Apretando los dientes, Zook atravesó las llamas entre toses; notando como su carne se socarraba al atravesar la cortina de fuego. Al otro lado de las llamas le aguardaba Caeldrim, aunque se hallaba invisible a ojos de su amigo.

Con horror, ambos vieron como el rakshasa cruzaba también el fuego en pos del gnomo. El pelaje humeante del hombre tigre le daba, si cabe, un aspecto más terrible. Laucian atacó a los compañeros, que evitaron sus envites en un primer momento.

Caeldrim intentó acertarle con su cerbatana, sin éxito. Luego, semielfo y gnomo echaron a correr calle abajo con la intención de volver a entrar en las alcantarillas. Sin embargo, la espada arrojada por el rakshasa se incrustaría en la espalda de Caeldrim, haciéndole caer de bruces, al borde de la muerte.

Pensando que nada podía hacer por su amigo, Zook continuó corriendo. Poco después, la guardia comenzaría a llegar a las inmediaciones, por lo que Laucian decidió recobrar su forma humana y quitarse de en medio.

Desde un callejón cercano, Zook pudo ver como los guardias de Farallón de los Cuervos colocaban el cuerpo inerme de Caeldrim en una carreta, probablemente para transportarlo al cementerio. No obstante, observando con atención, el gnomo pudo percatarse de que su amigo continuaba con vida.

Con toda la discreción de la que pudo hacer gala, Zook logró acercarse hasta la carreta en un punto de su camino a la morgue y robar el cuerpo de su amigo. Como pudo, transportó al malherido semielfo de vuelta a las cloacas de la ciudad, donde podría comenzar a recuperarse.

Pasaron cuatro días bajo el subsuelo de la urbe. Mientras que las heridas de Zook sanaron relativamente pronto, las de Caeldrim no parecían mejorar. Finalmente, tomaron la decisión de acercarse hasta algún templo con la esperanza de que un sacerdote pudiese sanar al semielfo. De paso, quizá quisieran echar una mano para expulsar la amenaza Zhentarim de Farallón de los Cuervos.

Visitaron primeramente un templo de Tyr, dios de la justicia, esperando que alguno de sus sacerdotes se uniera en esa particular cruzada. Sin embargo, aquella pareja de maleantes no parecía generar demasiada confianza y lo máximo que consiguieron fue la promesa de que el asunto le sería trasladado al Lord de la ciudad.

Más tarde probaron suerte en el templo de Lathander, donde el sumo sacerdote del culto curaría las heridas de Caeldrim. Además, los compañeros lograron que un joven sacerdote llamado Mac se les uniera en su lucha contra los Zhentarim. El plan pasaba básicamente por encontrar a Laucian y descabezar la organización en aquella ciudad.

Los compañeros caminaban por las calles en dirección al Barrio Verde, tratando sobre cuál debía ser su siguiente movimiento, cuando fueron emboscados por seis mercenarios zhentarim. Zook recibió el impacto de un virote, aunque su herida fue rápidamente sanada por los poderes curativos del sacerdote Mac.

Por su parte, Caeldrim usó su magia de ilusión para crear varios duplicados de sí mismo y dificultar la elección de blanco por parte de sus enemigos. Uno de aquellos dobles ilusorios se desvanecía por el impacto de un virote justo cuando el semielfo y Zook desaparecían a través de la puerta de una vivienda. El joven Mac no tuvo tanta suerte, muriendo acribillado por los proyectiles zhentarim.

La familia que ocupaba aquella casa gritó de espanto cuando aquel semielfo y el gnomo que lo seguía irrumpieron en su salón. Por suerte, la extraña pareja cruzó la vivienda a toda velocidad para desaparecer por la puerta trasera. Un grupo de mercenarios malencarados aparecería después, solo para maldecir porque sus presas habían escapado.

Contrariados por los últimos acontecimientos, Caeldrim y Zook decidieron regresar al templo de Lathander para informar al sumo sacerdote de la muerte del joven Mac. Los zhentarim habían arrebatado la vida de un siervo de Lathander y los compañeros esperaban que ello se tradujese en una mayor implicación de la Iglesia del Alba.

El sumo sacerdote del templo escuchó el relato de los compañeros en la misma capilla. Escandalizado, prometió tomar cartas en el asunto. Por desgracia para él, nunca pudo hacerlo ya que su cabeza rodaba por el suelo un instante después al tiempo que Laucian, en su forma de rakshasa, abandonaba su invisibilidad ante Caeldrim y Zook. Un parpadeo después, la puerta del templo se abría de par en par, dejando entrar a cuatro mercenarios zhentarim.

Los compañeros, quizá hartos de huir, se abalanzaron sobre Laucian intercambiando estocadas. Mientras que Zook atacaba frontalmente con sus dos espadas, Caeldrim pivotaba alrededor del enorme hombre felino asestando puñaladas traicioneras.

Para cuando los cuatro zhentarim llegaron al altar, el temible rakshasa ya se desplomaba muerto sobre el suelo. Lamentablemente, tanto el semielfo como el gnomo se encontraban bastante heridos.

Las hojas de Zook hirieron gravemente a uno de los mercenarios, que sería finiquitado por Caeldrim de una cruel puñalada en la nuca. Justo después, una espada zhentarim hendía el costado del gnomo; haciéndole desplomarse en el suelo sobre un charco de su propia sangre.

Con la impotencia reflejada en el rostro,Caeldrim zigzagueó para zafarse de sus oponentes y corrió hacia la salida del templo. El adoquinado de las calles recibiría el impacto de sus botines mientras el ladrón se alejaba de allí a toda carrera sin saber si su amigo Zook seguiría con vida o no.


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