Dirigir Rol: En defensa del metajuego
Creo que ya he dicho en otras ocasiones que hablo mucho de rol, me encanta hacerlo. Sobre todo, me gusta conocer puntos de vista diferentes de los míos o incluso opuestos en cuanto a diferentes facetas del juego. Eso me ayuda a replantearme las cosas y experimentar, muchas veces he cambiado mis opiniones respecto a algún tema debido a la reflexión tras una conversación constructiva, en el rol y en la vida.
Una de las palabras que más he visto ser demonizada en los últimos tiempos por muchos de los que se dedican a dirigir es “metajuego”. Para los que no sepan a qué me refiero, llamaríamos metajuego al conjunto de estrategias, técnicas y conocimientos que los jugadores utilizan fuera del juego para influir en el juego mismo. En otras palabras, es todo lo que ocurre fuera del mundo del juego que afecta el juego.
Esto va desde las conversaciones tácticas en medio de un combate, los conocimientos que son del jugador y no del personaje o los chivatazos de un jugador a otro cuando se supone que el personaje del “apuntador” no está en escena.
El metajuego esta ahí, sonriéndonos con su boca llena de colmillos, según algunos. Tengo una noticia buena y otra mala sobre eso: la mala es que el metajuego va a estar siempre ahí, no es posible (ni deseable) que desaparezca del juego. La noticia buena es que no es algo tan malo como te venden.
EN DEFENSA DEL METAJUEGO
Según mi opinión, los juegos de rol son ante todo un juego. No son teatro improvisado ni algún tipo de arrebato de alteración de la personalidad. Si bien empleamos la imaginación y la creatividad para crear una experiencia lo más inmersiva posible, no deja de ser un juego en el que nos sentamos alrededor de una mesa (o pantalla) con otras personas para que se nos planteen unos retos que solucionamos como jugadores.
Porque no te engañes, solucionas esos retos como jugador, no como personaje. Quizá lo hagas como un jugador que juega a cómo solucionaría ese reto su personaje, pero sigues siendo un jugador. Esa variable no puede ser eliminada de la ecuación, salvo por algún tipo de delirio patológico. De hecho, cuando haces que tu personaje lleve a cabo una acción contraproducente para él porque “es lo que realmente haría tu personaje”, también estás empleando el metajuego porque eres tú como jugador quien ha establecido esos parámetros y quizá un arco de personaje para Carapalo el Bárbaro.
Opino, eso sí, que el metajuego no es para nada deseable cuando se utiliza de manera excesiva. Si un combate se para en seco para que los cuatro jugadores se pongan a discutir sobre qué hace cada uno, el conteo de casillas de movimiento constante y cosas de ese tipo pueden cargarse el ritmo y la inmersión de un plumazo.
Sin embargo, los juegos de rol son un juego ante todo, como ya he dicho. El progreso como jugador, no solo como personaje, es también algo satisfactorio. Y lamento decir que, en mi opinión, la única medida que tenemos de calibrar nuestro progreso como jugadores es el metajuego.
Dado el carácter de actividad social de los juegos de rol, el metajuego ayuda a la cohesión del grupo y fomenta el espíritu colaborativo mediante la discusión estratégica y el intercambio de información. Además, un director de juego atento al metajuego y que lo utiliza correctamente, puede emplearlo para ajustar la dificultad del juego en tiempo real de un modo mucho más eficiente.
META SÍ, PERO...
No estoy en contra del uso del metajuego, de hecho soy bastante permisivo con él en mis mesas, metiéndole mano únicamente cuando detecto que puede cargarse el ritmo o la inmersión de la partida. Generalmente, en todas mis mesas se metajuega hasta donde quieren los jugadores... o casi.
Por descontado que lo más importante es que los jugadores se centren en disfrutar de la ambientación y la historia, pero disfrutar del JUEGO implica demasiadas veces esa gestión de los recursos, las mecánicas y el sometimiento al azar que solo se llevan a cabo desde el metajuego.
No obstante, si te preocupa mucho el
metajuego, es tan sencillo como establecer ciertas reglas claras
desde el principio en cuanto a su uso. Ya sabes: sesión cero,
contrato social, charla pre-juego y todo eso con lo que te doy
el coñazo machaco de vez en cuando.
UN APUNTE SOBRE LAS MECÁNICAS, EL AZAR Y EL METAJUEGO
Supongo que puede achacárseme que estoy separando el juego de rol en “juego” y “rol”, pero es que esta separación es inevitable en muchos juegos. En el momento en que las reglas mecánicas aparecen, se produce la necesidad inherente de una gestión de dichas mecánicas y, por tanto, del metajuego.
Puedes decirme que existen juegos de rol sin el componente que suponen las reglas mecánicas o el azar. Si bien reconozco que la mayoría de estos juegos son divertidos y maravillosos, no estoy seguro de que se trate realmente de juegos de rol, sino más bien de ejercicios de ficción colaborativa.
Pero este es un tema muy
cabrón complicado y mejor lo dejo para otro artículo.
¿Y tú? ¿Qué opinas del metajuego?
¿Hasta dónde lo permites en tus partidas?

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