DT8: Los Reinos (T2) - Reos del Mal Menor (8/8)

 El grupo conformado por el paladín minotauro Cinthork, el sacerdote elfo Jesper y el mago elfo Zenit entró con el alba en la ciudad de Riba de Ashaba. Les acompañaban Jesshail, Simón y Thorvald, además de Alias y su inseparable Cebodedragón.


Seguros de que iban a encontrar problemas a no mucho tardar, los compañeros decidieron ir en primer lugar a la tienda de Almes el alquimista para aprovisionarse de pociones y componentes de conjuro. Esto irritó enormemente a Alias, quien no entendía cómo no se apresuraban a alertar a la guardia de la ciudad acerca de la inminente amenaza que suponía el Culto del Dragón.

Ante la reprimenda de Alias (y tras terminar de adquirir sus pertrechos), el grupo se dirigió al cuartel de los Jinetes del Valle de la Bruma, donde encontraron a Stor, un veterano soldado que luchase junto a ellos en la Batalla de la Torre Retorcida, ahora ascendido a capitán

El capitán Stor pareció tremendamente conmocionado cuando los compañeros le informaron de que un contingente de cien cultistas bajo el ala de un dracocadáver se aproximaba a Riba de Ashaba. En ese momento, la ciudad disponía de unos cien jinetes, ya que el resto de las fuerzas del Valle de la Bruma se encontraban en Shind.

Así, el Valle de la Bruma se puso en manos de los héroes del Valle de la Sombra.

La propuesta inicial de Zenit, que pasaba por dividir a los Jinetes del Valle de la Bruma y enviar a uno de los contingentes a través del bosque al encuentro del Culto del Dragón, con la intención de tomarles por sorpresa, chocó pronto con las objeciones de Thorvald y Alias: los hombres serían barridos en campo abierto por el dracocadáver sin demasiado esfuerzo por parte de la bestia no-muerta.

Finalmente, los compañeros optarían por distribuir a los soldados estratégicamente en varios puntos de Riba de Ashaba para que pudieran defender la ciudad. El grupo de héroes, junto con un pequeño puñado de soldados, se atrincheraría en la plaza del mercado con la intención de hacer descender al dracocadáver para combatirle en el suelo.

Así, el resto del día transcurrió entre preparativos para la batalla, sin que ni el Culto del Dragón ni su aterrador dracocadáver, los compañeros sabían que su nombre era Vimengul, hiciesen acto de presencia.

Para eso habría que esperar a que el sol se pusiese y la luna llena derramase su pálida luz sobre Riba de Ashaba.

Un poderoso rugido precedió la aparición de Vimengul en el cielo. El aterrador dracocadáver barrió con su aliento necrótico la posada El Ciervo Blanco, así como la cercana arboleda donde se resguardaba una compañía entera de Jinetes del Valle de la Bruma.

Los escasos supervivientes del ataque corrieron en desbandada, alejándose de la ciudad con toda la velocidad que les permitían sus piernas.

Cinthork salió entonces del edificio en el cual se resguardaba. Lo hizo a tiempo para ver como un nutrido contingente de cultistas surgía de la oscuridad desde el Camino del Desfiladero de Tílver para atravesar el área que acababa de arrasar el dracocadáver.

Sin tiempo que perder, el minotauro envió a un par de los soldados de que disponía a alertar a las compañías más cercanas para que interceptasen al contingente enemigo. El grupo no necesitaba precisamente que una montaña de enemigos apareciese de pronto para arrollarles justo cuando Vimengul descendiese para intentar hacerles trizas.

Tras ver partir a los soldados, el paladín minotauro sacó su silbato de estruendo y lo hizo sonar. El poderoso y afilado canto del silbato rasgó la noche como un cuchillo, imponiéndose incluso al sonido de los focos de lucha, que ya habían comenzado a escucharse en diversos puntos de la ciudad.

Justo a la vez que Cinthork corría a ocultarse de nuevo en el edificio, Zenit empleaba su magia para invocar una sombra de fuego en el centro de la plaza, a fin de atraer la atención del dracocadáver.

Por desgracia para el mago elfo, Vimengul desconfió de aquello y, en lugar de atacar al extraplanar, decidió descargar su poderoso aliento sobre un área de la plaza al azar. Con horror, los compañeros vieron como la casa en la cual se ocultaba el paladín Simón de Tyr quedaba reducida a escombros ante el apabullante empuje de la energía negativa.

Más de un suspiro de alivio resultaría audible cuando el enano, muy malherido, surgió casi arrastrándose de entre los escombros del edificio desmoronado.

Vimengul tomó tierra, haciendo temblar toda la plaza bajo su descomunal peso. Casi de inmediato, todos salieron de los edificios que les resguardaban para abalanzarse sobre la bestia no muerta. Solo Jesper, Zenit y Jesshail decidieron mantener la distancia para emplear su magia con la mayor seguridad posible.

Cinthork recibiría un par de terribles zarpazos nada más iniciarse el combate pero, por suerte, Simón apareció a su espalda para posar su mano sobre él y emplear el poder de Tyr para sanarle mediante su imposición de manos. Vimengul no pareció tomarse esto nada bien, aniquilando al entrometido enano de un único coletazo.

Aún así, el minotauro logró hendir su espada mágica en el monstruo, desatando la oleada de energía psíquica de la hoja, que pareció hacerle bastante daño a su oponente.

La magia psíquica de Jesshail hizo estremecerse de dolor al dragón, si bien sus intentos por controlarle mentalmente no surtieron efecto alguno. Mientras, los Jinetes del Valle de la Bruma y la sombra de fuego convocada por Zenit intentaban hostigar al enorme enemigo.

Vimengul volvió a desatar su aliento, consumiendo con él a varios soldados de la ciudad. Cinthork, vapuleado por la energía necrótica, se desplomó en el suelo. Como otras veces, solo la imponente resistencia física del minotauro le permitió ponerse nuevamente en pie.

Alias hendió sus espadas en una de las patas del dragón no-muerto a la vez que Zenit castigaba el rostro de la bestia con un haz de rayos eléctricos que le arrancaban un rugido de dolor. Cinthork, a pesar de su preocupante estado, decidió abalanzarse sobre el dragón empuñando su espada aprovechando el momento.

Sin embargo, el minotauro se encontraría con el terrible coletazo de Vimengul, que le mandaría a rodar por los suelos para quedar totalmente inconsciente. Por suerte, Jesper estaba atento al combate y elevó una plegaria a Lathander para que curase algunas de las heridas de Cinthork, permitiendo que el paladín se levantase de nuevo para regresar a la batalla.

El grupo continuaba batallando, desgastando poco a poco a un Vimengul que, en su arrogancia, no alzaba el vuelo y parecía obcecado en continuar combatiendo en tierra a aquella marea de enemigos. A Jesper se le acumulaba el trabajo: tuvo que emplear sus poderes curativos una vez más para ayudar a una Alias que comenzaba a estar realmente maltrecha.

Con gesto imperturbable, Jesper observó la maligna mirada del dracocadáver fijándose en él. Sin embargo, en aquel momento el reptil no muerto tenía a demasiados enemigos encima y el entrometido sacerdote estaba demasiado lejos.

Precisamente en aquel momento, otro haz de rayos arrojado por Zenit golpeaba el costado del dragón a la vez que un golpe de frío mágico surgido de Jesshail castigaba sus cuartos traseros. La bestia no-muerta arrojó su aliento necrótico contra la casa en la que se parapetaba el mago elfo, reduciéndola a escombros.

Maltrecho, Zenit surgió de entre los cascotes solo para encontrarse con la esquelética cola de Vimengul surcando el aire hacia él. Solo los increíbles reflejos del elfo le permitieron esquivar aquel ataque que podía haberle partido por la mitad.

El grupo continuaba trabajando en equipo, mermando cada vez más a un Vimengul que ya empezaba a dar claras muestras de desgaste. Todos hacían su trabajo, pero especialmente mortales resultaban los ataques mágicos de Jesper, Zenit y Jesshail, así como la impresionante destreza de Alias con sus dos espadas.

El corazón de los compañeros se encogería una vez más al ver caer a Cinthork, esta vez sin el brillo de la vida en sus ojos. Jesper supo que debía sobrevivir a aquel combate, aunque solo fuese para volver a traer a su amigo de entre los muertos.

Finalmente, tras un agónico intercambio de golpes y con las reservas de los conjuradores casi al extinguidas, Alias lograría encaramarse a lomo de Vimengul para hendir sus dos espadas entre las vértebras del dracocadáver y retorcer el mágico acero.

Un chasquido terrible, un rugido de frustración...

Vimengul se desplomó muerto, esta vez muerto definitivamente, en mitad de la plaza del mercado.

Como cabía esperar, Jesper corrió junto a Cinthork y empleó la magia de Lathander para alzar de nuevo a su amigo. Más tarde le tocaría a Simón el turno de la resurrección. Mientras esto sucedía, varios de los Jinetes del Valle de la Bruma llegaban desde diversos puntos de la ciudad para anunciar que el Culto del Dragón había sido rechazado.

Sin el determinante apoyo de Vimengul, las fuerzas del Culto no habían sido rival para los defensores de Riba de Ashaba en ningún momento. Los habitantes del lugar comenzaron a salir de sus casas para lanzar vítores a los compañeros, especialmente a Alias, quien había asestado el golpe final al dracocadáver.


...


En los días posteriores, los ciudadanos de Riba de Ashaba se afanarían en recomponer su hogar, retirando lo mejor que pudieron los restos de la batalla. Los compañeros ayudaron en todo aquello de buena gana, mientras recibían los constantes agradecimientos por parte de los ciudadanos del lugar.

Un día, sin embargo, el ánimo de todos quedaría ensombrecido al recibir nuevas del Bosque de Cormanthor. Al parecer, la Alianza del Escudo había sufrido una terrible derrota en el bosque a manos de los goblinoides.

Los defensores de Los Valles se habían topado con una fuerza muy superior a la esperada, incluso algunos hablaban de la presencia de un general demoníaco. Había sido una auténtica masacre.

Por si fuese poco, las ausencias intencionadas del Valle de la Daga, el Valle de la Rastra y el Valle de Archén habían creado una gran tensión política. No parecía que viniesen tiempos demasiado apacibles para la región.

Pero ahora era tiempo de descansar y sanar las heridas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dirigir Rol : Subtramas

Cuando las cosas no están saliendo bien

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (12/18)