DT9: Los Reinos (T3) - La sombra de los derrotados (2/11)

Tras rescatar a la agente de los Arpistas, Galnoa, de la gélida prisión donde permanecía abandonada bajo la custodia de un par de gigantes de escarcha y averiguar por labios de la semielfa que el Culto del Dragón se había hecho con una de las fortalezas voladoras de la antiquísima civilización de Netheril, el grupo había decidido dividirse: Cinthork, Jesper y Sathelyn regresarían con Galnoa a Aguaprofunda, mientras que Zenit viajaría en barco hasta Luskan en compañía de Thorvald y el explorador Erdan para entrevistarse con la Hermandad Arcana. Posteriormente, todos se reunirían en la Ciudad de los Esplendores para acordar el siguiente paso.


El círculo de teletransporte creado por Zenit llevó en un instante a Cinthork, Jesper, Sathelyn y Galnoa hasta los aposentos del mago en Aguaprofunda. Allí, mientras que el paladín minotauro se apresuraba en informar a Remallia de las últimas averiguaciones del grupo, Jesper hacía lo propio con Sir Isteval en el templo de Lathander.

Sathelyn aprovecharía el tiempo para darse una vuelta por el mercado y otras zonas concurridas de la ciudad, donde constataría que la preocupación de las gentes de Aguaprofunda por los ataques del Culto del Dragón tanto a caravanas comerciales como a asentamientos rurales iba en aumento.

Tras su reunión con Remallia, Cinthork caminó también hasta el templo de Lathander, donde Jesper intercedió para que el Sumo Sacerdote Janus Abdiel atendiese a su compañero de la herida recibida a manos de aquel tumulario que capitaneaba el barco fantasma que les atacara de camino al Mar de los Hielos Movientes. Janus cobró, y cobró caro, la sanación; pero el minotauro quedó libre del mal que le aquejaba.

Tras haberse entrevistado con sus superiores, los compañeros tomaron la decisión de encaminarse a Mithrill Hall para ofrecer su ayuda en la defensa contra el Culto del Dragón. Gracias a Khelben “Varanegra”, pudieron enviar un mensaje telepático a Zenit indicándole su intención de viajar en barco hasta Mirabar para luego continuar a caballo hasta Mithrill Hall. El plan pasaba por reunirse con el mago en Luskan.

Apenas un día después de que Zenit recibiese aquel mensaje mental, el barco conocido como “El Naufragio” navegaba por el Mar de las Espadas de camino a la ciudad magocrática de Luskan. Habrían navegado la mitad del camino cuando, por sorpresa, media docena de extrañas criaturas surgieron de las aguas para trepar por el casco empleando sus garras. Se trataba de unos humanoides anfibios con joroba, de piel verde y cuya cabeza se asemejaba a la de un extraño pez.

Los skums se dispersaron a gran velocidad, empleando sus garras con tanta brutalidad como eficacia para comenzar a despedazar a la tripulación del barco. Pronto quedó claro que la capacidad de los marineros para rechazar el ataque era nula y el único destino posible era la muerte.

Tras activar su capa de invisibilidad, Zenit corrió hacia el camarote que le había cedido el capitán, donde días atrás el propio mago había dibujado un nuevo círculo de teletransporte que comunicaba con sus aposentos en el Castillo de Aguaprofunda. Mientras, Thorvald intentaba correr en la misma dirección, abriéndose paso a golpe de acero entre los hombres-pez. Erdan, que también intentó seguir el camino de sus compañeros, apenas daría un par de pasos antes de que dos skums cayeran sobre él para hacerle trizas con sus garras.

Zenit atravesó el círculo de teletransporte, decidiendo que aguardaría algunos segundos antes de sellar el portal por si sus aliados tenían tiempo de seguirle. Al otro lado, en la cubierta de “El Naufragio”, Thorvald veía como uno de esos abyectos anfibios le bloqueaba el paso hacia el camarote. Cuando intentaba desplazar mediante la fuerza bruta al monstruo, otros dos skums se abalanzaron sobre él desde el flanco y la retaguardia. El veterano guerrero parecía acorralado.

Apretando los dientes, Thorvald conseguiría finalmente hacer a un lado al skum que le bloqueaba el acceso al camarote, mientras las garras de los tres monstruos que le rodeaban herían su piel. En el último momento, justo un instante antes de que Zenit sellase el círculo de teletransporte, el veterano guerrero logró cruzar para desplomarse en aquel dormitorio de Aguaprofunda, ya a salvo. Luego, Zenit cerró el círculo.

Por suerte para Zenit, sus compañeros aún no habían partido en barco hacia Mirabar. De ese modo, el grupo al completo pudo reunirse de nuevo para iniciar la singladura.

El largo viaje en barco hasta la ciudad de Mirabar fue tranquilo y transcurrió sin incidentes. Sin embargo, tras el segundo día de viaje a caballo para cubrir la distancia entre la ciudad y Mithrill Hall, el grupo pudo escuchar sonidos de combate llegando desde más adelante en el camino.

Sin dudarlo, los compañeros picaron espuelas para llegar hasta el lugar de la lucha.

Cuando llegaron allí, encontraron a una caravana de mercaderes que estaba siendo asediada por varios atacantes. Los cadáveres de al menos una docena de guardias se hallaban desperdigados por el lugar, mientras cuatro o cinco mercaderes se encontraban bajo los carros, suplicando piedad a sus atacantes; que parecían dispuestos a ejecutarlos.

El grupo atacante lo conformaban cuatro hombres ataviados con túnicas del Culto del Dragón, dos de aquellos arqueros de élite de la organización a los que ya se habían enfrentado en otras ocasiones, un mago cultista y tres individuos que representaban una novedad: dos sujetos ataviados con armaduras y uno más con coraza, quien parecía estar al mando del contingente.

Pronto, los compañeros se dieron cuenta de que algo había cambiado en el Culto del Dragón. Bajo las órdenes del guerrero con coraza, el resto de componentes del contingente hacía gala de una enorme capacidad para el despliegue táctico. Aunque, lamentablemente para los seguidores de Tiamat, aquel día habían dado con un hueso demasiado duro que roer.

Mientras Zenit activaba su capa de invisibilidad justo después de haber convocado una tanar'ri alu para arrojarla contra uno de los arqueros, Jesper y Sathelyn cabalgaron por el flanco izquierdo para intentar llegar hasta el líder del grupo y el mago. Al mismo tiempo, Cinthork y Thorvald se movían a todo galope por el flanco derecho para intentar aniquilar al grupo de cuatro cultistas y al arquero que combatía con la demonio invocada por Zenit.

Una certera flecha de Sathelyn atravesaría el cuello del mago, dándole muerte a la vez que un rayo solar invocado por Jesper hería al líder cultista. Mientras, Cinthork se trababa en combate con los dos soldados de infantería que se arrojaban sobre él. Thorvald aguantaba estoicamente el castigo de los arcos cortos que disparaban los cuatro cultistas mientras que la demonio alu trababa sin mucho éxito de acabar con el arquero.

Dos nuevas flechas de Sathelyn acabaron con el arquero del flanco izquierdo. Cinthork, por su parte, atravesaba con su espada a uno de sus oponentes mientras que el segundo era demediado por el rayo solar de Jesper. En el flanco derecho, la alu acababa con la vida del otro arquero a la vez que Thorvald se abalanzaba sobre los cuatro acólitos cultistas. Zenit, invisible y a salvo tras un árbol, observaba todo desde la distancia.

Viendo torcerse todo, el líder del contingente cultista inició la huida. Cinthork, que no pensaba permitirle escapar, cabalgó hacia él para arrojarse desde la grupa de su caballo de guerra para aterrizar sobre el hombre e inmovilizarle. El líder del contingente se debatió como pudo hasta que, finalmente, se vio rodeado de enemigos y terminó dándose por vencido.

Tras inmovilizarlo convenientemente, procedieron a interrogarle. Si bien el hombre no cedió ante las amenazas de Cinthork, si acabó por doblegarse ante la amable persuasión de Jesper, que le hizo ver las ventajas (en cuanto a su supervivencia) de cooperar dándoles información.

El líder les explicó la nueva estructura militar del grupo, en la que los arqueros y exploradores eran denominados “Garras de Dragón”, los soldados de infantería “Alas de Dragón” y los suboficiales “Colmillos de Dragón”. Los oficiales recibían el nombre de “Almas de Dragón” y estaban bajo el mando directo de los Señores del Dragón.

También les contó que el trabajo de su contingente consistía en la recolección de tesoro, un tesoro que serviría para poder propiciar el advenimiento de la Diosa-Dragón Tiamat al plano material. Así, les reveló que habían recibido el encargo de llevar el fruto de sus asaltos a un lugar llamado “La Tumba de Toahlil” donde se lo entregarían a una tal Rezmir, la Señora del Dragón Negro. El Colmillo de Dragón conocía la ubicación de aquel lugar, y se la reveló a los compañeros.

Finalizado el interrogatorio, Zenit creó un nuevo círculo de teletransporte hasta Aguaprofunda, donde entregaron al prisionero a la guardia de la ciudad para que fuese interrogado por Khelben Aursún. Luego, regresaron a las tierras del norte para proseguir su camino.

Azotados por los gélidos vientos del invierno norteño, los compañeros continuaron su avance hacia la ciudad enana de Mithrill Hall, siempre con las montañas de La Espina del Mundo a su izquierda.

Llevaban trece días de camino cuando, durante su guardia nocturna, Sathelyn escuchó los gritos lejanos de una mujer pidiendo ayuda. La guerrera despertó rápidamente a sus compañeros y todos fueron en pos de aquellos gritos desesperados.

En una apartada colina, encontraron a cinco individuos que parecían haber maniatado a una joven sobre un altar de piedra. Sobre la loma se habían erigido cuatro rocas afiladas en forma de colmillos que parecían rodear el altar. Cuatro de los hombres llevaban túnicas verdes con adornos marrones y máscaras sin rasgos con un ojo dentado en la frente. El quinto individuo llevaba una túnica cobriza con el mismo tipo de máscara.

Si contemplaciones, los compañeros irrumpieron en la colina. Cinthork, que marchaba en cabeza, tuvo que esquivar un enorme zarcillo vegetal que surgió del suelo para atraparle. Aparte de esto, ni siquiera tuvo tiempo de llegar a la cima antes de que Sathelyn hubiese aniquilado a todos los miembros de aquella aberrante secta con una rápida sucesión de flechas.

Pero cuando, confiado, el minotauro se acercaba a liberar a la joven, el cuerpo del sectario de la túnica cobriza explotó en una maraña de enredaderas para conformarse en una especie de humanoide surcado por abyectas enredaderas podridas y con decenas de insectos correteándole por encima.

El pecho del ser se abrió, liberando una enredadera que intentó golpear al minotauro; quien lo evitó interponiendo el escudo. Cinthork no pudo, sin embargo, evadir el golpe del tentáculo que la corrupta criatura tenía por brazo. En cuanto aquel apéndice le hirió, el paladín supo que (otra vez) tenía ponzoña corriendo por sus venas.

La espada de Cinthork se hendió en la carne vegetal del monstruo, arrancando sangre negruzca a la vez que un rayo solar de Jesper chamuscaba la espalda del ser. Finalmente, dos flechas de Sathelyn se incrustaban en la nuca de la criatura, haciendo que se desplomase muerta.

La joven, que se llamaba Tara, les dijo que era una campesina que vivía en una granja de una aldea cercana. Había sido secuestrada días atrás por aquellos sectarios que decían servir al dios Moander. Les había oído decir que iban a llevar a cabo algo llamado “El Ritual de la Niebla Amarilla”, que implicaba el sacrificio de un dragón benigno. Igualmente, les había escuchado mencionar que el rito se celebraría cerca de un pueblo llamado Pondacre, en el Bosque del Ocaso.

Zenit se vio obligado a crear un nuevo círculo de teletransporte para que Cinthork regresase a Aguaprofunda a visitar a Janus Abdiel. El Sumo Sacerdote de Lathander volvió a efectuar una lucrativa curación a Cinthork, librándole de la dolencia mágica conocida como “marchitamiento” que había contraído al resultar herido por la abominación vegetal.

Después, junto a Tara, el grupo continuó su viaja hasta Mithrill Hall, donde fueron recibidos por el rey Bruennor Battlehammer en persona. Si bien el soberano ya había recibido el mensaje por parte de Khelben anunciando el próximo ataque del Culto del Dragón sobre alguna de las minas de Mithrill Hall, lo cual agradeció a los compañeros, se mostró algo confuso (y contrariado) por el hecho de que el grupo no decidiese permanecer en la ciudad enana para colaborar con la defensa.

En lugar de esto, los compañeros habían decidido viajar a Pondacre en busca del culto a Moander para impedir el posible sacrificio de un dragón del bien a manos de aquella aberrante secta.

Zenit sugirió al rey Bruennor crear un acceso mágico que permitiese la llegada de tropas desde Aguaprofunda para auxiliar a Mithrill Hall, pero el monarca se mostró completamente reacio a crear un portal que permitiese el paso franco a una nación extranjera, por mucho que esta no fuese un enemigo declarado.

Tras despedirse del circunspecto rey de los enanos, los compañeros pusieron rumbo al Bosque del Ocaso, concretamente a la aldea de Pondacre. A la que llegaron tras varios días de camino sin más incidentes que el encuentro con un preocupado cazador que les narró el avistamiento de un enorme alce aquejado por un extraño mal que parecía estar convirtiéndole en una especie de abominación vegetal.

Ya en Pondacre, el grupo habló con varios de los pintorescos aldeanos, uno de los cuales incluso amenazó con agredir a Zenit cuando se percató de que este parecía mofarse de él. Finalmente, los compañeros averiguarían que uno de los aldeanos había visto a un grupo de sectarios llevando una gran carreta a través del bosque. Según el hombre, la carreta transportaba algo grande, más grande que un caballo, y vivo. Otro aldeano, el que quería asestar un puñetazo a Zenit, se había topado también con una abominación vegetal en un barranco cercano.

Tras despedirse de los aldeanos de Pondacre, el grupo se internó en el bosque siguiendo la dirección en la que se había visto la carreta. Por desgracia, las habilidades de rastreador de Zenit no lograron encontrar el rastro después de tanto tiempo y las fuertes lluvias que habían caído sobre la zona desde entonces. Así, el mago convocó un ojo-ala y le envió a rastrear el bosque.

A cierta distancia, la criatura transmitió a su amo la imagen mental de una cueva a la que parecía accederse a través de una estrecha hendedura en la roca. El exterior de la cueva estaba custodiado por dos ents enormes que evidenciaban signos de algún tipo de corrupción.

Zenit hizo que el ojo-ala entrase en la caverna sin ser visto. El templo subterráneo era un lugar con podredumbre, desechos y aguas residuales en descomposición. Las paredes del complejo del templo habían sido talladas con delicadas imágenes de elfos frunciendo el ceño en los árboles, humanoides torturados y personas derretidas por el ácido de los dragones.

Más adelante, había una bóveda central en la que una joven y maltrecha dragona plateada permanecía encadenada bajo la custodia de cuatro hombres de túnica verde, uno de túnica cobriza y otro (¿Una mujer?) con una túnica blanca con el ojo dentado de Moander en el pecho y su máscara de color rojo sangre.

Los compañeros no sabían cuando iba a llevarse a cabo ese “Ritual de la Niebla Amarilla”, pero tenían la sensación de que no había tiempo que perder.

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