Veneno en la sangre - Ecos de un mal antiguo (1/3)


Que algo iba mal en el pueblo de Rivergreen resultaba evidente para cualquiera: estaba en los semblantes serios de aquellos que, a esas horas de la tarde se congregaban en la plaza, así como estaba en los susurros apagados, en las manos que mesaban sienes o en las cabezas agachadas que negaban. Todos habían oído rumores, pero el hecho de que la alcaldesa Bomatha hubiese reunido a todo el pueblo, dotaba a aquello de un barniz de realidad que preocupaba a más de uno.

Entre los presentes en aquella plaza se encontraba Sigrid, una mujer alta y musculosa, de unos treinta años, con ojos azul hielo y postura firme. El cabello rubio de la mujer estaba recogida en una trenza larga. Hija de un veterano de guerra metido a granjero, había sido entrenada por su propio padre aunque aún no se había estrenado en combate real.

También se encontraba allí Lirael “Lira” Vientosuave, una mujer joven de ondulados cabellos castaños de ojos verdes y vivaces siempre llenos de curiosidad. Cualquiera que la conociese atestiguaría que su sonrisa era tan encantadora como su voz. Vestía sus acostumbradas ropas brillantes y mantenía acunado su inseparable laúd en los brazos.

Otra persona podía verse entre la multitud, una que llamaba mucho la atención: el único halfling de Rivergreen. Garrick era un sujeto delgado y de un desordenado cabello oscuro; con la piel algo pálida. Hijo de un mercader caído en desgracia, había complementado su formación como comerciante con una vida de hurto y pillería. Se decía que había acabado en Rivergreen huyendo de aquellos que le perseguían en la ciudad de Stormcliff.

Mientras toda aquella gente aguardaba en la plaza del pueblo, la alcaldesa Bomatha se encaminaba hacia el lugar a paso lento, acompañada del que, desde hacía varios años, era el guía espiritual y curandero del pueblo: Edric. El servidor de Idona, diosa de la protección y la curación, era un hombre de mediana edad, con figura delgada pero erguida, barba corta y unos ojos castaños llenos de compasión. El hombre vestía una túnica sencilla y el símbolo de su diosa le colgaba al cuello.

De camino, Bomatha le iba poniendo al día del problema que les aquejaba.

Varias granjas ubicadas a las afueras de Rivergreen habían sido vilmente atacadas en los últimos días, del mismo modo que un par de mercaderes había sido asaltados en los caminos. Los perpetradores, según explicaba la alcaldesa, demostraron una crueldad no vista en aquel tranquilo valle desde, al menos, las incursiones goblin de una década atrás. Granjeros y comerciantes habían sido grotescamente mutilados, incluso los caballos de los mercaderes habían sido degollados.

Ante esta situación, la alcaldesa había solicitado ayuda al alguacil de Stormcliff. Era de esperar que, no a mucho tardar, enviase a unos cuantos soldados que se encargasen del asunto. Sin embargo, Bomatha era consciente de que aquello podía tardar más de una semana en suceder y ahora debía de poner al corriente a los habitantes de Rivergreen y pedirles que tuviesen cuidado.

Así, la alcaldesa se ubicó en mitad de la plaza del pueblo e informó de todo esto a sus vecinos. Como era de esperar, el desasosiego cundió muy pronto: los vecinos estaban asustados y opinaban que podrían producirse más muertes antes de que aquel perezoso alguacil de la ciudad pusiese en marcha a sus soldados.

Viendo el panorama, Edric sugirió que algunos habitantes de Rivergreen podían conformar un pequeño contingente para intentar defender al pueblo de los bandidos. Él mismo se ofreció a formar parte de esta pequeña fuerza... pero el silencio pareció caer sobre el resto de los vecinos.

Fue Sigrid quien lo rompió para sumarse al contingente, ya que tenía muchas ganas de probarse por fin en combate. La guerrera sonrió al ver la aprobación en forma de asentimiento por parte de su padre.

Lira sería la siguiente en apuntarse, ya que le pareció una forma maravillosa de vivir muy de cerca una aventura de la que luego pudiera componer una gran canción.

Tras meditarlo un poco más, y después de oír que la alcaldesa ofrecía una buena bolsa de plata como recompensa, el halfling Garrick también decidió sumarse al contingente. Después de todo, sus fondos estaban empezando a agotarse y quizá todo aquello fuese una buena oportunidad para que aquellos pueblerinos dejasen de mirarle con desconfianza.

De tal modo, antes de acostarse, aquella noche Edric preparó su armadura de cuero, su escudo y su maza. Garrick afilaría su daga y revisaría su pequeña ballesta de mano. Lira contemplaría su recién adquirida armadura de cuero y la brillante hoja de su nueva espada ropera antes de tocar un rato el laúd. Sigrid, por su parte, revisaría su armadura de cuero, escudo y la espada larga que había pertenecido a su padre.

A la mañana siguiente, los cuatro compañeros partieron hacia la Granja Marnem, la última en ser atacada. Estaba a un par de horas de camino a pie, de modo que los compañeros fueron conversando acerca de la misión. Edric y Sigrid se conocían bien, y ambos parecían preocupados por la seguridad de Lira. La bardo, por su parte, charlaba animadamente con Garrick acerca de la vida en Stormcliff, aunque el halfling contestaba con vaguedades cuando las preguntas iban referidas a su vida o actividades en la ciudad.

Cuando llegaron a la Granja Marnem, encontraron un terrible escenario: la vivienda había ardido hasta los cimientos y los animales habían sido cruelmente degollados. De un recio árbol, colgaban cuatro sogas donde, según la alcaldesa Bomatha, los bandidos habían ahorcado al matrimonio Marnem y a sus dos hijos. La tierra estaba removida cerca de allí, donde los vecinos que se acercaron al ver las llamas desde la lejanía habían enterrado a la familia, después de bajarlos de aquella rama.

Mientras Edric entonaba una plegaria, Sigrid murmuraba un juramento de venganza. Garrick estrechó fugazmente la mano de Lira, al percatarse de que una solitaria lágrima caía por el rostro de la muchacha.

Tras unos minutos de respetuoso silencio, los compañeros comenzaron a buscar alguna pista que pudiese ayudarles. Edric buscó entre los restos de la vivienda sin éxito, mientras Sigrid se desesperaba al no encontrar nada en los cercados de los animales. Lira, por su parte, detectó unas huellas de caballo que se perdían al alejarse de la granja. Sin embargo, Garrick fue capaz de volver a encontrar el rastro y guiar a sus compañeros en dirección al Camino del Norte.

Al halfling tampoco le pasaron por alto las huellas de los asaltantes. Pudo percatarse de que sus movimientos eran algo caóticos, como si hubiesen arrasado aquel lugar en una especie de frenesí asesino. A Garrick se le vino a la cabeza la posibilidad de que hubieran perpetrado el ataque afectados por el uso de alguna droga.

Sin más, los compañeros se encaminaron en dirección norte con la esperanza de que aquel rastro les llevase hasta nueva información acerca de los bandidos.

Y lograrían mucho más que eso, dado que cuando llevaban una media hora transitando el Camino del Norte, Edric y Sigrid, que marchaban a la cabeza del grupo, pudieron detectar que alguien se movía entre los árboles que flanqueaban el camino. Apenas tuvieron tiempo de avisar a sus compañeros cuando los cinco bandidos se abalanzaron sobre ellos blandiendo garrotes con púas y espadas algo oxidadas.

Sigrid avanzó a grandes zancadas sobre uno de los oponentes, interceptándolo en el mismo borde del camino para propinarle un pequeño corte con su espada. Tres de los bandidos saltaron al camino, mientras otro más se acercaba a apoyar al compañero que combatía con Sigrid.

Edric, Lira y Garrick se debatían como podían frente a sus enemigos, que combatían de un modo extremadamente violento y salvaje. Sigrid, por su parte, se vio rápidamente superada por el empuje de sus adversarios y retrocedió tambaleándose tras ser golpeada por uno de los garrotes con clavos y ser herida por la espada de otro bandido en la cadera.

Garrick apuñaló mortalmente el cuello de su enemigo mientras Lira hería en el brazo a otro bandido. Edric, retrocedía a trompicones ante el acoso de su enemigo mientras veía como Lira y, sobre todo Sigrid, se defendían a duras penas. El sacerdote invocó entonces el poder de su diosa para curar las heridas de la guerrera.

Con energías renovadas, Sigrid descargó un espadazo que partió por la mitad a uno de sus dos contendientes. Mientras, Garrick se colocaba junto a Lira para apuñalar las costillas del bandido que acosaba a la bardo: el sujeto se desplomó sin vida al segundo de ser atravesado por el acero de su daga.

Lira aprovechó el haber sido liberada de su oponente para avanzar hacia el bandido que atacaba a Edric y trató sin mucho éxito de clavarle su espada ropera. A la vez, Sigrid volvía a ser herida por el atacante que quedaba en pie junto a ella, aunque la guerrera contestaba devolviéndole la cortesía con su espada.

Viendo que Lira y Edric parecían apañárselas, Garrick intentó disparar su ballesta de mano sobre el contendiente de Sigrid, pero falló su tiro. Lamentablemente, tuvo que ver cómo, un segundo después, la guerrera caía atravesada por el filo del bandido.

Edric reaccionó rápido, volviendo a invocar el poder de su diosa. La energía divina hizo que los ojos de Sigrid volviesen a abrirse. La guerrera estaba algo maltrecha, pero al menos seguía viva. Con un ágil salto, la mujer se puso en pie empuñando su espada. La hoja de acero decapitó al bandido de un potente revés.

Sonriendo al ver a Sigrid restablecida, Garrick apuntó su ballesta hacia el último bandido que, luchando con Edric y Lira, seguía en pie. El disparo pilló por sorpresa al tipo, atravesándole el hombro para arrancarle un aullido de dolor. A duras penas, el hombre lanzó un par de espadazos erráticos que no alcanzaron a Edric ni por asomo. La maza del sacerdote contestó a la agresión aplastando el cráneo de aquel infeliz.

Con todo ya en calma, los compañeros se tomaron unos momentos para recomponerse. Edric vendó las heridas de Sigrid que, por suerte no revestían tanta gravedad como hubiese parecido en un principio. Si las circunstancias lo exigían, podría volver a luchar.

Examinando los cadáveres, todos se dieron cuenta de que aquellos bandidos presentaban ciertos síntomas comunes que eran bastante extraños: un sarpullido negruzco en pecho y cuello, al tiempo que las venas de sus ojos estaban dilatadas y parecían adoptar un tinte ligeramente azulado. Por su parte, Garrick encontró una especie de residuo amarillento en las perneras de un par de bandidos.

Como ninguno sabía que diantres era aquel residuo, quizá una especie de polen, decidieron cargar con uno de esos bandidos de vuelta al pueblo. Así, Sigrid se echó el cadáver al hombro y todos regresaron caminando a Rivergreen.

Cuando los compañeros estuvieron de vuelta en el pueblo con el cuerpo de aquel bandido, fueron recibidos con agradecimiento y admiración por parte de los vecinos, contentos de que alguien le hubiese dado su merecido a aquellos indeseables.

La alcaldesa Bomatha recibió con agrado aquellas noticias y no dudó en entregar la recompensa a los compañeros. Después de esto, todos decidieron hacer llamar a Ugo, el herborista local, a fin de que pudiese examinar el residuo de la pernera del bandido muerto.

El herborista no tardó mucho en presentarse en el templo de Idona, donde se había dispuesto el cadáver para sus exequias por insistencia de Edric. Tras examinar el residuo unos segundos, Ugo determinó que se trataba de polen de Flor de Pincel, una planta que podía encontrarse en muy pocos lugares de la región: concretamente en una zona de colinas a un par de días de camino al noroeste, fuera del valle, donde existía un antiguo refugio de cazadores abandonado.

Los compañeros debatieron qué hacer a continuación. Mientras Edric y Lira eran partidarios de aguardar a la llegada de refuerzos desde Stormcliff, tanto Garrick como Sigrid temían que los bandidos se percatasen de las muertes de sus compañeros y decidieran cobrarse venganza antes de que los hombres del alguacil llegasen en auxilio de Rivergreen.

Finalmente, los compañeros decidieron arriesgarse a ir hasta aquella zona de colinas en busca de los bandidos. No querían arriesgarse a que una acción de represalia acabase con más víctimas inocentes.

A la mañana siguiente, los compañeros se pertrecharon con provisiones para el camino. Garrick se hizo también con con una armadura de cuero tachonado, invirtiendo así la recompensa que les dio la alcaldesa con la aprobación del resto del grupo.

Además, para grata sorpresa de los compañeros, un par de cazadores locales, los hermanos Devon y Dureau, decidieron unirse a la expedición para ayudar a los compañeros. Los hermanos no habían podido unirse a la exploración anterior debido a que se encontraban de cacería cuando la alcaldesa hasta aquella mañana, en la que habían llegado a Rivergreen y se les había puesto al corriente de todo.

Sigrid no pudo reprimir una sonrisa pícara cuando escuchó las intenciones de los hermanos de unirse al contingente: para ninguno del grupo era desconocido el hecho de que ambos eran pretendientes de Lira y estaban deseosos de impresionar a la joven.

Así, aquel grupo de seis valientes se preparó para partir en busca del cubil de los bandidos.

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