Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (3/18)
Tras salvar la vida por muy poco, Cinthork, Vanuath y Zenit vagaron perdidos por las cambiantes calles de Sigil, siempre mirando a su espalda por si aquel grupo de antiguos Zhentarim les seguía los pasos para acabar el trabajo. Finalmente, su azarosa carrera terminó por llevarles al Barrio de los Gremios con los primeros resplandores del falso amanecer de la Ciudad de las Mil Puertas. Allí, se dejaron caer en las mesas de una taberna mientras los viandantes observaban con curiosidad a aquel trío de tipos en tan mal estado.
-Creo que esos son aquellos a los que buscáis. -decía.
Cuando se giraron, alarmados, Cinthork y Zenit pudieron reconocer a sus amigos Jesper y Sathelyn acompañando al aasimar. Tras saludarse efusivamente, procedieron a realizar las presentaciones con Vanuath. Del mismo modo, pusieron al corriente a sus amigos sobre lo acaecido en el par de días que llevaban en Sigil.
Mientras Jesper empleaba su magia curativa sobre los compañeros, encargaron a Zylwain que contactase con Éloze para que la fantasma estuviese informada de lo que había ocurrido y pasase en dos días a recogerles para su encuentro con Vennerbun, donde el ent les informaría sobre su reunión con la Dama del Dolor.
Así, aquella noche los compañeros se alojaron en una de las caras posadas del Barrio de los Gremios llamada El Descanso, cambiando a la noche siguiente de establecimiento. El ataque de los antiguos Zhentarim había alimentado sin duda la precaución, si no la paranoia, del grupo.
Tras aquel par de días de apacible descanso sin contratiempos, Éloze logró dar con ellos en la posada Dulces Sueños. La fantasma les llevó de nuevo hasta aquella elegante casa del Barrio de los Gremios. Sin embargo, esta vez encontraron parte del hermoso jardín exterior totalmente calcinado. Con profunda pena, el propio Vennerbun les contó que sospechaba que aquello había sido obra del kobold Duggo. Los compañeros no tardaron en comprender que aquel embuste de Cinthork había tenido indeseadas consecuencias.
Vennerbun les informó que la cita con la mismísima Dama del Dolor tendría lugar a la mañana siguiente, en el Barrio de la Dama. Concretamente, se produciría en el palacio de una noble demonio marilith llamada Shemeska. También les comentó que otros dos grupos de personas habían concertado cita con la Dama a través de él, siendo emplazados al mismo lugar y la misma hora.
Cuando los compañeros se interesaron por estos grupos, Vennerbun les habló de unos seres mitad fata-mitad demonio: una especie de elfa demoníaca, un elfo verde escamoso con cuatro brazos, un centauro con cabellera de fuego, una ninfa con ojos de fuego verde y un sátiro de escamosa piel azul. El segundo grupo de individuos era algo menos pintoresco: un grupo de magos, tres hombres y dos mujeres, de aspecto siniestro y cabezas afeitadas que lucían túnicas rojas. Zenit se envaró al oír esto y su gesto se contrajo ostensiblemente cuando, al describir a su ayudante traidora Lalara, el ent le confirmó que era uno de esos magos.
Preocupados tanto por la confirmación de que los Magos Rojos de Thay estaban en el juego, como por la inesperada aparición de aquel grupo de demonfatas, los compañeros le pidieron a Éloze que les llevase al Ministerio de Asuntos Interplanares a fin de recabar información sobre cualquiera de los mundos que fuesen a visitar. El edificio se encontraba en el Barrio de la Dama.
Una vez en el Ministerio, preguntaron por el encargado de la sección referente al mundo de Krynn, y la recepcionista les envió al despacho de un tal Astinus. El erudito, que les atendió amablemente, les indicó que la clave En el trono de la luz más pura debía hacer referencia al Templo del Sumo Sacerdote de Istar, una ciudad que quedó destruida durante el Cataclismo de Krynn y cuyas ruinas yacían en el fondo del Mar de Sangre. También les proporcionó un mapa de la zona así como la información de que dos personas, un enano de aspecto patibulario y una humana con ropajes de asesina, habían estado pidiendo la misma información. Al parecer, había otro grupo más en el juego.
Con más preocupaciones aún en sus cabezas, fueron a descansar, cambiando una vez más de posada para evitar ser detectados por potenciales enemigos.
A la mañana siguiente, Éloze les recogió para conducirles a uno de los palacios más elegantes de la ciudad de Sigil tras pasar primero por una de las innumerables tiendas de objetos mágicos de Sigil para hacerse con algunas pociones. Allí, fueron recibidos cortésmente por una demonio marilith que se presentó Shemeska, la anfitriona. Aunque tanto Cinthork como Jesper notaron cierta tensión en la infernal cuando les saludó, Shemeska supo mantener las formas.
Apenas la infernal les había informado de que otros de los grupos citados ya se encontraban en el salón, un dabu apareció levitando por el pasillo. A través de unos ideogramas luminiscentes que aparecían sobre su cabeza, y que extrañamente los compañeros eran capaces de comprender, el extraño humanoide de aspecto reptiliano-insectoide les conminó a que le siguieran.
En el enorme salón del palacio encontraron a varios grupos de personas. Entre ellos al grupo de los Zhentarim, quizá ya no lo fueran pero era una forma cómoda de referirse a ellos. Wynna les saludó burlona, lanzando algunas pullas a Sathelyn sobre su habilidad con el arco además de regalar alguna que otra amenaza velada, o no tanto, al grupo.
Los compañeros vieron también a un grupo conformado por una elfa de piel roja y alas demoníacas con túnica dorada, un elfo verde de cuatro brazos con su musculoso torso descubierto, un centauro negro con cabellera de fuego, una ninfa con ojos de fuego verde y un sátiro de piel azulada y escamosa. Sin duda eran aquellas demonfatas de las que les había hablado Vennerbun.
El grupo de los inconfundibles Magos Rojos de Thay lo formaban dos hombres de mediana edad, un anciano, una mujer mediana edad y una mujer joven a la que Zenit señaló como Lalara, aquella aprendiz traidora que los thayinos habían logrado infiltrar en la Hermandad Arcana.
Pudieron ver también al Gran Príncipe Telamonte y su séquito. Los netherese se mostraban tan altivos y distantes como siempre; como si para ellos fuese algo ciertamente indigno tener que compartir el espacio con toda aquella chusma.
En un momento dado, el dabu informó a través de los ideogramas iridiscentes sobre su cabeza de que la reunión comenzaría en cuanto llegase el último grupo citado. Como por casualidad, las puertas del salón se abrieron en aquel momento para dejar acceder a un enano de aspecto patibulario al que seguía una mujer humana con ropajes de asesina (probablemente las personas de las que había hablado Astinus). Un mago drow cruzó el umbral tras ella, seguido de una enorme esfera de carne que levitaba a metro y medio del suelo, con un enorme ojo central y una boca plagada de colmillos. De su cuerpo surgían una multitud de largos tentáculos rematados por pequeños ojos.
Los compañeros todavía estaban algo sobrecogidos por la presencia del contemplador cuando una última figura cruzó la puerta: un enorme minotauro de pelaje negro que, inmediatamente, fijó sus ojos en Cinthork. Kragor y el paladín cruzaron algunas amenazas, ambos impelidos a contenerse muy a su pesar por las reglas de Sigil.
Y así, con todos ya presentes, la Dama del Dolor hizo acto de presencia, materializándose en mitad del salón. La Dama era una figura alta, envuelta en túnicas que ocultaban su cuerpo. Su rostro era inexpresivo y carente de emociones, rodeado por una corona de cuchillas que parecían cortar la realidad misma. Su mera presencia inspiraba cierto terror y reverencia.
La Dama no se movió ni dijo nada en ningún momento. En su lugar, el dabu transmitía su palabra a través de los ideogramas flotantes sobre su cabeza. Les pidió a todos que se presentaran y expresasen el motivo por el cual querían el acceso a los portales.
Xanathar, el contemplador, dijo que necesitaba hacerse con las Tablas del Destino para convertirse en un dios para los contempladores, y así traer la prosperidad a su pueblo. El enano de aspecto patibulario era un tal Ahmaergo, la asesina humana se llamaba Nakoto, el mago Drow respondía por Nar'l Xibrindas y el guerrero minotauro era, como ya sabían los compañeros, Kragor.
Jesper intervino después, presentando a sus compañeros y argumentando que su grupo quería hacerse con las tablas para mantener el status quo del panteón faeruniano. Ninguno deseaba la aparición de nuevos dioses ni la desaparición de los existentes.
La condesa Sarya Dlardrageth, esa elfa de piel rojiza y alas infernales, presentó a las demonfatas, quienes querían la divinidad para subyugar a los pueblos de elfos y fatas. El elfo verde de cuatro brazos era su hijo Xhalz, el centauro de cabello llameante era Kherlend, la ninfa de resplandecientes ojos verdes era Larstina y el sátiro de piel azulada respondía por Tikemian.
Amar Zhul, el hombre de mediana edad que lideraba a los Magos Rojos de Thay, explicó cínicamente que su orden quería alcanzar la divinidad solamente para hacerse con el conocimiento que esta llevaba consigo. El mago alto y flaco de cuerpo tatuado era Druxus Rhym, la mujer joven y enérgica era Lalara, el anciano de larga barba respondía por Lózoril y la mujer de mediana edad se llamaba Myzhereléi.
Lord Manshoon habló por los Zhentarim, sin esconder que deseaba las Tablas del Destino para convertirse en la única e indiscutible deidad de Faerún. El sacerdote de Cyric con gesto severo era Dhamir Ercals, el espadachín alto y esbelto de rasgos atractivos se llamaba Angus Materi, la mujer alta y fornida de cabello rojo respondía por Zerana Jélesk y la joven asesina de cabello negro, como los compañeros ya sabían de sobra, era Wynna.
El último en hablar fue el Gran Príncipe Telamonte, de aquel grupo formado por los netherese, que dijo sin tapujos que deseaba otorgarle el poder de la divinidad a su pueblo para poder subyugar a todas las demás razas inferiores. El anciano mago se llamaba Hadruma, el sacerdote de Shar era el Príncipe Rívalen Tánzhul, el que vestía como un asesino era el Príncipe Clariburnus Tánzhul y el joven ataviado como un soldado era el Príncipe Yder Tánzhul.
Los ideogramas sobre el dabu transmitieron que la dama se hallaba complacida por que aquel juego, aquella carrera, fuese a comenzar. Todos los grupos obtendrían acceso a los portales, pero ningún grupo podría comprender a más de cinco integrantes. Eso sí, si alguno de los grupos perdía a un miembro, podría reemplazarlo sin necesidad de volver a pedir permiso para ello.
Así, sin despedirse, la dama se desmaterializó de la estancia y los distintos grupos comenzaron a abandonar el lugar.
Los compañeros decidieron encaminarse entonces al portal de Krynn, en el Barrio de los Gremios. Allí, Éloze les dejó frente a lo que parecía el enorme pedazo de un castillo que alguien hubiese extraído quirúrgicamente para colocar en medio de Sigil, por aberrante que fuese el resultado.
Tras despedirse de Éloze, los compañeros pasaron al interior, sintiéndose como transportados a una arcaica fortaleza semiabandonada. El azulado resplandor del portal proveniente del fondo del pasillo les guió hasta una enorme sala donde un alto caballero de ennegrecida armadura y ojos de un rojo incandescente les observaba apoyado en su espadón.
Lord Soth, el guardián, intercambió algunas palabras referentes a la importancia de la fe y la integridad con Cinthork, deseando que el paladín minotauro lograse ser más consistente de lo que él mismo había sido.
Tras esto, cruzaron aquel portal de luz iridiscente.
El portal les condujo a una cueva de roca, levemente iluminada por el resplandor que llegaba desde un pasadizo que parecía conducir al exterior. Tras comprobar que no había amenaza alguna allí, salieron a través de la gruta para verse en lo que, según el mapa proporcionado por Astinus, era algún punto de las montañas de Kothas, una zona escarpada y de estrechos desfiladeros descendentes.
Tomaron uno de aquellos traicioneros senderos en dirección a la ciudad de Kalpethis, donde esperaban conseguir un barco que les llevase al centro del Mar de Sangre. Por el camino, descubrieron unas extrañas huellas bípedas de garras. Eran de tamaño humanoide pero, por inexplicable que fuese, parecerían de dragón.
Aunque las huellas parecían tomar un camino que se alejaba del grupo, hacia el este, los compañeros se pusieron en alerta. Esto les permitió sin duda detectar al grupo de seis criaturas que, en los márgenes del pequeño cauce seco por el cual avanzaban los compañeros, aguardaban agazapados para emboscarles.
Las criaturas, que aunque los compañeros no lo sabían recibían el nombre de draconianos sivak en Krynn, eran una especie de humanoides dracónidos de escamas plateadas. Vestían armaduras pesadas y estaban armados con espadones y hachas de guerra.
Sin tiempo que perder, Cinthork activó su escudo mágico para que este le confiriera una velocidad sobrenatural, permitiéndole plantarse en lo alto del margen, frente a uno de los draconianos. Vanuath buscaba a continuación el ángulo muerto en la visión de aquella criatura para colocarle un virote en el costado. Sathelyn, por su parte, disparaba una de sus flechas para herir a otro draconiano mientras Jesper invocaba a un celestial planetario frente a otro oponente: un humanoide alto y musculado de piel verdosa y majestuosas alas blancas.
Los tres sivak del flanco izquierdo descendieron planeando con sus alas sobre los compañeros que permanecían en el fondo del barranco: uno de ellos se arrojó sobre Vanuath, otro sobre Sathelyn y uno más comenzó a hostigar a Jesper y Zenit. En lo alto del margen derecho, mientras el celestial de Jesper se batía con un enemigo incapaz de dañar la naturaleza mágica del planetario con sus armas ordinarias, Cinthork intercambiaba golpes con dos oponentes a un tiempo.
De pronto, una bola de fuego explotó para envolver en llamas a Jesper, Sathelyn y Zenit. Cuando los compañeros volvieron la vista para buscar el origen del conjuro, vieron a un draconiano alto y delgado, sin alas y con escamas doradas que les miraba sonriendo ferozmente desde lo alto del margen derecho. En Krynn, ese tipo de draconiano, aunque los compañeros también lo desconocían, recibía el nombre de draconiano aurak.
Zenit valoró la idea de convocar su armadura de mago, aunque finalmente optó por activar la capa de invisibilidad para tratar de huir del draconiano que les acosaba a Jesper y a él. No pareció la decisión más adecuada, pensó, cuando el golpe lanzado a ciegas del sivak le hirió en la espalda, haciéndole trastabillar hacia delante.
Vanuath volvió a disparar su ballesta de mano, cuyo virote entró esta vez por el ojo de uno de los draconianos que combatía con Cinthork. De pronto, la criatura explotó en llamas, hiriendo tanto al minotauro como al otro sivak que combatía con el paladín. Ignorando el dolor, el paladín propinó un nuevo golpe de martillo a su ahora único oponente.
La flecha de Sathelyn hirió al draconiano que se cernía sobre Jesper, haciendo que el sacerdote reprendiese amargamente a la guerrera por su falta de cuidado, ya que era consciente de que el ser podía explotar produciéndole daño. Un segundo después, Jesper desplegaba una oleada de poder divino que hería tanto a su oponente como al de Vanuath y Sathelyn, al tiempo que acababa con la vida de los de Sathelyn y Cinthork, que volvía a sufrir los efectos de la explosión de un adversario sobre su piel.
El celestial partió en dos al sivak contra el que combatía con un poderoso mandoble, mientras Vanuath, Jesper y Sathelyn contenían hábilmente a sus adversarios a unos pocos metros de distancia y Zenit, invisible, seguía tratando de poner tierra de por medio.
Fue entonces cuando el aurak invocó una nube venenosa en el desfiladero. Mientras que Jesper, Sathelyn y Vanuath aguantaron razonablemente bien la inhalación de esa ponzoña, Zenit se desplomó inconsciente sobre el suelo. Por su parte, el draconiano que hostigaba a Jesper, también envuelto por la nube, comenzó a vomitar sobre el sacerdote mientras le miraba con los ojos inyectados en sangre y jadeando con dificultad. El sacerdote trato de retroceder, pero fue perseguido por el maltrecho draconiano que incluso llegó a pisotear el cuerpo inconsciente e invisible de Zenit.
Al tiempo en que Cinthork y el celestial arrancaban a volar en dirección al aurak, Vanuath acababa con la vida de su oponente de un certero disparo en la frente, el segundo disparo del ladrón fue a alojarse en el hombro del aurak. El draconiano explotó en llamas sin dañar a nadie, no como el abatido por Sathelyn que, pese a las advertencias de Jesper, deflagró hiriendo al sacerdote. La siguiente flecha de la guerrera atravesaría la garganta del aurak, que se desplomó muerto.
Finalizado el combate, decidieron descansar un rato mientras reanimaban a Zenit, que poco a poco volvía a la consciencia. Jesper empleó sus capacidades curativas también sobre el grupo antes de que continuaran la marcha.
De ese modo, caminaron durante un par de días sin incidentes hasta llegar a la ciudad de Kalpethis una urbe decadente poblada mayoritariamente por minotauros, piratas, contrabandistas y minotauros que eran piratas y/o contrabandistas. Allí, pagaron a la tripulación de una pequeña barcaza para que les llevase al centro del Mar de Sangre, donde se encontraban las ruinas sumergidas de la antigua ciudad de Istar. Llegaron a pactar un buen precio con el capitán, quien les tomó por cazatesoros, a cambio de entregarle el veinticinco por ciento de cualquier tesoro encontrado por los compañeros en las ruinas.
Durante los tres días que duró la travesía, Sathelyn dedicó gran parte de su tiempo a conversar con la tripulación, obteniendo alguna información interesante de ellos. Unos marineros hablaban de traicioneras corrientes en el rojizo fondo marino., mientras que otros contaban que skums y sagas marinas habitaban las aguas del Mar de Sangre. Uno más aseguraba haber visto tiburones de aspecto descomunal, mientras que un último juraba haber hablado con una dargonesti (elfa marina de Krynn), quien le contó que en las profundidades había unas algas que envenenaban con el solo contacto. Además, el capitán había oído hablar de unos aventureros que se sumergieron y llegaron a ver a lo lejos una especie de cúpula con un resplandor plateado, pero huyeron al ser atacados por una enorme bestia marina que no lograron distinguir debido al caos del agua revuelta.
Con esto, los compañeros llegaron a su destino donde, con sorpresa, encontraron a otro barco anclado. El navío, de unas características similares al suyo, estaba tripulado por un grupo de desarrapados que admitieron haber trasladado hasta allí a un grupo aventurero que, merced a su descripción, bien podía ser el grupo del contemplador Xanathar, aunque ningún marinero pareció hacer mención a la criatura.
Decididos a apresurarse, pues el grupo rival les llevaba algunas horas de ventaja, Cinthork y Jesper recurrieron al poder de sus respectivos dioses para lograr que todos los compañeros adquiriesen la capacidad de respirar bajo el agua. Después, el grupo entero se sumergió.
Comenzaron a caminar lentamente por el arenoso y rojizo fondo del Mar de Sangre, entorpecidos por la natural resistencia del agua. El paisaje era irreal, distorsionado por la atenuada luz que llegaba desde la superficie. No tuvieron muchos incidentes más allá de que, en un momento dado, una repentina corriente arrastro a Vanuath para estrellarle dolorosamente contra unos corales.
Cuando ya comenzaban a divisar las ruinas de la ciudad sumergida, se toparon también con los restos descarnados de cinco elfos marinos. Parecía que hubiesen muerto expuestos a un terrible calor. De hecho la arena del fondo marino se había cristalizado en torno a sus cadáveres.
Aprestando las armas y con todos sus sentidos en alerta, los compañeros continuaron avanzando hacia las ruinas de Istar.

Comentarios
Publicar un comentario