Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (5/18)

Los compañeros habían conseguido el primero de los Glifos del Destino en el Templo del Sumo Sacerdote de la ciudad sumergida de Istar. Allí, no solo acabaron con el contemplador Xanathar y sus secuaces, sino que Cinthork pudo por fin saldar cuentas con Kragor, su acérrimo enemigo. Ahora, los compañeros se encontraban de vuelta en Sigil, aunque por poco tiempo, ya que en breve se disponían a poner rumbo al mundo de Eberron, más concretamente a la cosmopolita ciudad de Sharn.


Así, el grupo fue guiado por Éloze hasta el barrio de los Matasietes, concretamente hasta una extraña vivienda en la que varios engranajes móviles se mostraban en la fachada. En el patio delantero, algunas esculturas hechas a base de metales retorcidos y varios objetos, recibían al visitante. No había aldaba en aquella puerta, de modo que Cinthork tuvo que pulsar una extraña pieza protuberante para que, tras escucharse una campanilla en el interior de la casa, un inesperado zumbido abriese la puerta.

El interior de la casa era tan extravagante como el interior, aunque los compañeros no se detuvieron en demasía a examinarlo. El resplandor de un portal al final del pasillo les llevó hasta un salón donde un hombre alto y delgado les aguardaba ataviado con extrañas vestimentas. Naz Taek, el guardián, junto con el simbionte que lo cohabitaba, les advirtió de que no era buena idea visitar los barrios bajos de la ciudad: Los Engranajes y Las Profundidades.

Tras despedirse de Naz Taek, los compañeros llegaron a una especie de pequeño almacén con una sola puerta de salida en la cual se podía leer un cartel:


AL SALIR, CIERREN LA PUERTA

LAS AUTORIDADES DE SIGIL


Atravesaron las puerta para encontrarse en lo que hubiese parecido una zona portuaria normal de no ser por las extrañas máquinas voladoras que allí se veían. Tras ellos, sin embargo, estaba la ciudad de Sharn en todo su esplendor: vieron torres que se alzaban miles de metros, unidas por escaleras y pasarelas.

Tras preguntar sin mucho éxito a varios estibadores por el lupanar La Caricia Rosa, contrataron a un chico llamado Tommy para que, por un par de monedas, les sirviese de guía hasta el distrito de Los Engranajes. El chico les llevó a través de las enormes torres, donde presenciaron maravillas como carruajes aéreos tirados por elementales de aire o ascensores guiados por hilos de luz mágica. Era una ciudad tremendamente bulliciosa, un crisol de razas.

Tras una caminata no demasiado larga, llegaron a al borde de una serie de abismos cubiertos por lo que, según Tommy, era una niebla tremendamente corrosiva. A través de una especie de escalera que descendía por una gran tubería, los compañeros pudieron descender al distrito de Los Engranajes.

Aquel era un lugar de enormes máquinas que chirriaban bajo el resplandor de las fraguas. El vapor caliente llenaba el aire y las mismas calles que vibraban al pulso de los mecanismos. Allí, el humo se pegaba a la piel como una capa de ceniza. Tommy les guió hasta un sucio antro donde les aseguró que podrían preguntar por el lugar que buscaban. Mientras sus compañeros entraban en el sitio, Cinthork acompañó al muchacho de vuelta hasta la escalera en la tubería para que saliera de aquel distrito sin percances. Luego, le pagó cinco monedas en lugar de las dos prometidas, lo que alegró enormemente al chico.

Mientras, sus compañeros hablaban con el tabernero, un tipo gordo y tuerto, quien les informaba de que La Caricia Rosa era un local clandestino en el distrito de Las Profundidades, aunque les aconsejó que no bajaran allí, pues era un lugar aún más peligroso que Los Engranajes. Ante la insistencia de los compañeros, les mandó a hablar con Sue, una orco que en ese momento se dejaba magrear por un obrero enano en una de las mesas.

Por quinientas monedas de plata, Sue estaba dispuesta a hacerles un mapa para llegar hasta La Caricia Rosa. Por mil incluso les guiaría en persona hasta el lugar. También les advirtió de que los caminos de Las Profundidades eran peligrosos y resultaba fácil perderse. Además, aquel enano que no paró de sobar a Sue durante la conversación les dijo que el día anterior habían aparecido otros visitantes de extraña apariencia preguntando por La Caricia Rosa: un mago con pinta siniestra, una mujer joven con una ballesta, un sacerdote de túnica negra, un espadachín amanerado y una mujer enorme de pelo rojo.

Los compañeros decidieron pagar las mil monedas y emplear a Sue como guía, así que la orco se despidió del contrariado enano y salieron del local. Llevó a los compañeros a través de Los Engranajes hasta una pequeña plaza donde una especie de pozo les conduciría bajo aquel distrito. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, se percataron de que cinco individuos les estaban rodeando.

Se trataba de humanoides de rostro angelical que portaban una horripilante armadura hecha de quitina y músculos palpitantes. De sus antebrazos brotaban unos tentáculos que se movían como látigos dotados de voluntad propia. Sue les dijo que eran daelkyrs, y la orco parecía asustada. Aquellos seres les prometieron que no les harían daño, no si les entregaban todos sus objetos mágicos.

En vista de que aquella opción no le resultaba atrayente, Cinthork procedió a invocar su arma espiritual junto a uno de los daelkyr al tiempo que Jesper hacia aparecer a su celestial junto a otro de ellos. Las criaturas corrieron hacia los compañeros con muecas feroces en el rostro.

Fue entonces cuando los compañeros notaron algo extraño, una especie de aturdimiento mental que casi todos lograron sacudirse de la cabeza. La excepción fue Vanuath que, confuso, acabó alojando dos de sus virotes en la espalda de Cinthork. Sathelyn, por su parte, recibía a uno de los daelkyr con un potente hachazo que lo demediaba verticalmente. Zenit invocó a su vez un slaad, que avanzó rugiendo hacia otro de los enemigos.

El planetario invocado por Jesper recibió el impacto de uno de los tentáculos del daelkyr con el que luchaba, llenándose inmediatamente la herida de unas horribles venas negras. Aunque debilitado, el celestial lograba decapitar a su adversario con un poderoso mandoble. Otro de los monstruos lograba herir a Sathelyn, que según las venas negras avanzaban por su piel, se empezaba a notar entorpecida en sus movimientos.

Justo cuando Jesper empleaba sus dones divinos para liberar a Vanuath de la bruma mental, Cinthork hacía lo propio sobre sí mismo ya que, aunque no se había visto afectado del todo por lo que fuese que les hacían los daelkyr, notaba que algo no andaba bien. El slaad de Zenit se batía sin demasiado éxito contra su oponente que, de momento, le mantenía a raya.

Sathelyn volvió a ser golpeada por el tentáculo de su enemigo, sintiéndose todavía más lenta después de ello. Al tiempo, Jesper lanzaba tres rayos de fuego sobre un adversario, aunque falló al precipitar su conjuro y los haces ígneos se perdieron en la nube de vapor tóxico sobre sus cabezas. Uno de los daelkyr, el que parecía el líder, comenzó a correr para alejarse del combate.

Casi a la vez, Zenit se esfumaba en un vapor plateado para materializarse a varios metros de allí para convocar una nube de fuego que arrasó a las dos criaturas que aún luchaban contra Cinthork y Sathelyn. La pericia del mago logró, una vez más, que el fuego consumiese a los enemigos sin dañar a sus aliados.

El líder de las criaturas estaba a punto de doblar la calle para escapar cuando Zenit empleó su Cetro del Tirano para paralizarle. La contrariada criatura tuvo que ver, impotente, como Cinthork le rodeaba con la gruesa cadena metálica que en su día había obtenido durante su cautiverio entre los drow.

El daelkyr imploró con su vida, la cual Cinthork prometió perdonar si el ser les guiaba a través de Las Profundidades hasta La Caricia Rosa. El daelkyr dijo que conocía el lugar y accedió a cerrar el trato con los compañeros.

Tras recuperarse brevemente del esfuerzo propio del combate, los compañeros descendieron por el pozo hasta los túneles bajo Sharn, aquel distrito conocido como Las Profundidades en el que reinaban la oscuridad y el silencio. Vanuath marchaba en primer lugar por aquellos túneles sin luz, describiéndole el entorno al daelkyr encadenado para que este pudiera guiarles hasta La Caricia Rosa.

Caminaban chapoteando hasta el tobillo en aguas fecales. Jesper, Vanuath y Zenit, gracias a su visión en la oscuridad, podían ver los amplios túneles agrietados por los que avanzaban, en los que el vapor y humedad subían por las fisuras de aquellas paredes calientes. También pudieron ver lo que parecían ruinas de arquitectura goblinoide integradas en la propia estructura de los túneles. Tras una larga caminata, comenzaron a vislumbrar un tenue resplandor al final de uno de los pasadizos.

Llegaron a lo que parecía una amplia plaza subterránea en la que podían verse tanto las ruinas de un pequeño edificio como una enorme columna ya desmoronada, así como varios pasadizos que llegaban desde otras partes. Al fondo, podía verse una puerta metálica dotada de un ventanuco enrejado. El prisionero daelkyr les indicó que, tras esa puerta, se encontraba La Caricia Rosa.

Los compañeros se separaron brevemente, con Vanuath y Sathelyn rodeando la enorme columna mientras Cinthork, Jesper y Zenit se encaminaban directamente a la puerta. Fue entonces cuando pudieron escuchar algunos susurros provenientes tanto de la estructura en ruinas como de detrás de la columna.

Sí, son ellos...

Vanuath fue el primero en ver a aquellas criaturas, surgiendo de detrás de la enorme columna desmoronada. Parecía un goblin de gran tamaño, pálido y descarnado, con cuencas oculares vacías. Su cabello era una maraña de delgados tentáculos. Dos tentáculos más largos surgían de sus hombros y se movía con una gracilidad antinatural. Tres más surgieron tras él.

¡Dolgaunts! —gritó el prisionero daelkyr.

Cinthork y Jesper solo tuvieron que volver la vista a un lado para descubrir a los otros dos seres idénticos que acechaban desde la casucha en ruinas. El minotauro arrancó a correr hacia la estructura, colocándose entre los dos dolgaunts para desatar la andanada sónica de su martillo. Las dos criaturas se estrellaron violentamente contra las paredes, empujados por la onda expansiva. El sacerdote, por su parte, lanzaba tres rayos de fuego que convergían en el pecho de una de aquellos seres antes de que pudiese siquiera rehacerse, hiriéndolo gravemente.

Mientras Vanuath retrocedía, disparó un par de virotes de sus ballestas sobre un dolgaunt. Sin embargo, la dolorida criatura logró avanzar hasta atrapar al semielfo con su cabello tentacular. Sathelyn abatía a uno de los seres con su arco al tiempo que, preocupada, presenciaba como otras seis criaturas más llegaban a aquella plaza subterránea desde varios pasadizos que conectaban con el lugar. Zenit usaba su paso brumoso para situarse junto a la puerta de La Caricia Rosa y, desde allí, invocar a un slaad para que corriese en ayuda de Vanuath.

Cinthork maldijo cuando el cabello tentacular del dolgaunt le atrapó, aunque casi de inmediato, la nube ígnea conjurada por Zenit abrasó a aquella criatura, hiriendo gravemente a la otra que había junto a él, que fue agarrada por el minotauro y estampada contra la pared, quedando inconsciente. Jesper retrocedió ante el ataque conjunto de dos enemigos, aunque sin poder evitar que uno de ellos le atrapase con sus tentáculos.

Vanuath se debatía en su propia prisión tentacular, sin lograr liberarse y sintiendo cómo perdía las fuerzas. El slaad llegó para asestar un par de zarpazos al dolgaunt que, sin embargo, parecía drenar las fuerzas del semielfo para regenerarse. Sathelyn aún logró abatir a un enemigo más con su arco antes de que otro la aferrase también con sus tentáculos.

Cinthork, liberado por la nube llameante de Zenit, corrió para derribar de un martillazo al dolgaunt que tenía aprisionado a Jesper. En ese momento, liberado el sacerdote, este desató una oleada de luz dorada que abrasó al monstruo que quedaba junto a él, así como a los dos que mantenían inmovilizada a Sathelyn.

Vanuath logró liberarse por un momento, aunque fue atrapado de inmediato por el dolgaunt, que seguía resistiendo las acometidas del slaad a base de drenar fuerza vital del semielfo. Por suerte, Zenit volvió a emplear el paso brumoso para ponerse en visual de aquella zona de combate: una nueva nube de fuego abrasó a las tres últimas criaturas que quedaban en pie.

Tras comprobar que todos se encontraban razonablemente bien, Cinthork caminó hasta el cuerpo inconsciente del dolgaunt que quedaba con vida en la casucha ruinosa y lo tomó en volandas.

Entraron en La Caricia Rosa con Cinthork llevando sobre el hombro el cuerpo inconsciente del dolgaunt que había derribado en la casucha ruinosa. El aire era denso en aquel lugar de rincones oscuros y tratos sórdidos. Una elfa desnuda estaba tocando la flauta entre todo aquel humo de opio. Rápidamente, una de las camareras del local, les señaló al dolgaunt inconsciente y les instó a resolver sus problemas con él fuera del establecimiento.

De ese modo, los compañeros volvieron a salir y, una vez hubieron despertado al dolgaunt, comenzaron a interrogarlo. Al parecer, los dolgaunt habían sido contratados a través de un mediador llamado Rajik, en Los Engranajes. La criatura tenía una lista con las descripciones de los distintos grupos que iban tras los Glifos del Destino, de todos menos de uno: los Zhentarim.

Obtenida la información, Vanuath degolló al dolgaunt. Luego, todos entraron en La Caricia Rosa. Tras hablar con la camarera, quien les informó de que los Zhentarim les habían precedido, lograron que esta les condujese ante Chimer, el contacto cuyo nombre Vonkham, el erudito del Ministerio de Asuntos Interplanares, no había llegado a recordar del todo.

Chimer era un tenku, una especie de humanoide con aspecto de enorme cuervo. Les recibió en lo que debió ser alguna vez la capilla de un antiguo templo. Quince enormes esqueletos de ojos llameantes y enfundados en armaduras pesadas flanqueaban la sala. El tenku admitió que los Zhentarim habían tratado con él el día antes y ofreció la misma información a los compañeros a cambio de cincuenta mil monedas, aunque estaba dispuesto a rebajar dicha cantidad a cambio de la ubicación del portal a Sigil.

Reacios a compartir la ubicación del portal, los compañeros abonaron la desorbitada cifra.

Chimer les contó que años atrás, un extraño visitante se personó ante el barón Trelib d'Medani. Nadie sabía quien era, pero se decía que era muy poderoso. El extraño le entrego a los Medani la custodia de algo muy valioso. Desde entonces, el poder de los Medani había crecido como la espuma.

Aquello que los Medani custodiaban se encontraba en la tesorería de la Casa, una cámara acorazada que se encontraba en un lugar desconocido de Eberron. Chimer sabía que podía accederse a la tesorería a través de un círculo de teletransporte existente en el despacho del barón Trelib, justo en la planta más alta de la Torre Medani, en el Skyway. La única pega era que el círculo de teletransporte estaba codificado y dicho código era necesario para hacerlo funcionar.

También les contó que uno de los centinelas de la Casa Medani solía jugar a las cartas en La Caricia Rosa y tenía altas deudas de juego. A través de ese hombre, el tenku sabía que Ianphanis d'Medani, el heredero del barón Trelib d'Medani, tomaría en dos días el Tren Relámpago hacia la ciudad de Wroat. Ianphanis poseía los códigos del círculo de teletransporte existente en la Torre Medani.

A cambio de diez mil monedas más, Chimer se comprometió a colar a los compañeros en el vagón de equipajes del tren relámpago. Conformes con el trato, le pagaron aquella suma.

El grupo necesitaba descansar, de modo que pagaron por un par de habitaciones comunicadas entre sí. La camarera les condujo a través de un largo pasillo en el que incluso encontraron a algunos clientes practicando el sexo a plena vista. Ya en la habitación, de bastante buena calidad, se dispusieron a descansar. Antes de dormir, Zenit emplearía unos minutos en dibujar un círculo de teletransporte en el suelo.

A la mañana siguiente, Jesper empleó el poder de Lathander para reponer a Sathelyn y Vanuath de las secuelas sufridas en los combates contra los daelkyr y los dolgaunt. Tras rezar toda la noche a su dios, pudo revertir con éxito aquellas dolencias de carácter sobrenatural.

Con dos días de margen por delante, el grupo decidió subir a Los Engranajes para hacerle una visita al tal Rajik, el conseguidor que había contratado a los dolgaunt y cuya dirección les proporcionó la camarera de La Caricia Rosa. Por desgracia, no encontraron en aquella casa mas que un par de montones de ceniza de aspecto bastante sospechoso.

De ese modo, regresaron una vez más a Las Profundidades para intentar que Chimer encontrara a los Zhentarim para ellos. El tenku dijo no poder ayudarles por cuestiones éticas, pero les dio el contacto de una tal Nala, a quien podían encontrar en una dirección del Cliffside que les proporcionó.

Encontraron a Nala, una halfling, en una de las grandes naves de carga del distrito portuario. La mujer se comprometió a buscar a los Zhentarim a cambio de la mitad del pago, recibiendo la otra mitad solo si lograba encontrarlos. Emplazó a los compañeros a reunirse al día siguiente para ofrecerles los resultados de la búsqueda.

Sin mucho más que hacer, el grupo se retiró a descansar.

Al día siguiente, Nala les informó de que había encontrado a las personas que buscaban. Se alojaban en la planta dieciséis de una de las torres del distrito de Desembarco de Tavik, cerca de la terminal del Tren Relámpago. A cambio de un estipendio adecuado, la halfling también les consiguió a seis mercenarios bastante capaces que no tendrían reparos en mancharse las manos.

Así, el grupo alquiló un par de habitaciones: uno en la planta dieciséis de la torre de enfrente y otro en la planta catorce del mismo edificio en el que estaban los Zhentarim. Al caer la noche, mientras que Sathelyn cubría al grupo desde el edificio opuesto, los compañeros ascendían por el exterior de la torre. Cinthork y Jesper lo hacían por el lado oeste, el minotauro con su capa de vuelo y Jesper transportado por el planetario que había invocado. Zenit subió volando por la fachada este, cargando a Vanuath. Los seis mercenarios ascendieron por las escaleras en el mismo momento en que los otros dos grupos atravesaron las ventanas.

Ni Cinthork y Jesper, que entraron por la habitación de Manshoon, ni Vanuath y Zenit, que entraron por la de Wynna, encontraron a nadie en las respectivas estancias. Los mercenarios que subieron por la escalera encontraron también el pasillo despejado. Con el presentimiento de que algo no iba bien, Cinthork y Vanuath salieron al pasillo para encontrar las estancias de los otros Zhentarim también vacías.

En ese momento, se abrió la puerta de una de las habitaciones junto a la escalera. Lord Manshoon salió de ella para, con un simple gesto, hacer que los seis mercenarios se desplomasen muertos. Otra de las puertas se abrió para que de ella surgiera fugazmente Wynna, que disparó dos saetas sobre Cinthork que, por suerte, el minotauro pudo desviar con su escudo. De una última puerta surgieron el sacerdote Dhamir Ercals y los guerreros Angus Materi y Zerana Jelesk.

Angus Materi fue recibido con un potente golpe de martillo por Cinthork. Cuando el duelista aún se tambaleaba, uno de los virotes de Vanuath le entro por el ojo, arrebatándole la vida. El semielfo retrocedió entonces ante la llegada de Zerana, quien blandía su enorme espadón.

El planetario invocado por Jesper salió al pasillo solo para ser recibido por la cadena de rayos que acababa de invocar Manshoon. El haz eléctrico golpeó el pecho del celestial para luego bifurcarse e impactar a la vez a Vanuath y Zenit. Un momento después, Dhamir Ercals expulsaba al planetario mediante el poder del dios Cyric.

Jesper intentó entonces convocar a un deva astral, pero su conjuración fue frustrada por Manshoon al tiempo que Zerana hacía arder la hoja de su espadón para lanzar una bola de fuego a la habitación en la que se parapetaban Vanuath y Jesper.

En ese momento, Cinthork salió corriendo y voló con su capa a través de la ventana para recorrer la fachada este de la torre y entrar atravesando la ventana de la habitación en la que se había ocultado Manshoon. El sorprendido mago se volvió apenas para recibir un par de poderosos golpes del martillo del paladín.

Zenit desplegó una de sus nubes incendiarias en el pasillo, cuyas llamas envolvieron a Wynna y Dhamir, aunque Manshoon lograría evitarla mediante un paso brumoso que le llevó a otro punto del pasillo. Desde allí, el hechicero lanzó una bola de fuego potenciada que volvió a cubrir de llamas la habitación en la que estaban Jesper y Vanuath. Sathelyn, que llegaba volando con su capa mágica desde el edificio de enfrente, recibió la llamarada de pleno justo cuando entraba por la ventana. Por suerte, los compañeros lograron echarse a tiempo al suelo para minimizar el daño.

Dhamir Ercals sanó las heridas de Manshoon con los poderes de su dios antes de correr a enzarzarse con Cinthork en combate cuerpo a cuerpo. Mientras, Zenit trataba de lanzar un conjuro letal sobre Manshoon que este desarbolaba sin mucha dificultad. A la vez, Sathelyn empleaba el poder de su arco mágico para hacer que terroríficas visiones atemorizasen a Zerana, causándole un evidente daño psíquico.

Wynna se deslizó sobre el suelo del pasillo para, con gran habilidad, disparar un par de saetas por entre las piernas de Dhamir. Los proyectiles arrancaron un bramido de dolor de Cinthork que, sin embargo, agarró a Dhamir de la pechera y se arrojó con el por la ventana. Cuando el minotauro se deshizo del sacerdote impío, este solo pudo manotear al aire mientras caía a una muerte segura.

En ese momento, con los dientes apretados a causa de la furia, Lord Manshoon murmuró las arcanas palabras que le teleportarían lejos de allí junto a Wynna y Zerana.

Maldiciendo porque esos tres enemigos hubieran podido escapar, los compañeros se quedaron mirando el pasillo vacío.

Pero no tenían demasiado tiempo para lamentarse: quedaban pocas horas para el amanecer y debían coger un tren.


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