Blue Spring (1/2)
Era una mañana soleada.
El viento traía el olor de la hierba seca hasta las puertas de aquella iglesia metodista que había sido levantada a las afueras de Nashville. Allí, Anton y Nick aguardaban a que diese comienzo la boda a la que habían sido invitados.
Se casaba Eve, la prima de Susan. Como amigo íntimo de la familia, Anton había sido invitado. Nick no tenía mucho que ver con aquella gente, pues era el hermano de Gregg, la actual pareja de Susan; pero Gregg había insistido en que asistiese para no sentirse tan fuera de lugar entre toda la familia política. Susan había movido hilos, y allí estaba Nick.
El problema era que ni Susan ni Gregg estaban aún allí.
Si bien Gregg era algo anárquico en lo referente a sus compromisos —y a su vida en general—, aquello no parecía propio de Susan. Margarett, su madre, parecía preocupada, mientras su padre, Steven, no hacía más que echar pestes sobre Gregg, especialmente ante Nick, que aguantaba el tipo como podía. Peter, el hermano de Susan, también se mostraba preocupado.
Tanto Anton como Nick trataron de contactar telefónicamente con ellos, pero no descolgaban el teléfono. Ambos propusieron ir a buscarlos a sus casas, pero Peter insistió en que no se marchasen de la ceremonia, confiando en que Susan y Gregg llegarían en algún momento.
Al final, Nick decidió ir a buscar a la pareja mientras que Anton permanecería en la boda.
En unos pocos minutos, Nick estaba ante la casa de su hermano: un loft caro en The Gulch. Habló con el portero, identificándose como el hermano de Gregg. Aunque no parecía muy convencido, el portero le informó de que su hermano no estaba en casa. Como Anton no tenía las llaves de la casa de Gregg encima, decidió pasar por casa de Susan.
Condujo otro trecho hasta el edificio de ladrillo en East Nashville donde vivía Susan. Llamó al portero automático y nadie contestó. Tuvo entonces la idea de subir por la escalera de incendios para echar un ojo por la ventana, de modo que fue al callejón lateral del edificio.
La escalera estaba recogida. Nick saltó, aferrándose a ella con la punta de los dedos. Por desgracia, su agarre no resultó el mejor posible y acabó cayendo de espaldas al suelo: un golpe sordo que le arrancó el aire de los pulmones al tiempo que un latigazo de dolor le recorría la espalda.
A esas alturas, Nick ya había tenido suficiente, así que regresó a la boda.
Llegó con el banquete ya iniciado en un granero reconvertido en restaurante, adornado con luces de guirnalda. Hubo brindis, una banda versionando clásicos y el tío de Susan, John, completamente borracho y discutiendo las virtudes de Donald Trump con cualquiera que quisiera oírle.
Anton, que ni siquiera había empezado a comer, salió afuera para que Nick le contase las novedades. Entre los dos, decidieron entrar en las casas por si le hubiese ocurrido algo a la pareja. Peter le dejó a Anton las llaves de casa de sus padres, donde estaban las llaves del piso de Susan. Por su parte, Nick iría a su propia casa para recoger la copia de las llaves de Gregg y luego dirigirse al piso de su hermano.
Cuando Anton entró en el piso de su amiga, todo le pareció en orden salvo los retratos del pasillo, que estaban todos girados. Cuando les dio la vuelta, era como si las fotos hubiesen sido manipuladas. En cada retrato estaban más juntos, como si se hubiese arrastrado la imagen dejando un extraño borrón. En la última foto, parecían fundirse de un modo grotesco.
Vio el portátil en la mesa del salón y lo cogió. También el tocadiscos abierto, algo extraño en una persona tan cuidadosa como Susan.
Entró en el dormitorio, donde encontró el móvil de Susan en la mesilla. Intentó desbloquearlo sin éxito. Abrió el armario: allí estaba el vestido que su amiga tenía previsto ponerse para la boda.
Entonces, mientras movía las prendas en el armario, Anton notó cómo una mano rozaba la suya. La retiró, alarmado. Su corazón latía más fuerte. Logró tranquilizarse.
Hizo un intento también por desbloquear el portátil, igual de infructuoso, así que siguió inspeccionando la casa. No encontró nada más allá de una nota en la pizarra de la nevera que rezaba: «Comida con Gregg en Ronnie's. Día 4».
Miraba esa nota cuando todo pareció teñirse con un resplandor azulado, al tiempo que se escuchaba una melodía de country que parecía venir de ninguna parte. Sintió una oleada de pánico. A duras penas logró controlarse para grabar con su móvil aquel sonido. Luego salió corriendo de aquella casa.
Ya jadeando junto a su coche, mandó un audio a Nick explicándole que estaba ocurriendo algo muy raro. Adjuntó lo que había grabado al mensaje. Por último, le indicó que se vieran de nuevo en la iglesia.
El portero volvió a poner mala cara nada más ver a Nick. De hecho, le siguió por el inmueble hasta ver cómo sacaba su llave para entrar al piso de Gregg. Solo entonces pareció quedarse tranquilo.
El interior del loft olía a sudor, madera barnizada y comida pudriéndose. La encimera de la cocina tenía varios briks abiertos y había platos sucios en el fregadero. Allí había poco más que el salón, con el portátil de Gregg sobre la mesa y la estantería llena de libros y discos
Subió a la parte de arriba, donde estaba el dormitorio.
En la mesilla encontró el móvil de su hermano, así como un tique de compra del día 3 de marzo del establecimiento Ocultismo Gaffney por la adquisición de algo llamado «Blue Spring» por quinientos dólares. También encontró una pequeña agenda de cuero con una anotación a mano: «P. Korch», seguida de un número de teléfono.
Cuando marcó el número, le atendió un hombre que dijo llamarse Michael Okafor y ser el sacristán de la iglesia de Santa Inés. Al preguntar por el padre Korch, el tono del hombre pareció ensombrecerse. Le contó que el padre había muerto de un infarto. Aunque, al principio, Okafor parecía reacio a citarse aquel día con Nick, este logró convencerle para verse esa misma tarde.
Entonces, todo pareció iluminarse con una extraña luz azulada, al tiempo que sonaba una melodía country que no parecía tener origen definido. Mientras Nick bajaba las escaleras hacia la puerta, una grieta de un palmo se abrió en la pared, dejando ver algo muy diferente al ladrillo: una luz azulada y líquida, como el agua de un estanque.
Nick corrió para salir del loft de su hermano, corrió ante la atónita mirada del conserje para atravesar el recibidor del edificio y corrió hasta meterse en su coche y echar los pestillos. Allí trató de recuperar el aliento con el corazón martilleándole en el pecho.
Le llegó un mensaje de audio a WhatsApp. Era de Anton. Le decía que estaba ocurriendo algo muy raro —y tanto—, que se veían de nuevo en la iglesia. También le mandaba un archivo de audio en el que no se oía nada.
Nick respiró una vez más antes de arrancar el motor.
Llegaron al aparcamiento de la iglesia casi a la vez. Sin perder el tiempo, Anton entró al coche de Nick y ambos se contaron lo que les había sucedido en sus respectivos pisos.
Lo primero que hicieron después fue examinar el móvil de Gregg, donde Nick encontró una nota de voz del 3 de marzo nombrada como «BS», de minuto y medio. En ella, Gregg respiraba agitado y susurraba que aquello tenía que quedar documentado. Decía que esa era la canción Blue Spring, de Jesse Dixon. Luego sonaba una melodía: una guitarra acústica, dos voces que armonizan muy bien, una puerta que se abría. Silencio. Luego una discusión. Golpes y gritos. Después, la grabación se cortaba. Ambos reconocieron aquella melodía como la que habían escuchado en los apartamentos cuando surgió la luz azul, lo que les intranquilizó bastante.
Nick entró entonces en el teléfono de Susan y encontró una conversación de WhatsApp que también estaba en el de Gregg, en la que él le decía: «Susan, no puedo dormir. Tengo que contarte lo que ha pasado» y, posteriormente, se citaban para comer en el restaurante Ronnie's.
Mientras Nick trataba, sin éxito, de acceder también al portátil de Susan, Anton decidió efectuar una búsqueda en internet acerca del tal Jesse Dixon. Al parecer, había sido una prometedora estrella del country en ciernes que grabó un par de discos entre 1972 y 1973 antes de desaparecer sin dejar rastro junto a una corista llamada Isabella Stewart en 1974. La prensa lo trató como una fuga de amantes. Declan Stewart, marido de la corista, se ahorcó meses después.
En algunos foros de coleccionistas se hablaba de un legendario vinilo con la grabación del tema inédito Blue Spring, en el que supuestamente se escuchaba el asesinato de los amantes a manos de Declan Stewart. Varios coleccionistas que dijeron haberlo escuchado no volvieron a publicar.
Anton investigó también el lugar donde habitualmente grababa sus trabajos Jesse Dixon, descubriendo que se trataba de los estudios Firebird Sound, en Music Row, cerrados desde 1975. El productor de los discos había sido un tal Rogen Smith, que aún vivía. A Nick no le costó demasiado acceder a los archivos de tráfico para averiguar su dirección.
Tras haber obtenido toda esta información, fueron al granero reconvertido —donde el servicio había apartado las mesas para que diera comienzo el baile— a hablar con Peter. Le transmitieron sus sospechas de que Susan y Gregg habían desaparecido. Peter les dijo que no quería estropear la boda, que estaba a punto de acabar. En cuanto finalizase, le daría la noticia a sus padres e irían a poner la denuncia.
Anton y Nick se despidieron de Peter antes de ir hacia Ronnie's en el deportivo de Anton. De camino, Nick le dijo a su compañero que se había dejado el ordenador de Gregg en el apartamento, ya que salió a toda prisa cuando todo se había vuelto azul. Pensaron que debían recogerlo.
Así, en pocos minutos estaban ante la puerta del loft de Gregg. El perro del vecino comenzó a ladrar tras la puerta, lo que los sobresaltó. Nick estaba muy nervioso, así que fue Anton quien se internó en la vivienda. Se acercó hasta la mesa de centro donde estaba el ordenador, lo cogió y se lo entregó a Nick, que aguardaba en el umbral.
Antes de irse, pensaron que sería buena idea examinar los libros y discos de Gregg. Anton fue hacia la estantería.
Ninguno de los libros parecía más usado que el resto. Eran de ocultismo. Pamplinas. Comenzaba a examinar los discos cuando notó cómo unos dedos acariciaban los suyos, justo antes de que todo se tiñera de azul y comenzase a sonar Blue Spring. Miró hacia la puerta, pero allí no había puerta ni estaba Nick: solo un estanque de agua azulada en el umbral.
Se desmayó.
Cuando recuperó la consciencia, Nick estaba a su lado. Él no había visto la luz ni escuchado la música esta vez. Al parecer, había entrado en el loft y le había arrastrado fuera.
Ninguno tuvo cuerpo ni ánimo para volver a entrar en la vivienda y seguir buscando entre aquellos discos.
Así que Anton condujo hacia Ronnie's.
Era un restaurante de los de siempre cerca del distrito financiero: neones, café recalentado, tartas en vitrina. Mary, la camarera, atendía las mesas. Aunque, en principio, parecía reacia a hablar de otros clientes con dos desconocidos, su actitud cambió cuando Anton le enseñó una foto de él mismo con la pareja.
Mary les dijo que había atendido a la pareja el día 4 de marzo. Gregg le pareció muy agobiado, obsesionado con la canción de un tal Jesse Dixon. Les confirmó que le había oído decir «Blue Spring». Susan le repetía que solo estaba estresado. Comieron y se fueron, nada más.
Tras agradecerle su información a Mary, Anton y Nick comieron algo. Luego condujeron hacia la iglesia de Santa Inés, donde Nick había quedado con el sacristán Okafor.
Se trataba de una iglesia católica pequeña en Germantown. El sacristán, Michael Okafor, recordaba que Korch habló de «una pareja en apuros». También les contó que encontró a Korch al amanecer del día 6, sentado en un banco frente al altar. El forense habló de infarto.
A pesar de la insistencia de los compañeros en acceder al despacho del difunto padre Korch, Okafor se negó con firmeza.
Fue entonces cuando Nick se percató de que el agua de la pila bautismal estaba tibia y ligeramente azulada. Cuando llamó la atención de Anton y Okafor acerca de esto, la capilla se iluminó con una luz azulada al tiempo que comenzaba a sonar Blue Spring. Todas las superficies latieron una vez, al unísono, como un corazón enorme. Okafor gritó y salió corriendo, adelantando en su carrera a Anton y Nick a pesar de ser estos mucho más jóvenes.
Ya fuera, con el sacristán en estado de histeria, no resultó difícil convencerle para que les dejase examinar el despacho.
Unos minutos más tarde, Anton y Nick se asomaron a la capilla. Todo parecía haber vuelto a la normalidad.
Despacio, atravesaron la nave de la iglesia hasta la sacristía, donde el difunto padre Korch tenía su despacho. De camino, Anton tomó una muestra del agua de la pila. En el interior de la sacristía, encontraron dos mantas, tres tazas y el abrigo de Susan, olvidado. También encontraron un cuaderno de Korch en el que se apuntaban diferentes referencias a libros desconocidos y una anotación explicando que «había que destruir el disco mientras sonaba, en el mismo estudio en el que se grabó».
Salieron de la iglesia a última hora de la tarde y, mientras Anton iba a visitar a la familia de Susan para ver cómo se encontraban todos, Nick se dirigió a la comisaría para poner la denuncia por la desaparición de su hermano. El agente que tomaba nota le explicó que un par de agentes examinarían la vivienda, así que concertaron la cita a las nueve de la mañana del día siguiente.
Anton y Nick volvieron a reunirse por la noche en casa de Anton.
Allí, Nick accedió al ordenador de Gregg y encontró en él varios correos con el dueño de Ocultismo Gaffney, Víctor Gaffney, en los que Gregg preguntaba por diversos libros sobre objetos malditos. También uno de Gaffney, quien decía haber encontrado un artículo que podría interesarle a Gregg: un viejo vinilo de Jesse Dixon. También encontró una copia en la nube de la grabación de Blue Spring. Nick le envió un correo al tal Víctor Gaffney para concertar una cita.
Luego se fueron a dormir. Había sido un día largo.

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