Draconis Tempora: Korvosa, al borde de la anarquía (2/6)

 El funeral de Banáin fue discreto, con unas pocas personas asistiendo a las exequias. Entre ellos, destacaba aquel enorme minotauro llamado Vialas. El hombre-toro había servido en la guardia junto al enano y agradeció tanto a Gilmarie como a Riff que hubiesen acompañado a su amigo en los últimos momentos; alegrándose de que Banáin hubiese muerto en combate. Por respeto, Vialas quiso quedarse también al funeral del sacerdote Tige.

El funeral de Tige tuvo algo más de asistencia, sobre todo gente del clero. Aunque había varias personas que veneraban a Illmater, también asistió una humana de rasgos duros, paladina del dios Lathander. Kaylee, que así se llamaba la mujer, había sido amiga de la también difunta esposa de Tige. Al igual que Vialas, agradeció que la semielfa y el halfling hubieran arriesgado sus vidas acompañando al buen Tige en sus últimos momentos.


Varios murmullos entre los operarios del camposanto, que parecían tener una inexplicable prisa por acabar con los oficios, pusieron en alerta a Kaylee. La paladina se acercó a indagar un poco y averiguó, para su sorpresa, que el rey Eodred acababa de fallecer. El trono habría de pasar a la Reina Ileosa, quien era incluso más odiada aún que su difunto marido, quien llevaba meses terriblemente enfermo.

Al parecer, habían estallado tumultos por toda la ciudad. Los ciudadanos más humildes, ya asfixiados por el despilfarro de Eodred, pensaban que con Ileosa la situación solo empeoraría y se habían echado a la calle empuñando rudimentarias armas. La guardia de la ciudad, poco preparada para estas contingencias, estaba siendo desbordada.

Gilmarie y Riff deseaban regresar a la casa de Zellara, la mujer que les había unido para poder vengarse de Gaedren Lamm. Debían comunicarle que el asesinato de su hijo había sido vengado. Debido a que las calles no eran demasiado seguras, tanto Vialas como Kaylee se ofrecieron a acompañarles.

Por el camino, fueron testigos de la acción de varias turbas que saqueaban negocios o se enfrentaban a desbordados pelotones de la guardia de la ciudad. La ciudad estaba al borde de la anarquía y la situación parecía ir cada vez a peor.

Cuando llegaron a casa de Zellara, para su sorpresa, descubrieron que el lugar estaba vacío y con el aspecto de llevar años abandonado. Gilmarie y Riff se mostraron bastante sorprendidos ya que aquel lugar no concordaba con el que visitaron tan solo hacía un par de días.

Fue entonces cuando se manifestó Zellara, más bien su fantasma. Al parecer, la mujer había sido asesinada junto a su hijo por Gaedren Lamm y había reunido a los aventureros para vengarse dese la ultratumba. Ahora, se despidió de ellos tras advertirles de que se avecinaban tiempos duros… una oscuridad que se cernía sobre Korvosa y que requeriría de campeones si la ciudad anhelaba sobrevivir.

Una vez Zellara se hubo retirado al otro mundo (¿Para siempre?), Gilmarie, Riff, Vialas y Kaylee se juramentaron para enfrentar juntos el mal que acechaba Korvosa.

Riff pensó entonces que el broche de la Reina, aquel que habían recuperado de la guarida de Gaedren Lamm sería una buena oportunidad para acercarse a Ileosa. Seguramente, en más estrecho contacto con la Reina serían capaces de estar más cerca de cualquier amenaza que se cerniese sobre la ciudad. Además, según pudo averiguar Riff moviendo algunos hilos, la recién nombrada soberana había ofrecido una suculenta recompensa de 1.200 monedas de oro por el broche.

Así, el grupo decidió encaminarse al Castillo de Korvosa con el fin de devolverle el broche a la Reina, su legítima propietaria.

Por el camino, se encontraron con una de aquellas violentas turbas saqueando negocios locales. Además, media docena de alborotadores había rodeado a un joven noble que blandía su espada de un modo que dejaba bastantes dudas acerca de si sabía muy bien lo que hacía.

El grupo decidió intervenir para rescatar al noble. La refriega duró poco, sobre todo gracias al poderoso despliegue mágico de Gilmarie. Vialas y Kaylee recibieron algunas heridas menores, mientras que Riff acabó bastante maltrecho, necesitando de las capacidades curativas de la paladina de Lathander.

Armin Jalento, que así se llamaba el joven noble, les agradeció mucho su intervención. Como prueba de ello, les obsequió con un valioso anillo de oro adornado con gemas.

Tras despedirse de Armin, el grupo continuó su periplo por las agitadas calles de Korvosa. La guardia parecía estar en serios problemas. Vialas habló con un grupo de soldados, los cuales le indicaron que la Reina había solicitado la ayuda de dos compañías mercenarias para sofocar las revueltas: La Compañía del Sable y Los Caballeros Infernales.

A medio camino del Castillo, se encontraron con un hombre que desafiaba a las turbas. El sujeto, visiblemente borracho, era un conocido de Vialas: un sargento de la Guardia llamado Grau que había echado su vida a perder por el juego y el alcohol. El minotauro había servido a sus órdenes y le tenía mucho aprecio, así que sugirió que le desarmasen y se lo entregasen a la guardia.

Gilmarie intentó convencer al tipo para que depusiese las armas, pero eso no hizo más que encolerizarle y hacer que atacase a la semielfa. Sin embargo, Vialas estuvo rápido y empleó su superioridad física para reducir a Grau.

Con el sargento borracho maniatado, el grupo dio un amplio rodeo hasta la Ciudadela de Volshyenek, cuartel general de la guardia de la ciudad. Vialas les explicó la situación de Grau a los dos centinelas de la puerta, lo que no sorprendió mucho a aquellos soldados. Tras prometer que se encargarían del sargento, los guardias despidieron al grupo.

Las peripecias del grupo durante su camino al Castillo, sin embargo, no habrían acabado aún. Atraído por el tumulto de las calles, un farfullador había abandonado las alcantarillas y se abalanzaba sobre un grupo de ciudadanos a los que pretendía devorar. Era un espécimen de tamaño respetable, con el ansia de alimentarse reflejada en sus docenas de ojos.

El combate con el farfullador resultó durísimo. Una vez más, la magia de Gilmarie resultó decisiva y, aunque Riff resultó herido, la peor parte se la llevaron Vialas y Kaylee ya que fueron los que con mayor ímpetu se habían arrojado al cuerpo a cuerpo.

La paladina utilizó su poder para paliar las heridas del minotauro en la medida de sus posibilidades: no quería esquilmar todo su poder por si les era necesario antes de acabar el día.

De esa guisa, el grupo se presentó en el Castillo de Korvosa. Para aquel entonces, parecía que la guardia de la ciudad, en colaboración con la Compañía del Sable y los Caballeros Infernales había logrado controlar las revueltas.

Sabina Merrin, la guardaespaldas personal de la Reina, les recibió en primera instancia. Parecía realmente contenta con el hallazgo del broche y le dio la bienvenida al grupo al Castillo de Korvosa.

La propia Reina les recibió en persona muy poco después, tremendamente complacida por haber recuperado aquel broche que tenía un importante valor sentimental para ella.

La soberana les contó que la guardia de la ciudad estaba al límite, aún con la colaboración de las compañías mercenarias. Les emplazó a que trabajasen al servicio de la ciudad, siempre a cambio de un buen estipendio, poniéndose a las órdenes de la mariscal Cressida Kroft en la Ciudadela de Volshyenek.

Un pelotón de guardias escoltó al grupo por las calles de Korvosa hasta la Ciudadela de Volshyenek, donde serían recibidos en persona por la mariscal. Cressida era una humana morena y tremendamente atractiva.

En ese momento, la principal preocupación de la mariscal eran los focos de revuelta que aún existían en algunos lugares de Korvosa. Sin embargo, había otra cosa que la tenía intranquila: un tal Verik.

Según les dijo, Verik era un oficial de la guardia que había desertado junto con algunos solados más. Hasta Cressida habían llegado rumores de que Verik y sus hombres estaban incitando a más guardias a la insurrección y eso era algo que Korvosa no se podía permitir, mucho menos en mitad del caos actual. La mariscal les ofreció 500 mo por Verik vivo, 250 si le traían su cabeza.

El grupo aceptó el trato sin pensárselo. De hecho, Vialas conocía a Verik del pasado, un tipo sin principios y, en su opinión, no demasiado largo de entendederas; le extrañaba que estuviese encabezando ninguna suerte de rebelión.

Aquella noche, el grupo descansó en la Ciudadela de Volshyenek para recuperarse de sus heridas. La mariscal Cressida se mostró tremendamente hospitalaria con ellos e incluso regaló un par de ballestas a los aventureros.

La mañana siguiente fue aprovechada por Gilmarie, Kaylee y Vialas para pertrecharse en una de las pocas tiendas de equipo que no habían sido saqueadas. Para su amarga sorpresa, los precios habían subido desorbitadamente. Mientras tanto, Riff se movió por las tabernas para recabar algo de información acerca del tal Verik.

Al parecer, unos meses atrás, Verik había iniciado una relación romántica con Meliya Arkona, una joven que pertenecía a la familia Arkona; una familia de negociantes con cierto renombre en Korvosa. El porqué una joven de tal estatus se había interesado por un individuo de la insignificancia de Verik era un misterio.

Curiosamente, uno de los negocios de los Arkona estaba prosperando especialmente en mitad del caos de la ciudad: un matadero situado en la calle Estirge. La escasez de carne que había provocado el saqueo de negocios había disparado el precio de este bien, lo que había aprovechado este negocio. Según había sabido Riff, nadie lo había saqueado al estar bien defendido por Verik y sus cuatro hombres, quienes se hacían llamar “Los Chicos del Martillo de Vaca”.

Los Chicos del Martillo de Vaca se alquilaban como matones, al parecer sin el conocimiento de Verik. Se encargaban de asesinar y hacer desaparecer a personas por encargo. Algunos se atrevían a insinuar que no todo era ternera o cerdo la carnicería de los Arkona.

Además, también se decía que aquella carnicería estaba regalando piezas de carne a los guardias de la Punta Norte. Esos hombres debían estar bastante agradecidos a la casa Arkona, ya que el resto de sus compañeros en la ciudad ya habían comenzado a racionar el alimento. También se decía que Los Chicos del Martillo regalaban carne a algunas familias desfavorecidas, lo que les estaba haciendo populares en aquella barriada.

Pero aquella noche, Riff no solo se haría con información referente a Verik. De paso, también se enteró de que existían numerosos rumores acerca de la implicación de la Reina Ileosa en la muerte de su marido, el difunto Rey Eodred. La gente solo lo susurraba claro, pues una mera insinuación en ese sentido le podía costar la cabeza a cualquiera en Korvosa.

Eran rumores interesantes, por supuesto. Pero el bardo decidió que solo rumores, al fin y al cabo; al menos de momento.

Ahora solo les preocupaba Verik.

El hecho de que Verik y sus hombres fuesen queridos en el barrio hizo temer al grupo que pudiesen ser alertados de algún modo si se acercaban a la carnicería a la luz del día. Así, decidieron acercarse al negocio durante la noche. Eso no quitó para que Riff y Gilmarie utilizasen sus habilidades de latrocinio para estudiar el lugar en busca de puntos débiles.

Al caer la noche, el grupo se puso en movimiento: la maga y el minotauro accederían a través de una cloaca cercana; allí habían encontrado un caudal sanguinolento que indicaba la certeza de que aquellas tuberías comunicaban con el sumidero del matadero. Mientras tanto, Riff y Kaylee accederían por la puerta principal unos veinte minutos después para dar tiempo a que todos confluyeran a la vez en el interior del edificio.

Gilmarie y Vialas se movieron a través de las tuberías, con aquella pestilente agua cubriéndoles hasta las rodillas. Allí encontraron varios cadáveres, lo que les hizo sospechar que Los Chicos del Martillo empleaban el matadero para sus asesinatos y arrojaban los cuerpos a las cloacas. Sin embargo, no había tantos cuerpos… y los que había estaban a medio devorar.

Lamentablemente, todo aquello quedó rápidamente explicado en cuanto los cuatro necrófagos se abalanzaron sobre la maga y el guerrero. Magia y acero se desplegaron en aquella tubería para enfrentarse a garras y dientes. Vialas, paralizado por el mordisco de un monstruo, perdió la vida con su cuerpo destrozado entre aquella agua sucia. Finalmente, la magia de Gilmarie acabó con los monstruos que aún quedaban en pie. Pero estaba sola.

Riff y Kaylee decidieron emplear sus ballestas para abatir a los dos guardias de la entrada al matadero. Sin embargo, aunque el bardo abatió a uno, la paladina erró su disparo. Rápidamente, ambos se abalanzaron sobre el centinela, empujándolo adentro del negocio mientras se batían con él. El Chico del Martillo se batió bien, hiriendo a ambos; más gravemente a Kaylee.

Los otros dos Chicos del Martillo que había en el edificio, que hasta entonces habían estado jugando a las cartas en una habitación cercana, irrumpieron en el hall de entrada para auxiliar a su compañero. Casi a la vez, Gilmarie pugnaba por retirar la pesada reja del sumidero para poder así acceder al edificio a través del ensangrentado suelo de la sala de despiece.

Con Riff y Kaylee luchando a brazo partido contra los Chicos del Martillo en el hall, el propio Verik asomó por la parte superior de las escaleras empuñando una ballesta pesada. La situación se estaba torciendo rápida y peligrosamente para Riff y Kaylee, que ya estaban muy malheridos y ambos con su magia agotada.

Gilmarie, que acababa de retirar la pesada reja del sumidero,  trastabilló entre las reses colgadas en la sala de despiece para irrumpir en el hall desde la puerta de doble hoja. Cubierta de sangre de pies a cabeza, parecía una auténtica aparición infernal.

La semielfa desató su magia contra los Chicos del Martillo, haciéndolos pedazos. Al tiempo, Riff y Kaylee subían las escaleras en persecución de Verik; a quien dieron caza en el piso superior.

Tras atar al oficial desertor a una silla, Kaylee y Riff llevaron el interrogatorio. Mientras la paladina se mostraba agresiva y deseosa de despellejar al hombre, el bardo se presentaba como un tipo conciliador que quería llegar a un acuerdo con Verik.

Esta estratagema dio sus resultados, así que Verik acabó contando lo que sabía.

El oficial desertor desconocía las actividades asesinas de sus hombres, así como el hecho de que regalasen carne a las familias desfavorecidas; aquello parecía ser un asunto exclusivamente de “sus Chicos”. Sin embargo, si sabía el porqué Meliya Arkona quería que se entregase carne a los guardias de Punta Norte.

Meliya quería tener a soldados de su parte para cuando llegase el momento del alzamiento… un alzamiento que terminaría con el propio Verik siendo coronado rey y con Meliya siendo su reina. El desertor intentó convencer al grupo de que aquello sería lo mejor para la ciudad.

Sin embargo, sus súplicas quedarían en nada. Los tres supervivientes de aquella operación le conducirían maniatado hasta la Ciudadela de Volshyenek, donde le entregarían a la mariscal Cressida.

La mujer les otorgaría una recompensa de 800 mo, en lugar de las 500 prometidas; quizá como compensación por la pérdida del compañero caído,  aquel minotauro que en el pasado sirviese a la guardia.

Gratamente sorprendida por la eficacia de aquellos aventureros, la mariscal Cressida Kroft, les emplazó a reunirse con ella en la Ciudadela al día siguiente.

Quizá tuviese otro trabajo para ellos…

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dirigir Rol : Subtramas

Cuando las cosas no están saliendo bien

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (12/18)