Draconis Tempora: Korvosa, al borde de la anarquía (3/6)
Con el ánimo aún ensombrecido por la muerte del minotauro Vialas, el grupo formado por la maga semielfa Gilmarie, el bardo halfling Riff y la paladina Kaylee bebía en silencio en torno a la mesa de una infecta taberna de Korvosa. Todos eran conscientes de que la mariscal Cressida les encargaría un nuevo trabajo más pronto que tarde, y no sería un trabajo sencillo… no podía serlo en la convulsa situación actual de la ciudad.
A través de los contactos de
Riff, el grupo conoció a Ealar, un guerrero que pertenecía a la raza de los
elfos dorados. Al parecer, Ealar había sido exiliado de su pueblo por algún
tipo de crimen de sangre. A pesar de esto, los contactos del halfling parecían
responder por el sujeto, así que decidieron reclutarle para el grupo a cambio de
su correspondiente parte en los estipendios que hubiesen de recibirse.
No tardaría mucho en personarse
ante ellos un mensajero de la mariscal Cressida. Esta les citaba en la
Ciudadela de Volshyenek.
Cuando llegaron al despacho de
Cressida, esta se encontraba con un hombre bastante apuesto. Ealar sabía
perfectamente que se trataba de Vencarlo Orsini: el reputado maestro de una
prestigiosa escuela de esgrima de la ciudad.
Vencarlo se mostró enormemente
emocionado por conocer al grupo, de hecho los felicitó por la labor que estaban
llevando a cabo y les hizo saber que, para él, era un gran honor conocerlos.
Hechas las presentaciones,
Cressida pasó a hablarles de un tal Darvayne Gios Amprei. Se trataba del
embajador de Cheliax en la ciudad de Korvosa. Un tipo nada de fiar.
Al parecer, Amprei tenía pensado
recomendar al gobierno de Cheliax que impusiese sanciones comerciales a
Korvosa. El objetivo de esto sería minar la economía de la ciudad para así
poder comprar propiedades a la baja y situarse a sí mismo en una posición de
poder e influencia.
Evidentemente, y más teniendo en
cuenta la situación de la ciudad, aquello no era algo que Korvosa se pudiese
permitir. Sin embargo, dado que se trataba de un diplomático extranjero,
resultaba imposible tomar medidas drásticas con él.
Vencarlo, el acompañante de
Cressida, había descubierto a través de sus contactos que el embajador Amprei
visitaba habitualmente un lugar llamado “El Final de la Anguila”. Aquel nombre
no le era desconocido a Riff, quien sabía que se trataba de un antro de vicio
regentado por Devargo Barbasi: un tipo extremadamente peligroso al que se
conocía como “El Rey de las Arañas” debido a su afición por criar a este tipo
de insectos para que devorasen a sus competidores.
Devargo jamás dejaría que nadie perteneciente
a la guardia de la ciudad, ni cercano a la Reina se acercase siquiera a su
negocio. Sin embargo, el grupo era lo suficientemente desconocido como para
llegar hasta allí sin levantar muchas sospechas.
La intención de Cressida pasaba
porque visitasen a Devargo para averiguar lo que este sabía acerca del
embajador Amprei, preferiblemente si esto era algo que le pudiese comprometer
de algún modo y con lo que se le pudiese presionar para que cambiara las
recomendaciones emitidas al gobierno de Cheliax. La mariscal les entregó la
suma de 1.000 monedas de oro para que comprasen dicha información, aunque Riff
logró que esa suma aumentase a 1.500 con sus habilidades negociadoras.
A Cressida le interesaba la
información que Devargo pudiera tener acerca de Amprei, como les dejó muy claro
a sus invitados. Le daba absolutamente igual la vida de aquel criminal, por lo
que daba carta blanca a los aventureros.
Cuando abandonaron la Ciudadela
de Volshyenek, Vencarlo les acompañó un trecho del camino, ya que su escuela de
esgrima estaba cerca. Les habló de que Grau, el soldado borracho al que el
grupo había ayudado unos días atrás, era un antiguo alumno suyo. Les dio las
gracias por haberse ocupado de él antes de que le hubiese ocurrido una
desgracia.
Tras llegar a las puertas de la
escuela, Vencarlo se despidió cortésmente.
Mientras Gilmarie, Kaylee y Ealar
empleaban aquella tarde en pertrecharse y hacerse con unas cuantas pociones y
pergaminos, Riff decidió darse una vuelta por las tabernas: no se fiaba
excesivamente de Vencarlo y quería averiguar algo más sobre él.
Nadie sabía demasiado acerca de
Vencarlo, lo que ya era raro de por sí. Aún así, Riff logró averiguar que
Vencarlo, Grau (el sargento borracho) y Sabina Merrin (la guardaespaldas de la
Reina) habían estado relacionados en el pasado. Por lo visto, estuvieron
implicados en algún tipo de escándalo que nadie sabía concretar. Al parecer,
después de eso, la relación entre el maestro Vencarlo y Sabina Merrin se había
roto de algún modo.
Cayendo ya la noche, Riff volvió
junto a sus compañeros para ponerles al día de sus indagaciones. Luego, les
guiaría hasta El Final de la Anguila.
El Final de la Anguila era un
muelle relativamente apartado en el que permanecían amarrados varios barcos que
realmente servían como locales de vicio bajo el control de Devargo. Drogas,
prostitución, peleas clandestinas…
El grupo trató de fundirse con el
ambiente, aunque el símbolo de Lathander en la armadura de Kaylee levantó
ciertas suspicacias. Ealar, que se separó un poco del grupo, pudo escuchar
nuevos rumores acerca de la muerte del Rey Eodred: ya no atribuían su asesinato
a la mano de la Reina Ileosa, sino a una artista local cuyo nombre no había
trascendido aún.
Con gran atrevimiento, Gilmarie
empleó tanto el engaño como sus encantos naturales para convencer a los
guardias de Devargo de que el criminal les estaba esperando, ya que tenían
asuntos de suma importancia que tratar con él. Aunque con cierto recelo, los
guardias accedieron a llevarles ante el señor del hampa.
Devargo se mostró tan sorprendido
como interesado por el atrevimiento suicida de aquellos desconocidos, por lo
que decidió escucharles. No estaba tan contento, obviamente, con los dos
centinelas que les habían permitido llegar hasta él, así que mandó degollar a
aquellos desgraciados y dárselos de comer a sus arañas.
Riff intentó erigirse en portavoz
del grupo. Sin embargo, el poco respeto que Devargo parecía sentir por los
halflings en combinación con aquella estrategia de veladas amenazas elegida por
el bardo, a punto estuvo de tener un aciago final. De hecho, incluso se
llegaron a desenvainar las espadas.
Sin embargo, Gilmarie estuvo
bastante rápida al intervenir. Nuevamente, la combinación de la sensualidad de
la semielfa, los halagos a Devargo y el oro de aquella bolsa que les había
entregado Cressida, lograron calmar la situación.
Finalmente, Devargo acabó por
entregarles unas cartas que obraban en su poder. Eran cartas cruzadas entre el
embajador Amprei y una noble de Cheliax. Las cartas eran bastante tórridas y desvelaban
la relación extramatrimonial de la noble con Amprei, lo que le podía traer
muchos problemas al embajador, puesto que el marido de la mujer era un tipo tan
poderoso como peligroso en su nación.
Aquello era sin duda lo que
estaban buscando.
Tras esta reunión tan intensa, el
grupo se encaminó al templo de Lathander, donde pasaron la noche.
A la mañana siguiente, todos se
dirigieron a la Ciudadela de Volshyenek, donde hicieron entrega de las cartas a
Cressida. Sonrojada por el contenido de las cartas, aunque satisfecha por el
desenlace de los acontecimientos, Cressida entregó al grupo 500 mo como
recompensa.
El grupo salió de la Ciudadela
satisfecho: aquel día se había solventado sin derramar una sola gota de sangre;
sin perder a ningún compañero.

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