La mesa hace al jugador
Mi relación con los juegos de rol es parecida a la de muchos de los que descubrimos esta pasión a mediados de los años noventa: por diversas circunstancias acabamos apartando las partidas para dedicarnos a otras cosas. En parte se debió a las obligaciones de la vida adulta y en parte a la pérdida de contacto con aquellos que eran nuestra mesa de juego; ya que antes de la vida online uno solo podía jugar con sus amigos o si pertenecía a algún club de rol.
Hace algunos años, afortunadamente, la vida me permitió retomar esta afición tan querida. Dicen que uno no echa de menos algo hasta que lo pierde… pero yo creo que uno realmente no sabe lo que lo echaba de menos hasta que lo vuelve a recuperar, si es lo suficientemente afortunado como para que esto suceda.
Así, comencé a jugar más o menos en el punto en el que lo había dejado.
Pronto me di cuenta de que aquella forma de jugar se me quedaba algo coja. La forma de estructurar las partidas, sus temáticas e incluso (sobre todo) los recursos de dirección que tan bien habían funcionado durante mi adolescencia, ahora se me antojaban insuficientes.
¿Quién lo iba a decir? Después de tantos años, yo había evolucionado, pero mi forma de jugar al rol no.
Gracias a Internet, comencé a bucear en la sabiduría de otros directores y jugadores de rol. Allí pude encontrar técnicas maravillosas, nuevos enfoques y una teoría del rol que hasta entonces me era totalmente ajena y que hoy me resulta apasionante.
Intenté implementar algunas cosas en mi mesa, con mayor o menor éxito. Lo cierto es que aquello no acababa de funcionar del todo, o no hasta donde yo pensaba que me gustaría que funcionase.
Y entonces, ocurrió.
Casi por casualidad, alguien me recomendó un canal de podcast donde se emitían partidas. Casi de inmediato, quedé maravillado con una partida de D&D que Sirio le dirigía a un grupo de jugadores en el canal de Shadowlands.
Ya había leído a Sirio en “Las semillas de CaoCao”, como había leído a otros directores; pero fue al verle desarrollar sus técnicas cuando realmente pude entender la totalidad de su propuesta en cuanto a dirección. Más tarde descubriría a Míchel González, que me parece un fuera de serie y cuyo estilo de dirección se asemeja más al mío.
Comprendí en seguida que así era como mi forma de jugar iba a avanzar: a través de las partidas. Si bien escuchando un podcast no estás verdaderamente jugando, sí estás presente de algún modo en el juego como espectador; siendo capaz de captar las sensaciones de la mesa y eso ya es algo… es muchísimo.
De ese modo, seguí el paso lógico en mi búsqueda de evolución: jugar más.
Internet me permitió encontrar otras mesas donde interactuar con personas ajenas a mi grupo habitual de juego (mis amigos). Esto estuvo genial, ya que mi grupo suele reunirse una vez al mes debido a las vicisitudes de la vida adulta. A través de la red, sin embargo, he sido capaz de jugar casi cada semana.
Fue en ese momento cuando mi forma de entender el juego se expandió: jugando con otros directores de juego, con otros jugadores.
Cuando ves a un Máster o a un jugador hacer cosas que no funcionan, te das cuenta de tus puntos fuertes; de cómo tú has solventado esa situación en tu mesa en muchas ocasiones haciéndola funcionar. También puede ser que te haga verte en el espejo y, solo en ese momento, te des cuenta de que llevas una década haciendo esa mierda y realmente no funciona.
Pero lo maravilloso de veras es cuando ves a un Máster o a un jugador hacer cosas que sí funcionan. En ese momento te das cuenta de la facilidad con la que esa persona ha salido del paso en aquello que a ti siempre te ha atascado en tus partidas y eso es como una jodida epifanía.
Para un tipo como yo que escribe un blog (aunque sea insignificante) parece contraproducente decir esto, pero leer sobre rol no te va a hacer mejorar sustancialmente como jugador.
Leer sobre rol te va a ayudar a entender, con suerte, el sistema de engranajes que mueve la mesa y te va a proporcionar herramientas a la hora de organizarte; sobre todo como director de juego.
Pero lo que te va a hacer mejorar como jugador de rol es jugar, sobre todo jugar con gente distinta.
No creo que demasiada gente se convierta en mucho mejor Máster por leerse cuatro libros de teoría del rol o fumarse mi blog (u otros mejores), quizá mejore un poco en el mejor de los casos. Lo que si pienso es que uno se convertirá en mucho mejor director de juego si tiene la suerte de jugar bajo la dirección de buenos directores de juego.
Del mismo modo, compartir mesa con buenos jugadores de rol puede enseñarte a ser un jugador de rol mucho mejor, a cambiar tus enfoques, a ser más versátil. Seguramente incluso descubras que ganas mucho jugando a perder y ese tipo de cosillas.
En ese periplo por las mesas encontrarás estilos de juego que adoras, otros similares al tuyo e incluso otros que no te atraen para nada, pero sea como sea, vas a lograr expandir tus miras como jugador y eso te va a proporcionar un crecimiento de valor incalculable.
Si siempre juegas con los mismos, siempre jugarás igual. Si conoces otras formas de jugar, tu abanico de opciones se abrirá y es más probable que descubras cosas mejores.
En resumen, no creo que nadie se convierta en un buen Máster o un buen jugador de rol por leerse las cuarenta mil fumadas que nadie podamos escribir sobre nuestra amada afición. Creo que uno se convierte en un buen director de juego gracias a jugar con buenos directores de juego, en buen jugador a base de jugar con buenos jugadores.
Nadie se convierte en un cocinero de élite viendo videos de Youtube, aunque estos ayuden: uno se convierte en un buen cocinero cuando comparte la cocina con otros buenos cocineros, cuando les ve desarrollar sus conocimientos sobre los fogones.
Así que, si quieres evolucionar en el rol, yo te recomendaría que intentases compartir mesa con varios grupos de personas, que jugases a juegos diferentes con diferentes sistemas, que intentases disfrutar de la gran variedad de alternativas que ofrece nuestra afición.
Si por tus circunstancias personales no puedes permitirte esto, al menos te comendaría que vieses o escuchases partidas de otra gente. Evidentemente, no es lo mismo que estar jugando, pero es otra forma de “estar en mesa” que te permitirá descubrir otras formas de juego y dirección que te podrían resultar fascinantes.
Es la mesa quien realmente hace al jugador.

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