Draconis Tempora: Korvosa (T2), siete días de aquí a la tumba (6/7)
Tras un par de ajetreadas horas en el callejón de Racker, el grupo ahora formado por la paladina humana Kaylee, el explorador shoanti Rostroajado, el bardo semielfo Gylip y la maga elfa Arien, se dirigió a la Ciudadela Volshyenek para informar a Cressida Kroft de sus peripecias con los vampiros del callejón. A pesar de haber caído ya la noche, confiaban en no sacar a la mujer de la cama.
La mariscal escuchó atentamente
la historia del grupo, dando orden para que varios de sus hombres partiesen
hacia el callejón a comenzar con la retirada de los cadáveres lo más pronto
posible.
Tras unos minutos de intercambiar
meras formalidades, la mariscal les dijo sin tapujos que necesitaba su ayuda,
esta vez para un asunto que rozaba lo personal.
Al parecer una amiga de Cressida
llamada Deyanira Mirukova se había acercado unos días atrás a pedir ayuda a
causa de la desaparición de su hermano, Ruan Mirukov. Por desgracia, la guardia
de la ciudad había sido apartada de las labores de investigación por las
Doncellas Grises. Por descontado, Cressida Kroft pensaba que estas no estaban
haciendo demasiado caso a su amiga.
En seguida, Gylip reconoció el
nombre de Ruan Mirukov: se trataba de un famoso bardo de la ciudad, un
auténtico virtuoso de la ocarina a quien el propio Gylip admiraba
profesionalmente.
Aceptaron el ofrecimiento de
Cressida para que pasasen la noche en la ciudadela. Durante la cena, se
enteraron por la propia mariscal que, debido a la especial virulencia que el
Velo de Sangre mostraba en el Viejo Korvosa, la Reina había mandado poner en
cuarentena aquel distrito. Al parecer, las Doncellas Grises habían destruido
todos los puentes que llevaban a la parte vieja de la ciudad.
En aquellos momentos, habían
erigido una barricada permanente en el único puente de piedra que conectaba la
isla con tierra firme.
Los miembros del grupo se miraron
entre sí, la situación era cada vez más preocupante. Arien sugirió que quizá
debieran enfocar sus esfuerzos en combatir el Velo de Sangre y no en buscar a
“musicuchos desaparecidos”. Sin embargo, Kaylee y Rostroajado se mostraron
inflexibles a la hora de prestar ayuda a Cressida, quien se lo agradeció, al
tiempo que dedicaba una mirada reprobatoria a Arien.
A la mañana siguiente, fueron a
visitar a Deyanira, quien vivía en una modesta casa junto al camino de Overton,
cerca de la Cúpula de Mármol, donde Ruan solía actuar a menudo.
De su conversación con la mujer
pudieron extraer que Ruan había sido contratado para una actuación en la
Mansión Carowyn.
Cuando, a la mañana siguiente de
la función, Ruan no había regresado a casa, Deyanira había decidido ir a la
mansión. Una vez allí, había encontrado la mansión aparentemente desierta y con
todas las puertas cerradas. Además, se percató de que un hedor horrible salía
por debajo de las puertas.
Gylip conocía la ubicación de
aquella mansión, pues en el pasado había actuado allí para Olauren y Ausio
Carowyn, los nobles propietarios de la vivienda. Un matrimonio de la alta
alcurnia de Korvosa que gustaba de celebrar fiestas llenas de exceso.
Tras despedirse de Deyanira, el
grupo puso rumbo a la Mansión Carowyn.
Cuando llegaron al lugar, tal
como les dijo Deyanira, encontraron las puertas de la mansión completamente
cerradas. Sin embargo, aquello no fue un problema para un par de ganzúas en los
hábiles dedos de Gylip.
Una vez la cerradura hubo cedido
sin emitir chasquido alguno gracias a la pericia del bardo, el grupo se internó
sigilosamente en la vivienda. El hedor era insoportable, aunque pronto pudieron
entender a qué se debía.
En el recibidor encontraron los
cadáveres de varios invitados. Arien señaló que aquellos cuerpos tenían
síntomas del Velo de Sangre, sin embargo, los conocimientos médicos de Kaylee
le bastaron para determinar que aquello no era realmente obra de la epidemia,
era como si alguien hubiese alterado los cadáveres a propósito para simularlo.
Continuaron hasta el salón y, con
cuidado, Gylip miró a través de la rendija de la puerta para contemplar una
visión horrible: en mitad del salón, seis de los invitados bailaban en silencio
mientras una elfa sentada en una butaca sonreía y movía las manos como si
dirigiese una orquesta imaginaria que solo ella oía. El problema, además, era
que aquellos seis invitados ahora eran necrarios.
Tras esbozar una estrategia más o
menos burda, el grupo irrumpió en el salón con las flechas de Rostroajado
precediendo la carga de Kaylee al tiempo que la magia de Arien y Gylip se
manifestaba.
Mientras los necrarios se
abalanzaban sobre los compañeros, aquella elfa lanzó una bola de fuego que
envolvió a Gylip y Arien para después huir hacia lo que el bardo sabía que era
la sala de recitales.
Casi al tiempo en que la elfa
desaparecía hacia aquella sala, de allí surgía un nuevo necrario ataviado como
un músico que se unía a sus cadavéricos hermanos en la lucha contra los
compañeros.
Aunque el grupo acabó con
aquellos seis necrarios, resultó un combate muy exigente. Rostroajado recibió
algunas heridas, pero Arien y, sobre todo Gylip, se encontraban en un estado
muy preocupante.
Kaylee empleó su imposición de
manos para restablecer lo suficiente la salud de sus compañeros como para que
pudiesen acompañarles a ella y Rostroajado en pos de aquella elfa.
Cuando entraron en la sala de
recitales fueron recibidos por un golpe de rayo arrojado por aquella mujer que,
sin perder el tiempo, huyó hacia lo que Gylip indicó que era la cocina.
Una vez más, siguieron a la mujer
hasta allí.
La visión de la cocina helaba la
sangre: dos cocineros (ahora necrarios) despedazaban varios cuerpos humanos
sobre una mesa central. Allí también estaba la elfa, aguardándoles para el
combate.
Viendo como el grupo pasaba casi
por encima de los macabros cocineros sin mucho problema, la elfa huyo hacia el
comedor. En su afán por atraparla, los compañeros la siguieron en tropel.
Quizá sin demasiada prudencia.
Cuando irrumpieron a la carga en
el comedor, se vieron rodeados de pronto por ocho de los antiguos invitados,
ahora también necrarios que un momento antes comían restos humanos
civilizadamente sentados a la mesa. La elfa desconocida reía como una maníaca,
preparándose para emplear su magia contra aquel grupo de intrusos.
Gylip fue el primero en caer,
despedazado por dos necrarios que se precipitaron sobre él después de que un
rayo de escarcha le ralentizase. Un momento después, Arien se desplomaba sin
vida mientras otras dos criaturas devoraban su cuerpo mientras que aún
convulsionaba.
Con las lágrimas inundando sus
ojos, Kaylee arrastraba el cuerpo de Rostroajado mientras este se desangraba
por el cuello a causa de una dentellada. A riesgo de su propia vida, logró usar
lo que restaba de sus poderes curativos para poner de nuevo en pie al shoanti.
Finalmente, de un modo agónico,
la paladina y el explorador lograron imponerse a los no muertos y capturar a
aquella elfa.
Dado que ya nada se podía hacer
por las vidas de Gylip y Arien, la paladina y Rostroajado se dispusieron a
continuar con la exploración de la casa tras amordazar a aquella elfa en el
comedor. Rostroajado estaba muy maltrecho y los poderes curativos de Kaylee se
habían agotado, pero querían encontrar al tal Ruan… se lo debían a Cressida.
Muy despacio, subieron por las
amplias escalinatas que daban al primer piso.
Allí, encontraron a dos más de
aquellos cadavéricos invitados. Los necrarios parecían admirar los cuadros
expuestos en el pasillo. Al menos lo hicieron hasta que se percataron de la
presencia de los dos intrusos, momento en el cual atacaron.
Los dos compañeros se deshicieron
de ellos sin demasiados problemas.
Registraron el resto del primer
piso, sin encontrar a nadie más que a una muerta viviente en el dormitorio
principal. Supusieron acertadamente que se trataba de Olauren Carowyn, la
señora de la casa. Las flechas de Rostroajado le dieron una muerte rápida.
Con las dos plantas de la casa
registradas y aseguradas, la paladina y el explorador bajaron a la bodega.
Encerrado entre sus caros vinos y
totalmente aterrorizado, encontraron a Ausio Carowyn, el señor de la casa.
Ausio les contó que había
celebrado una fiesta como otras veces pero que, sin embargo, la acróbata elfa
que había contratado esta vez enloqueció y se puso a disparar a la gente
con una ballesta. Luego, aquella mujer
había comenzado a desplegar magia para matar a los invitados.
El había corrido a esconderse y
no sabía mucho más.
Cuando Kaylee le habló del
necrario que habían encontrado en el dormitorio, describiéndole el vestido,
Ausio les confirmó que se trataba de su esposa. Los compañeros pudieron ver
como algo se rompía en la mente del señor Carowyn en ese momento.
Ya con la casa bajo control, Kaylee
pensó que sería un buen momento para interrogar a aquella elfa desconocida.
Aunque les costó un poco que
hablase, finalmente la mujer cedió ante las provocaciones de Kaylee.
La elfa plateada se llamaba
Jolistina y, al parecer, era amante de un nigromante llamado Rolth. Los
compañeros en seguida reconocieron aquel nombre como el del nigromante al cargo
del complejo que Kaylee había encontrado en las Madrigueras Muertas en el que
había perdido a tantos compañeros queridos. Al mismo tiempo, Rolth era el
responsable de la desaparición del cadáver de Gaekhen, el hermano de
Rostroajado.
Según Jolistina, Rolth la había
enviado allí para matar a “unos cuantos ricos cabrones”, cosa que ella había
hecho la mar de encantada. El nigromante le había encargado que los cadáveres
aparentasen haber contraído el Velo de Sangre, para ello le había dado un
líquido que debía verter sobre los cuerpos y que tenía el efecto de provocar
pústulas en ellos.
Interrogada por el paradero de
Ruan, el joven bardo, les explicó que le había capturado con vida como obsequio
para Rolth, quien siempre andaba buscando jóvenes sanos para sus experimentos.
No sabía dónde estaba ahora, ya
que Rolth había llegado aquella misma mañana, acompañado de dos médicos de la
Reina y se habían llevado al chico. El nigromante parecía muy complacido y prometió
recompensarla más tarde.
Antes de marcharse, Rolth había
animado los cadáveres de algunos invitados para divertir a su amante Jolistina,
quien disfrutaba de aquellos macabros espectáculos. Cuando había llegado el
grupo, la elfa se estaba divirtiendo. Tenía pensado haberse marchado al
anochecer.
La presencia de los médicos de la
Reina en el relato puso de inmediato en alerta tanto a Kaylee como a
Rostroajado. Aquello, junto a la mención del culto a Loviatar y la mención de
la sacerdotisa Andaisin en aquellos documentos que encontrasen en el barco
hundido les hacía sospechar que el Velo de Sangre era una epidemia provocada.
Debían investigar a los médicos
de la Reina y hacer que el doctor Davaulus respondiese a unas cuantas preguntas
incómodas. Pero antes, debían entregar a Jolistina a la guardia de la ciudad y
recuperarse de sus heridas.
Además, tenían que asistir a dos
funerales.
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