Draconis Tempora: Los Reinos, Cuentos de los Valles (10/12)

Los compañeros seguían el rastro de aquellos hombres que habían secuestrado, violado y asesinado a Marget, la sirvienta de la Torre Retorcida. Había ansia de venganza y justicia en los compañeros, sobre todo en la guerrera Sathelyn, quien se había visto tan cerca de salvar a la mujer.


El rastro les llevó a través del bosque hasta una colina, en la cima de la cual pudieron ver la entrada a una pequeña cueva. Zenit se percató enseguida de que había un hombre montando guardia en aquella entrada, parcialmente oculto.

Jesper invocó el poder de Lathander para observar el interior de la cueva mediante la clarividencia. Allí encontró al mago que les había descrito Sathelyn y a otro hombre durmiendo. Otros tres conversaban, sentados en un rincón.

Los hombres hablaban sobre que su jefe se encontraría satisfecho por la información que le habían extraído a la mujer. Gracias a esa información, su jefe iba a poder conseguir “algo”. Después de unos minutos, el nombre de ese jefe surgió en la conversación: Asbras.

Asbras Hlumin era un conocido de Zenit: aquel mago que se había asentado en el Valle poco después de que el bandidaje se hubiese convertido en un problema. Según le había contado Asbras a Zenit, quería aprovechar la caída de los precios para hacerse con algunas propiedades.

Los compañeros intentaron flanquear la colina para coger por sorpresa a sus enemigos. Sin embargo, Zork, el mercenario que protegía las espaldas de Zenit, resbaló por un pequeño terraplén al ceder la raíz en la que se había agarrado.

Rápidamente, cinco hombres armados con arcos surgieron del interior de la cueva y se desplegaron por la colina, buscando la cobertura de los árboles. Además, el aire crepitó al abrirse un portal a otro plano de existencia, un portal que dejó pasar a lo que Jesper reconoció de inmediato como un baatezu abishai; un demonio.

Al mismo tiempo en que comenzaba la lluvia de flechas, el abishai se precipitó en picado sobre Zenit, asestándole dos zarpazos que a punto estuvieron de acabar con su vida. Retrocediendo como pudo, el mago activó su capa de invisibilidad justo cuando Cinthork saltaba desde un saliente en la colina para aterrizar con su martillo sobre el sorprendido demonio.

El intercambio de flechas y hechicería prosiguió, con Cinthork aplastando la cabeza de aquel demonio de un martillazo y el mago del Culto del Dragón estando a punto de matar a Jesper mediante una bola de fuego.

Finalmente, los compañeros se acabaron imponiendo. Esta vez, en contra de su costumbre, hicieron dos prisioneros: uno al que Jesper hizo caer por un terraplén al socarrar su rostro con una llama sagrada y que se golpeó en la cabeza, otro con las rodillas atravesadas por dos certeras flechas de Sathelyn.

Interrogaron a los dos sujetos, los cuales acabaron confesando que Asbras Hlumin quería hacerse con un libro existente en la biblioteca de la Torre Retorcida, aunque no sabían de qué libro se trataba. Habían secuestrado a Marget porque ella sabía cómo acceder al ala de la biblioteca burlando a la mayoría de los guardias apostados en el interior de la fortaleza.

Quizá hubiesen podido extraerles algo más de información, pero Cinthork decidió que era el momento de ejecutar a aquellos indeseables por sus crímenes. El martillo del minotauro descendió sobre sus cabezas como el castigo de Tyr descendería sobre sus almas.

Los compañeros procedieron entonces a registrar la pequeña cueva, así como sus inmediaciones. Zenit encontró un rastro que se internaba en el bosque. Por su parte, Sathelyn logró descifrar uno de los ideogramas que se hallaban pintados en la pared de la cueva: eran las indicaciones para llegar al antiguo molino de agua abandonado que ella conocía tras haber pasado junto a él escoltado a alguna caravana.

Tras debatir durante unos minutos si debían seguir el rastro encontrado por Zenit o encaminarse al molino, finalmente optaron por lo primero.

El rastro les llevó hacia una linde de ciervos que transcurría a lo largo de una pequeña cresta del terreno. El grupo avanzaba en hilera por ella cuando escucharon los ladridos que precedían a la manada de diez enormes mastines que surgieron de la arboleda para abalanzarse sobre ellos.

Los perros cubrieron la distancia que les separaba rápidamente, casi sin dar tiempo de reacción al grupo. De hecho, Jesper se llegó a ver por un momento totalmente rodeado de estos canes.

Casi de inmediato, aparecieron los dueños de los canes: diez hombres armados con arcos. Al menos la mitad de ellos eran arqueros expertos.

Se desató un combate atroz sobre aquel encrespamiento, con flechas, virotes y hechicería surcando el aire. Tal fue la dureza del combate que Jesper tuvo que exprimir sus poderes curativos, el guardaespaldas Zork cayó abatido e incluso Cinthork estuvo al borde de la muerte, llegando a desplomarse inconsciente y logrando volver a ponerse en pie solo merced a su poderosa resistencia de minotauro.

Finalmente, el grupo logró imponerse tras acabar con todos aquellos perros y la mayoría de los cultistas, poniendo en fuga al resto.

Tras recomponerse un poco, el grupo comenzó a examinar la zona, encontrando que el restro se bifurcaba: huellas en dirección este y huellas que, según indicó Sathelyn, se dirigían al viejo molino de agua.

Nuevamente, el grupo comenzó a debatir sobre la conveniencia de seguir el rastro original o dirigirse al molino. Finalmente, los compañeros volvieron a otorgar la decisión a Sathelyn, quien guió a sus compañeros hacia el viejo molino.

Cuando llegaron al molino, se encontraron con una sorpresa inesperada.

Había un bote con capacidad para una docena de personas amarrado en la orilla. Además, dos centinelas, claramente cultistas, montaban guardia en la puerta del molino.

Los compañeros comenzaron a debatir sobre cómo debían acometer el asalto a la estructura. Aquello fue una suerte, pues su demora en tomar la decisión les libró sin duda de una terrible sorpresa.

Unos minutos después, las puertas del molino se abrieron y comenzaron a salir hombres al exterior. En poco tiempo, una veintena de hombres armados se hallaba frente al molino; con al menos cinco de aquellos arqueros expertos entre ellos. Un instante después, dos magos abandonaron también la estructura.

Y aún quedaba la mayor de las sorpresas.

El propio Asbras Hlumin surgió del interior del molino, acompañado de Elmand, su inseparable guardaespaldas.

Conscientes de que aquella batalla era una que difícilmente ganarían, los compañeros decidieron  permanecer ocultos a la espera de acontecimientos. La verdad fue que no hubieron de esperar demasiado, ya que el contingente se puso en camino.

¡Directamente hacia ellos!

Como pudieron, Cinthork y Sathelyn se ocultaron entre la maleza al tiempo que Zenit activaba su capa de invisibilidad y Jesper manipulaba su anillo mágico para adoptar la forma de una nube gaseosa.

Dejaron pasar de largo al Culto del Dragón, con los dientes apretados por la tensión. Cuando estos ya se hallaban a una buena distancia, Zenit y Jesper decidieron seguir a los cultistas mientras que Sathelyn y Cinthork esperaban atrás, siendo menos sigilosos.

De camino, Zenit empleaba su magia para transmitir mentalmente la dirección que tomaban los cultistas a Lord Mourngrym, en espera de que este enviase a sus jinetes de grifo y toda la ayuda adicional que pudiese.

Tras unas cuatro horas de camino siguiendo a los cultistas, estos guiaron a Jesper y Zenit hasta su campamento. Aquella era una fuerza formidable y los compañeros eran conscientes de que necesitaban ayuda.

De ese modo, mientras que Zenit quedó vigilando el campamento de los cultistas, Jesper regresaba en busca de Cinthork Y Sathelyn. Desde su escondite, pudo ver que allí se encontraba el horror en armas de Asbras, aquel constructo con el que una vez se enfrentaron en el bosque.

Mientras Zenit permanecía vigilando el campamento en solitario, pudo ser testigo de la llegada al lugar de un enorme minotauro negro que vestía un armadura oscura con símbolos sagrados que el mago no logró identificar.

Mientras tanto, Jesper ya se había reunido con la guerrera y el minotauro. Juntos, observaron cómo les sobrevolaban cinco jinetes a lomos de majestuosos grifos. Sin dudarlo, les hicieron señales para que descendiesen, cosa que estos hicieron de inmediato.

Los soldados se alegraron de encontrar a los héroes en buen estado.

Los jinetes les contaron que Lord Mourngrym les había enviado a ellos en auxilio del grupo, pero que no había querido enviar a más hombres para no desguarnecer la Torre. Sin embargo, el mercenario Hilan Grove se había enfrentado a él y, aún con la oposición del Lord, había abandonado la Torre al mando de cincuenta hombres para auxiliar a los compañeros. Por desgracia, Hilan y los suyos no llegaría allí hasta al menos trascurridas ocho horas.

También les contaron que, la noche anterior, alguien se había introducido en la Torre y matado a algunos guardias. Al parecer, los intrusos habían llegado hasta la biblioteca y se habían llevado algún libro, aunque desconocían cual.

Los compañeros decidieron entonces que uno de los jinetes transportase a Jesper de vuelta a la Torre Retorcida, a fin de que convenciese a Lord Mourngrym de enviar más efectivos para atacar el campamento enemigo. Otro de los jinetes volaría al encuentro de Hilan Grove para guiarle a él y a sus fuerzas hasta el mismo campamento. Los otros tres jinetes permanecerían con Cinthork y Sathelyn a fin de reunirse con Zenit.

Jesper voló a lomos de aquel grifo hasta la Torre Retorcida de Ashaba solo para encontrar a un Lord Mourngrym totalmente a la defensiva, reacio a desproteger a la Torre y sus habitantes ante un probable ataque de los drow. Pero Jesper era una persona persuasiva, así que logró convencer finalmente a Lord Mourngrym de que enviase a cincuenta hombres más tras la estela de Hilan Grove, advirtiendo a Jesper de que lo que ocurriese sería responsabilidad suya.

Lord Mourngrym le contó a Jesper que los cultistas habían asaltado la biblioteca la noche antes y se habían llevado un libro histórico: un viejo tomo sobre la ciudad, ahora en ruinas, de Tethyamar. El lord no pareció darle demasiada importancia al asunto, más allá de la preocupación que le causaba la vulneración de la seguridad en la torre.

Mientras tanto, Cinthork, Sathelyn y los jinetes de grifo se reunieron con Zenit. Juntos vieron pasar la noche, contemplando los cambios de guardia. Fue por la mañana como, maldiciendo su suerte, fueron conscientes de que Hilan y sus hombres no llegarían a tiempo.

Los cultistas estaban recogiendo el campamento.

En ese momento, Cinthork pudo ver al minotauro negro del que le había hablado Zenit y confirmar que se trataba de Kragor, su antiguo amigo de la infancia; aquel que había traicionado la fe de Tyr para adorar a Talos, el dios de la tormenta y la destrucción.

Los compañeros pudieron observar como Asbras Hlumin entregaba un grueso libro a Kragor. En ese momento, las fuerzas de los cultistas se dividieron: Kragor, junto a cinco de aquellos cazadores del culto, uno de los magos y el horror en armas de Asbras, se encaminaron rumbo al molino de agua. El resto de las fuerzas del Culto tomaron dirección este a través del bosque.

El grupo decidió que lo más importante era aquel libro, contuviese lo que contuviese. De ese modo, encomendaron a uno de los jinetes de grifo que siguiese a Asbras y sus cultistas desde el aire, mientras que el otro volase hacia el contingente de Hilan Grove para encomendarles que siguiesen también a esa fuerza. Mientras tanto, los compañeros y el último de los jinetes seguirían a Kragor para intentar emboscarle en el camino.

Y así lo hicieron.

Magia y flechas surcaron el aire a retaguardia del contingente cultista, abatiendo al mago que les acompañaba antes de que pudiera reaccionar si quiera. Acto seguido, Zenit activó la invisibilidad de su capa y comenzó a maniobrar mientras Sathelyn arrojaba una auténtica lluvia de flechas sobre los contrincantes.

El grifo despegó del suelo, con Cinthork agarrado a sus patas y arrojado por la poderosa bestia casi a los pies de su antaño amigo, ahora mortal enemigo, Kragor. Cinthork lanzó su mejor golpe, aunque el minotauro negro logró interponer el escudo a duras penas.

El contraataque fue demoledor.

La maza de Kragor, imbuida por el poder de la tormenta, golpeó de lleno a Cinthork. Un par de intercambios más tarde, el paladín de Tyr estaba en el suelo.

Mientras tanto, Zenit había abandonado su invisibilidad y luchaba por no ser cosido a flechazos por dos cazadores mientras Sathelyn se enfrentaba como podía al horror en armas.

Cinthork se levantó una vez más, con su inhumana resistencia y alzó la mano. El jinete de grifo había alzado nuevamente el vuelo para intentar que su bestia agarrase al minotauro y lo sacase de aquella situación que solo podía terminar con la muerte.

El grifo hizo un vuelo rasante y Cinthork se agarró a sus patas, sin embargo, la maza de Kragor golpeó con fuerza al animal, destrozando su caja torácica y matándolo casi al instante. La bestia se estrelló contra el suelo, arrojando a rodar tanto a su jinete como a Cinthork, que volvió a perder la consciencia.

En ese momento, Jesper apareció en el cielo, compartiendo montura con un jinete de grifo. Contempló la escena y dudó ante el desolador panorama de esta. Finalmente, el sacerdote vio desde el aire como entre Kragor y varios de los cazadores daban muerte al jinete descabalgado mientras que Sathelyn y Zenit emprendían la huida. El cuerpo de Cinthork permanecía en el suelo, inerme. Jesper y el jinete de grifo se alejaron de allí.

Cinthork quedó en el suelo, su cuerpo exánime tendido sobre la hierba húmeda; su alma debatiéndose entre la vida y la muerte una vez más. Kragor y sus secuaces, dando por hecho que esa batalla ya había sido perdida por el valeroso paladín de Tyr, continuaron su camino dándole por muerto.

No eran los primeros en cometer ese mismo error con Cinthork. Quienes lo hicieron anteriormente, acabaron pagándolo muy caro.

Cinthork, el minotauro, el Martillo de Tyr…

¡Abrió los ojos!

 

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