DT.VII: Korvosa (T6) - La Corona de Colmillos (3/6)

Aquella misma noche comenzaría la rebelión en Korvosa, un camino que ya no tenía vuelta atrás. El grupo conformado por el guerrero-ladrón Agujeros, el mago Exas, el bardo halfling Shardo y la paladina enana Fallthra acordó con Cressida Kroft y Armin Jalento que había llegado el momento de hacer caer el trono de la maligna reina Ileosa.

La Guardia de Korvosa, adherida a la rebelión, organizó rápidos golpes de manos contra diversas posiciones de las Doncellas Grises por toda la ciudad; convenientemente apoyados por población civil y siguiendo las directrices de Sabina Merrin.

Los desórdenes y los combates no tardaron en derramarse por las calles de toda la ciudad. Las posiciones de las Doncellas grises iban cayendo una tras otra, mientras los rebeldes ganaban cada vez más vecindarios, apoderándose de ellos uno tras otro.

Solo era cuestión de tiempo que los leales a la Reina acabasen por atrincherarse en Castillo Korvosa para intentar organizar un contraataque exitoso contra los rebeldes. Por descontado, los compañeros tenían pensado actuar mucho antes de que algo así sucediese.

Tal y como habían supuesto, la adhesión a su causa de Sabina Merrin resultó todo un acierto: la antigua comandante de las Doncellas Grises conocía una entrada secreta al castillo. Por ella se internaron los compañeros junto con la propia Sabina, Armin Jalento, Trinia Sabor, la mariscal Cressida Kroft y veinte de los guerreros shoantis de Korjun Comeloquemata; liderados por su jefe.

La idea era penetrar en Castillo Korvosa intentando permanecer la mayor cantidad de tiempo posible sin ser detectados con la esperanza de abrirse paso hasta el salón del trono o donde quiera que se encontrase Ileosa y acabar con su vida.

Un largo túnel subterráneo les conduciría a una habitación que olía a jabón y lavanda. Un enorme lavadero dominaba la parte suboriental de la habitación. Por todas partes había numerosos tendederos de ropa, maniquíes, taburetes y mesas con elementos de costura. En la pared opuesta a la sección de muro por la que entró el grupo incursor había una gran chimenea apagada.

Salieron de la lavandería - sastrería en silencio, siguiendo un largo pasillo que, según Sabina Merrin, les habría de llevar hasta el cuerpo de guardia inferior. Allí, sin duda, podrían esperar encontrarse con resistencia armada.

Los compañeros convinieron en que Korjun y sus shoanti se separasen del grupo para intentar llegar a los portones del castillo. Allí, su misión pasaría por abrir las puertas para que los rebeldes pudiesen entrar en la fortaleza. Korjun se mostró de acuerdo y, poco después, se marchaba junto a sus guerreros enfilando otro de los pasillos mientras Agujeros, Exas, Shardo y Fallthra se encaminaban al cuerpo de guardia inferior en compañía de Armin Jalento, Sabina Merrin, Trinia Sabor y la mariscal Cressida Kroft.

Tal y como les había advertido sabina, no encontraron el cuerpo de guardia desocupado. Se trataba de una espaciosa estancia con una gran chimenea, una mesa central y numerosos soportes para armas y armaduras, la mayoría vacíos. A parte de esto, una decena de Doncellas Grises se giraron para recibir a los intrusos al tiempo que desenvainaban sus armas.

Agujeros ensartó a un par de guerreras, mientras Exas se afanaba por usar su magia para proteger a Cressida Kroft y, posterioremente, arrasar a dos de sus atacantes con fuego mágico. Shardo se deshizo elegantemente de otro par de enemigas, al igual que Fallthra. Sabina Merrin haría también gala de su eficiencia dando muerte a dos de sus antiguas subordinadas pero, lamentablemente, tanto Armin Jalento como Trinia Sabor se dejaron la vida en aquella sala.

Sin embargo, no había tiempo para lamentos: los defensores no tardarían demasiado en reaccionar a la intrusión en Castillo Korvosa y cada momento era sumamente valioso.

Rápidamente, Agujeros, Exas, Shardo, Fallthra, Sabina y Cressida salieron del cuerpo de guardia para moverse rápidamente por los pasillos de la fortaleza. Unas enormes puertas de doble hoja en roble les llevaron al enorme comedor en el que cuatro pilares de piedra soportaban el alto techo. Entre pilar y pilar, a cada lado, podían verse sendas mesas largas con sillas de alto dosel. La gran chimenea estaba encencida, iluminando aquel lugar de penumbra. Por lo demás, la estancia parecía desocupada.

Los compañeros se percataron de su error apenas hubieron dado unos pocos pasos en el interior del comedor. De entre las sombras, silbaron en el aire las dagas arrojadizas de ocho asesinos de la Mantis Roja.

La mayoría de los compañeros fueron capaces de ponerse a salvo, salvo Sabina Merrin que recibió serias heridas y la mariscal Cressida Kroft, que se desplomó muerta con el cuerpo erizado de proyectiles. Un segundo después, los ochos asesinos surgían de la penumbra para abalanzarse sobre el grupo.

La malherida Sabina Merrin no resistió aquel asalto, cayendo ensartada por el sable aserrado de uno de los asesinos. Agujeros usó a Serithtial para decapitar a un enemigo y eviscerar a otro. Shardo y Exas desplegaron magia de fuego y rayos para acabar con dos pares de oponentes más. Mientras tanto, Fallthra golpeaba una y otra vez con su martillo de explosión sónica para destrozar a los últimos dos asesinos.

La situación se acababa de complicar para los compañeros ya que ninguno conocía el castillo y, sin Sabina Merrin, quizá debieran deambular más de la cuenta por aquel lugar plagado de enemigos. Gracias a los dioses, Exas había estudiado lo suficiente de arquitectura como para llevar a sus compañeros hasta donde debiera estar el Salón del Trono, sin dar demasiadas vueltas.

Por el camino, esquivarían con bastante fortuna a varios pelotones de Doncellas Grises que parecían dirigirse hacia las puertas donde, sin duda, Korjun y sus shoantis estaban dando bastante guerra a los defensores del castillo.

El Salón del Trono era una habitación ostentosamente decorada con frescos, mosaicos y tapices colgantes de seda carmesí bordada con hilo de oro. Tres enormes vidrieras mostraban escenas de reyes y reinas del pasado. Una descomunal chimenea ocupaba la esquina oriental, con la repisa en forma de árbol de piedra extendiendo sus ramas hasta el techo.

Contra la pared suroccidental, sobre una tarima baja de piedra, se alzaba el Trono Carmesí: un trono de hierro envuelto en seda de color rojo oscuro y provisto de cojines de terciopelo carmesí. Un trono que ahora se encontraba absolutamente vacío.

Los compañeros meditaban buscar los aposentos de Ileosa cuando las puertas del Salón del Trono volvieron a abrirse. De ellas surgieron cinco mujeres: cuatro Doncellas Grises con distintivos que parecían pertenecer a algún tipo de cuerpo de élite y otra mujer que vestía una armadura similar a aquella que portase la difunta Sabina Merrin.

Agujeros reconoció a Kordaitra Destaid, la nueva comandante de las Doncellas Grises. Al parecer, la Reina no había perdido el tiempo a la hora de sustituir a Sabina por alguien de mayor lealtad. En el pasado, esa mujer había sido la asesina de una de las cofradías criminales de la ciudad. Se trataba de una enemiga peligrosa, sin duda.

El combate en el Salón del trono resultó feroz: mientras que Shardo y Exas desataban su magia sobre las Doncellas Grises, Agujeros y Fallthra cargaron juntos sobre Kordaitra.

Mago y bardo acabaron por aniquilar a sus adversarias, aunque a costa de sufrir bastantes heridas. Más o menos igual les fue a sus compañeros. Aunque Agujeros solo recibió algunos rasguños, Fallthra terminó con su integridad física bastante comprometida tras haber cruzado armas con una Kordaitra Destaid que ahora yacía en el suelo con el cráneo reventado de un martillazo.

Los compañeros se tomaron un instante para hacer uso de sus pociones curativas antes de seguir adelante. Su idea pasaba por buscar las escaleras que habían de conducir al piso superior, buscar los aposentos de la Reina y acabar con ella de una vez por todas.

No les fue difícil atravesar la antecámara del Salón del Trono para llegar al enorme recibidor de palacio. Allí, les llegaban sonidos de combate provenientes del exterior. Era más que probable que Korjun hubiese logrado abrir las puertas y ahora los rebeldes se batiesen con los leales a Ileosa en el patio de armas.

Cuando los compañeros se disponían a enfilar las anchas escalinatas que conducían al piso superior, observaron a cinco Doncellas Grises de élite descendiendo hacia ellos y capitaneadas por una elfa cuyo rostro estaba cubierto por horribles cicatrices de batalla. Aquella oficial se llamaba Tisharue y, como bien sabía Shardo, era una de los mandos más crueles y sanguinarios de las Doncellas Grises.

Poco antes de llegar hasta los compañeros, la elfa gritó una palabra de mando y su espada larga estalló en llamas.

Tisharue hirió con su espada de fuego a Agujeros y Fallthra. Cuando Shardo se arrojaba también hacia la elfa, esta le propinó un revés con su espada flamígera, causándole al halfling una fea quemadura en el brazo. Mientras, Exas se transformaba en bruma para ganar la retaguardia de las Doncellas Grises y, tras materializarse nuevamente, hacer llover fuego sobre sus cabezas.

Un muro de fuego alzado por el poder de la armadura de la paladina enana impidió que la elfa Tisharue acabase con su amigo Shardo. Cuando la oficial retrocedía, Agujeros la sorprendió por la espalda y hendióa Serithtial entre sus omóplatos.

Mientras el guerrero-ladrón extraía su hoja de la espalda de la elfa muerta, Fallthra le daba su última poción de curación a Shardo. El bardo halfling sonrió con gratitud al verse restablecido.

Sin embargo, no habían ascendido ni la mitad de las escaleras cuando otras seis figuras surgieron al final de los peldaños. Se trataba de cinco asesinos de la Mantis Roja y una mujer con vestiduras que la identificaban como una sacerdotisa de Loviatar, la diosa del dolor.

Fallthra reconoció a esa mujer como Zenobia Zenderholm, antaño una de las más respetadas arbitradoras de la ciudad Korvosa. Aunque al principio fue una de las principales opositoras de Ileosa, todo había cambiado cuando la magistrada había reaparecido tras un tiempo ausente, clamando las bondades de la nueva Reina.

La arbitradora Zenobia parecía haber elegido su bando... pero los compañeros estaban dispuestos a que pagase aquella mala elección.

Una explosión de energía destructiva despedazó los peldaños al descender sobre los compañeros, arrancándoles gemidos de dolor. Al tiempo, los asesinos de la Mantis Roja bajaban corriendo las escaleras mientras arrojaban sus dagas sobre el grupo.

Exas logró contrarrestar un nuevo ataque mágico de Zenobia al tiempo que Agujeros decapitaba a uno de los asesinos. Shardo hizo sonar entonces su flauta, arrojando con ella un rayo eléctrico que fulminaría a otro de los Mantis Rojas mientras que Fallthra lanzaba a volar a un oponente con la honda sónica de su martillo.

Agujeros ascendió por la escalera dando muerte a un enemigo más, acompañado por la paladina enana, que aplastó el craneo de otro asesino. Aunque la hechicería de la sacerdotisa maligna volvió a fluir, Exas pudo emplear su magia para contrarrestarla en su mayoría y permitir que el bardo halfling llegase hasta la mujer para hendir el filo de su pequeña espada mágica en el vientre de esta. La energía necrótica se extendió por el cuerpo de Zenobia, haciendo que gritara en su agonía.

Antes de que Zenobia pudiese reaccionar, Exas convocó una nube de ácido a su alrededor. La mujer se desplomó en un amasijo de carne y huesos derretidos que burbujeaban con un sonido grotesco y espeluznante.

Justo entonces, las puertas que daban al exterior se abrieron de par en par, dejando entrar a una multitud iracunda. Había ciudadanos armados con toscas lanzas o incluso herramientas, miembros de la guardia de la difunta Cressida Kroft e incluso media docena de guerreros shoanti bajo el mando de Korjun, quien aún seguía vivo a aquellas alturas.

La rebelión había entrado en Castillo Korvosa y comenzaba a derramarse por todo el interior de la fortaleza en busca de más justicia en forma de sangre.

Con unas ágiles zancadas, Korjun Comeloquemata subió las escaleras para colocarse junto a los compañeros mientras que sus guerreros recibían la orden de acompañar a los aldeanos en busca de enemigos.

Los compañeros miraron a Korjun y luego se miraron entre sí: había que encontrar los aposentos de la Reina, era hora de terminar con Ileosa.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Dirigir Rol : Subtramas

Cuando las cosas no están saliendo bien

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (12/18)