Jugar Rol: Jugar en nuevas mesas.
Hoy voy a escribir unas líneas acerca de lo positivo que yo considero aquello de jugar con varias mesas de juego, en contraposición a enfocar todo nuestro mundo rolero en una única mesa habitual en la que jugamos de forma exclusiva.
Todo esto me vino a la cabeza hace poco, cuando conversaba con uno de mis jugadores más habituales; el cual ha tomado el Camino del Director de Juego hace muy poco. Como es natural, ya que soy su Máster de cabecera, comenta conmigo aspectos de su dirección o pide algún consejo.
Así que he pensado dar el mejor consejo que me han dado jamás: Juega con gente distinta. Aunque debo reconocer que hay quien también me ha aconsejado justamente lo contrario. Ciertamente, y siendo sinceros, jugar con desconocidos puede llevarnos a experiencias poco satisfactorias e incluso desagradables, pero opino que es un pequeño riesgo a correr en comparación con los beneficios que vamos a obtener interactuando con muchos jugadores distintos, cuantos más, mejor.
En las siguientes líneas, voy a contarte los motivos por los cuales creo que es positivo jugar en mesas distintas a esa en la que habitualmente lo haces. Te hablaré de cómo esto te ayudará a desenvolverte de un modo más óptimo en tu juego o dirección, de cómo podrías encontrarte de bruces con visiones de tu afición que ni sabes que existen o de cómo jugar en otras mesas podría convertirte no solo en mejor jugador de rol, sino hasta en mejor persona.
Aunque pueda parecerte una tontería, algo tan sencillo (o tan complicado) como jugar en una nueva mesa nos da muchas tablas para hacer frente a distintas e inimaginables situaciones del juego. Nos proporciona otras perspectivas de juego o dirección y nos da cierto nivel de flexibilidad social a la hora de adaptarnos a otras personas.
JUGANDO EN NUEVAS MESAS
Muchos de nosotros tenemos una mesa habitual, quizá incluso sea aquella mesa con la que en su día nos iniciamos en esto del rol; quizá no. El caso es que una mesa estable que se mantiene cohesionada durante años es una auténtica joya y una maravilla que debemos esforzarnos por conservar.
Poco a poco, hemos ido conociendo al resto de jugadores, al director o los directores habituales de la mesa. Ya sabemos cómo se desenvuelven. El tiempo y la repetición han ido inevitablemente desarrollando automatismos entre nosotros y la mesa puede funcionar como un reloj excepcionalmente afinado.
¿Para qué cambiar entonces?
Quizá no debas hacerlo, ya que te encuentras, a priori, en mitad de una experiencia de juego positiva, un entorno seguro y, en definitiva, un territorio conquistado.
Sin embargo, yo te aconsejo que lo hagas; que juegues en otras mesas. No te digo que debas abandonar a tu mesa de siempre, sino que de cuando en cuando, juegues también con otra gente. Probablemente, aunque no lo creas, puede que jugar siempre en la misma mesa te esté limitando e impidiendo conocer otras experiencias de juego.
Una mesa estable tiende a mantener rutinas estables en cuanto a reacción de los jugadores, filias y fobias, gestión de la tensión e incluso problemáticas. Tras varios años jugando con la misma gente, les conoces casi a la perfección. Esto es una virtud, porque puedes preparar tus sesiones “a medida” ya que sabes casi con total certeza por dónde te van a salir.
Jugar en una nueva mesa te aporta lo contrario: quizá problemáticas totalmente desconocidas para ti ante las que tendrás que reaccionar por primera vez a través de la improvisación, así como jugadores con distintas necesidades de ritmo, color o progreso de aquellos a los que ya estabas acostumbrado. Puede que te encuentres con directores de juego más estrictos que el tuyo, directamente intransigentes o, por el contrario, espíritus libres del rollete indie que dejan que todo fluya en un extraño caos en el que las reglas no importan demasiado.
Ten en cuenta que, en psicología, la zona de confort designa un estado mental en el que las personas están en una condición de “ansiedad neutral”, lo que da como resultado un nivel constante de rendimiento. Es decir, acciones y pensamientos siempre en la misma línea de rutina.
No hay nada malo en sentirse seguro en la rutina, pero quizá te sea más satisfactorio evolucionar y conquistar nuevos horizontes roleros...
Esas nuevas mesas te enseñarán
que, en sitios distintos, se juega de una forma a la que tú no estás
acostumbrado. Quizá vengas de una mesa que lleva veinte años
jugando mazmorreo saja-raja y te encuentres con una partida en
la que nadie tira un jodido maldito dado y los PJ
solo tienen escenas conversacionales que exploran sus almas.
Podrás ver en otras mesas aquellos problemas que, ya sea como jugador o director de juego, no sabes muy bien cómo abordar. Quizá esa gente nueva tenga modos de gestionar esto o aquello que a ti ni se te hubieran pasado jamás por la cabeza y quieras empezar a utilizar en tus partidas.
El aprendizaje por modelo, también llamado aprendizaje por observación o aprendizaje por imitación, es algo estrechamente ligado a nuestra evolución como seres humanos. A lo largo de los siglos, hemos copiado aquellas acciones o conductas que hemos visto útiles para los demás. De hecho, muchos científicos opinan que la eficiencia en este aprendizaje por imitación es uno de los factores que marcaron la diferencia entre la evolución humana y la del resto de especies.
Si ha valido para llevar a la raza humana desde los árboles hasta la civilización, el aprendizaje por imitación seguro que también podría hacernos mejores jugadores de rol.
Quizá ocurra todo lo contrario, quizá en otras mesas descubras cosas que no te gustan y decidas que, cuando llegue el momento, tú lo gestionarás de un modo totalmente distinto en tu mesa. Quizá un nuevo director de juego te haga lo que tú hiciste a tus amigos cuando dirigías y ahora entiendas su frustración.
A parte de todo esto, jugar con gente con la que habitualmente no interactuamos nos ayuda a desarrollar nuestras capacidades adaptativas a nivel social, que no es moco de pavo. Esto no debe verse como una renuncia al propio estilo o filosofía de juego, sino como una posibilidad de evolución y adquisición de versatilidad como jugadores.
Es un hecho a nivel psicológico que las relaciones sociales ayudan a nuestro desarrollo personal, enriqueciéndolo. En el rol, cuanto más amplio sea el abanico de gente con la que jugamos, más expuestos estaremos a nuevos conocimientos, técnicas y modos de juego.
Jugar en otras mesas, seguro nos hará crecer como jugadores de rol, pero puede que incluso nos haga crecer como personas.
EN DEFINITIVA
Después de toda esta chapa que he echado, podría resumirlo todo en algo como:
-Jugar en otras mesas aumenta tu “arsenal” de mañas roleras.
-Jugar en otras mesas te muestra nuevos enfoques, filosofías de juego y formas de gestionar la mesa.
-Jugar en otras mesas te ayuda a interactuar con otra gente, negociar y favorecerá tu desarrollo tanto a nivel de juego como, probablemente, a nivel personal.
Como ya he dicho, estas virtudes no
son intrínsecas de todas las mesas, solo de aquellas mesas en las
que son sujetos funcionales y dotados de un mínimo de decoro y
empatía los que se sientan a jugar historias. Puedes tener la mala
suerte de dar con una mesa de gente tóxica, dictadores frustrados,
sociópatas pseudointegrados o hijos de puta gentuza
de diversa calaña.
Igualmente, sigo sosteniendo que merece la pena correr el riesgo en base a los potenciales beneficios que obtendremos al dar con tantas y tantas mesas geniales llenas de gente maravillosa que disfruta a pleno corazón de nuestra increíble afición.
Personalmente, he de decir que he encontrado muchísimas más mesas buenas que malas desde que decidí comenzar a experimentar en otras mesas distintas de mi mesa habitual, en la que por cierto sigo jugando la mayoría de las veces.
¿Y tú? ¿Juegas en otras mesas?
¿Solo juegas con tu grupo de siempre?
¿Qué experiencias has tenido al respecto?

Comentarios
Publicar un comentario