DT8: Los Reinos (T2) - Reos del Mal Menor (1/8)

Más de dos meses después de haber derrotado a los ejércitos drow de la familia Kenmtor en la cruenta batalla de la Torre Retorcida de Ashaba, los compañeros se encontraban descansando en la posada El Ciervo Blanco, en Riba de Ashaba, capital del Valle. El grupo formado por el paladín minotauro Cinthork, el sacerdote elfo Jesper, la guerrera humana Sathelyn y el mago elfo Zenit habían dado ya por concluida la infructuosa búsqueda de Scotti Amcathra, el hijo de Mourngrym, antiguo Lord del Valle de la sombra.

Los compañeros habían perdido toda pista de los secuestradores, e incluso del propio Mourngrym y su esposa Shaerl en las cercanías de Riba de Ashaba. Sin mucho más que hacer al respecto, habían decidido hospedarse en El Ciervo Blanco hasta decidir lo que haría el grupo a continuación.



Aquella mañana, fue Sathelyn la primera en bajar a desayunar. Jolfijo, el posadero, servía unas gachas de avena a los pocos huéspedes que a aquellas horas se sentaban ocupando las mesas. Nada más descender las escaleras, una voz familiar llamó a la guerrera por su nombre.

Se trataba de Thorvald Rumblehand, antiguo capitán de las milicias del Valle de la Sombra, quien se encontraba en un estado bastante deplorable. Según le contó aquel hombre, el nuevo Lord del Valle, Hilan Grove, había decidido deshacerse de las milicias; incluidos los hombres de confianza de su predecesor. Lord Hilan había pertrechado la torre con sus propios mercenarios traídos desde Alcázar Zhentil.

Poco a poco, el resto de miembros del grupo fueron bajando a desayunar. Thorvald se mostró muy contento de verlos a todos, repartiendo efusivos apretones de manos para todos.

Mientras desayunaban, les contó a todos que estaba pasando por un mal momento económico, pero que quizá hubiese sitio para él en el Valle de la Daga. Al parecer, un destacamento Zhentarim había acampado en las ruinas del antiguo puesto de avanzada enano en Tethyamar. Randal Morn, el Lord del Valle de la Daga, estaba reclutando mercenarios en previsión de un posible intento por parte de los Zhentarim de tomar el lugar por la fuerza.

Más tarde, a parte, le confesaría a Cinthork que había oído rumores acerca de Lord Hilan y el Valle de la Sombra: se decía que los hombres del nuevo Lord se dedicaban a extorsionar a los comerciantes locales. Aquello, unido a los rumores de que Hilan era un Zhentarim, dejaba en muy mal lugar al amigo del minotauro.

Finalmente, tras un largo rato conversando, Thorvald llegó a un acuerdo con el grupo: les acompañaría en sus aventuras a cambio de una parte del botín.

Acabando el desayuno, Cinthork reconoció a un soldado entre el par de Jinetes del Valle que entraba en la posada: un tipo llamado Stor que luchó junto a él en la batalla de la Torre Retorcida. Un joven llamado Ruk le acompañaba y se mostró muy impresionado al conocer a un héroe como el minotauro.

Los Jinetes le contaron que estaba creciendo la preocupación en el Valle de la Bruma acerca del notable incremento de presencia goblinoide en el bosque de Cormanthor. Según le explicaron, el Consejo del Valle estaba reclutando mercenarios para ayudar a los jinetes a patrullar el bosque.

Cinthork no tardaría en compartir aquella información con sus compañeros. El grupo, ahora reforzado con Thorvald, decidió que sería una buena idea hablar con alguien del Consejo para valorar la posibilidad de adherirse a una de aquellas patrullas, al menos durante parte de su camino; pues habían decidido encaminarse al Valle de la Daga tras pasar previamente por el Valle de la Sombra.

De camino al cuartel de los Jinetes, el grupo se topó con Althaea Galinar, una elfa plateada a la que conocieron meses atrás durante una travesía en gabarra por el Río Ashaba. En aquella ocasión, Jesper hizo buenas migas con ella. La mujer estaba acompañada por otro elfo plateado que respondía al nombre de Sevel.

Mientras Sevel, que miraba con desprecio a Cinthork y Sathelyn, se quedaba hablando de temas insustanciales con Zenit, Althaea se llevaba aparte a Jesper con intención de mantener una conversación privada.

La elfa le contó que la Eldret Veluuzhra (Hoja Victoriosa del Pueblo en élfico) había renacido, que sería la herramienta para expulsar a los humanos de los bosques élficos. Del mismo modo, le emplazó a personarse al anochecer en la plaza del mercado, donde podría ser testigo del mensaje de gloria que la Eldret Veluuzhra traía consigo. También le habló de un tal Tordynnar Rhévern, quien parecía liderar aquel grupo revolucionario.

Cuando la elfa y su acompañante se hubieron despedido, Jesper hizo partícipe de la conversación a sus compañeros. Solo Zenit había escuchado hablar de la Eldret Veluuzhra: una organización supremacista de elfos que fue fundada en tiempos de Myt Drannor y que abogaba por la erradicación de los invasores de los bosques elfos. Según sabía el mago, aquel tal Tordynnar había sido el fundador de la Eldret Veluuzhra, pero fue ejecutado hacía cientos de años.

Preocupados por aquel encuentro con Althaea, los compañeros prosiguieron su camino hacia el cuartel, discutiendo entre ellos cuál debiera ser su curso de acción.

Guardando las puertas del cuartel de los Jinetes encontraron a Teo, otro de los veteranos que habían acudido meses atrás a defender el Valle de la Sombra. Encantado de verles, el hombre no tardó en gestionarles una rápida audiencia con el Gran Concejal del Valle de la Bruma: Járesk Málorn.

Se cruzaron a las puertas del mismo despacho con Britha y Álakir, la sacerdotisa de Lathander y el inseparable semielfo que siempre la acompañaba. Los compañeros sabían que ambos pertenecían a Los Arpistas, por lo que se mostraron interesados en conocer los motivos que habían traído a ambos hasta Riba de Ashaba.

Según les contó Britha, habían acudido a reunirse con alguien importante. A la mujer le pareció buena la sugerencia de Zenit para que los compañeros se unieran a la reunión, ya que, si bien desconocía el motivo de la misma, debía de tratarse de algo de vital interés para la seguridad en los Valles.

Así, Britha les contó que se hospedaban en la posada Las Armas de Riba de Ashaba. La reunión tendría lugar en ese mismo sitio al media mañana del día siguiente. Tras prometer que asistirían, los compañeros se despidieron de los Arpistas.

La reunión con el Gran Concejal Járesk Málorn fue rápida. El hombre se sentía honrado de conocer a aquellos héroes y se mostró de acuerdo en que acompañasen a una de sus patrullas durante una semana. Debido a la reputación del grupo, incluso les efectuó un pago por adelantado.

Tras entrevistarse con Málorn, los compañeros decidieron visitar el mercado. Necesitaban pertrecharse para el viaje con la patrulla de los Jinetes, pero además pensaron que sería una buena ocasión para estudiar el lugar donde la Eldret Veluuzhra pensaba emitir “su mensaje”.

No tardaron en detectar a tres elfos que mostraban un sospechoso interés por no demostrar que, en realidad, iban juntos. Uno a uno, los vieron introducirse en una de las viviendas de la plaza, una cuyas contraventanas estaban completamente cerradas.

Jesper acudió a su dios en busca de una visión que revelase a sus ojos el interior de la casa. A través del poder divino, el sacerdote pudo ver allí a cinco elfos acompañando al tal Sevel, ese elfo que habían visto junto a Althaea un par de horas atrás. En el interior de la casa el ambiente era tenso, y los elfos revisaban su armamento como quien está a punto de entrar en combate.

Una vez hubo compartido su visión con el grupo, entre todos decidieron alertar al Gran Concejal para que mantuviese alerta a los Jinetes.

De ese modo, volvieron hasta el cuartel, donde un asombrado Járesk Málorn no podía dar crédito a aquello de que un grupo de elfos exaltados quisieran llevar a cabo un ataque en el mismo corazón de su ciudad. Finalmente, las palabras de Cinthork calaron en el hombre, quien prometió mantener a sus soldados a punto para reaccionar si fuese necesario.

A los compañeros ya solo les quedaba aguardar a la caída de la noche en la plaza del mercado.

Jesper y Zenit aguardaban casi en el centro de la plaza, mezclándose entre la multitud que a aquellas horas disfrutaba del agradable clima mientras curioseaba en la multitud de tenderetes desplegados en el lugar. En el extremo norte de la plaza, Cinthork y Sathelyn se desplegaron a ambos lados de la calle en espera de que comenzaran los problemas.

No tuvieron que esperar demasiado.

Al poco de caer la noche, Jesper y Zenit pudieron ver como Sevel abandonaba la casa en la que se ocultaba para parapetarse tras una esquina. Acto seguido, los cinco elfos que le acompañaban fueron abandonando también la vivienda para apostarse sobre los tejados de varios edificios.

Unos pocos minutos después, cuando el propio Sevel gritó “Eldret Veluuzhra”, las flechas élficas comenzaron a llover sobre la plaza, acribillando a los civiles indefensos. Cinthork reaccionó con presteza, derribando la puerta de una de las casas sobre las que se apostaba un tirador con intención de neutralizarlo. Al mismo tiempo, Sathelyn y Thorvald disparaban arco y ballesta respectivamente contra otro par de elfos.

Por su parte, mientras que Zenit se hacía invisible con la idea de cruzar la plaza y tomar la calle más al norte en busca del refuerzo que pudiesen prestar Britha y Álakir, que esperaba estuviesen en su posada, Jesper quedaba prácticamente bloqueado; indeciso entre su lealtad con el pueblo elfo (y notable desagrado por los humanos) y los deberes para con su dios que, sin duda, incluían proteger a aquellos inocentes.

Mientras dudaba, el sacerdote pudo ver como Sevel manipulaba su espada mágica para hacerse invisible.

Cinthork no tardó en ganar el tejado, donde empleó su martillo con contundencia para intentar acabar con el arquero elfo que, sin embargo, se defendía bastante bien. Mientras tanto, Zenit cruzaba la plaza a empujones con la multitud, sumido en su estado de invisibilidad.

En ese preciso instante, Sevel se materializó ante el desafortunado Thorvald, quien recibió una profunda estocada en su abdomen. No fue lo peor, sin embargo, puesto que el daño psíquico de la hoja mágica acabó por hacer colapsar el cerebro del soldado, que se desplomó fulminado.

Tras ver esto, Sathelyn entró en pánico absoluto, corriendo hasta la puerta de una de las viviendas cercanas. Al encontrarla cerrada, no dudó en emplear la hoja de su espada para manipular el resbalón de la cerradura, tal y como había aprendido durante su juventud en Farallón de los Cuervos.

Nada más entrar en la casa, encontró a una mujer asustada escondida bajo la mesa. Tras tranquilizar a la propietaria de la vivienda, quedó dudando un rato si subir al tejado o no, ya que en él se apostaba otro de los arqueros elfos. Finalmente, se sobrepuso a la presión y decidió ganar el tejado.

Jesper, que pareció haber salido de su estupor, se atrevió a arrastrar a uno de los transeúntes heridos fuera de la plaza, donde emplearía los poderes curativos de su dios para mitigar las heridas del agradecido ciudadano. De fondo, todos pudieron escuchar unas deflagraciones mágicas que anunciaban la posibilidad de que los Jinetes del Valle de la Bruma hubieran encontrado oposición a la hora de acudir a la plaza en auxilio de los ciudadanos.

Súbitamente, los elfos comenzaron a abandonar sus puestos de disparo. Aquel que combatía con Cinthork retrocedió rápidamente mientras se descolgaba con gracilidad desde el tejado. El minotauro, consciente de no poseer aquella pericia, decidió saltar desde el tejado con la intención de rebotar en uno de los techos de lona de un tenderete y así descender sin incidentes.

En su cabeza sonaba espectacular.

El frágil techo de lona del puesto no ofreció resistencia alguna ante el descomunal peso de Cinthork, que aterrizó con estrépito (y dolor) sobre todo un arsenal de cacerolas. A la vez, Sathelyn irrumpía en el tejado de aquella casa en la que había penetrado y descargaba un certero flechazo en la misma frente del elfo que allí estaba apostado; quien aún no había iniciado su retirada.

Los Jinetes del Valle supervivientes de la emboscada mágica irrumpieron en la plaza del mercado solo para encontrar a un enemigo en fuga y el espectáculo dantesco de las decenas de muertos esparcidos por el lugar.

Con los elfos de la Eldret Veluuzhra en retirada, Zenit estuvo lo suficientemente rápido como para erigir un muro de fuerza que logró aprisionar a uno de ellos. Furioso, el prisionero descargó un par de flechas que se hicieron trizas contra la barrera mágica.

Zenit dejó caer el muro de fuerza para que la guardia de la ciudad pudiese reducir al asesino elfo, que apenas se debatió al ser apresado.

Mientras Jesper comenzó a atender a los heridos y gestionar la retirada de cadáveres para las posteriores exequias, Cinthork, Sathelyn y Zenit acompañarían a los Jinetes del Valle hasta las mazmorras de Riba de Ashaba, enclavadas en el cuartel de los Jinetes.

A los compañeros no les costó demasiado convencer al Gran Concejal de que les permitiese interrogar al prisionero, si bien exigió estar presente durante el interrogatorio. Así, Járesk Málorn entró en la celda junto con Cinthork, Sathelyn y Zenit mientras dos de sus hombres aguardaban al otro lado de las rejas.

Pronto llegaron a la conclusión de que le iban a sacar muy poco a aquel fanático: el elfo solo repetía las consignas identitarias de la Eldret Veluuzhra, con todo aquel mensaje sobre la expulsión de los invasores de los bosques elfos.

En ello estaban cuando Sathelyn se percató de que las sobras del pasillo parecían arremolinarse en aquella mazmorra. Como único rastro de presencia física en aquella maraña de oscuridad solo podían percibirse unas garras y los colmillos de un desdibujado ente astado con alas de murciélago.

Justo al tiempo en que Cinthork, martillo en mano, corría fuera de la celda para enfrentar al monstruo, Sathelyn disparaba su arco contra la criatura. El demonio de la sombra se convulsionó cuando las flechas imbuidas por el arco mágico de la guerrera atravesaron su inconsistente cuerpo. Sin embargo, seguía avanzando.

Cinthork se sobresaltó cuando la criatura pasó a través de él, pero no tuvo demasiado tiempo para reaccionar, ya que Sevel se materializó de la nada para herirle con su hoja mágica. La mente del minotauro resultó azotada por un torbellino psíquico que le castigó con sus peores recuerdos y miedos.

El ente formado por sombras irrumpió en la celda. Con indiferencia, lanzó una de sus garras contra el Gran Consejero, quizá simplemente porque estaba en su camino. El cuerpo despojado de vida de Járesk Málorn se desplomó como un fardo sobre el suelo de paja sucia.

Zenit, aún dentro de la celda, percibió inmediatamente que aquel demonio de la sombra se dirigía directamente hacia él, de modo que abrió una grieta dimensional para convocar a una tanar'ri alu. La hermosa mujer de ojos ambarinos y esencia demoníaca blandió sin dudar su hoja contra el ente sombrío, haciéndole aullar de dolor.

A pesar del duro castigo infligido por Sevel y su hoja mágica, Cinthork se rehízo con bravura, asestando un par de potentes golpes a su oponente. La fuerza de Tyr recorrió su brazo en uno de aquellos golpes para llevar a su enemigo casi al límite.

Al tiempo, Sathelyn y uno de los guardias de Málorn flanqueaban al minotauro para disparar sus armas, arco y ballesta, sobre su enemigo. Si bien la ballesta del guardia no encontró su objetivo, el certero arco de la guerrera hizo que el elfo vertiera su sangre sobre el empedrado.

Con un rápido vistazo, Sevel apretó los dientes, contrariado porque el demonio de la sombra no hubiera logrado superar a la alu. Para colmo, cuando el ente sombrío atravesó el cuerpo de la demonio gracias a su naturaleza insustancial, Zenit desapareció con un destello para hacer que las garras de oscuridad encontraran solo aire. La tanar'ri, aún bajo las ordenes del mago, proseguiría su combate contra el demonio de la sombra.

Viéndose superado, Sevel retrocedió ante sus oponentes para, tras dar media vuelta, correr por el pasillo en dirección a la salida.

El martillo mágico de Cinthork escupió un proyectil de energía que golpeó la espalda del elfo, haciéndole estrellarse contra la pared. Malherido y tambaleante, Sevel aún pudo dar algunos pasos más antes de que una flecha de Sathelyn se le incrustara en la nuca.

El cadáver de Sevel Calodra se desplomó de bruces en el pasillo.

Cinthork y Sathelyn cruzaron sus miradas mientras tomaban aliento. Había mucho que hacer antes de que amaneciese.

Cuando el sol despuntara, Jesper habría rogado a su dios para que le permitiese devolver a la vida a Thorvald, al Gran Concejal Járesk Málorn... e incluso al propio Sevel Calodra.

Un Sevel que iba a tener que dar muchas explicaciones.



- - -



Muy lejos de allí, en el interior de una amplísima tienda de lona en cuyo suelo podía observarse dibujado un círculo de runas, un destello mágico dejaba aparecer las siluetas de dos cazadores. Un instante después, en el mismo centro del círculo, otro destello permitiría materializarse a un enorme minotauro de pelaje negro.

Cuando el hombre-toro salía del dibujo, otro destello más hizo aparecer la figura de un robusto guerrero que transportaba sobre su hombre el inconsciente cuerpo de un mago de túnica púrpura. No pasó ni un segundo de aquello cuando Kragor, el minotauro, comenzó a destruir el dibujo.

Hubo tiempo, no obstante, para un destello más. Los decrépitos cuerpos no-muertos de dos necrarios irrumpieron en la tienda solo para ser abatidos inmediatamente por aquellos a los que el Culto del Dragón denominaba Cazadores de Almas.

Una vez el dibujo quedo destruido, inutilizado, el minotauro miró hacia el guerreo Elmand; quien atendía a un Asbras Hlumin que acababa de recuperar la consciencia. Con una sonrisa lobuna en el rostro, el mago extrajo de entre sus ropajes una enorme joya de aspecto ambarino.

Tenían el Ojo de la Montaña.



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