DT8: Los Reinos (T2) - Reos del Mal Menor (2/8)
El grupo formado por el paladín minotauro Cinthork, el sacerdote elfo Jesper, la guerrera humana Sathelyn y el mago elfo Zenit partió al alba hacia las afueras de la ciudad de Riba de Ashaba. A lomos de uno de sus caballos viajaba un fardo inerte que no era sino el cuerpo de Sevel Calodra, a quien una certera flecha de Sathelyn había dado muerte en las mazmorras del cuartel de los Jinetes del Valle de la Bruma.
Fue en un lugar apartado, en pleno bosque de Cormanthor, donde Jesper invocó el poder de Lathander para traer de vuelta a Sevel al mundo de los vivos. La intención de los compañeros pasaba por extraer la máxima información posible acerca de los planes de la Eldret Veluuzhra.
Habían optado por llevar el interrogatorio a cabo fuera de Riba de Ashaba debido a la posible información comprometida que pudiera revelar Sevel, una que quizá no conviniese que manejara aún el Gran Concejal Járesk Málorn.
Llevado a cabo el rito, pronto se dieron cuenta de que el elfo no estaba muy dispuesto a hablar. Ni siquiera se mostró mínimamente afectado por los intentos de intimidarle que llevó a cabo Cinthork. Así las cosas, Zenit se vio obligado a utilizar métodos más expeditivos.
Empleando un pergamino que habían arrebatado al entonces cuerpo inerme de Sevel, el mago elfo logró doblegar la mente de su prisionero, haciendo que asumiera un estado de semitrance en el que comenzó a proporcionar información.
Sevel les contó que el objetivo claro de la Eldret Veluuzhra era la erradicación de toda presencia no élfica (especialmente humana) en los antiguos bosques elfos. Habían estado acampados en Cormanthor, muy cerca de donde ahora se encontraban, pero su campamento se habría trasladado ya a algún lugar desconocido para Sevel en la zona de La Maraña.
Y es que el primer objetivo de la Eldret Veluuzhra era la liberación de La Maraña. En caso de haber logrado rescatar al elfo que cayó prisionero durante el ataque al mercado, Sevel tenía instrucciones de trasladarse a una pequeña localidad rural de La Maraña y contactar con un tal Elinalis, que le llevaría hasta Althaea.
Sevel les dio también varios nombres: Eldernezth y Tordynnar, a parte del de Althaea; a quien ya conocían. También les desveló la ubicación de una pequeña casa franca en Riba de Ashaba en la que la Eldret Veluuzhra guardaba algunos recursos para cualquier agente que los necesitara.
Una vez extraída toda la información posible, decidieron regresar a Riba de Ashaba para poner a Sevel bajo la custodia del Járesk Málorn. Si bien el Gran Concejal se mostró algo reticente a albergar en sus mazmorras a un sujeto tan peligroso, finalmente fue convencido de hacerlo por los compañeros.
Resuelto este asunto, Zenit cayó en la cuenta de que habían faltado a la reunión que aquella mañana tenían concertada con sus amigos Britha y Álakir. Rápidamente, empleó su anillo mágico para contactar mentalmente con el semielfo. Tras disculparse por la ausencia del grupo, Zenit averiguó que la sacerdotisa y el explorador se encontraban en la ciudad de Shind. Lamentablemente, la capacidad del anillo para enviar solo frases escuetas no le permitió averiguar nada más.
Tras poner este conocimiento en común con sus compañeros, entre todos decidieron que encaminarían sus pasos hacia Shind al alba del siguiente día. Aquella tarde la emplearían en registrar la casa franca de la Eldret Veluuzhra, donde encontrarían algunos diamantes, una poción curativa y un pergamino mágico. Todo aquello le vendría bien al grupo.
Tal y como habían previsto, con el amanecer, cabalgaron hacia el bosque de Cormanthor en compañía de una pequeña patrulla de Jinetes del Valle de la Bruma. Los soldados de Járesk Málorn les escoltarían durante aproximadamente una semana, momento en el cual regresarían a Riba de Ashaba mientras que los compañeros proseguirían su viaje hacia Shind.
El grupo cabalgó durante varios días en compañía de los Jinetes sin detectar incidencia alguna, hasta que poco después del cuarto amanecer, se toparon con aquello que parecía inquietar últimamente a muchos viajeros de Cormanthor: los goblins, aparentemente incapaces de mantenerse en silencio, discutían entre ellos acaloradamente la mejor forma de caer sobre el grupo conformado por los aventureros y los Jinetes del Valle de la Bruma.
Se trataba de un grupo numeroso de goblins, formado por diez guerreros a pie y un par de cabalgalobos a lomos de sendos huargos. Por suerte, ya que los compañeros habían detectado a los pieles verdes, el grupo pudo reaccionar a tiempo.
Mientras que Sathelyn atravesaba con su flecha la garganta de uno de los cabalgalobos, Zenit intentaba emplear su magia para esgrimir la fuerza de la gravedad contra el otro. Por desgracia para el mago, aquel huargo se movía demasiado rápido y fue un viejo tocón de madera lo que terminó catapultado por los aires.
Mientras Cinthork cargaba al galope sobre la infantería, Thorvald y uno de los Jinetes cabalgaban al encuentro del cabalgalobos que aún permanecía sobre su bestia. Al tiempo, Sathelyn y el resto de soldados disparaban proyectiles sobre los goblins que se parapetaban en la maleza.
Observando que varios de los pieles verdes se encontraban bastante agrupados, Jesper se arriesgó a cabalgar hasta ellos para, acto seguido, desatar una andanada de poder divino. La luz solar de Lathander barrió a tres de las criaturas, reduciéndolas a cenizas.
Poco después de que el segundo cabalgalobos fuese decapitado por Thorvald, la magia gravitatoria de Zenit (esta vez, sí) alzó del suelo al enorme huargo para volver a hacerlo descender abruptamente. El animal lanzó un gemido lastimero cuando sus costillas impactaron con el suelo, pero los huargos eran bestias duras y el enorme lobo volvió a abalanzarse sobre Thorvald y el soldado que le acompañaba.
Cinthork espoleó a su montura en ayuda de uno de los Jinetes, el cual acababa de ver cómo su compañero acababa de ser destrozado por las fauces del otro huargo. Juntos, luchaban a brazo partido por mantener a raya a la bestia. No mucho más tarde, la magia de Zenit penetraría la mente de aquel animal para avivar todos sus miedos e infligirle un terrible castigo mental.
Con todos sus amos goblin muertos, aquellos dos malheridos animales no tardaron en darse a la fuga para evitar correr la misma funesta suerte.
Con la situación ya solventada, Zenit emplearía su magia para mantener incorrupto el cuerpo de uno de los jinetes. De ese modo, los compañeros de este podrían trasladarlo de vuelta a Riba de Ashaba en busca de una posible resurrección; si es que tenían la suerte de encontrar a algún sacerdote lo suficientemente poderoso para ello.
Antes de que los soldados partiesen, los compañeros decidieron rastrear el camino de los goblins que les habían atacado en busca de un posible campamento. Zenit, en estado de invisibilidad, fue el encargado de hacerlo; algo que no le llevó demasiado tiempo.
Lo que encontró, no le resultaría demasiado tranquilizador.
En un amplio claro del bosque, localizó un enorme campamento goblin. Unos doscientos cincuenta goblins armados para la guerra se hacinaban en tiendas de madera y piel junto con dos docenas de huargos. Además, tres enormes trolls parecían patrullar las inmediaciones del campamento.
Goblins y trolls juntos... algo que no se veía desde tiempos de Tyranthraxus y su Hueste Oscura. Con gran preocupación, Zenit regresó para compartir esta información con sus compañeros de viaje. Así, mientras que dos de los Jinetes regresarían con el cadáver de su compañero a Riba de Ashaba, los otros dos cabalgarían hasta el Valle de la Sombra para advertir a Lord Hilan de la presencia de aquel campamento en Cormanthor.
Tras acordar todo esto, los compañeros se despidieron de los Jinetes del Valle de la Bruma y continuaron su camino hacia Shind.
Aunque llegaron a aquella localidad sin incidentes, por el camino encontraron a un grupo de goblins totalmente acribillado por flechas drow: tanto virotes provenientes de las ballestas propias de la infantería como flechas escupidas por algún arco drider. Fue una sorpresa encontrar signos de los elfos oscuros tan al norte, lo que no contribuía precisamente a relajar al grupo.
Cuando llegaron a Shind, se afanaron en buscar a Britha y Álakir en las posadas de la zona. Los lugareños reconocieron a la sacerdotisa y el explorador en la descripción de los compañeros, pero nadie supo decirles donde se alojaban.
Sospechando que podían estar hospedándose en el templo de Lathander, Jesper y Zenit decidieron visitar aquel lugar. Mientras, Sathelyn empleó su tiempo en darse una vuelta por Shind mientras que Cinthork ahogaba la turbación de su alma en el vino de una taberna.
Tal y como esperaban, encontraron a Britha en el templo de Lathander, aunque Álakir no estaba con ella. Tras saludarse, la sacerdotisa les condujo a la sacristía del templo, donde les contó que aquella reunión a la que no se habían personado era con Jhessail Arboldeplata y Merith Arcofuerte; dos de los caballeros de la ya retirada compañía aventurera de Los Caballeros de Myt Drannor.
En aquella reunión, Jhessail les había compartido que un mercader zhent llamado Yorel Altoarce estaba cortejando a la hija de Lord Salom Clawtalon, el Lord de Shind. Jhessail sospechaba que, en realidad, Yorel pertenecía a los Zhentarim. Si esto fuese así, todo podría formar parte de una maniobra para que La Red Negra se hiciese con el gobierno de Shind.
De ese modo, Britha y Álakir se habían desplazado hasta allí para investigarlo y, si procedía, evitarlo. De hecho, en aquel momento el semielfo se encontraba espiando al tal Yorel. Jhessail y Merith no estaban allí ya que, inesperadamente, Elminster se había personado para requerirles ante una terrible amenaza de la que Britha nada sabía.
Tras escuchar a su amiga, Jesper y Zenit le contaron todo lo referente al enorme campamento goblin que habían localizado en Cormanthor. Tras la breve incredulidad inicial, la sacerdotisa se mostro terriblemente preocupada, prometiendo que les conseguiría una reunión con Lord Salom aquella misma tarde.
Tras salir del encuentro con Britha, Zenit le daba vueltas a la reaparición de Elminster. Sabiendo que el célebre archimago no solía mezclarse en minucias, decidió contactar con él a través de su anillo mágico. Con un escueto mensaje, Elminster acordó con Zenit una cita a media noche, junto al Sauce Hendido de Shind.
Aquella misma tarde, el grupo al completo se reunió con Britha y Álakir en la vivienda de Lord Salom Clawtalon. Tras una brevísima espera, fueron conducidos ante el señor de Shind, quien se encontraba en su salón de armas junto a otros dos hombres.
Uno de ellos, con aspecto imponente y el cuerpo marcado por cicatrices de batalla era el tal Yorel Altoarce, un mercader zhent que llevaba relativamente poco tiempo operando en Shind y que, según sabían, había comenzado a cortejar a Lady Lathre Clawtalon, la hija del Lord.
El anillo mágico de Zenit le hizo saber inmediatamente al elfo que Yorel les conocía, lo que enseguida confirmó el hombretón compartiendo con ellos que era un antiguo amigo de Lord Hilan, el nuevo señor del Valle de la Sombra. Lo que también le indicó el anillo arcano a Zenit es que a Yorel no le hacía ni la más mínima gracia verles allí.
El otro hombre, pequeño, obeso y de apretón blando y sudoroso, respondía al nombre de Temmi Dharimm. Cinthork no tardó en recordar aquel nombre: lo había escuchado mencionar tanto entre los enanos cautivos por los drow durante su periplo en la suboscuridad como por los prisioneros que Zenit y él habían liberado en el asentamiento Zhentarim de Tethyamar. En ambos casos, el nombre de Temmi Dharimm había sido pronunciado como el del responsable del secuestro de aquellos inocentes.
La interacción entre Cinthork y Temmi fue corta, pero intensa. La fingida cortesía dejó una promesa velada de que su próximo encuentro quizá fuera mucho menos cordial que aquel.
Temmi Dharimm no tardó en abandonar la sala, dejando a los recién llegados a solas con Lord Salom y Yorel, ya que el señor de Shind insistió en que el mercader, ya prometido con su hija, les acompañase.
Los compañeros pusieron en alerta a Lord Shalom acerca del enorme campamento goblin que habían localizado. Pese a su escepticismo inicial, el señor local acabó mostrando una enorme preocupación por aquello. Sin embargo, las noticias de que tanto el Valle de la Bruma como el Valle de la Sombra habían sido también alertados pareció tranquilizarle.
Yorel no tardó en intervenir, respaldando los planes de inmediata actuación que proponían los compañeros. Además, se ofreció a apoyar la empresa con tropas que podía traer hasta Shind en menos de una decana, un intervalo de tiempo sospechosamente corto para los compañeros, que pensaron que aquellos hombres armados debían estar preparados de antemano.
Con la promesa de coordinar una fuerza común tanto con el Valle de la Sombra como con el Valle de la Bruma para enfrentar la amenaza goblin, Lord Salom Clawtalon despidió a los aventureros con toda su gratitud.
Finalizada la reunión, los compañeros se despidieron de Britha y Álakir antes de alojarse en una de las posadas de Shind. Allí, mientras Cinthork, Jesper y Sathelyn descansaban, Zenit esperaba la llegada de la noche para, escoltado por Thorvald, acudir a su reunión con Elminster.
A Zenit no le costó demasiado averiguar dónde se encontraba el Sauce Hendido, ya que era un referente topográfico bastante popular en la zona. Así, se dirigió a aquel punto a la hora señalada en compañía de Thorvald.
Cuando llegaron ante aquel enorme árbol, ya reseco y partido en dos quizá por el golpe de algún rayo caído del cielo, Elminster aún no había llegado. A Zenit le asaltó entonces una inquietante sensación de familiaridad, como si ya hubiese estado allí antes.
Entonces, una visión le asaltó.
Se vio de pronto, allí mismo... pero en otro tiempo. Un joven Elminster se hallaba junto a él y ambos contemplaban la marcha de un enorme ejército en lontananza. Se trataba de un ejército formado por goblins, orcos, gigantes, demonios...
En ese momento, Elminster le miraba con ojos suplicantes y le decía “Dime que aguantará... por los dioses, ¡tiene que aguantar!”
Zenit recobró la consciencia en brazos de Thorvald. Al parecer, el mago se había desmayado y llevaba unos minutos inconsciente, delirando. El elfo no había acabado de recomponerse cuando Elminster apareció ante ellos con un destello de magia.
El famoso archimago miró a Zenit con un aire de tristeza y preocupación, lo que el elfo advirtió de inmediato.
Al parecer, Elminster no solo estaba al tanto de la presencia de un gran contingente goblin en Cormanthor, sino que temía que se tratase de una nueva versión de la Hueste Oscura: el ejército con el que el demonio Tyranthraxus había asaltado la antigua ciudad de Myt Drannor.
La única explicación que el archimago veía para que la Hueste Oscura se reuniese en torno a la ciudad sellada era que supieran, de algún modo, que el Mytal iba a caer. Esto, obviamente, arrojaba una amenazadora sombra sobre la supervivencia de Los Valles.
Zenit le habló entonces a Elmister sobre el frente común que los compañeros habían ayudado a articular entre Shind, el Valle de la Sombra y el Valle de la Bruma. Aunque a Elminster no le hacía mucha gracia la intervención de Lord Hilan (a quien consideraba un evidente Zhentarim), acabó por admitir que el peligro al que se enfrentaban era mucho más importante en aquel momento.
Conviniendo que volverían a contactar en caso de necesidad, ambos magos se despidieron.
En aquel momento, Thorvald fue quizá consciente de la magnitud de la aventura en la que se había embarcado, lo que le hizo venirse abajo. Con algo de tacto, Zenit logró consolarle y hacer que se recompusiese.
Zenit y Thorvald regresaron entonces a la posada donde se alojaban. Justo cuando se disponían a cruzar el umbral, los instintos más primarios de Zenit le hicieron girar la cabeza. Oculto en una esquina, vigilándoles, pudo detectar a Gilew, aquel hombre delgado que solía acompañar a Hilan Grove en el pasado y que acabó desvelándose como el responsable del secuestro del hijo de Mourngrym, Scotti. Gilew desapareció rápidamente tras la esquina.
Raudo, Zenit subió a despertar a sus compañeros, alertándoles de que había detectado a Gilew espiando la posada.
Entonces, Jesper pidió guía a Lathander para que le permitiera localizar al hombre. Gracias al poder divino, los compañeros pudieron rastrear el camino de Gilew hasta otra de las posadas de Shind. El artífice del secuestro de Scotti se alojaba en una de las habitaciones de la primera planta.
La magia de Zenit camufló al grupo, haciendo que adoptasen la apariencia de una inofensiva pandilla de borrachos. Sin demasiados problemas, consiguieron reservar una habitación que estaba separada de la de Gilew por una única estancia intermedia.
Mientras planeaban su siguiente paso, Zenit comenzó a desafiar a Cinthork a atravesar aquellos tabiques de madera haciendo gala de su fuerza. Aunque el minotauro no lo veía muy claro, las pullas del elfo acabaron por hacer que perdiese los papeles, cargando a la carrera contra la pared.
Las tablas explotaron en una lluvia de astillas cuando el minotauro atravesó la pared para plantarse en la habitación conigua, donde una pareja encamada comenzaba a lanzar alaridos de terror al ver como aquel borracho extraño había atravesado el tabique.
Cinthork se arrojó contra el segundo tabique, aunque esta vez necesitaría un par de intentos para echarlo abajo. Cuando lo hizo, encontró allí a Gilew en compañía de Altes, aquel duelista sembio que había formado parte del secuestro del pequeño Scotti. Altes salió al pasillo de inmediato, mientras Gilew también retrocedía para abandonar la habitación.
A la vez que Gilew convocaba un rayo eléctrico que no impactaba por poco en el rostro de Cinthork, Sathelyn salía al pasillo para disparar su arco contra Altes. Del mismo modo, Thorvald y Zenit se movían a través del agujero dejado por Cinthork al atravesar la pared para pasar a la estancia contigua.
Cinthork se abalanzó sobre Gilew y comenzaron a forcejear al tiempo que Altes recortaba distancias con Sathelyn, obligándola a desechar el arco y desenvainar la espada. Lamentablemente para la guerrera, había más sorpresas: Desde las vigas del salón, la asesina llamada Wyna (otra de los secuestradores del pequeño Scotti) tenía ángulo suficiente para disparar su ballesta contra ella.
Por suerte, Jesper logró erigir un muro de luz solar a la espalda de Sathelyn, dificultando enseguida la posibilidad de que Wynna hiciera blanco contra la guerrera.
Cinthork no tardó en imponerse a Gilew, a quien hirió con la espada que le había arrebatado a Sevel Calodra. La magia psíquica de aquella hoja hizo retorcerse de dolor a su enemigo, que acabó cayendo inconsciente tras un par de embates.
Por su parte, Altes se mostró como un rival muy competente, comenzando a acorralar a Sathelyn. La guerrera, más acostumbrada a mantenerse a distancia, llegó a estar en problemas. Por suerte, la magia curativa de Jesper en combinación con la llegada de Thorvald como refuerzo acabaron por permitir que su enemigo fuese neutralizado.
Algo sorprendidos por el hecho de que la guardia, a pesar del tumulto producido por el combate, no hubiese hecho acto de presencia, los compañeros sacaron a rastras a sus enemigos de la posada; llevándolos hasta un callejón cercano.
Allí, tras algún tira y afloja, Cinthork le sonsacó a Gilew que tanto el pequeño Scotti como sus padres, Mourngrym y Shaerl, habían muerto y se encontraban descansando en el fondo del Río Ashaba. Enfurecido, el minotauro empleó su hoja para ensartar a aquel asesino por la barbilla.
El interrogatorio prosiguió entonces con Altes, mucho más receptivo a la hora de colaborar tras haber presenciado el final de Gilew. Aún así, el duelista arranco la promesa de dejarle ir si colaboraba de labios de Cinthork y Jesper.
Altes confirmó que el propio Gilew había degollado al pequeño Scotti, mientras que la ballesta de Wynna había abatido a los padres del crío cuando estos vinieron en su busca. Igualmente, les dijo que se encontraban en Shind debido a que Gilew aguardaba que alguien de allí para quien trabajaba les diese un encargo.
Al parecer, Gilew había sido testigo de la llegada de los compañeros a Shind, y ese era el motivo de que Zenit le hubiese detectado vigilando la posada donde se alojaba el grupo.
Finalizado el interrogatorio, Cinthork amputó con su espada una de las manos del duelista, que quedó sosteniéndose el muñón mientras aullaba de dolor. Luego, tal y como prometió, le dejó con vida; aunque dejó a discreción de Thorvald la suerte de Altes.
Thorvald, furioso, no quiso mancillar la promesa que el grupo había hecho con la sangre de aquel miserable. No obstante, le prometió que la próxima vez que ambos se encontrasen, se encargaría de quitarle la vida.
Así, mientras los compañeros regresaban a su posada, Altes se alejaba renqueando en sentido opuesto; sosteniendo entre lloriqueos su sangrante muñón.
Cuando llegaron a la posada, el regente del establecimiento les recibió aliviado. Al parecer, la guardia había pasado advirtiendo que nadie saliese a la calle ya que, por lo visto, había un tumulto en una posada cercana.
Los compañeros sonrieron, haciéndose los sorprendidos. Por lo visto, la guardia de Shind cuidaba de no meterse en más problemas de los necesarios.
Igualmente, el posadero les anunció que una dama había venido buscándoles. Se trataba de una elfa que les aguardaba en la sala de estar de la primera planta. Sospechando que se trataba de Althaea, solo Jesper y Zenit subieron a la habitación.
Para su sorpresa, la mujer era una elfa dorada totalmente desconocida para ambos. Vestía ropajes de maga y les convenció de que no suponía un peligro para ellos. La mujer insistió en hablar con el grupo al completo. Así, Jesper bajó a avisar al resto de sus compañeros.
Cuando todos estuvieron en la sala, les indicó que tenía algo importante que revelar, pero que no lo haría hasta arrancarles a todos el juramento de que no la harían daño. Una vez aceptado el requisito, les dijo que pretendía proponerles una alianza que podía salvar la vida de los habitantes de Los Valles.
Dicho esto, la elfa dejó su bastón a un lado para que los compañeros pudiesen contemplar como su silueta se difuminaba y poco a poco, rota la ilusión, adoptaba su verdadera forma...
La de Nastra Kenmtor.

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