DT8: Los Reinos (T2) - Reos del Mal Menor (6/8)
Tras varios días de periplo por el plano de Los Nueve Infiernos, Cinthork, Jesper y Zenit se hallaban frente a la torre de Rarzizian, acompañados de Alias. Habían llegado hasta la enorme estructura en forma de cono invertido gracias a las indicaciones de la erinye Nestlias, señora de la fortaleza reptante de Zodhak.
Con toda la discreción de la que fue capaz, Zenit dibujo un nuevo círculo de teletransporte entre unas rocas por si posteriormente debía emplear su anillo mágico para enviar a sus aliados el mensaje de que cruzasen el nexo. Doust, Islif, Cebodedragón, Simón, Britha y Álakir, quienes aguardaban en la cueva que había servido al contingente de entrada al plano infernal, irían saltando por el resto de círculos de teletransporte que Zenit había dejado a lo largo del plano hasta llegar allí en caso de necesidad.
Zenit utilizó su magia de ilusión para que él mismo, Cinthork, Jesper y Alias volviesen a adoptar la apariencia de baatezus abishai. Confiando en esta treta, entraron en la línea visual del abishai que patrullaba el exterior de la torre.
El demonio descendió para posarse en la plataforma de la parte superior de la torre, al otro lado de la larga pasarela que unía la estructura con el borde de la grieta. En ese momento, los compañeros trataron de persuadir al baatezu para que les concediese audiencia con la propia Rarzizian, aduciendo que poseían información crucial que les afectaba a ella y al propio Tyranthraxus.
La confianza inicial del grupo al ver que el abishai contactaba mentalmente con su ama se tornó rápidamente en alarma cuando la escotilla existente en la plataforma se abrió de súbito para dejar aparecer a un segundo abishai. Casi de inmediato, ambos monstruos se arrojaron a volar velozmente hacia el grupo.
Con el engaño hecho trizas, los compañeros se esforzaron en tomar posiciones a la vez que Zenit usaba su anillo para enviar el mensaje a sus compañeros de la cueva solicitando refuerzos. Rápidamente, el segundo grupo de ataque fue materializándose en el borde de aquella grieta según sus integrantes iban cruzando el círculo de teletransporte.
Un abishai tomó tierra frente a Cinthork, justo al tiempo que el segundo de ellos aferraba con sus garras a Britha y trataba de arrastrarla hasta el borde de la grieta. Los esfuerzos combinados de Doust y Jesper por aferrar a la sacerdotisa resultaron infructuosos, de modo que la mujer acabó siendo arrojada desde las alturas para horror de Álakir, que contempló como el amor de su vida caía sobre la corriente de lava, deshaciéndose en una nube de cenizas casi de inmediato.
El segundo abishai se vio pronto rodeado de enemigos y, aunque intentó retroceder, fue aniquilado por los poderosos golpes de los compañeros. Sin embargo, la figura de un nuevo baatezu aleteaba hacia ellos, acercándose desde la lejanía.
Nadie parecía tener el arrojo suficiente para intentar atravesar la pasarela después de lo ocurrido con Britha, de modo que Alias inició la carrera en solitario. Un instante después, Cebodedragón la seguía. Thorvald buscó un segundo la aprobación de Zenit con la mirada, tras reconocerla en el asentimiento del mago, corrió en pos de la guerrera y el hombre-lagarto.
Enardecido por el valor de Alias, el resto del grupo comenzó a recorrer la pasarela hacia la plataforma de la torre. Como era de esperar, los baatezu volvieron a sobrevolar el pétreo puente para intentar derribar a alguno de los intrusos. Esta vez, para desesperación de Doust, fue Islif quien se vio arrojada desde las alturas para encontrar una horrible muerte en la lava.
Pese a esto, el grupo había conseguido tomar la plataforma, lo que obligó a los abishai a tomar tierra para intentar aniquilarlos. Los compañeros eran un contingente poderoso y, pese al peligro que representaban los demonios, lograron darles muerte en unos poco intercambios de golpes.
Con la plataforma completamente despejada de peligros, los compañeros examinaron la escotilla que daba acceso a la torre. Parecía bastante pesada, así que decidieron intentar alzarla entre Cinthork, Simón, Cebodedragón y Doust empleando la fuerza bruta.
Si bien la escotilla
cedió con un crujido, su forzado disparó la trampa mágica que la
protegía, haciendo que una oleada de fuerza psíquica barriese la
plataforma, haciendo que todos apretasen los dientes ante el dolor
atenazante que golpeó sus mentes.
Cuando se hubieron recompuesto un poco, los compañeros descendieron la escotilla hasta la cámara inferior, en la que podía verse la enorme puerta de acero guardada por ocho glifos. Sin demasiados problemas, Zenit identificó aquellos símbolos como detonantes de una nueva trampa de daño psíquico.
Lamentablemente, la desactivación de aquella trampa requería una cantidad de poder que el mago no podía asumir en aquel momento. De ese modo, su mente trabajó en otra idea: elaboraría círculos de teletransporte a ambos lados de la puerta para que pudiese atravesar todo el grupo.
De ese modo, tras dibujar un círculo en la zona donde se encontraba el grupo, se transportó mágicamente al otro lado y comenzó a elaborar un nuevo grabado. No mucho después, el sonido de algo ascendiendo rápidamente por las escaleras que llevaban desde el rellano donde estaba Zenit hasta el laboratorio de Rarzizian, hizo que el mago perdiese gran parte de su resolución y decidiese teleportarse de vuelta a la cámara donde aguardaba el resto del grupo.
Ante este nuevo revés, el grupo decidió que no quedaba otra opción más que forzar la puerta, aún a riesgo de disparar la trampa. Así, nuevamente Cinthork, Simón, Cebodedragón y Doust se dispusieron a forzar la puerta mientras el resto de sus compañeros abandonaban la estancia hacia la plataforma del nivel superior, a fin de evitar los efectos de la trampa.
Cuando la puerta fue casi arrancada de la pared por la fuerza de los compañeros, el estallido psíquico barrió la estancia, haciéndoles aullar de dolor. Pero no tenían tiempo para distraerse, así que se desplegaron rápidamente por el rellano.
Pronto descubrirían que lo que ascendía por las escaleras no era sino un aullador invocado, seguramente, por Rarzizian. Poco después le seguirían dos más. En poco tiempo, los compañeros se vieron combatiendo a brazo partido con aquellas bestias extraplanares mientras intentaban ganar cada palmo de escalera.
Sin embargo, algo cambió la situación drásticamente: un zumbido de naturaleza mágica le indico a Zenit que Rarzizian había iniciado la manipulación de la consola de runas. El ritual para hacer caer el mytal había iniciado y no disponían de tanto tiempo como quisieran para finalizar su misión.
Cuando el mago elfo le gritó esto a sus compañeros, se inició una desesperada carrera escaleras abajo. Mientras Cebodedragón y Doust intentaban contener a los aulladores y zenit usaba sus últimas energías para convocar un aullador, este a su servicio, para que corriese hacia el laboratorio, Jesper usaba su anillo mágico para convertirse en bruma y escurrirse también en aquella dirección.
Rarzizian, cómo no, tenía aún sus trucos. Desde el laboratorio, activó la trampa de magma que hizo llover lava desde los rociadores situados en las paredes de la escalera. Todos gritaron, cuando el ardiente fluido les laceró, pero fueron Simón y Álakir los que se llevaron la peor parte. Mientras que el elfo acabó bastante malherido, el enano recibiría de lleno un chorro magmático, desplomándose muerto con el cuerpo ulcerado por las terribles quemaduras.
Por si esas contrariedades fueran poco, el primero en llegar al laboratorio, Álakir, se encontró con una barrera mágica que le impedía el paso. El elfo también vio allí al aullador convocado por Zenit, atrapado en mitad de aquella fuerza mágica sin haber podido llegar hasta Rarzizian. A voz en grito, Álakir comenzó a requerir la presencia de Zenit.
Por desgracia, Zenit se encontraba en el rellano superior, con sus energías mágicas prácticamente extintas. El mago elfo era consciente de que no le quedaba el suficiente poder como para abatir la barrera mágica erigida por Rarzizian.
En ese momento de desesperación, Cinthork recurrió a aquel dios del que tanto se había distanciado en los últimos tiempos. Necesitaba recobrar la fe en ese momento en el que todo estaba perdido.
El minotauro se recordó a si mismo, siendo aún un niño ante la tumba de su padre, recordó la mano de Zenit posada sobre su hombro, reconfortándole con la promesa de que nada malo habría de ocurrirle. Entonces, escuchó en el alma la voz de Tyr, su dios.
<<¿En quien confías realmente>> Le preguntó.
En mi padre... en Zenit. -Contestó Cinthork.
Un rayo de luz dorada con volutas argénteas rasgó entonces la existencia en el rellano superior, impactando el pecho de Zenit y arrojándole al suelo. Después, al mismo tiempo en que Cinthork sentía como volvían a él las bendiciones de Tyr, el mago elfo se alzó con todo el poder de su magia bullendo dentro de él.
A la par que descendía las escaleras a toda carrera, Zenit convocó a un azer y una tanar'ri alu frente a él, para que corrieran también a enfrentarse con Rarzizian. No tardaron demasiado en llegar hasta las puertas del laboratorio en aquellas escaleras despejadas.
Cuando Zenit empleó su poder para echar abajo la barrera mágica de la amnizu, esta respondió intentando desatar una andanada de hechicería sobre los compañeros, que en ese momento abarrotaban el pasillo. Con un rápido contraconjuro, el mago elfo deshizo la urdimbre de la baatezu.
Alias entró saltando sobre un aullador convocado por Rarzizian que bloqueaba la puerta, llegando hasta la baatezu junto con el aullador de Zenit y la alu. En ese momento, Zenit se ponía a cubierto en el pasillo mientras el resto del grupo, con Cinthork en cabeza, intentaba apartar al aullador que bloqueaba la entrada.
Sin Zenit a la vista, Rarzizian manipuló la gravedad en el pasillo, haciendo los compañeros que lo ocupaban salieran despedidos en todas direcciones para estrellarse contra las paredes. El cuello de Álakir se partió, chasqueando como una ramita seca.
Rehaciéndose de inmediato, los compañeros volvieron a cargar sobre el aullador de la puerta, logrando abatirlo para entrar en el laboratorio. Viéndose rodeada, Rarzizian trató de realizar un conjuro de teleportación. Nuevamente, Zenit aparecería en escena para bloquear su magia, permitiendo que sus aliados atraparan a la baatezu.
De nada servirían las súplicas de Rarzizian, sus mezquinos intentos por llegar a un acuerdo. La espada de Cinthork hizo rodar por el suelo la cabeza que sería llevada ante la erinye Nestlias para saldar el acuerdo que liberaría a Jesshail.
A conciencia, los compañeros destruyeron el laboratorio, haciendo que los conocimientos sobre el mytal de la baatezu desaparecieran para siempre. Antes de partir con la cabeza de Rarzizian hacia la fortaleza reptante, Cinthork arrojó el cuerpo de Álakir al magma, justo allí donde había caído su amada Britha.
Aunque Jesper podría haberle devuelto la vida al elfo, igual que iba a hacer con Simón, los compañeros tenían la certeza de que Álakir no querría vivir una vida sin Britha. Sin duda, el explorador hubiese deseado descansar con ella.
Así, tras la breve visita a la fortaleza de Zodahk, donde intercambiaron la cabeza de Rarzizian por la vida de Jesshail, Zenit empleó el pergamino de Elminster para regresar al plano material primario.

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