Veneno en la sangre - Ecos de un mal antiguo (2/3)
Después de saber, gracias a Ugo el herborista, que el residuo amarillento presente en las ropas de los bandidos no era sino polen de Flor de Pincel, los compañeros estaban bastante seguros de que el campamento de los bandidos que atemorizaban Rivergreen debía encontrarse en la zona de colinas ubicada justo a las afueras del valle. Acompañados de los hermanos Devon y Dureau, ambos deseosos de ganarse el afecto de Lira, se dispusieron a iniciar su camino un poco antes del alba.
Caminaron algunas horas por el Camino del Norte para, después, tomar el Sendero de las Colinas. Las animadas conversaciones de esas primeras horas dieron paso a algunos susurros en voz bastante más baja, acompañados de un nerviosismo generalizado: se estaban acercando a la zona donde pudieran hallarse los bandidos y era hora de estar alerta.
Las dotes observadoras de Lira, quien trataba de captar cualquier detalle interesante del entorno para incluirlo en una de sus canciones, la permitieron detectar una rudimentaria trampa de cuerda en el sendero; no demasiado bien disimulada entre la maleza. Aquellos bandidos no eran una maravilla en aquel tipo de tareas, estaba claro. Con todo el grupo ya atento, no tardaron en divisar algunas marcas en los árboles hechas de forma intencionada, quizá para ayudar a los bandidos a orientarse.
Continuaron avanzando cuidadosamente hasta que ocurrió lo que todos temían: un miembro del grupo, Devon en este caso, tropezó con un pequeño cordel dispuesto en el sendero; haciendo sonar una campanilla. Rápidamente, los compañeros se pusieron en alerta esperando la llegada de enemigos.
Lira aprovechó esos momentos para ocultarse entre unos matorrales cercanos, mientras que Sigrid permanecía tensa como un resorte; tanto que se arrojó espada en mano sobre la primera silueta que se dejó adivinar en el borde del camino. El bandido ahogó un gemido de sorpresa cuando la guerrera se plantó ante él para provocarle un terrible corte en el pecho, que le hizo tambalearse hacia atrás.
Varias flechas llovieron desde la espesura sobre los miembros del grupo que quedaban en el camino. Devon y Dureau rodaron por el suelo para esquivar, mientras que Edric se cubría a sí mismo con el escudo y Garrick se refugiaba tras él. Sigrid, por su parte, mantenía a raya a su maltrecho oponente sin demasiada dificultad.
Edric corrió hacia uno de los bandidos que, en ese momento, extraía una nueva flecha de su carcaj. Garrick, que iba tras el sacerdote, disparó su ballesta de mano para acertar en el estómago del hombre. Un segundo después, la flecha disparada por Dureau terminaba con la vida de aquel indeseable.
Mientras Devon abatía de otro flechazo al oponente de Sigrid, Lira se escurría entre la maleza para intentar sorprender a otro de los bandidos. Sigrid, liberada, cargó contra otro enemigo que encontró en aquel margen del camino que, esta vez sin embargo, logró esquivar el golpe trazado por su espada. El hombre contraatacó con ferocidad, desenvainando rápidamente su espada para golpear fuertemente el escudo de la mujer.
El bandido del otro margen del camino disparó su flecha, la cual quedó clavada en la hombrera de cuero de la armadura de Garrick, arrancando un grito de terror de labios del halfling. Edric acortó distancias con el malhechor para descargar un golpe de su maza en el hombro de su oponente, que a punto estuvo de desplomarse. Devon y Dureau dispararon sobre él. Aunque el segundo falló, el primero atravesó el cuello del bandido, que cayó muerto justo cuando Lira llegaba a su retaguardia para apuñalarle por la espalda.
En el otro margen del camino, Sigrid y el bandido que quedaba continuaban intercambiando estocadas y bloqueos en un combate bastante nivelado. Garrick disparó su ballesta de mano contra el malhechor, atravesándole el muslo. Esta vez fue Dureau quien acertó con su flecha en el pecho de el hombre para abatirle.
Tras comprobar que todos se encontraban bien, los compañeros comenzaron a registrar los cadáveres de los bandidos. Sigrid encontró algunas hierbas medicinales y vendajes en el zurrón de uno de ellos. La naturaleza de aquellas hierbas, según explicó Edric, indicaba que aquellos hombres estaban intentando tratar el sarpullido negruzco que marcaba su piel, un sarpullido idéntico al de los otros bandidos con los que se habían enfrentado.
Estaba claro que algún tipo de mal aquejaba a aquellos bandidos. Edric sugirió que intentasen no tocarlos por si la naturaleza de aquella enfermedad fuese contagiosa. De ese modo, ni siquiera trataron de apartar los cuerpos del camino antes de continuar la marcha.
Continuaron casi una hora más hasta encontrar un buen lugar donde montar el campamento. Descansaron sin encender un fuego, por miedo a alertar a los bandidos que pudiese haber en la zona, aunque eran conscientes de que, si estos habían encontrado los cadáveres de sus compañeros, ya estarían buscándoles.
Se pusieron en camino al amanecer, moviéndose con cuidado por el bosque para evitar que ninguno de ellos volviese a hacer saltar una trampa. Su avance era más lento de lo deseable, pero todos preferían moverse con seguridad antes que con una rapidez que pudiese costarles la vida.
Quizá gracias a ese lento avance, con todos prestando suma atención al camino, fue que Devon descubrió una pequeña cueva existente en un montículo natural. Un pequeño colgante hecho a base de plumas y ramitas secas señalaba que el lugar estaba probablemente habitado. Con cautela, los compañeros se acercaron a inspeccionarlo.
Desde la entrada de la cueva, pudieron ver un cadáver tendido unos metros adentro del corredor. Presentaba horribles quemaduras en la boca y la garganta, como si hubiese bebido alguna especie de ácido. Se trataba sin duda de uno de los bandidos de la zona. Sigrid y Lira pronto percibieron el hedor acre que surgía de la cueva, de modo que advirtieron a sus compañeros. Probablemente, especuló Edric, se tratase de algún tipo de vapor venenoso.
Tras debatirlo durante un rato, decidieron que Sigrid entrase en la cueva acompañada de los hermanos Devon y Dureau, por si había problemas. El grupo estimó que dentro de la cueva podría haber algo valioso o útil ya que el adorno colgante parecía algún tipo de amuleto de protección. Edric les advirtió que se diesen prisa, por si efectivamente, los vapores fuesen peligrosos.
Equipados con antorchas, los tres elegidos se internaron en la cueva intentando contener la respiración. Los vapores eran más intensos allí, haciendo que les llorasen los ojos. Pronto, cuando se vieron obligados a respirar, comenzaron a toser debido a aquella sustancia acre que les ardía en la garganta. El pasadizo de entrada les condujo hacia una pequeña estancia abovedada donde encontraron varios cadáveres: los de dos druidas y cuatro bandidos.
Mientras que los druidas presentaban claras heridas de espada, los bandidos parecían haber muerto por otro motivo, con sus rostros retorcidos en una mueca de agonía. Había un par de camastros allí, así como una mesa de trabajo sobre la que se encontraba un libro y un tintero con pluma. En la pared, un tosco estante tenía expuestos varios viales que contenían diversos líquidos. Al pie de dicho estante, un frasco roto había derramado algún tipo de icor que dejó una mancha ya reseca en el suelo de piedra.
En ese momento, Dureau se desplomó entre toses. Sigrid le gritó rápidamente a Devon que lo sacara de allí mientras ella echaba un rápido vistazo a la estancia. Sin pensarlo demasiado, agarró un par de viales y el libro que se encontraba sobre la mesa de trabajo. La guerrera boqueó entre toses hasta salir de la cueva, donde se dejó caer de rodillas en el suelo mientras vomitaba.
Cerca de ella, sus compañeros se arremolinaban en torno al cuerpo de Dureau. Devon, con el rostro descompuesto y algo de vómito en la comisura de los labios, sollozaba agarrando la mano inerme de su hermano. Cuando Sigrid miró a Edric en busca de respuestas, el sacerdote negó con la cabeza.
Los compañeros amortajaron el cuerpo de Dureau y lo subieron a un árbol para mantenerlo a salvo de los predadores. Tenían planeado regresar a por él para darle sepultura en Rivergreen, como correspondía. Luego, continuaron su camino hacia las colinas.
Cuando montaron el campamento aquella tarde, Edric examinó los viales que Sigrid había cogido en la cueva, explicándole a la guerrera que se trataba de dos pociones curativas. Aprovechó también las últimas horas de luz para echar una ojeada al libro que la guerrera había conseguido, comprobando que se trataba del diario de uno de los druidas que habían muerto en aquella cueva.
Si bien las primeras páginas del diario hablaban de rutinarios estudios acerca de plantas y animales, aderezados con algunas reflexiones teológicas sobre los dioses de la naturaleza, más adelante el druida se mostraba preocupado por la presencia de un grupo de bandidos en el antiguo refugio de caza. Según narraba, los bandidos se habían internado en lo que el llamaba "las ruinas prohibidas" y temía que ahora esos indeseables pudiesen haber sido "marcados por la sombra".
Cuando Edric compartió aquello con sus compañeros, todos estuvieron de acuerdo en que esa "marca de sombra" podía referirse al sarpullido negruzco que presentaban los bandidos. El ánimo de todos se ensombreció, pues intuyeron que había algo más que una simple enfermedad infecciosa tras aquel mal que aquejaba a los malhechores.
Se pusieron de camino nuevamente al alba, abandonando el Valle para internarse en las colinas. El grupo extremó la precaución, pues no querían alertar a los bandidos de su presencia. Cuando se hubieron encontrado lo suficientemente cerca del antiguo refugio de caza, decidieron que Garrick y Devon se adelantasen para echar un vistazo.
El halfling y el cazador se escabulleron sigilosamente hasta llegar bastante cerca de aquella construcción de piedra que, sin duda había visto tiempos mejores. Se trataba de una casa con cuatro habitaciones y quizá un pasillo interior. La chimenea estaba medio desmoronada, pero la delgada columna de humo azul demostraba que se hallaba en funcionamiento.
Un par de bandidos holgazaneaban en el porche con los arcos en el regazo, ambos en silencio y con expresión hosca. Tras unos minutos observando a las figuras que pasaban por delante de las distintas ventanas, Garrick estimó que había otras cinco personas en el interior del refugio.
Hechas las pesquisas, la avanzadilla regresó junto al resto de sus compañeros. Tras ponerles en conocimiento de lo descubierto, decidieron que esperarían a la noche para intentar asaltar por sorpresa el refugio, aprovechando el cobijo de la oscuridad.
De ese modo, aguardaron a que cayera el sol para acercarse a la construcción. Edric, Lira y Devon se aproximaron a la entrada del refugio por el margen izquierdo del camino que conducía a este, mientras que Garrick y Sigrid se acercaban por el derecho.
Otros dos bandidos habían relevado a los que, de mañana, habían visto en el porche. Garrick disparó su ballesta desde la oscuridad al tiempo que Devon hacía lo propio con su arco. El halfling acertó en el pecho de su objetivo, hiriéndole de gravedad, mientras que el cazador falló por poco. Los bandidos dieron rápidamente la alarma y se empezaron a escuchar sonidos provenientes del interior del refugio.
Lira corrió hacia el porche con la espada ropera desenvainada, aunque fue adelantada por Edric, que atacó de inmediato a uno de los bandidos del porche. El malhechor, sin embargo, esquivó el ataque del sacerdote con bastante facilidad. Edric bloqueó el contraataque con su escudo.
El bandido herido por Garrick retrocedió hacia el refugio, disparando su arco desde el umbral sobre el halfling, que esquivó la flecha sin problemas. Otro bandido se asomó por una de las ventanas para disparar su arco desde allí sobre Lira, arrancando un buen pedazo de cuero de su armadura.
Sigrid corrió hacia el porche, llegando hasta el umbral del refugio para descargar su espada sobre el bandido que allí se encontraba, quien se agachó a tiempo para no ser decapitado. La guerrera pudo percatarse de que dos personas llegaban por el pasillo que daba a la entrada: otro bandido y un hombre alto equipado con una armadura de cuero de mejor calidad y cuatro dagas a la cintura, seguramente el líder de aquellos despojos. La mitad del rostro de aquel hombre estaba manchado por el sarpullido negruzco, incluso uno de sus ojos era negro por completo.
Mientras se encaminaba tras Sigrid, Garrick disparó su ballesta de mano sobre el bandido que combatía con Edric, atravesando su cuello. Devon, por su parte, hería en el brazo al bandido apostado en la ventana con un certero disparo de arco.
Lira y Edric pasaron corriendo sobre el cadáver del bandido abatido por el halfling. Mientras que la muchacha busco cobertura en la pared para salir de la línea de tiro del arquero de la ventana, el sacerdote se colocó en la puerta junto a Garrick y Sigrid.
El líder de los bandidos arrojó una de las dagas de su cinturón sobre Sigrid, la cual rebotó sobre su escudo. Un momento después, abandonaba el pasillo para introducirse en una de las habitaciones del refugio. Un nuevo bandido llegó para apoyar al que defendía la puerta ante Sigrid, mientras que otros dos aparecían al final del pasillo.
La guerrera se defendió a duras penas de la acometida conjunta de sus dos enemigos, recibiendo una fea herida en el abdomen. Ni siquiera pudo contraatacar en condiciones. Tampoco Garrick, que irrumpió por sorpresa tras la guerrera, logró acabar con ninguno de los dos hombres que defendían la puerta.
Devon, por su parte, intercambiaba flechas con el bandido apostado en la ventana. Ninguno de los dos había logrado alcanzar a su enemigo y se gritaban insultos continuamente el uno al otro.
Lira se acercó a la puerta con su espada ropera para apoyar a Sigrid y Garrick, pero la rápida estocada de la bardo fue bloqueada por el bandido al que iba destinada. Edric, tras sus compañeros, extendió la mano para invocar el poder de su diosa y restablecer así a Sigrid de su terrible herida.
La guerrera sonreía cuando, de imprevisto, el líder bandido volvió a salir al pasillo para arrojar otra de las dagas sobre ella. Esta vez, el arma impactó en la mujer, haciéndola chillar de dolor. Acto seguido, uno de los bandidos intentó ensartarla con su espada, pero Sigrid logró echarse atrás justo a tiempo. El otro bandido de la puerta atacó a Garrick, pero el halfling evitó sin problemas el ataque gracias a su agilidad. Los dos bandidos restantes ya estaban llegando también a la puerta.
Dando un pequeño paso atrás, Sigrid bebió una de las pociones curativas, sintiendo de inmediato el alivio de sus heridas. Al tiempo, Garrick apuñalaba con su daga el corazón de aquel bandido al que hiriera con su ballesta al inicio de las hostilidades.
Devon, que acababa de abatir con su arco al bandido apostado a la ventana, corría hacia el refugio con la intención de introducirse allí a través de esta. Lira, percatándose de la situación, se retiró hacia allí para trepar ágilmente e introducirse en el refugio por la ventana.
Edric entró en el pasillo rebasando a Sigrid para descargar un mazazo contra uno de los bandidos, que retrocedió dolorido. En el último momento, el sacerdote logró también esquivar la daga arrojada por el líder de los malhechores que, un instante después se introdujo en una habitación a la izquierda para encontrar, con sorpresa, a Lira colándose por la ventana.
Mientras Edric y Garrick intentaban contener como podían al par de bandidos que avanzaban hacia la puerta, el malhechor en retaguardia seguía a su líder que alertaba a gritos de la intrusión de enemigos por otro punto. Nada más entrar en la estancia, el tipo disparó su arco contra Lira, incrustando su flecha en el pecho de la muchacha, que se desplomó de espaldas sobre el suelo.
Garrick apuñaló el estómago del bandido, que se desplomó hacia delante, sin vida. Un segundo después, se apartaba a duras penas para que Sigrid no le arrollase. La guerrera había oído gritar a Lira, de modo que avanzó por el pasillo y decapitó de un golpe al último bandido que allí quedaba.
En ese momento, Devon entró por la ventana de la habitación en la que se encontraba Lira. Iba espada en mano, pues había desechado su arco. Con toda su furia, descargó un terrible tajo en el pecho del líder bandido. Un momento después, Edric se internó en la habitación a toda carrera y, desde la puerta, desató el poder de su divinidad. Lira abrió los ojos casi de inmediato, rodando por el suelo para ponerse en pie lejos de los dos enemigos presentes en la habitación.
El líder bandido trató de apuñalar a Devon con su daga, aunque el cazador lo esquivó por muy poco. El otro bandido, soltando su arco, empleó la espada para tratar de ensartar a Edric, que repelió el ataque con su escudo. Garrick y Sigrid aparecieron entonces tras el sacerdote, que se internó en la habitación.
Edric propinó un buen golpe al bandido, que se tambaleó aturdido mientras Lira lanzaba una estocada muy poco afortunada sobre el líder de la banda, que la esquivó echándose a un lado con cierta elegancia. El contraataque del hombre fue devastador, hendiendo su daga en el cuello de la muchacha, que volvió a caer al suelo entre los desesperados gritos de Devon.
La daga del bandido al que acababa de golpear Edric se proyectó hacia el lado contrario, buscando a Garrick y produciendo un terrible corte en el peto de su armadura de cuero. El halfling contestó con dos sesgos de su daga que solo tocaron el aire antes de colarse en la habitación seguido de Sigrid. La guerrera partió por la mitad al desafortunado de un solo golpe.
El líder bandido estaba solo y rodeado de enemigos, pero se negó a rendirse cuando Edric se lo sugirió. Su boca vomitaba un torrente de insultos, además de algunas frases caóticas e incomprensibles acerca de "su revelación".
Devon intentó ensartarle sin éxito, pues era un oponente muy rápido y esta vez no le había tomado por sorpresa. El ataque de Edric también fue eludido por el ágil combatiente, que continuaba con su verborrea inconexa. La daga del líder trazó entonces un amplio arco para acabar cortando profundamente el cuello de Garrick, que se desplomó en el suelo.
Con un grito de furia, Sigrid cargó contra su enemigo, propinándole un tajo que le hizo bambolearse al límite de sus fuerzas. Devon volvió a cargar contra el hombre, aunque nuevamente el sujeto le esquivo sin apenas dificultad.
Edric lo intentó de nuevo, volviendo a fallar ante la increíble agilidad de aquel hombre que le sonreía enajenadamente desde su rostro consumido por el sarpullido negro. La daga del hombre volvió a bailar, esta vez para apuñalar el estómago de Sigrid, que jadeó mientras su sangre se derramaba en el suelo.
Ni la guerrera ni Devon fueron capaces de herir al líder bandido en la sucesión de ataques que efectuaron un momento después. Fue Edric quien, con más fe que habilidad, logró conectar un fuerte mazazo en la sien de su enemigo: los pedazos de cráneo y cerebro quedaron esparcidos por toda la habitación.
Rápidamente, los compañeros se acercaron a examinar los cuerpos de Lira y Garrick: por suerte, ambos continuaban con vida. Edric había agotado el vínculo con su diosa, de modo que tendrían que esperar a que sus amigos recuperaran la consciencia por sí solos.
Garrick tardaría un par de horas en recuperar la consciencia, mientras que Lira casi cuatro. En ese tiempo, Edric y Sigrid se dedicaron a inspeccionar el refugio en busca de pistas que les explicasen el posible origen del sarpullido negruzco mientras Devon quedaba al cargo de los heridos.
Lo cierto es que no estaban demasiado seguros de si habían encontrado lo que buscaban.
En la habitación más grande, aquella en la que se encontraba la chimenea, las paredes estaban llenas de mensajes desesperados escritos por varios de los bandidos, a juzgar por las diferentes caligrafías. Dichos mensajes aludían a una entidad o presencia en las ruinas que les había mostrado "la verdad". A medida que leían todo aquello, comenzaron a sentir una extraña sensación de malestar. Entre todos aquellos escritos inconexos, encontraron el nombre de Yzumath repetido varias veces.
También hallaron un tosco mapa de dibujos bastante torpes que mostraba un punto señalado en las Tierras Altas de Hanlecke, unas montañas cercanas. Edric y Sigrid se miraron: sabían cual habría de ser su siguiente paso.

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