Veneno en la sangre - Ecos de un mal antiguo (3/3)
Casi una semana había pasado desde que el sacerdote Edric, el halfling ladrón Garrick, la bardo Lira y la guerrera Sigrid, con la ayuda de Devon, acabasen con los bandidos que se ocultaban en el viejo refugio de caza de las colinas. Los enloquecidos mensajes encontrados en las paredes del lugar, junto al mapa que señalaba un punto en las Tierras Altas de Hanlecke, les hacían pensar que allí se encontraban aquellas "ruinas prohibidas" en las que los bandidos habían contraído el sarpullido negruzco. Un gran mal se escondía más allá de esa dolencia, lo sospechaban, y estaban dispuestos a investigar.
Las exequias de Dureau, el hermano de Devon que había fallecido intoxicado por los vapores venenosos de la cueva en la que se internó con su hermano y Sigrid, duraron dos días. Finalmente, tras velar el cuerpo todo ese tiempo, había sido el propio Devon quien había prendido la pira que elevó el alma de su hermano hasta los dioses.
La historia que los compañeros trajeron consigo había preocupado a la alcaldesa Bomatha, sobre todo cuando Edric y Sigrid narraron su sensación de malestar al leer los demenciales textos de las paredes. Si tenían razón, era probable que el Valle estuviese en peligro y, por lo tanto, se veía en la obligación de ayudar en la medida de lo posible a sus heroicos vecinos. Después de todo, viajarían a un lugar donde se sabía que algunas pequeñas comunidades goblin se hallaban establecidas desde hacía algún tiempo.
Así, los habitantes de Rivergreen llevaron a cabo una colecta con la que se recaudó lo suficiente como para conseguirles unas buenas ballestas a Lira, Edric y Garrick. Sigrid, por su parte, prefirió un arco largo. Equipados, los compañeros estaban preparados para viajar hacia las Tierras Altas de Hanlecke junto a Devon.
Volvieron, como días atrás, a tomar el Camino del Norte; que abandonaron rápidamente para caminar por el Sendero de las Colinas. Sus corazones se encogieron un poco al pasar cerca de la cueva de los druidas en la que había perdido la vida Dureau, pero continuaron su camino más allá del refugio de caza en el que habían derrotado a los bandidos, viajando durante cuatro jornadas hasta llegar al pie de las montañas conocidas como Tierras Altas de Hanlecke.
La parte baja de aquellas montañas estaba ocupada por una serie de bosques bastante densos de árboles oscuros cuyas copas apenas dejaban pasar la luz del sol. La presencia de la densa niebla que encontraron al internarse en dicho bosque era, por otra parte, normal en aquellas latitudes.
No era normal, sin embargo, el hecho de encontrar a un hombre sentado en una rama. El tipo había anudado el extremo de una gruesa soga a la rama sobre la que se sentaba, mientras que el otro extremo se hallaba atado a su propio cuello. El hombre tenía la clara intención de ahorcarse.
Lira se acercó para intentar hablar con aquel sujeto y convencerle de que desistiese, pero el hombre la ignoró por completo. Sigrid, llamó entonces la atención de sus compañeros acerca del sarpullido que brotaba bajo la camisola del individuo, una leve mancha negruzca que ascendía por su cuello. Indudablemente, aquel tipo había contraído el mismo mal que los bandidos.
Edric dio un paso al frente para hablar también con el hombre, pero este se limitó a gritar una serie de incoherencias y a reír como un auténtico demente. Tras gritar algo como "La ira de la noche encadenada", el individuo se arrojó de la rama. El cuello se partió con un macabro crujido cuando la cuerda se hubo tensado bruscamente.
Lira quería descolgar el cuerpo para enterrarlo, pero Edric le recordó que debían ser prudentes con el sarpullido; al menos hasta que supiesen más al respecto. No obstante inspeccionaron la zona en busca de las pertenencias de aquel desdichado, por si pudieran encontrar algo que les contase más acerca de él.
Fue Edric quien encontró su mochila entre unos arbustos cercanos. Parecía el equipo básico de cualquier aventurero de la región, aunque no había ningún arma: algo inusual para alguien que se adentrase a solas en la naturaleza, más aún en las Tierras Altas de Hanlecke, donde se sabía que moraban algunas tribus goblin.
Pero el sacerdote encontró algo más.
Entre el equipo de aquel desdichado había un pergamino. Alguien había usado un carboncillo para calcar una inscripción en relieve, seguramente grabada sobre alguna roca. El lenguaje era algo arcaico, en un idioma antiguo pero con raíces comunes al de la región. Aquel texto rezaba así:
"Y por ello, Yzumath fue encarcelado para contener su ambición desmedida y su horrible corrupción"
Los compañeros no tuvieron dudas de que aquel hombre había visitado las ruinas prohibidas de las que hablaba el diario de los druidas. Visto lo visto, deberían ser prudentes para que aquel sarpullido que enloquecía las mentes no llegase a afectarles.
Hicieron noche en el bosque para continuar su camino con el alba. Poco a poco, la vegetación se hacía menos abundante y el terreno más vertical. Pronto se hallaron ascendiendo trabajosamente por las faldas de las montañas.
Más o menos a medio día, se toparon con un par de enormes estatuas derrumbadas, como si hubiesen sido arrastradas montaña abajo por algún tipo de desprendimiento. Las estatuas, que representaban sin duda a antiguos héroes de alguna cultura ya olvidada, estaban ahora casi totalmente cubiertas de musgo.
Garrick que se acercó a echar un ojo, descubrió algunas inscripciones ya apenas visibles en el basamento de las estatuas. Edric no pudo traducir la mayor parte del texto, pero supo que en él aparecían las palabras "Yzumath", "Encadenamiento" y "Diamante de Las Almas".
Sigrid, por su parte encontró algunas hierbas de aspecto curiosos que reconoció de inmediato. Se trataba de un tipo de planta con propiedades curativas. Mientras sus compañeros examinaban las estatuas, ella se dedicó a preparar unos emplastos con las plantas, por si los necesitaban. La mujer pudo elaborar hasta ocho emplastos para el grupo.
Continuaron su camino montaña arriba para, poco después, darse cuenta de que se hallaban ante una pared bastante escarpada. Buscar otro camino les iba a hacer perder todo el día y, después de todo, la pared era escalable. De ese modo, sacaron las cuerdas de sus mochilas e iniciaron el ascenso. En un momento dado del mismo, Lira se balanceó peligrosamente en su cuerda y acabó llevándose un buen golpe contra la pared.
Casi terminando el día, también se vieron sorprendidos por un pequeño desprendimiento de rocas que les llegaba desde montaña arriba. Nuevamente, Lira fue la peor parada, pues una roca del tamaño de un puño la impactó dolorosamente en el hombro. Sin embargo, no era nada grave.
Un poco más adelante del lugar del desprendimiento, se toparon de bruces con una pared mucho más complicada que la anterior. Era tarde y la luz se estaba yendo, así que decidieron buscar un sendero alternativo de ascenso a la mañana siguiente.
Con la noche llegó un frío más incómodo de lo esperado. Por prudencia, los compañeros decidieron no encender ningún fuego. No obstante, cerca de allí, alguien no había tomado las mismas precauciones: el resplandor de un par de hogueras les llegaba desde un punto ubicado a unos pocos cientos de metros de donde se encontraban.
Sigrid sugirió echar un vistazo.
Como de costumbre, fueron Garrick y Devon quienes se adelantaron al resto del grupo para investigar. Los demás compañeros les seguían a cierta distancia. Todos llevaban las armas preparadas por si se encontrasen con problemas.
Lo que tanto Garrick como el cazador pudieron ver al trepar una enorme roca fue una especie de pequeño campamento ocupado por goblins. El halfling contó a nueve de ellos, uno de los cuales era una especie de chamán. También pudo percibir, alumbrado por la luz de las llamas, el negruzco sarpullido manchando sus pieles.
Justo cuando comenzaban a retirarse, Devon pisó una piedra suelta; la cual cayó rodando desde su posición hasta casi los pies de uno de los goblins. Varias de las criaturas alzaron sus ojos, capaces de ver en la oscuridad, hacia los dos compañeros al tiempo que comenzaban a tensar algunos arcos.
Nada más escuchar las voces alarmadas de los goblins, Sigrid comenzó a trepar la roca hacia sus compañeros. Por desgracia, estaba demasiado oscuro para sus ojos y aún no podía ver ningún blanco con la suficiente claridad para disparar su arco.
El chamán aulló una plegaria hacia algún tipo de deidad conocida como "El Renacido" y, acto seguido, de su dedo brotó una llama verdosa que por poco envuelve a Devon. Por suerte, el cazador reaccionó a tiempo para echarse al suelo y evitar los efectos de aquel conjuro. Sin embargo, no estuvo tan rápido para esquivar la flecha que le llegó desde la oscuridad, hendiéndose en su muslo.
La flecha de otro goblin cortó en la armadura de Garrick, que abatió con la ballesta a su atacante antes de buscar cobertura tras Sigrid. El halfling pudo ver como un par de criaturas ascendían la roca hacia él y la guerrera al tiempo que el agónico grito, unos metros a su izquierda, le indicó que Devon había caído bajo la espada de los enemigos que le habían sorprendido desde la oscuridad.
Con lágrimas en los ojos, Lira disparó su ballesta contra el monstruo que acababa de ensartar a su amigo Devon. Al tiempo, Edric ascendía la roca para situarse junto a Sigrid. Mientras lo hacía, el sacerdote abatió a otro goblin con su ballesta.
Sigrid disparó con su arco al chamán, que ahora sí podía ver debido a la cercanía. Frunciendo el ceño cuando la flecha le rozó para provocar un leve corte, la guerrera dejó caer el arco y corrió hacia el monstruoso sacerdote espada en mano. Unas gruesas raíces brotaron entonces del suelo, intentando atraparla, pero Sigrid saltó con agilidad, evitándolas para colocarse ante su enemigo.
El chamán parecía totalmente enloquecido, gritando una y otra vez:
"La Ruina Encadenada volverá a alzar su ejército de inmortales"
Tres guerreros goblin llegaron para proteger a su chamán, uno de los cuales había dado la vuelta en su ascenso a la roca. Aunque uno de ellos estuvo a punto de atravesar a Sigrid, la mujer se defendió con fiereza haciendo un magistral uso de su escudo.
Otro de los goblins se abalanzaba sobre Edric empuñando su espada. El sacerdote estaba dejando caer la ballesta para tomar su maza cuando Garrick se anticipó para apuñalar a la criatura en el pecho. El sacerdote corrió entonces a su izquierda, interceptando al monstruo que se dirigía hacia Lira para destrozarle el cráneo con su arma.
Sigrid, rodeada de enemigos, propinó un tremendo tajo con su espada al chamán, quien aulló de furia y dolor. Un segundo más tarde, retrocedía ante el acoso de sus cuatro enemigos haciendo uso del escudo para conservar la vida.
Garrick llego junto a la guerrera, tratando sin éxito de apuñalar por la espalda a uno de los goblins que, sin embargo, resultó abatido por la ballesta de Lira. Edric también irrumpió en escena, lanzando un golpe de maza que un asustado goblin esquivó por muy poco.
La hoja de Sigrid mandó por fin la cabeza del chamán a rodar por el campamento mientras la guerrera esquivaba con gran maestría las acometidas de los dos monstruos que aún quedaban en pie. Garrick apareció por sorpresa a la espalda de uno de ellos para degollarle, mientras que el otro vio su frente ensartada por un virote de Lira.
Con el lugar ya en completo silencio, los compañeros corrieron a comprobar el estado de Devon. Tal y como se temían, su amigo estaba muerto. Lira quedó llorando junto al cadáver mientras sus compañeros llevaban a cabo una rápida inspección del campamento goblin.
Encontraron algún mapa rudimentario de lo que debían ser aquellas ruinas que estaban buscando, junto a algunas notas que sugerían la existencia de una especie de cámara central que permanecía sellada. Obtenida aquella información, decidieron marcharse de aquel campamento lo antes posible, llevando consigo el cadáver de Devon.
Con las primeras luces del alba, dieron sepultura al cuerpo de su compañero. Edric entonó una breve plegaria y Lira dedicó unos bellos versos. Luego, todos continuaron el ascenso a las montañas en un completo y lúgubre silencio.
Justo en el lugar indicado por el tosco mapa hallado en el refugio de los bandidos, los compañeros encontraron unas antiguas ruinas cuyo estilo arquitectónico les era completamente desconocido. Se trataba de estructuras ciclópeas, parcialmente derrumbadas.
Se acercaron en silencio, contemplando con reverencia aquellas edificaciones. Garrick sugirió entonces que llevasen cuidado: los goblins habían visitado aquellas ruinas, a juzgar por su sarpullido, de modo que era tan probable encontrar a más de estas criaturas en el lugar; así como posibles trampas.
De ese modo, los compañeros dejaron que el halfling marchase en cabeza, inspeccionando cuidadosamente el terreno ante ellos en busca de posibles amenazas. Por desgracia, las habilidades del ladrón debían estar bastante oxidadas después de los últimos tiempos en Rivergreen, pues en un momento dado, el suelo se hundió bajo sus pies, haciéndole caer en una trampa de pozo. Garrick arrugó el gesto dolorido cuando sus hueso dieron con el fondo del agujero.
En ese momento, comenzaron a escucharse sonidos dispersos... gruñidos que poco a poco ganaban en intensidad y cercanía.
Sigrid disparó su arco largo contra el primer goblin que vio aparecer. Con un escalofrío, la guerrera se percató de que aquella criatura tenía la carne totalmente colonizada por el sarpullido. Más criaturas aparecieron, dando muestras de una conducta demasiado caótica y enloquecida hasta para los miembros de su especie.
Lira disparó su ballesta contra otro monstruo, pero su tiro erró desastrosamente, al igual que el de Edric. Como respuesta, multitud de flechas goblin llovieron sobre los compañeros, hiriendo a Lira y, de bastante más gravedad a Sigrid. Garrick, que acababa de salir del pozo, empalideció al ver a aquella jauría de monstruos acercándose.
Sigrid extrajo rápidamente uno de los emplastos curativos, aplicándolo sobre sus heridas mientras Lira abatía a una de las criaturas con su ballesta. El disparo de Edric, por desgracia, volvía a fallar propiciando que uno de los goblins llegara hasta él, aunque logró esquivar su golpe antes de dejar caer la ballesta para echar mano de su maza.
Lira se desplomó cuando la flecha atravesó su hombro. Sigrid y Garrick también resultaron alcanzados, el estado de la guerrera era crítico a aquellas alturas. Mientras, Edric retrocedía a duras penas, interponiendo su escudo ante las flechas de dos enemigos que se le aproximaban disparando sin cesar.
El halfling trepó a lo alto de una escalinata, desde donde disparó su ballesta contra un enemigo, Pronto advirtió que aquellos goblins eran mucho más resistentes de lo normal. De hecho, Garrick estaba seguro que era el sarpullido lo que les otorgaba aquella fuerza inusual.
Viendo el estado de sus amigos, el sacerdote invocó a su diosa, haciendo que la energía curativa aliviase sus heridas. Lira, abriendo los ojos, se puso rápidamente en pie. Una flecha disparada por Sigrid abatió a otro enemigo, arrancando un grito eufórico de labios de la guerrera.
El sacerdote retrocedía a duras penas, fatigado ante la acometida conjunta de dos monstruos que le acosaban con sus espadas. Garrick y Sigrid también se defendían como podían de la furia de sendos goblins que habían llegado hasta ellos. Una nueva flecha hirió a la guerrera, disparada por un enemigo a unos doce pasos de ella. La mujer se mantenía en pie a duras penas, dada la gravedad de sus heridas.
Sigrid apenas podía sostener la espada pero, cuando el enemigo ante ella se disponía a decapitarla, un certero virote de Lira atravesó el cuello de la criatura, que se desplomó muerta. Edric actuó deprisa, agotando el vínculo con su diosa para restablecer por completo a la guerrera, que se lo agradeció con una discreta sonrisa.
Los compañeros se reagruparon mientras retrocedían ante el acoso de los tres goblins que acometían en aquel momento a Edric, Lira y Garrick. Además, en la distancia, un último enemigo continuaba disparando su arco: una de las flechas por poco atravesó el cuello del halfling.
Con tres grandes zancadas, Sigrid cubrió la distancia que la separaba del goblin que luchaba cuerpo a cuerpo con Garrick. Antes de que supiera lo que pasaba, la guerrera lo había partido por la mitad de un espadazo. Lira y Edric que luchaban a aquellas alturas a espada ropera y maza contra un par de enloquecidos monstruos, cayeron bajo los toscos filos de sus enemigos.
Tras esquivar otra flecha, Garrick apuntó su ballesta hacia el arquero goblin. El virote quedó atravesado en el pecho de la criatura, que sin embargo no cayó. Mientras, Sigrid corría junto a Lira, colocando sobre sus heridas uno de los emplastos curativos. La bardo abrió los ojos con un gemido de dolor. Sin embargo, la muchacha no había acabado de ponerse en pie cuando la hoja del goblin volvió a hendirse en ella, haciéndola caer de nuevo.
Sigrid bloqueaba con su espada la acometida de un monstruo mientras Garrick esquivaba con destreza una flecha más del arquero. El halfling contestó al fuego enemigo con su ballesta, abatiendo de una vez por todas a aquel infecto ser.
Sigrid se desequilibró, lo cual aprovecharon los dos goblins que se cernían sobre ella para acuchillarla sin piedad. La guerrera se desplomó sobre un charco de sangre mientras Garrick gritaba su nombre con lágrimas en los ojos. El halfling atravesó el ojo de una de las criaturas antes de descender de la escalinata en la que se encontraba. No había mucho que hacer, pues se dio perfecta cuenta de que ninguno de sus amigos respiraba.
Así, sollozando mientras corría, Garrick escapó de aquel lugar mientras escuchaba tras de sí los alaridos enloquecidos de los goblins que le perseguían.

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