Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (4/18)
Tras reunirse con la Dama del Dolor en Sigil y obtener permiso para atravesar los portales que comunicaban con los diferentes mundos del multiverso, los compañeros habían viajado hasta Krynn en busca de uno de los glifos de Ao. Después de ser recibidos por una comitiva de draconianos metidos a bandidos circunstanciales, Cinthork, Jesper, Sathelyn, Vanuath y Zenit consiguieron un barco que les llevase hasta el centro del Mar de Sangre. Ahora, tras una larga caminata por el fondo marino, se disponían a internarse en las ruinas sumergidas de la ciudad de Istar.
Aquellas antiguas ruinas que yacían bajo las aguas del Mar de Sangre dejaban adivinar de algún modo el pasado esplendor de aquella enorme urbe. Bellos edificios ahora cubiertos de algas y a medio desmoronar habían sido erigidos a los lados de amplias avenidas adornadas por columnas ornamentales, muchas de las cuales estaban ahora agrietadas o invadidas por la flora marina.
Vagaban por una de esas calles cuando, de pronto, Sathelyn divisó una enorme forma moviéndose en el límite visual de aquel paisaje submarino. Con toda la velocidad que le permitía el hecho de encontrarse bajo el agua, la guerrera corrió a ocultarse en el interior de un desmoronado edificio mientras alertaba a sus compañeros. Un momento después, Cinthork y Vanuath hacían lo propio, al igual que Zenit, que incluso utilizó magia para aumentar su velocidad bajo el agua.
Jesper, totalmente consciente de que no iba a poder llegar a ninguno de los edificios, decidió conjurar a un celestial, así que invocó a uno de luz; que podría manejarse sin problemas bajo el agua. Ante el sacerdote, se materializó una áurea nube de energía luminosa que parecía cambiar de forma constantemente.
La enorme criatura, que se asemejaba a una descomunal tortuga, era en realidad un dragón marino, que se quedó flotando en mitad de la calle mientras observaba con ferocidad a Jesper. Inesperadamente, un segundo dragón marino apareció nadando desde el sur para quedar encaramado a la fachada del edificio anexo a aquel en el cual se había cobijado Sathelyn. Este segundo dragón abrió la boca para exhalar un chorro de agua hirviendo que hirió tanto al sacerdote como al celestial.
El celestial de luz emitió entonces un relámpago dorado que impactó en el pecho del monstruo que flotaba en mitad de la calle, haciéndole rugir de dolor. Un momento después, Jesper invocaba una llama sagrada que descendía desde las alturas para golpear a la criatura, aunque no pareció hacerle demasiado daño.
Entonces, Cinthork, moviéndose a la sobrenatural velocidad que le proporcionaba su escudo mágico, se plantó también ante ese dragón para propinarle un par de martillazos en el costado. La criatura volvió a rugir, entre la sorpresa y el dolor. En ese momento, Vanuath salió también de su escondite para disparar sus ballestas de mano contra el dragón encaramado en la fachada, incrustando ambos proyectiles en el pecho de la bestia.
Desde el interior del edificio en el cual se ocultaba, Zenit convocó un elemental de agua frente a la criatura encaramada en la fachada. El enorme humanoide compuesto por agua tenía un aspecto extraño en aquel entorno subacuático, siendo realmente difícil de ver. El convocado lanzó un par de potentes puñetazos sobre el dragón, aunque ninguno de ellos pareció hacer un daño significativo a la criatura.
El dragón del centro de la calle parecía observar con odio a Cinthork mientras se preparaba para descargar su aliento sobre el minotauro pero, entonces, Sathelyn surgió del umbral del edificio ruinoso en el que se ocultaba para disparar dos flechas: una a la garganta del dragón y otra que se hendió en el ojo de la bestia, dejándola sin vida.
El dragón que aún quedaba mordió con fuerza el brazo del elemental, dañando a la criatura que, sin embargo continuaba intentando luchar. Enfrascado en esta lucha, el reptil marino no pudo percatarse a tiempo de aquel minotauro acelerado mágicamente que se plantaba ante él para asestarle dos potentes martillazos consecutivos, uno de los cuales le acabó por partir el cuello.
Los compañeros permanecieron aún alerta, por si apareciese algún enemigo más. Luego, tras cerciorarse de que la lucha había finalizado, decidieron ocultarse en uno de los ruinosos edificios de aquella calle antes de proseguir su exploración de la sumergida Istar: un breve descanso les iba a venir bien.
Al poco de reanudar su camino, un par de horas después, los compañeros detectaron un extraño resplandor plateado proveniente del centro de la ciudad. Cuando se acercaron lo suficiente, pudieron comprobar que se trataba de una especie de domo de energía plateada que parecía mantener parte del antiguo Templo del Sumo Sacerdote ajeno a las aguas.
Atravesaron sin problemas la barrera de energía y se encontraron en un espacio seco. Tras inspeccionar cuidadosamente la zona, hallaron el rastro de las pisadas mojadas de un grupo de cuatro individuos y, teniendo en cuenta que el contemplador Xanathar levitaba, no les cupo duda que se trataba de sus competidores.
El grupo ascendió en silencio la escalinata del templo, colocándose a ambos lados de la puerta para observar el largo pasillo que se internaba en la estructura. Las numerosas grietas en paredes y techos dejaban pasar el resplandor plateado del domo, dotando al lugar de una iluminación fantasmal.
Cinthork le sugirió a Zenit entonces que invocase un ojo-ala a fin de que el pequeño extraplanar inspeccionase el lugar antes de avanzar. Así, Zenit hizo aparecer al pequeño óvalo peludo de alas membranosas y larga cola rematada por un aguijón. El ser guiñó un momento su único y rojizo ojo central antes de adentrarse aleteando en el pasillo.
El ojo-ala no avanzo demasiado pues, a mitad del corredor, una potente explosión sónica lo pulverizó por completo. Gracias a aquella pequeña criatura, los compañeros habían logrado evitar una potente trampa mágica.
Con precaución, los compañeros fueron entrando en el templo. Jesper, Sathelyn y Zenit, tras avanzar unos pocos metros, buscaron rápidamente cobijo en las habitaciones existentes a los lados del pasillo: unos cubículos llenos de mobiliario desvencijado por el paso del tiempo. Por su parte, Cinthork avanzaba con confianza por el corredor, martillo en mano, mientras Vanuath caminaba a su espalda.
Previniendo lo que pudiese acontecer, el paladín vertió la bendición de Tyr sobre su compañero, pidiéndole al Dios de la justicia que permitiera que Vanuath infligiese el mayor daño posible a sus enemigos. Zenit, que se encontraba oculto en una habitación cercana a ellos, emplearía a la vez su magia para acelerar la velocidad de acción minotauro antes de activar su capa de invisibilidad y desaparecer de la vista.
Vanuath aún sonreía por sentir el poder recorriendo su cuerpo cuando, de pronto escuchó algo. Ninguno había visto nada en aquel pasillo, pero el ladrón juraría que había escuchado pasos que cruzaban el corredor para internarse en una de las habitaciones. Llamó la atención de Cinthork sobre este hecho.
El paladín, tras meditarlo unos segundos, invocó un martillo de energía espiritual ante la puerta de aquella habitación en la que su compañero había escuchado internarse los pasos. Un instante después, Vanuath activaba su daga mágica para poder ver a cualquier criatura invisible que se encontrase en el corredor.
Con gran sobresalto, el ladrón pudo ver a Nakoto, la asesina, a apenas un par de pasos de Cinthork, mientras que Ahmaergo, el enano de aspecto vil, se encontraba no mucho más lejos y dirigiéndose hacia el propio Vanuath.
A voz en grito, el ladrón llamó la atención de sus compañeros. Cinthork, por su parte, le gritaría a Jesper que convocase a un celestial rápidamente, lo que el sacerdote hizo: el celestial planetario de piel verdosa y alas blancas se materializó entre el minotauro y la asesina invisible.
Por desgracia, Nakoto era sorprendentemente rápida y eludió al celestial para, al tiempo que se hacía visible, asestar una terrible puñalada en el costado de Cinthork, que se tambaleó mientras la sangre manaba de su herida abierta. A la vez, Ahmaergo avanzaba hasta Vanuath y lograba herirle con su gran hacha.
Ante siquiera de que el grupo pudiese reaccionar, el mago drow Nar'l Xibrindas dobló el recodo del final del pasillo mientras murmuraba arcanas palabras. El rayo eléctrico zigzagueó por el pasillo para golpear tanto a Cinthork y Vanuath como al celestial, mientras ni siquiera tocaba a los aliados del mago.
Vanuath daba un paso atrás, hiriendo en el muslo a Nakoto que, acto seguido, veía como Cinthork la asestaba dos terribles martillazos que la acababan por convertir en un mero amasijo de carne y huesos triturados que yacía sin vida sobre aquel pasillo. Mientras el celestial volaba a través del pasillo para encontrarse con Nar'l, Sathelyn salía de la habitación en la que se ocultaba para lanzar dos disparos que herían a Ahmaergo.
El martillo espiritual convocado por el minotauro avanzaba volando por el pasillo en dirección al mago drow, movido por la voluntad del paladín de Tyr. Mientras, Nar'l terminaba un conjuro que, aunque sus compañeros no lo advirtieron, acababa de doblegar la voluntad de Sathelyn, poniéndola bajo el control del hechicero.
Furioso, el enano golpeó el suelo con su gran hacha, levantando súbitamente una nube de fuego que envolvió a Cinthork, Sathelyn y Vanuath, produciendo algunas quemaduras en la piel de los compañeros. Luego, Ahmaergo, que probablemente pensó que aquel pasillo se había vuelto demasiado peligroso, se retiró rápidamente a una de las habitaciones.
Vanuath, que acababa de recibir un conjuro acelerador de Zenit, corrió tras él para arrinconarle en la estancia donde, de dos certeros disparos con sus ballestas de mano, acabó con su vida. Mientras, Cinthork avanzaba por el pasillo, martillo en mano, en dirección al mago drow solo para ver como una nueva figura se materializaba al fondo del pasillo.
Kragor, el negro minotauro que era su más antiguo rival, invocaba el poder de su hacha mágica para que un nuevo rayo eléctrico surcase el pasillo. Cinthork, Vanuath, Sathelyn y el celestial sufrieron una vez más los dolorosos efectos de la electricidad sobre sus cuerpos.
Justo cuando el celestial llegaba hasta Kragor y Vanuath comenzaba a avanzar por el corredor, Sathelyn, que estaba bajo el control mental de Nar'l, colocaba dos certeras flechas en la espalda del planetario. Por suerte, Jesper estaba cerca y corrió a disipar el control del drow sobre su compañera empleando sus poderes divinos.
En aquel momento, Nar'l decidió huir por el pasillo, aunque no sin antes recibir un golpe del martillo espiritual de Cinthork. Kragor también se llevaría un golpe de aquella invocación sagrada cuando se retiró tras el mago aunque, antes de hacerlo, el oscuro minotauro partiría con en dos con su hacha al celestial planetario que Jesper había invocado.
Cinthork llegaría al fondo del corredor unos segundos después, asomándose para divisar un nuevo tramo de pasillo en el que no detectaba a ningún enemigo. Precavido, el minotauro hizo avanzar el espectral martillo flotante. Un momento más tarde, Vanuath rebasaba a su compañero y, en una actitud mucho más temeraria, avanzaba por el pasillo.
El sigiloso ladrón tomó totalmente por sorpresa a un Kragor que se escondía en un recodo del corredor. Vanuath incrustó uno de sus virotes en el muslo de su oponente antes de retroceder para ponerse a salvo. Frustrado, Kragor se vio obligado a replegarse hacia una sala existente al fondo del pasillo justo cuando Jesper y Sathelyn llegaban a aquel tramo de corredor, situándose junto a Cinthork.
En el mismo momento en que los compañeros se disponían a avanzar, un rugido fue seguido de un estruendo cuando, de aquella puerta por la que había desaparecido Kragor, surgía un joven dragón amarillo de, más o menos, el tamaño de un caballo muy grande y con una gruesa cadena de oro alrededor del cuello: un dragón astral. El reptil exhaló un haz de energía pura que castigó con su intenso calor a Cinthork, Jesper, Sathelyn y Vanuath.
Los compañeros retrocedieron un paso. Vanuath incluso efectuó un par de disparos sobre el reptil, hiriendo levemente con uno de ellos a la bestia. El dragón astral, que obviamente había sido invocado por Nar'l, avanzó un par de pasos por el pasillo para acercarse a sus potenciales víctimas.
Tan solo un parpadeo más tarde, Zenit doblaría el recodo del corredor para plantarse ante el joven dragón y señalarle con su dedo índice mientras gritaba “¡Muere!”. Emitiendo un rugido lastimero, el reptil se convulsionó bruscamente antes de desplomarse sin vida sobre el suelo, merced a aquel conjuro de Dedo de la muerte.
Vanuath se asomó por aquella entrada cuyo arco de piedra había destrozado el dragón al cruzar, pudiendo ver una enorme sala llena de gruesas columnas tras una de las cuales, el ladrón pudo detectar a Nar'l oculto, aunque no ofrecía un blanco claro. Entonces, sin pensarlo dos veces, Cinthork entró a toda carrera en la sala, localizando a Kragor en uno de los laterales. El paladín usó el poder de su armadura para aumentar su tamaño mientras avanzaba.
Ambos minotauros se enfrascaron en un violento combate, intercambiando golpes. Mientras, Vanuath se escurría por el flanco del hechicero drow para lograr algo de ángulo y lograr herirle con uno de sus virotes. Tras chillar de dolor, el mago volvió a ocultarse tras la columna.
Cinthork acababa de herir a Kragor con un par de buenos golpes de martillo cuando, abandonando su cobertura, Nar'l invocó una flecha de ácido que surcó el aire hacia el minotauro enemigo. Por suerte, el arcano proyectil impactó en la pared, donde derritió un buen pedazo del bloque de mármol. El drow aún maldecía por su fallo cuando Zenit se asomó a la estancia, lanzando un rayo verdoso sobre el pecho de Nar'l, que retrocedió con una terrible herida en aquel lugar. En su retroceso, se encontraría con un nuevo virote de Vanuath en la cadera.
Cinthork, acelerado por la magia y guiado por la furia de tantos años de enemistad, comenzó a golpear una y otra vez a Kragor con su martillo. Su enemigo mortal ya había dejado de moverse hacía algún tiempo cuando, por fin, el paladín se dio cuenta de que ya estaba muerto.
Nar'l volvió a abandonar su cobertura, lanzando un proyectil mágico sobre Zenit que falló por muy poco. El mago elfo se disponía a responder cuando, de pronto, vio surgir al contemplador Xanathar de detrás de una de las columnas del salón. Del ojo que remataba uno de los delgados tentáculos de la abominación, surgió un rayo que impactó en el mago elfo, haciendo que se sintiese mucho más lento.
Zenit aún no había asumido aquello cuando un nuevo rayo del contemplador le paralizó por completo. Pero su calvario estaba lejos de finalizar, ya que Xanathar empleó un nuevo rayo, este telequinético, para arrojarlo violentamente contra una de las paredes del pasillo. Herido y paralizado, el mago quedó tendido en el suelo; indefenso.
Con un grito de guerra, Cinthork salió de detrás de una columna para abalanzarse sobre Xanathar. De pronto, el minotauro notó como recuperaba su tamaño normal al tiempo que perdía la antinatural velocidad proporcionada por el conjuro de Zenit. Sintiéndose súbitamente inseguro, corrió de nuevo a ocultarse.
Vanuath aprovecharía entonces que el contemplador tenía su atención puesta en Cinthork para descargar un golpe de rayo con su ballesta mágica. La electricidad golpeó el costado de Xanathar, haciendo que rugiese de dolor. Para cuando la abominación se giró en busca del ladrón, este ya se había ocultado tras una columna.
Sathelyn apareció entonces a la entrada de la sala, tensando su arco mágico para desatar su poder de asesino fantasmal. Sin embargo, la guerrera también tuvo que ver cómo el poder de su arma era neutralizado de algún modo por el contemplador. Jesper, sin llegar a entrar a la sala, probó también a convocar una enredadera asesina a unos pocos metros de la criatura, pero su conjuro tampoco surtiría efecto.
Nar'l surgió desde detrás de su columna para arrojar un proyectil mágico sobre Cinthork, aunque la esfera de energía impactó en la columna tras la que se cubría el minotauro, arrancando un enorme pedazo de piedra de la misma.
Uno de los rayos de Xanathar cruzó entonces la estancia para impactar en Sathelyn, haciendo que la guerrera se notase algo más débil. Por suerte, la guerrera logró esquivar tanto el rayo telequinético como el haz desintegrador que la criatura lanzó sobre ella. Cinthork, recobrada la compostura, corrió entonces hacia el contemplador enarbolando su martillo.
Nar'l se preparaba para efectuar un nuevo conjuro cuando la repentina aparición de Vanuath a su espalda le sobresaltó. El ladrón disparó rápidamente su ballesta de mano contra aquel hechicero que gritaba de sorpresa, metiendo el virote por su boca abierta. El cadáver del mago drow se desplomó de espaldas sobre el suelo de mármol.
Sathelyn, que había avanzado un par de pasos, disparó dos flechas en rápida sucesión contra el contemplador. A pesar de que su arma había perdido la sobrenatural precisión de su condición mágica, la guerrera era una experta tiradora: ambas flechas se incrustaron en el cuerpo bulboso de Xanathar mientras la criatura lanzaba varios rayos sobre la guerrera, ninguno de los cuales llegó a hacer blanco.
Si logró, sin embargo, alcanzar a Cinthork con su rayo telequinético, arrojando al minotauro contra la columna tras la que acababa de surgir Vanuath. Tras el estruendoso choque, el paladín quedó tendido en el suelo, doliéndose. El ladrón disparó su ballesta, acertando con un nuevo virote en el costado de su enemigo antes de volver a esconderse tras la columna.
Dos flechas más de Sathelyn adornaron el cuerpo de Xanathar que, enfurecido, retrocedió levitando. Cinthork, que acababa de ponerse en pie, activó el haz sónico de su martillo y, aunque pareció funcionar inicialmente, el sonido descendió de intensidad gradualmente según se aproximaba al contemplador, terminando por extinguirse antes de golpearle.
El rayo desintegrador de Xanathar volatilizó entonces la columna tras la que se hallaba escondido Vanuath y, tras fallar con su rayo debilitador, trató de arrojar al ladrón empleando el rayo telequinético. Por suerte, Vanuath estuvo lo suficientemente rápido como para agarrarse a uno de los cuernos de Cinthork y evitar ser arrastrado.
Pasado este momento y, de nuevo con ambos pies en el suelo, el ladrón disparó sus dos ballestas contra Xanathar, esta vez notando como ambas armas perdían su precisión mágica por el influjo de la criatura. Solo uno de los dos virotes impactó en el borde del gran ojo central del monstruo.
Cinthork apenas había iniciado una nueva carrera hacia el enemigo empuñando su martillo cuando las dos flechas disparadas certeramente por Sathelyn le adelantaron en su camino. El primero de los proyectiles se clavó en el cuerpo de Xanathar, mientras que el segundo entró por el centro de su gran ojo, emergiendo después por la parte trasera de la abominación.
El cuerpo sin vida de Xanathar dejó lentamente de levitar para posarse en el suelo de mármol de aquel salón, deparramándose como un amasijo de carne legamosa ante la mirada de los compañeros.
Con todos sus enemigos muertos, los compañeros comenzaron a inspeccionar el edificio en busca del glifo. Encontraron objetos litúrgicos de oro, una poción y algunos pergaminos de gran valor. Además, en los escalones de lo que fuese el trono del Sumo Sacerdote, hallaron una leyenda que rezaba:
“Aquí somos guardianes del legado del Dios de dioses. Que el infinito poder de la creación permanezca seguro bajo el manto protector de los buenos y puros”
Cuando Cinthork pronunció aquellas palabras en voz alta, el grupo entero se vio transportado a un espacio interdimensional en el que se había erigido un templo de blancas columnatas. Un enorme glifo incandescente apareció entonces flotando en el aire para, un momento más tarde, desaparecer descomponiéndose en una serie de haces de luz que se alojaron en el pecho de cada uno de los presentes. Un instante después, todos estaban de vuelta en el Salón del Sumo Sacerdote.
Conseguido el glifo, Cinthork trató de destruir la leyenda de los escalones pero, cuando golpeó el mármol con su martillo, una potente deflagración mágica le arrojó volando al otro extremo del salón produciéndole un terrible daño.
Comprendiendo que no podían destruir esa leyenda, los compañeros se prepararon para regresar a la superficie. Antes de hacerlo, Cinthork dio sepultura al cuerpo de Kragor en una de las habitaciones del Templo de Istar, mientras Vanuath tomaba una de las piedras del lugar para llevársela a Astinus como presente.
Así, regresaron al barco, donde la tripulación se mostró tan entusiasmada cuando Cinthork les entregó la parte proporcional de los tesoros encontrados en las ruinas, que una vez llegados a puerto tres días después, hundieron su propio barco para no volver a trabajar en el resto de sus días.
Los compañeros atravesaron el portal de regreso a Sigil, donde Lord Soth les felicitó por haberse mantenido con vida. Luego, Zenit usó su anillo mágico para enviar un mensaje a Éloze a fin de que la fantasmal guía les recogiese en aquel lugar para llevarles al Ministerio de Asuntos Interplanares.
En el Ministerio, los compañeros entregaron dos obsequios a Astinus: la piedra del templo recogida por Vanuath y un diente de dragón marino, lo que el erudito agradeció. Cuando el grupo le preguntó acerca de su conocimiento sobre los glifos, el hombre lamentó no poder ayudarles, remitiéndoles a hablar con el encargado del departamento de Faerún, que resultó ser, para sorpresa de todos, un tal Elminster.
Incrédulos, los compañeros se presentaron en el despacho indicado por Astinus para, efectivamente, encontrar a Elminster. El archimago saludó efusivamente a Cinthork, Jesper, Sathelyn y Zenit. Luego, les contó que había sido traído desde el mismísimo mundo de los muertos por la Dama del Dolor para que llevase aquel departamento en el Ministerio de Asuntos Interplanares. Lamentablemente, tampoco les pudo ser de ayuda en lo referente a los glifos.
A continuación, aprovechando que ya estaban en el Ministerio, los compañeros se acercaron a ver a un tal Vonkham, quien llevaba el departamento de Eberron. Se trataba de un enano algo excéntrico y que vestía ropajes estrafalarios.
Vonkham les dijo que Eberron era un mundo donde la tecnología y la magia coexistían en armonía, ademas de hablarles de curiosidades como que los constructos allí tenían voluntad propia. También les dijo que la clave En la sangre del vigilante hacía sin duda referencia a una forma poética de referirse a la Casa Medani, una de las Casas de las Marcas del Dragón de Eberron: un linaje familiar con ciertas capacidades arcanas innatas. La Casa Medani, les contó, tenía su torre en la ciudadela del Skyway, en la ciudad de Sharn.
Cuando los compañeros le preguntaron como, una vez en Sharn, podían aproximarse a la Casa Medani, el enano les aconsejó que buscasen en el barrio conocido como Los Engranajes: el agitado corazón industrial de Sharn, situado bajo las Profundidades a lo largo de los abismos que dividían las mesetas de Sharn; un ambiente suburbial donde se podía comprar información de un modo discreto. Allí, les dijo que visitasen La Caricia Rosa, un burdel donde podrían contactar con un tenku, una especie de hombre-cuervo, cuyo nombre no acertaba a recordar del todo.
Tras agradecerle a Vonkham la información, que pagaron religiosamente, los compañeros tomaron el mapa que el enano les ofreció de Sharn y salieron del Ministerio de Asuntos Interplanares, pidiéndole a Éloze que les llevase hasta el Barrio de los Matasietes.
Era hora de viajar a Eberron.

Cinthork puto amo
ResponderEliminarSalvo cuando huye por un sucio callejón dejando atrás a sus amigos desintegrados jajajaj
Eliminareso fue en otro capitulo, no mires atras, vive el presente
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