Blue Spring (2/2)

Anton y Nick despertaron con la sensación de que había amanecido demasiado pronto. Ni siquiera el olor del café recién hecho pudo hacer mucho por cambiar eso.

No tenían la impresión de haber dormido demasiado bien, aunque ninguno recordaba haber tenido pesadillas, por raro que pareciese. A Nick aún le dolía la espalda de su fallido intento de trepar por la escalera de incendios en el piso de Susan, pero le dolía menos que el día anterior.

Haciendo algunos movimientos para desentumecer la musculatura de la espalda, Nick encendió el ordenador de Susan e hizo un nuevo intento de acceder al dispositivo. Si bien esta vez lo consiguió, no encontró nada de utilidad en él, solo la búsqueda en Google de la iglesia de Santa Inés.

Mientras, Anton telefoneaba a Peter para preguntarle por el estado de la familia: sus padres seguían nerviosos y no había noticias de la policía. Anton le pidió que fuese al piso de Susan para buscar entre sus discos si hubiese alguno llamado Blue Spring. Peter no entendía aquello y, por otra parte, pensaba que tenía que quedarse en casa con sus padres en lugar de perder el tiempo en aquellas tonterías. A Anton le costó un rato convencerle para que lo hiciese.

Tras colgar la llamada con Peter, ambos amigos desayunaron. Se separarían aquella mañana: Anton quería pasar por el laboratorio para examinar la muestra que había cogido de la pila de agua bautismal y Nick estaba citado con la policía en el loft de Gregg.




Anton aparcó justo frente a la clínica en la que trabajaba como médico. Allí, Stuart, el vigilante de seguridad, le recibió extrañado. Anton le explicó que tenía bastante trabajo atrasado y por eso acudía a la clínica en domingo. El vigilante se encogió de hombros y se fue a su mostrador, donde tenía una pequeña televisión para ver el partido del Nashville Aces.

Anton puso la muestra en el microscopio, aunque no veía nada de particular en ella, a pesar de que el líquido mantenía su particular iridiscencia. Pensaba en alguna prueba que pudiera arrojar algún resultado cuando todo se iluminó con aquel resplandor, cuando comenzó a sonar de nuevo Blue Spring.

Anton comenzó a caminar hacia la puerta, pero notó cómo su vista se nublaba, tenía la boca seca, su sistema nervioso estaba colapsando. Alargó la mano hacia el picaporte.

Se desmayó.



Nick tuvo que esperar unos diez minutos frente al edificio de Gregg antes de que llegase el coche patrulla. La pareja de policías le hizo firmar un formulario que autorizaba el registro de la vivienda. Luego, accedieron al edificio y Nick les abrió la puerta del loft.

Él entró tras los policías, que deambulaban por la vivienda sin saber muy bien qué buscar. Tras pedir permiso a los agentes para hacerlo, Nick se acercó a examinar los discos. No había nada allí que llamase la atención. Ojeó también los libros, encontrando tres de aquellos títulos sobre objetos malditos que aparecían en los correos entre su hermano y Víctor Gaffney.

Pero todo se iluminó de azul. Blue Spring volvió a sonar. El estanque iridiscente llenó de nuevo el umbral.

Uno de los agentes sacó el arma y apuntó a Nick, exigiéndole explicaciones por lo que había hecho. Pero Nick no podía explicarle nada, porque acababa de clavar una rodilla en el suelo, llevándose la mano al pecho, allí donde notaba una potente punzada.

Entonces, el otro agente disparó hacia el umbral. Pero aquello debió sobresaltar a su compañero, que se volvió de golpe y le colocó tres balas en el pecho.

La música cesó. El resplandor se fue. El agente boqueaba en el suelo mientras el compañero que le había disparado caía de rodillas, entre sollozos.

Nick gateó como pudo hasta el agente herido. Luchando contra el dolor agudo en su pecho, batallando por no desmayarse, trató de atenderlo.

No pudo.

El agente dejó de respirar.

Logró llamar a emergencias y, en pocos minutos, otra patrulla apareció en el piso, acompañada de un par de sanitarios que atendieron a Nick después de confirmar la muerte del agente. El policía superviviente fue atendido por una psicóloga mientras sacaban a Nick en una camilla. De pasada, oyó que una de las balas perdidas había atravesado la puerta del vecino, matando al perro.

En la ambulancia, Nick dio el teléfono de contacto de Anton. El sanitario hizo un par de llamadas, pero Anton no contestaba.



Un par de suaves bofetadas hicieron que Anton recuperase la consciencia. Lo primero que vio al hacerlo fue la cara de Stuart, el guardia de seguridad. Al parecer, el vigilante había escuchado sonar el teléfono móvil de Anton y, en vista de que nadie parecía atenderlo, se había preocupado. Cuando entró en el laboratorio, encontró a Anton en el suelo, desmayado.

Tras agradecerle su atención a Stuart, Anton justificó el desmayo atribuyéndoselo al estrés del trabajo. Con la mejor sonrisa que pudo en los labios, se despidió del vigilante mientras se marchaba, no sin pedirle antes que dejase recado para que el personal de la clínica analizase las muestras de agua que él había dejado en el laboratorio.

Una vez en su coche, observó las llamadas de su teléfono. Era el móvil de Nick. Cuando llamó, le contestó una voz de mujer informándole de que su amigo había sufrido un infarto y, si bien estaba fuera de peligro, se encontraba ingresado en el Hospital Vanderbilt.

Anton le agradeció la información a la enfermera, arrancó y condujo hacia allí.

De camino, recibió la llamada de Peter. Su amigo estaba muy nervioso y le relató uno de aquellos episodios con luz azul y Blue Spring sonando que tan bien reconocía Anton. Como pudo, trató de tranquilizar a Peter y quedó con él en el hospital.



Se encontraron en la sala de espera de urgencias desde donde, tras unos minutos, les permitieron entrar a ver a Nick. Su amigo estaba tendido en una cama, con varias vías conectadas a sus venas y un monitor que emitía un suave pitido.

Los tres amigos se pusieron al día de todo lo que había acontecido. Peter, que desconocía mucho de lo que sus amigos ya sabían, no pudo hacer frente a la situación y sufrió un ataque de ansiedad. Un par de enfermeras tuvieron que sacarle de la habitación para que fuese atendido.

Más tarde, un médico bastante anodino informó a Nick de que había sufrido algunas secuelas debido a su infarto. Debía olvidarse en adelante del tabaco, el alcohol, los esfuerzos extraordinarios y las situaciones estresantes. Esto último arrancó un par de sonrisas amargas tanto a Anton como al propio Nick.

Aún con ese diagnóstico, Nick pidió el alta voluntaria. Todavía quedaba día y los amigos querían ir a visitar al antiguo productor de Jesse Dixon, el tal Rogen Smith.

No tardaron mucho en llegar a la casa, donde les atendió una cuidadora que, poco después, les llevaría hasta Rogen. El anciano les dijo poco que no supieran:

—Ese cabrón de Jesse cobró por adelantado el dinero de su tercer disco y se marchó con esa puta corista.

Sí pudo confirmarles que el tema principal, que daba también nombre a ese tercer disco, era Blue Spring. Como muchos, había oído de la existencia de un vinilo en el que se escuchaba el asesinato de Jesse y su corista a manos del marido de esta, pero opinaba que se trataba de una leyenda urbana.

Después de despedirse de Rogen Smith, con la noche ya encima, Anton y Nick decidieron ir a visitar la tienda Ocultismo Gaffney.

Como era de esperar, la encontraron cerrada.

Tras echar un infructuoso vistazo a través del escaparate, rodearon el establecimiento hasta un callejón lateral, donde encontraron una puerta de servicio que, según detectó Nick, tenía alarma.

Debatieron qué hacer y, como Walmart aún estaba abierto, fueron allí a hacerse con una palanqueta metálica, un soplete y unas herramientas de electrónica. Anton, además, compró una pistola de nueve milímetros.

Ya equipados, regresaron a la tienda. Nick desactivó la alarma desde el exterior con relativa facilidad. Luego, apalancó la puerta e hizo saltar la cerradura.

Se colaron en la tienda.

Nick pudo colarse en el sistema informático y encontró, para su sorpresa, que la tienda no llevaba registros de inventario o contabilidad. Más sorprendente fue cuando, tras un par de horas de registro, Anton confirmó que tampoco existían registros en papel.

En eso estaban cuando advirtieron que un par de transeúntes se detenían un instante frente al escaparate: les estaban mirando. Mientras echaban de nuevo a andar, uno de ellos sacaba el teléfono móvil.

Los amigos abandonaron la tienda a toda prisa y se cobijaron en una cafetería abierta en la calle paralela, desde donde vieron pasar un coche de policía pocos minutos después.

Anton y Nick decidieron acercarse a la zona para echar un vistazo más de cerca.

Tras una revisión superficial del establecimiento, los agentes se quedaron en la calle hasta que llegó la furgoneta del seguro. Un operario ataviado con un mono de trabajo se encargó de reparar la puerta forzada, aunque no la alarma, tal y como pudieron advertir los amigos desde donde estaban.

Cuando, casi una hora más tarde, tanto el operario como los agentes se habían marchado, los amigos trataron de volver a forzar la puerta para colarse de nuevo en Ocultismo Gaffney. Sin embargo, la pieza de repuesto colocada por el cerrajero era excepcional y Nick no fue capaz de volver a apalancar la puerta.

Así, los amigos se marcharon a casa de Anton con la idea de regresar a la tienda por la mañana para hablar con Víctor Gaffney.

Aquella noche, el resplandor azul llegó con la melodía de Blue Spring a la casa de Anton. Las voces de Susan y Gregg llamaron a Anton y Nick, agitando su ánimo. Sin embargo, el episodio finalizó relativamente pronto y pudieron descansar.

A la mañana siguiente, de camino a la tienda, Nick recibió un correo de Víctor Gaffney, quien le indicaba el horario comercial del local, así como su disposición a atenderle de la mejor manera posible si se personaba allí.

Los amigos entraron a ese local estrecho de Printer's Alley, que olía a incienso y cuero viejo. Víctor Gaffney era amable, de edad avanzada, con traje de tres piezas y manos muy limpias. Aunque los compañeros no se presentaron, el anciano les llamaba por sus nombres, cosa que ellos no parecieron advertir.

Gaffney sabía de la existencia del vinilo y admitió haberlo escuchado, así como habérselo vendido a Gregg. Sin embargo, no parecía preocupado por los efectos de lo que él mismo calificó como «objeto maldito».

Les explicó que Blue Spring era el lugar al otro lado del velo. El disco era solo una llave que creó Jesse mediante su deseo puro de placer combinado con aquella muerte violenta y apasionada. Gaffney lo describió todo con admiración sincera.

Cuando los amigos le preguntaron si podían rescatar a Susan y Gregg, hacerlos volver, él les explicó que, si habían oído sus voces, seguramente era porque ellos aún no habían cruzado del todo al otro lado. Aunque añadió:

—Nadie puede ser rescatado de algo que desea. Pero se le puede dar una razón para volver.

Los compañeros le presionaron: querían saber qué tipo de protección tenía Gaffney para mostrarse tan tranquilo después de haber escuchado el disco. Pero él solo les contestaba con evasivas.

Fue en ese momento cuando Anton puso el cartel de cerrado en la puerta de la tienda y encañonó a Gaffney con su pistola.

Gaffney sonrió, al tiempo que todos los relojes de la tienda se detenían. Luego, todo quedó bañado en una luz rojiza. Ante los dos amigos, Gaffney se había convertido en un joven andrógino con el sanguinolento costillar expuesto, el pene partido a lo largo y sujeto con alambre de espinos y la garganta rajada. Sus brazos eran afiladas cuchillas.

Anton no pudo soportar aquello y cayó desmayado. La mente de Nick simplemente se rompió, desconectándose, haciendo que cayera al suelo con los ojos en blanco y un hilo de saliva escapándole de la boca abierta.



Un fuerte olor hizo despertar a Anton casi una hora después. Seguía en la tienda de Gaffney y un joven sanitario sostenía un pequeño frasquito bajo su nariz. Gaffney también estaba ahí, con su aspecto de viejecito inofensivo. Quien no estaba era Nick: no había ni rastro de él. Cuando preguntó por su amigo, Gaffney se limitó a decir que Anton había entrado solo en el establecimiento, que seguramente estaba confuso por su desmayo.

Consciente de que no podía hacer nada más, que nadie iba a creer que Gaffney no era humano y que no podría hacer nada contra una criatura así, Anton salió a la calle, negándose a acompañar a los sanitarios al hospital.

De camino al coche, telefoneó a Peter, desesperado. Su amigo parecía encontrarse mejor del ataque de ansiedad sufrido el día anterior. Anton le contó que Nick había desaparecido y que creía saber dónde estaba Susan. Peter no entendía lo que estaba pasando, pero accedió a verse con Anton a las puertas del estudio en una hora.

Antes de dirigirse hacia allí, Anton volvió a pasar por el laboratorio, donde se hizo con una garrafa de ácido y un mechero Bunsen. En el último momento, decidió coger también una de las hachas de incendios: Peter era bombero y seguro que sabía usarla.

Según montaba en el coche, recibió una llamada. No se atrevió a contestar.

Condujo hasta el estudio.

Solo tras aparcar se atrevió a escuchar el mensaje que había en su buzón de voz. No sonó Blue Spring, como temía, sino la voz grabada de una enfermera contándole que Nick se encontraba en el hospital, en estado vegetativo.

Salió del coche y fue a reunirse con Peter, que le aguardaba en la puerta del estudio.

Le contó a Peter todo lo que sabía, así como la necesidad de destruir el disco para liberar a Susan. Peter tenía muchas dudas y más miedo, pero dijo estar dispuesto a todo por salvar a su hermana.

Firebird Sound era poco más que una persiana metálica con grafitis entre dos estudios que seguían funcionando. A aquellas horas había gente en la calle, así que dieron un rodeo para buscar la puerta de servicio. Allí el cierre era firme y no consiguieron apalancar la puerta, de modo que regresaron a la puerta principal.

Ese cierre saltó sin problemas.

El interior estaba en sorprendente buen estado para tratarse de un lugar que llevaba más de cincuenta años cerrado. Apenas un par de paneles del techo desprendidos y algunas manchas de moho. Al fondo del amplio recibidor había una puerta. A través de ella llegaba un sonido, lejano y amortiguado, pero inconfundible.

Blue Spring.

Abrieron la puerta y corrieron por un largo pasillo, flanqueado por puertas estrechas que daban a salas de ensayo. Al fondo estaba la sala de grabación, de la que emanaba un resplandor azulado.

Allí todo estaba intacto y limpio, como si alguien hubiera seguido cuidándolo: moqueta naranja, paneles acústicos. En la consola de grabación había un plato que reproducía el vinilo con Blue Spring a todo volumen.

Para llegar hasta la cabina donde estaba esa consola, había que atravesar la sala, donde Susan y Gregg se mecían al son de la música. Estaban unidos: donde se tocaban, la piel ya no distinguía a uno del otro. De lejos parecían abrazados; de cerca, una cicatriz que respiraba. Una de las paredes de la sala no era tal, sino un estanque vertical: agua azul iluminada y dos siluetas en el fondo, Jesse e Isabella, observándolos desde aquel abismo iridiscente.

La escena era abominable.

Tanto que Anton se quedó bloqueado, sin saber muy bien qué hacer. Peter, presa del pánico, salió corriendo de la sala y no paró hasta llegar a la calle. Se quedó jadeando y gritando junto a la puerta del local, frente a los transeúntes que le miraban con expresión asombrada.

Recobró algo de calma, la suficiente para volver a pensar en su hermana Susan, la justa para volver a entrar en aquel estudio.

Cuando llegó de nuevo a la sala de grabación, Anton seguía allí plantado, mirando cómo aquella aberración que ahora eran Susan y Gregg se mecía al son de Blue Spring.

Peter no se lo pensó más y se abalanzó sobre la puerta de la cabina de control con su hacha. El filo golpeó el canto metálico de la puerta, astillándolo. La mano de Susan le agarró por la camisa, arrojándolo contra la pared de la sala con violencia.

Anton disparó sobre la criatura, haciendo manar un reguero de sangre espesa y azul. Las cabezas de Susan y Gregg chillaron.

—Anton, ¿por qué me haces daño? —dijo la cabeza de Susan, que luego se giró hacia el estanque en la pared—. Solo debemos acabar de cambiar para ir a Blue Spring. Allí todo es maravilloso.

Peter aprovechó el descuido del monstruo para acercarse de nuevo a la puerta, pero la cercanía de la criatura le intimidaba demasiado y su hachazo golpeó la pared de forma inofensiva. De nuevo, la aberración le agarró de las ropas y le alejó de la puerta, mandándolo a rodar por el suelo.

La pistola de Anton volvió a vomitar fuego sobre el ser, haciéndolo retroceder un paso. Al tiempo, Peter se ponía en pie para volver a cargar contra la puerta con el hacha en alto. Su exceso de ímpetu le costó caro: el hacha se enganchó en uno de los paneles del techo. El monstruo volvió a apartarlo bruscamente de la puerta, haciéndolo deslizar por el suelo hasta el otro extremo de la sala.

Anton fue consciente de que la prioridad era acabar con aquel disco que hacía sonar sin parar Blue Spring, así que disparó contra el cristal de la cabina de grabación. Por desgracia, el vidrio era demasiado grueso y la bala, aunque dejó una estrella de ruptura en su superficie, no llegó a romper el cristal.

Por si fuese poco, la criatura se abalanzó sobre él. Solo gracias a que, al retroceder, Anton trastabilló, fue que pudo esquivar el golpe que lanzaba el brazo de su amiga Susan. Peter aprovechó el momento para empuñar de nuevo el hacha y correr a la puerta, asestando otro golpe que astilló un poco más el marco.

Anton retrocedió hacia el umbral de la sala, disparando de nuevo, aunque sus balas acabaron en el falso techo. Era difícil abrir fuego ante el acoso de aquel monstruo que, sin embargo, ahora se volvía hacia Peter, desplazándose hacia él a una velocidad sorprendente para interponerse entre él y la puerta.

Peter, desesperado, trató de golpear con el hacha al monstruo, pero este sujetó el arma con la mano de Susan, inmovilizándola con una fuerza sobrehumana.

—Peter, hermano —dijo el ser—. No me hagas daño. Solo quiero ser feliz, quiero ir a Blue Spring.

La voz de la criatura, tan familiar y tan horriblemente retorcida, hizo que Peter cayese de rodillas, llorando. Anton tampoco pudo soportarlo y salió corriendo de la sala. Por suerte, logró rehacerse tras algunos segundos. Cuando regresó, lo hizo disparando contra el cuerpo del monstruo.

La sangre azulada y espesa —¿dulce?— del ser bañó el rostro de Peter, que volvió en sí. Dándose cuenta de que el monstruo había aflojado la presa al ser impactado por el arma de Anton, liberó el hacha y se apresuró a golpear la puerta de nuevo.

La criatura le agarró una vez más de la ropa, pero esta vez lo apartó con tanta violencia que Peter golpeó contra el falso techo, arrancando varias placas de él, antes de estrellarse dolorosamente contra la pared.

El monstruo emitió un chillido espeluznante. Las cabezas de Susan y Gregg juntaron sus mejillas y una aberrante sutura apareció de la nada para empezar a coserlas entre sí. La criatura se retorcía y gritaba, pero los rostros sonreían.

Anton, con lágrimas en los ojos, miró a Peter.

—No podemos hacer nada —dijo—. Esto no... esto no puede...

Negó un par de veces en silencio.

Luego se introdujo la pistola en la boca y disparó. Sus sesos salpicaron el techo y la pared.

Peter corrió hasta la calle, donde se dejó caer en el bordillo. Estaba sentado cuando empezaron a sonar las sirenas. Un par de coches de policía aparecieron al poco, seguramente porque algún vecino había avisado al escuchar los disparos.

Mientras Peter balbuceaba palabras inconexas, sentado en aquel bordillo, tres de los agentes entraron en el estudio. El otro se quedó junto a Peter, tratando de tranquilizarlo.

Los policías que habían entrado salieron al poco diciendo que habían encontrado el cadáver de Anton. Nada más, al parecer.

Con aire ausente, Peter notó cómo uno de aquellos agentes le ponía unas esposas casi al mismo tiempo en que llegaba la ambulancia.




Peter tuvo que someterse a terapia después de aquello. Los psicólogos sostenían que todo había sido una especie de alucinación, una histeria colectiva que les había afectado a Anton y a él por la tensión producida por el hecho de que Susan hubiese desaparecido.

Suspendido provisionalmente en el cuerpo de bomberos, Peter empleaba buena parte de su tiempo en visitar a Nick, que seguía en estado vegetativo en el hospital. De un modo extraño, Peter sentía que solo ese cuerpo inerme le brindaba algo de comprensión.

De vez en cuando, despertaba gritando.

Escuchando Blue Spring en su cabeza.



En una tienda rotulada como «Ocultismo Gaffney», Víctor Gaffney envolvía algo en papel de estraza para otro cliente, alguien joven que preguntaba por «objetos especiales».

Era un vinilo.


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