One Shot (Sombra de la Bestia): Post-Mortem

Aquella mañana, cuatro amigas recibieron el mismo triste mensaje de whatsapp, proveniente del teléfono de Sophia, la madre de su amiga Kylie:

“Queridas, Kylie ha muerto. Viendo vuestras antiguas fotos con ella he pensado que os gustaría darle el último adiós. El funeral será el próximo domingo en el cementerio de Granite Falls. Me gustaría volver a veros.”

Lisa Green era guitarrista en un grupo country de éxito local en Nashville, Tiffany Clark se ganaba la vida como chef en un prestigioso restaurante de Washington DC, Ami Wallet era una actriz residente en Los Ángeles que había grabado un par de anuncios para la televisión y Shirley Foster era dueña de una floristería en Charlotte, donde vivía con sus tres gatos.

Todas ellas, junto con Kylie, formaban la aguerrida pandilla de chicas que, durante los años de instituto, habían hecho de las suyas en el pueblo de Granite Falls. Pero ahora Kylie estaba muerta. Al parecer, había sufrido algún tipo de desmayo mientras tomaba un baño y se había ahogado en su propia bañera.

El ataúd con los restos de Kylie presidía una enorme sala llena de sillas y ramos de flores. El féretro estaba cerrado, ya que Kylie murió ahogada y los familiares prefirieron ocultar su cuerpo, desfigurado por la hinchazón del agua.

Kylie era una persona muy querida en el pueblo, así que la sala estaba abarrotada. Sophia, la madre de Kylie, estaba sentada en primera fila con la vista fija en el ataúd. Iba elegantemente vestida y trataba de mantener la calma, llorando en silencio.

Las paredes de la sala estaban repletas de fotos hechas por Kylie a personas del pueblo. Era una magnífica fotógrafa a le gustaban particularmente los retratos. En algunas fotos aparecía junto a sus amigas, de aquella época en el instituto en la que Kylie hacía fotos todo el tiempo.

El recuerdo entristeció a las amigas.

Cuando miraban las fotos, Lisa, Tiffany y Shirley tuvieron la extraña sensación de que aquellos retratos les devolvían la mirada. Entonces, se sobresaltaron al ver como el ataúd se abría de súbito y Kylie se incorporaba, con su cuerpo azulado e hinchado por el agua, para gritarles: “¡Estáis en peligro, el regente está en camino!”.

Un momento después, Kylie había desaparecido y toda aquella macabra escena se había esfumado como un mal sueño. De hecho, Ami no había sido para nada testigo de todo aquello y de pronto se vio mirando extrañada a sus amigas, las cuales habían empalidecido. De hecho, Tiffany salió a toda carrera de la sala, levantando murmullos entre los asistentes.

Cuando Lisa, Tiffany y Shirley hablaron sobre aquella alucinación compartida que habían experimentado, Ami se mostró bastante exceptica. De nada sirvió la insistencia de Shirley acerca de que allí estaba ocurriendo algo paranormal.

Tras tranquilizarse un poco, decidieron permanecer en la cafetería del velatorio hasta el entierro.

Una multitud de paraguas negros se arracimó en torno a la fosa donde Kylie iba a ser sepultada, protegiendo a los asistentes de la insistente lluvia que se precipitaba desde aquel cielo plomizo.

Mientras el féretro descendía lentamente hacia la fosa, Lisa y Tiffany se percataron de que un hombre observaba junto a unos árboles cercanos, como si intentase ocultarse tras ellos. Cuando Lisa se encaminó hacia allí, el tipo se alejó corriendo.

Primero con discreción y luego con todo el alma, Lisa echó a correr tras el desconocido, seguida de Tiffany. Por suerte para ellas, el hombre resbaló en la hierba mojada y cayó al suelo.

Cuando las mujeres se interesaron por su identidad, así como por el motivo de su huída, el hombre les contó que se llamaba James Carter y que era amigo de Kylie. Parecía nervioso y dijo no querer hablar allí, ofreciendo su teléfono a Lisa para que hablasen más tarde.

Tras intercambiar números de teléfono con el tal James Carter, las mujeres volvieron al entierro justo para dejar unas flores sobre la tumba de su difunta amiga.

Finalizado el entierro, Sophia, la madre de Kylie, les pidió por favor que se encargasen de recoger la correspondencia en casa de su difunta amiga, ya que ella no tenía valor para ir allí aún. Las cuatro amigas accedieron sin dudarlo.

En mitad de todo el desorden de aquel apartamento, encontraron varios recortes de noticias junto al uniforme de Hooter’s de Kylie. Eran noticias sobre varias muertes sin esclarecer de los últimos años, todas por ahogamiento o asfixia.

Mientras Lisa ojeaba aquellas noticias, Tiffany encontró una foto de todas ellas, sacada durante la época del instituto en el lago junto al pueblo. Kylie era la única que no estaba en el agua. Entonces, recordaron que Kylie padecía aquafobia, lo que la impedía sumergirse… ni siquiera en la bañera, por lo que siempre se duchaba.

Algo raro estaba ocurriendo allí, y las amigas querían averiguar de qué se trataba.

Decidieron ir a comer a Hooter’s aquella tarde. Allí, Lisa empleó todo su encanto para hablar con Peter Hold, el regente del bar. Peter le contó que el día anterior a la muerte de Kylie, un tipo a quien no conocía había entrado en el bar, preguntando a la chica sobre una familia extranjera a la que estaba buscando.

El hombre parecía muy nervioso y Kylie se alteró bastante. Aquello acabó en una discusión bastante fuerte y, finalmente, Hold tuvo que intervenir para poner al tipo en su sitio. Incluso acabó llegando el sheriff para llevarse al hombre detenido.

Cuando Lisa le preguntó a Peter Hold sobre la familia extranjera a la que buscaba el desconocido, el barman se encogió de hombros. No obstante, les dijo, que quizá en el Registro Municipal pudiesen encontrar alguna información al respecto.

Aún se encontraban en horario de oficina, así que fueron al Registro Municipal, donde les atendió Ted Write, que seguía siendo tan baboso como en la época del instituto.

Tras aporrear durante unos minutos el teclado de su ordenador, Ted les hablode los Jonsson, una familia sueca que había llegado al pueblo unos diez años atrás. Su hija, Jessika, había sufrido un trágico accidente, apareciendo ahogada en la piscina del colegio. La familia había denunciado por negligencia al director del centro, Zacarías King, pero las investigaciones no llegaron a ser concluyentes. Tras la muerte de su hija, los Jonsson se habían trasladado a una casa a las afueras de Granite Falls y no habían vuelto a ser vistos en el pueblo. Accedió a darles la dirección a cambio del número de teléfono de Tiffany.

Ted también les contó que Zacarías King había sido despedido del colegio, y actualmente trabajaba como enterrador en el cementerio de Granite Falls.

Con agujetas por haber mantenido tanto tiempo la sonrisa forzada delante de aquel cerdo baboso, las amigas salieron del Registro Municipal. Lisa intentó entonces llamar por teléfono a James Carter, pero este no descolgó.

Solo les quedaba acercarse a visitar a los Jonsson.

No tardaron en llegar. Se trataba de una casa de estilo gótico americano, estrecha y alta; con un amplio porche en la entrada principal. La casa parecía en bastante mal estado, con las ventanas tapiadas con maderas, quizá en estado de abandono.

Llamaron a la puerta, pero nadie abrió.

Se pusieron a echar un vistazo alrededor de la vivienda hasta que, a los pocos minutos, Ami encontró una trampilla medio levantada en el suelo a unos metros del porche. La trampilla estaba parcialmente oculta por las malas hierbas.

Unos peldaños parecían descender hacia una oscuridad pestilente, seguramente el sótano de la casa. Tras activar las linternas de sus teléfonos móviles, las mujeres descendieron para internarse en la oscuridad.

Las paredes de aquel lugar, impregnado de un olor insoportable, estaban repletas de unos horribles cuadros firmados por un tal Pickman. Una multitud de velas negras en el suelo iluminaban la estancia. Tiffany y Shirley estaban empezando a ponerse realmente nerviosas ante lo siniestro de la escena.

Apenas hubieron avanzado unos pocos pasos cuando Tiffany se derrumbó. Aquel hedor insufrible, los monstruosos cuadros, las velas… todo aquello era demasiado siniestro para la chef, que se sentó en el suelo sollozando; abrazándose las rodillas mientras se preguntaba qué narices hacían allí.

Mientras Shirley se quedaba con Tiffany, intentando consolarla, Lisa y Ami continuaron internándose en aquel sótano hasta descubrir un gran círculo de rituales pintado en el suelo con lo que parecía sangre, cera y fluidos viscosos de algún tipo.

También había un atril cerca del círculo, uno sobre el que descansaba un libro. Del libro, escrito en algo parecido al árabe, sobresalían varias fotos en las que se reconocía claramente el estilo de Kylie. Eran fotos hechas en aquel sótano, fotos en las que un grupo de encapuchados parecían llevar a cabo extraños rituales.

Junto a la pared más cercana, podía verse un túnel oscuro que parecía adentrarse de modo infinito en la oscuridad.

Lisa y Ami avanzaron lentamente por aquel túnel. En las paredes del mismo encontraron extrañas inscripciones en una lengua desconocida junto a grotescos dibujos que contaban la historia del sacrificio ritual de Jessika, y cómo un grotesco ser había premiado a sus encapuchados seguidores por este sacrificio entregándoles a una especie de monstruos contrahechos para que les sirvieran.

Lisa se inquietó bastante ante aquello, aunque Ami la incitó a seguir por el túnel. Esta vez, fue la actriz quien tomó la delantera. Prosiguieron largo rato hasta llegar a una zona donde el túnel se ensanchaban.

Con horror, comprobaron que se encontraban en alguna especie de cripta, con las paredes horadadas en forma de camastros de piedra sobre los que descansaban innumerables cadáveres en avanzado estado de descomposición.

Las dos amigas ahogaron un grito cuando vieron aquella figura de pie en la oscuridad, a unos metros de ellas. Ami alzó su mano temblorosa para iluminar la figura.

Era Kylie… o al menos, lo fue.

El cadáver no muerto de Kylie las contemplaba con una expresión entre hambrienta y furiosa. Casi al tiempo, varios de los cadáveres comenzaron a removerse en sus nichos; a descender de ellos para rodearlas entre gruñidos.


Aunque Lisa quedó bloqueada por unos momentos, Ami la abofeteó, haciéndola reaccionar, antes de cogerla de la mano y emprender la carrera por aquel túnel de vuelta hacia la casa de los Jonsson. No tardaron en llegar hasta el sótano, donde Ami tiró varias velas de las que se encontraban junto al altar, haciendo que varios materiales amontonados en el lugar comenzasen a arder.

Shirley, que esperaba junto a una Tiffany que aún seguía en shock, miró a sus compañeras con cierta alarma. Sin tiempo para explicaciones, exhortaron a su amiga a moverse al tiempo que, entre las tres, intentaban arrastrar a Tiffany fuera de aquel sótano.

Justo cuando estaban a punto de ganar la trampilla, algo arrastró a Lisa hacia la oscuridad. Los gritos aterrados de Ami y Shirley se mezclaron con el sonido de gruñidos, desgarros y los alaridos de muerte de la propia Lisa. Cuando aún ni siquiera habían reaccionado, Tiffany también fue arrastrada a la oscuridad. Mientras desaparecía, miró a los ojos de sus compañeras con una extraña expresión entre lo confuso y lo aterrorizado.

Ami y Shirley salieron por la trampilla, perdiendo un segundo solo para cerrar la desvencijada portezuela de madera antes de correr hacia el coche.

Entraron en el vehículo a toda prisa, pero Ami no era capaz de introducir la llave en el contacto debido a la gran tensión. Justo cuando por fin el motor ronroneaba al cobrar vida, varios de aquellos cadáveres vivientes se arrojaron sobre la ventanilla.

Los demacrados y hambrientos rostros de Lisa y Tiffany estaban junto a las ventanillas, mostrando los dientes en una macabra y letal sonrisa.

Ami pisó el acelerador, arrastrando durante unos metros a aquellas abominaciones. Cuando el vehículo salió a la carretera, no se detuvieron, ni se les pasó por la cabeza. El vehículo continuaría a toda velocidad hasta llegar a la Interestatal.

Lo que ocurrió después, lo que contarían aquellas dos supervivientes, queda más allá de esta historia.


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Una aventura de Joaquim M. Marqués y Ana Belén Herrera de la Cruz para Shadow Lands, adaptada a nuestra mesa y al sistema SDLB.

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