Draconis Tempora: Los Reinos, Cuentos de los Valles (11/12)

Tras el brutal enfrentamiento con Kragor y sus hombres en el bosque, el grupo formado por Cinthork, Jesper, Sathelyn y Zenit, se reunió  con el contingente de cincuenta hombres enviado desde la Torre Retorcida.

Tras deliberarlo un rato, los compañeros convinieron en que los soldados regresaran a fin de no dejar desguarnecida la Torre, acompañados por Jesper y Sathelyn. Mientras tanto, Cinthork y Zenit partirían al oeste para reunirse con Hilan Grove y los otros cincuenta hombres que perseguían al grupo del Culto del Dragón en el que se encontraba el mago Asbras Hlumin.


Zenit empleó su magia para comunicarse mentalmente con Hilan Grove. Cuando el mercenario le informó de que Asbras se encaminaba hacia el Valle de la Daga, le dio instrucciones de que continuase la persecución; indicándole que Cinthork y él pronto se les unirían.

Así, Cinthork y Zenit continuaron su camino hacia el oeste en compañía del jinete de grifo que les había acompañado hasta entonces mientras que Jesper y Sathelyn regresaban a la Torre Retorcida.

Tras pasar una tranquila noche en el bosque, se pusieron en marcha al amanecer. Mediado el día, vieron la silueta de un grifo volando en el horizonte. No tardaron en comprobar que se trataba de uno de los jinetes de la Torre, transportando como pasajero a Hilan Grove.

Tras saludarse con los compañeros, Hilan les informó de que el grupo de Asbras, definitivamente, seguía su camino en dirección al Valle de la Daga. El mercenario les explicó que, dado que había aceptado el oro de Lord Mourngrym para proteger la Torre Retorcida, no podía continuar con aquella persecución: debía regresar al Valle de la Sombra.

Los compañeros se mostraron comprensivos en este punto, de modo que le pidieron que una vez hubiese regresado con su contingente para iniciar el retorno a la Torre, les volviese a enviar al jinete de grifo. Emplear aquella montura voladora para perseguir a Asbras les sería enormemente ventajoso.

Una vez se produjo esta operación, Cinthork y Zenit subieron como pasajeros a los dos grifos y se pusieron en camino hacia el Valle de la Daga.

De cuando en cuando, los jinetes tenían que hacer descender a las bestias hasta el suelo para que Zenit pudiera examinar correctamente el terreno y determinar hacia dónde se dirigían Asbras y los suyos. Hubo que repetir esta acción varias veces.

Durante este periplo, Zenit se comunicó mentalmente con Gunthor, mano derecha de Mourngrym, para informar de la persecución a Asbras. Gunthor apenas pudo atenderle, ya que al parecer, los drow habían logrado infiltrarse en la Torre y envenenar a los grifos en sus propios corrales.

Tras un día de vuelo a lomos de los grifos, los compañeros encontraron en campamento del Culto del Dragón. Tras tomar tierra a una distancia prudencial, se acercaron a echar un vistazo.

Había casi una veintena de personas allí, todo el grupo que habían visto partir junto con Asbras del Valle de la Sombra. Tras meditarlo, los compañeros decidieron que Zenit se hiciese invisible mediante su magia y se internase en el campamento a recabar información.

El mago elfo, invisible merced a su magia, caminó sigilosamente entre los guardias del campamento apenas había caído la noche. Dirigió sus pasos hacia la gran tienda en la que se alojaba Asbras.

Cuando llegó ante la entrada, retiró la solapa con sumo cuidado y echó una ojeada al interior.

Asbras se encontraba allí, copiando algunos pergaminos en su mesa de trabajo. Sin embargo, Zenit no tuvo que esperar demasiado para que uno de los magos del Culto del Dragón entrase en la estancia desde una apertura lateral de la misma que comunicaba directamente con una tienda anexa. Elmand, el inseparable guardaespaldas de Asbras, también se personó en la estancia.

El mago del Culto le expresó a Asbras su intranquilidad ante la idea de entrar en un lugar como Tethyamar. Ante esto, Asbras le explicó la indispensabilidad de hacerse con el Ojo para convencer a un tal Vimengul.

Además, en la conversación se mencionó la perspectiva de reunirse con Kragor en Tethyamar, en el puesto de avanzada que los enanos construyeron hace siglos en la superficie.

Una vez Zenit se hubo hecho con esta información, regresó junto a Cinthork y los jinetes de grifo para compartirla. Además, comunicó mentalmente con Raunthides, el mago del Valle de las Voces Perdidas, para indagar sobre aquel Ojo de Tethyamar.

Tras protestar por haber sido molestado a tan altas horas de la noche, Raunthides informó a Zenit de que se trataba del Ojo de la Montaña, un enorme diamante de tonos ocres y dorados, único en el mundo y de un valor incalculable. Además, la joya parecía estar vinculada de algún modo al trono de Tethyamar.

Zenit le agradeció la información al mago, prometiéndole que en un futuro, le obsequiarían con algún tomo valioso para aumentar su biblioteca. Le pidió un último favor: que indagase acerca de posibles propiedades mágicas del Ojo de la Montaña.

Con la información de la que disponían, los compañeros decidieron que la mejor estrategia era adelantarse al Culto para hacerse con el Ojo de la Montaña o, al menos, impedir que este cayera en manos de sus enemigos.

Así, a la mañana siguiente, sobrevolaron el Valle de la Daga, su antiguo hogar, directamente hacia las antiguas ruinas de Tethyamar.

Lo que encontraron allí fue algo totalmente inesperado: el puesto de avanzada que construyeran los antiguos enanos moradores de Tethyamar estaba ocupado por un centenar de hombres armados.

Se trataba de tropas profesionales y, además, habían montado balistas en varios puntos, con lo que los grifos viraron hacia las montañas antes de ponerse a tiro de unos artilleros que no habían tardado mucho en detectarles en aquel cielo despejado.

Tras tomar tierra en un punto seguro, Cinthork y Zenit se aproximaron lo suficiente como para poder vigilar desde lejos en lugar sin demasiado riesgo de ser detectados. Pasaron todo el día siguiente vigilando el campamento.

Durante su vigilancia, pudieron percatarse de que se trataba de tropas fuertemente armadas y disciplinadas. Además, detectaron la presencia de prisioneros que estaban siendo forzados a trabajar en la construcción de dos enormes acuartelamientos de piedra. Entre los prisioneros había mayormente humanos, pero también enanos e incluso algún semielfo.

Los compañeros sospecharon entonces que el Culto del Dragón estaba reuniendo allí un ejército para internarse en la ciudad caída de Tethyamar, ahora infestada de no muertos, y hacerse con el Ojo de la Montaña.

Sin embargo, se percataron de que los accesos a la urbe subterránea seguían totalmente sellados y los soldados allí presentes ni siquiera parecían hacerles demasiado caso. De hecho, ni siquiera se mantenían bajo vigilancia.

Cinthork se mostró muy preocupado por aquellos esclavos, que le habían traído recuerdos de cuando él mismo fue esclavizado por los drow para trabajar en la fortaleza subterránea de los elfos oscuros. Del mismo modo, Zenit pensaba que aquellos reos podían ser un buen recurso para obtener información. Así que decidieron intentar liberarlos.

Nada más caer la noche, Zenit empleó su magia para adoptar la apariencia de uno de los oficiales de aquel campamento, uno al que había podido estudiar durante su vigilancia. En esta forma, se acercó hasta el barracón donde dos guardias custodiaban a los reos.

Zenit les ordenó que abandonasen la posición, enviándoles a comprobar una zona en la que, según les dijo, había escuchado unos ruidos sospechosos. Los guardias pusieron algún reparo, ya que se les había ordenado no abandonar la puerta, sin embargo, acataron finalmente las ordenes de su superior.

Cuando los guardias se hubieron alejado, Zenit entró en el edificio. Se trataba de una especie de establo con el suelo cubierto de paja mugrienta. Veinticinco desnutridos prisioneros se hallaban encadenados a las paredes.

Ante la perplejidad de los reos, Zenit les pidió que se tranquilizaran, diciéndoles que venía a ayudarles.

El mago intentó emplear su daga para abrir los grilletes de los personajes, pero fue incapaz de hacerlo. Comprendiendo que las llaves de aquellos grilletes se encontraban en poder de los guardias, salió del edificio y llamó de vuelta a los soldados.

Cuando hubieron regresado, aquel falso oficial le pidió al guardia que portaba las llaves que le acompañase ya que debían inspeccionar una zona del campamento. El guardia le entregó las llaves a su otro compañero y siguió a su mando.

Poco a poco, y pese a las protestas del soldado por lo imprudente de aquello, Zenit fue alejando al hombre del campamento, llevándolo hasta donde se escondían Cinthork y los jinetes de grifo.

Casi llegando al lugar, Zenit intentó reducir al soldado, que sin embargo se revolvió e intentó ensartarlo con su espada. El conflicto acabó ahí, ya que Cinthork surgió a la espalda del soldado para alzarlo en volandas y estamparlo contra una pared de roca, dejándolo inconsciente en el acto.

Mientras Zenit asumía ahora la apariencia de aquel mismo soldado y se encaminaba de vuelta al campamento, Cinthork comenzó a interrogar a aquel hombre una vez hubo recuperado la consciencia.

Para sorpresa del minotauro, aquellos soldados no tenían nada que ver con el Culto del Dragón, sino que pertenecían a la organización de los Zhentarim, la conocida popularmente como “Red Negra”.

A cambio de la promesa de perdonarle la vida, el soldado le contó que aguardaban la llegada de un tal Lord Guthber y una fuerza aproximada de un millar de hombres. El hombre sabía que esa fuerza llegaría, aunque no cuando lo haría. Tampoco conocía el objetivo real de la operación, pero intuía que se trataba de posicionarse para una posterior ofensiva sobre el Valle de la Daga.

Mientras tanto, Zenit regresó a la puerta de aquella improvisada prisión habiendo adoptado la forma del centinela al que, en ese momento, Cinthork interrogaba lejos de allí.

Tras despotricar un rato con su compañero acerca del extraño comportamiento de aquel oficial que les había visitado durante su turno, Zenit empleó su  magia para que una mano fantasmal accionase el picaporte del edificio, abriendo la puerta.

Cuando el guardia se sobresaltó, Zenit fingió hacer lo propio.

Ambos guardias entraron en aquel establo de prisioneros. Cuando lo hicieron, el mago volvió a invocar aquella mano fantasmal para que cerrase la puerta. Inmediatamente después, trató de apuñalar al guardia.

Lamentablemente, aquel soldado se defendió con diligencia, de modo que Zenit finiquitó el asunto con su magia, invocando una flecha de ácido que atravesó el pecho del guardia; dándole una muerte instantánea.

Rápidamente, el elfo abandonó la apariencia de soldado para regresar a la propia. Luego, tomó las llaves del cinturón del guardia caído y comenzó a abrir los grilletes de los prisioneros. Les dio instrucciones precisas de hacia dónde correr para encontrarse con Cinthork. Luego, tras prenderle fuego a la paja de aquel terrible establo, uso su capa de invisibilidad y siguió a los prisioneros en su huida.

Inevitablemente, aquellos veinticinco prisioneros cruzando el campamento a toda carrera no pudieron evitar llamar la atención de los centinelas. Los virotes de las ballestas volaron por doquier, llegando a abatir a diecisiete de los fugados antes de que pudieran alejarse hacia la libertad.

Los ocho prisioneros que sobrevivieron a aquella temeraria huida se encontraron con Cinthork algo más adelante. Zenit se unió a ellos apenas un par de minutos después. Todos sabían que debían ponerse en camino cuanto antes, ya que los zhentarim habrían enviado perseguidores.

Cuando el grupo se puso en camino, Zenit se rezagó lo suficiente como para degollar al soldado amordazado que había sido interrogado por Cinthork sin ser visto por el minotauro. Fue un momento duro, ya que ese tipo de asesinato a sangre fría no formaba parte de la naturaleza del mago elfo. Pero acabó por hacerlo, ya que lo consideraba necesario.

A partir de ahí, se inició una huida agónica por parte del grupo: unos prisioneros cada vez más cansados se tambaleaban por los senderos de roca, sostenidos únicamente por su voluntad de sobrevivir y la extraña fortaleza sagrada que emanaba de Cinthork. Mientras tanto, Zenit se rezagaba de cuando en cuando para alterar el rastro que dejaban y así retrasar a sus perseguidores.

Cada paso era más duro que el anterior para aquellos desnutridos y, varias veces, los fugitivos llegaron a escuchar como sus perseguidores estrechaban el cerco. Finalmente, el grupo logró ponerse a salvo.

A la mañana siguiente, Cinthork y Zenit decidieron que los jinetes de grifo ocupasen el día en hacer sucesivos viajes para trasladar a aquellos maltrechos fugitivos de los zhentarim hasta la ciudad de Cataratas de la Daga.

Hablando con aquellos reos, descubrieron que todos habían sido secuestrados al sur del Mar de la Luna por un hombre llamado Temmi. Cinthork recordó entonces que ya había escuchado ese nombre. El tal Temmi había estado tras el secuestro de los enanos que, posteriormente, fueron vendidos como mano de obra esclava a los drow para llevar a cabo las reparaciones necesarias en la fortaleza de la Araña Tortuosa.

Zenit intentó contactar con Lord Mourngrym para informarle de la presencia zhentarim en el vecino Valle de la Daga, pero el mandatario no quiso hablar con él: apenas le contesto, con cierto reproche, que alguien había secuestrado a su hijo. El Lord parecía responsabilizar, al menos en parte, a los compañeros por haber abandonado la Torre y desprotegerla haciendo salir efectivos de allí.

Tras esto, Zenit contactó con Hilan Grove, quien le confirmó el secuestro del pequeño Scotty. El mercenario, sin embargo, culpaba al propio Mourngrym de la desaparición de su hijo debido a la pura negligencia del Lord para mantener la seguridad incluso en su propia casa.

Los compañeros pasaron el día dedicados a que los jinetes de grifo transportasen a todos los prisioneros. Después, pasaron la noche en aquellas montañas sin ningún incidente. Antes de dormir, decidieron que emplearían el día siguiente en volver a localizar el campamento de Asbras Hlumin y su Culto del Dragón.

A la mañana siguiente, volaron a lomo de los grifos hasta el lugar donde el Culto del Dragón había establecido el último campamento del que tenían conocimiento. Desde ese punto, Zenit pudo emplear sus capacidades de rastreador para encontrar el nuevo asentamiento de Asbras Hlumin y sus hombres.

El Culto del Dragón estaba levantando un asentamiento en las Montañas de la Boca del Desierto. Parecía un campamento destinado a acogerles durante un periodo de tiempo considerable, ya que los hombres de Asbras estaban construyendo una empalizada.

Como en la ocasión anterior, Zenit empleó su magia para volverse invisible y penetrar en el campamento hasta la tienda de Asbras. Una vez junto a la puerta de lona, echó una rápida ojeada a través de la solapa.

Asbras conversaba con Elmand, su guardaespaldas. El guerrero parecía bastante molesto por aquel periodo de inactividad. El mago le explicaba que, al parecer, la presencia zhentarim en el puesto de avanzada de Tethyamar había trastocado sus planes.

Asbras le dijo a su guardaespaldas que debían esperar la llegada de un tal Kláram para definir la estrategia a seguir antes de partir al norte para reunirse con Kragor cuando llegase el momento.

Tras oír esto y, en vista de que la conversación derivaba ya a asuntos más triviales, Zenit se retiró a la espera de que apareciese ese Kláram al que Asbras estaba esperando.

El tal Kláram llego a media tarde, un tipo delgado y fibroso, de piel extremadamente pálida. El hombre llegó a caballo, junto a un explorador del Culto. Los compañeros advirtieron que, tanto Asbras como Elmand, trataban a Kláram claramente como a un superior jerárquico.

Inmediatamente, Zenit volvió a usar su invisibilidad para acercarse a la tienda de Asbras, donde entraron el propio mago, su guardaespaldas y el recién llegado.

En el interior de la tienda, Zenit pudo escuchar como Asbras le contaba a Kláram que su plan pasaba por acercarse al puesto de avanzada sin ser detectados por los zhentarim y emplear conjuros de pasamiento para acceder a través del sello de roca existente en los accesos.

Después, un contingente no muy numeroso se movería por Tethyamar del modo más discreto posible para no llamar la atención de los no muertos. Asbras confiaba en la capacidad de sigilo y el potencial de Kragor para poder llegar hasta el Ojo de la Montaña.

Del mismo modo, el mago sospechaba que la joya ya no se encontraba en el salón del trono de Tethyamar, sino que probablemente se encontraría en poder de Tathikophis; puede que en los niveles inferiores de las minas.

El tal Kláram pareció mostrarse satisfecho, comunicándole a Asbras que aguardaría en el templo del Bosque del Nido de Arañas a que él y Kragor le entregasen el Ojo de la Montaña. El propio Kláram se lo llevaría a Vimengul y un tal Nérgozh estaría muy satisfecho con todo aquello.

Después de eso, cuando Kláram abandonó la tienda, Zenit regresó junto a Cinthork y los jinetes de grifo.

Tras poner al minotauro al corriente de todo, decidieron que Cinthork regresase a la Torre Retorcida, mientras que Zenit permanecería unas horas más allí; ya que había urdido un plan para intentar acabar con la vida de Asbras Hlumin y así asestarle un duro golpe al Culto del Dragón.

Así, mientras Cinthork volaba de regreso al Valle de la Sombra a lomos de uno de los grifos, el mago elfo se quedó en el lugar con el otro grifo y su jinete.

En plena noche, Zenit usó su magia para hacerse invisible tanto a él como al grifo y su jinete. Volaron hasta encontrarse lo suficientemente cerca del campamento como para que Zenit conjurase una bola de fuego contra el lateral de la tienda de campaña de Asbras, allí donde sabía que se encontraba la cama del cultista.

La bola de fuego activó al campamento, al mismo tiempo que deshacía la invisibilidad de los atacantes. Unos pocos guardias que se encontraban lo bastante cerca dispararon sus flechas contra el grifo. Aunque la mayoría fallaron, uno de aquellos exploradores del culto logró acertar a la criatura.

La bestia, dolorida, se encabritó en pleno vuelo, desmontando a sus jinetes. Zenit reaccionó a tiempo, empleando la magia para caer despacio, como una pluma. El jinete del grifo se precipitó contra el suelo, aunque por suerte la caída no resultó fatal.

El grifo, perfectamente adiestrado, realizó una pasada para recoger tanto a su jinete como al mago elfo, elevándose de inmediato entre la lluvia de flechas de sus enemigos. Al alzar el vuelo, Zenit pudo ver a Asbras saliendo renqueante de entre los restos ardientes de su tienda.

Sin pensarlo, le arrojó una nueva bola de fuego que, sin embargo, Asbras disolvió en el aire con un potente contraconjuro.

Los arqueros del Culto del Dragón empezaban a tomar posiciones, así que permanecer allí era un acto suicida, de modo que el jinete hizo virar al grifo para dirigirse a toda velocidad hacia el Valle de la Sombra.

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Mientras Zenit intentaba acabar con la vida de Asbras, Cinthork llegó al Valle de la Sombra a primera hora de la mañana.

El grifo apenas hubo puesto sus patas en la parte alta de la Torre cuando el minotauro tuvo una conversación algo acalorada con Gunthor.

Se enteró de que los drow habían empleado magia para suplantar a uno de los jinetes de grifos. De ese modo, habían accedido a la comida de las bestias, la cual habían envenenado. Todos los grifos habían muerto.

También le informaron que alguien, probablemente con ayuda del interior de la Torre, había llegado hasta el pequeño Scotty y había matado a varios centinelas. Se habían llevado al crío para luego pedir un rescate extrañamente bajo.

Los secuestradores habían acordad un punto de entrega del rescate y habían impuesto que este no fuese entregado por un grupo superior a cinco personas. Inmediatamente, Cinthork se ofreció a formar parte de ese grupo.

Gunthor le informó entonces de que, hasta el momento, Icehyill, Jamble el Ojo y el sacerdote Rewel Tronada se habían ofrecido a llevar el rescate. En vista de que aún podía añadir a un componente más, el minotauro fue a hablar con Hilan Grove.

Como era de esperar, el mercenario no tenía ni la más mínima intención de echarle una mano a Lord Mourngrym, haciendo una vez más en la incompetencia de este para gobernar el Valle. Concretamente señalo la incapacidad para proteger a sus pobladores de un tipo que no era capaz ni de proteger a su propio hijo.

En vista de la negativa de Hilan, Cinthork fue a hablar con Rancent, el oficial de los jinetes del Valle de la Bruma al que una vez ayudaron a lidiar con una pareja de gigantes de las colinas. El soldado se ofreció de inmediato a acompañar a Cinthork.

Nada más caer la noche, llegaron al lugar de la entrega: un viejo puente con garitas de piedra que antaño sirvió para alojar a los guardas de lo que fue un coto de caza.

Antes de aproximarse, Rewel empleó la clarividencia otorgada por su dios para comprobar que dos hombres se habían atrincherado en el puente. A los pies de uno de ellos, un tipo con pinta de duelista sembio, se encontraba un saci del tamaño correcto para contener a un niño, que se agitaba levemente.

Cinthork, Rancent e Icehyill se acercaron al puente, mientras que Rewel y Jamble el Ojo rodearon por el bosque a fin de aproximarse a retaguardia de aquellos dos hombres.

Cerca del puente, el minotauro empleo su sensibilidad sobrenatural para detectar a una criatura maligna que, invisible, se encontraba acechando a su retaguardia.

Justo cuando se iba a efectuar la entrega y el fornido guerrero que estaba en el puente se hizo súbitamente a un lado, el enemigo invisible no pudo sorprender a Cinthork, que se volvió para asestarle un tremendo golpe.

Por desgracia, no fue suficiente para tumbarlo. El enemigo, ahora visible, era un sacerdote de Cyric que impuso sus manos sobre el minotauro, provocando que comenzase a supurar sangre por su boca y orificios nasales al tiempo que se tambaleaba a causa de una súbita debilidad.

El sacerdote Rewel se dio cuenta en seguida de que aquel sacerdote le había infligido la enfermedad conocida como “Perdición Babosa” a Cinthork, así que corrió a socorrerle. Mientras, Jamble corría hacia el puente a toda velocidad.

Por si esos problemas fuesen pocos, pronto descubrieron que una letal francotiradora se ocultaba en las copas de los árboles. La asesina, una muchacha de unos quince años solamente, disparaba su ballesta con una precisión descomunal.

Jamble el Ojo llegó hasta el saco, que había quedado desatendido. Lejos de encontrar a un niño en su interior, descubrió a un cordero; aturdido y medio asfixiado.

Aunque, entre Rancent, Icehyill y Cinthork lograron abatir al sacerdote de Cyric, fueron conscientes de que necesitaban capturar a uno de aquellos malnacidos con vida para encontrar al muchacho.

Bajo los disparos tanto de la francotiradora, como del duelista sembio, que ahora huía, intentaron hacerse con el hombretón del puente quien, tras intentar sin éxito arrojar a Jamble al río, acabó por saltar él. Al mismo tiempo, Rewel calentaba el metal de su armadura, socarrando su piel y dificultándole la huida.

Icehyill cayó con el cuello atravesado por una saeta de la francotiradora casi al tiempo en que el duelista sembio, que había regresado para cubrir la huida de su fornido compañero, realizaba una hábil finta para acabar ensartando a Jamble el Ojo.

Aún así, entre Cinthork y Rancent lograron dar alcance al hombretón. En ese momento, Cinthork agarró con sus manos a su enemigo y, recurriendo al poder sagrado de Tyr, logró dejar fuera de combate a su oponente.

La francotiradora y el duelista, no teniéndolas todas consigo, huyeron del lugar.

Cinthork, Rancent y Rewel necesitaban tomar un respiro para recuperar fuerzas antes de tomar una decisión. Aprovecharon para ello mientras el minotauro le sacaba la información a aquel hombretón a base de golpes e intimidación.

El tipo, que dijo llamarse Tholde, les contó que el niño estaba escondido en el cauce de un río seco, no muy lejos de allí. Sin duda, sus compañeros: la asesina llamada Wynna y el duelista llamado Altes, ahora iban hacia allí.

Al minotauro no le costó mucho percatarse de que ese tipo, aunque no mentía, les ocultaba algo. Y así era: había varias trampas dispuestas en la zona.

Además, a cambio de la promesa de liberarle, les dijo que habían sido contratados por Gilew, el compañero de Hilan Grove, para secuestrar al chico; aunque desconocía los motivos reales detrás de aquello. Tholde quería marcharse ya que, una vez Gilew supiese que había hablado, no habría un lugar lo suficientemente seguro para él.

Mientras Rancent regresaba a la Torre Retorcida para avisar de la implicación de Gilew en el secuestro del pequeño Scotty, el tal Tholde guiaba de mala gana a Cinthork y Rewel hasta el cauce del río seco.

Una vez llegaron a las proximidades del cauce y Tholde les indicó donde se encontraban las diversas trampas, el secuestrador les pidió que le dejaran ir tal y cómo le habían prometido. Cinthork, que desconfiaba de que el hombre les hiciese alguna jugarreta, se negó a liberarle aún.

Entonces, desesperado, Tholde se zafó del agarrón de Cinthork y echó a correr.

Aquel brusco movimiento sin duda llamó la atención de los dos secuestradores que se hallaban en el cauce, preparándose para partir con el pequeño Scotty como rehén. Pronto, una lluvia de flechas y virotes cayó sobre el minotauro y el sacerdote.

Lejos de amedrentarse, Cinthork y Rewel iniciaron una carrera hacia el cauce, evitando aquellos lugares donde Tholde había señalado la existencia de trampas. A la vez, mientras Wynna disparaba desde algún lugar entre las copas de los árboles, Altes corría hacia los caballos arrastrando al pequeño Scotty.

Aunque el minotauro y su compañero lo intentaron, fueron incapaces de alcanzar a los malhechores antes de que estos escapasen a caballo llevándose al niño. La tal Wynna se permitió el lujo de sacarles la lengua antes de ensillar y, después, dedicarles un gesto obsceno con el dedo corazón mientras se alejaba al galope.

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Mientras Cinthork y Rewel Tronada intentaban recuperar al pequeño Scotty en el cauce del río seco, Zenit llegaba a la Torre Retorcida transportado por un grifo. El panorama que allí encontró era realmente preocupante.

Los guardias de la Torre Retorcida parecían a punto de enzarzarse en combate con los mercenarios de Hilan Grove. Lord Mourngrym acusaba al hombretón de haber orquestado el secuestro de su hijo.

Al parecer, Rancent había regresado a la Torre con una información que implicaba a Gilew como instigador del secuestro. Ahora, Gilew estaba desaparecido e Hilan Grove negaba todo conocimiento e implicación en el secuestro lo que, por descontado, Lord Mourngrym se negaba siquiera a considerar.

En un momento dado, Hilan acusó a Lord Mourngrym de haber urdido el secuestro de su propio hijo a fin de tener una excusa para echarle a él del Valle, ya que veía amenazado su puesto de Lord.

Con las espadas de ambos bandos ya desenvainadas, Hilan Grove señaló que una confrontación entre las fuerzas de la Torre solo debilitaría la defensa del Valle de la Torre. El mercenario dijo no querer un baño de sangre, así que retó a Lord Mourngrym a un combate singular.

Mourngrym aceptó sin dudarlo.

Lord Mourngrym Amcathra era un buen guerrero, pero no lo bastante bueno como para enfrentarse a Hilan Grove, quien ganaba terreno poco a poco. El combate ya estaba decidido y parecía que la muerte del actual Lord del Valle iba a ser el final lógico.

Entonces, Zenit empleó su magia para comunicar mentalmente con Mourngrym y decirle que, si moría, nadie iba a poder salvar a su hijo. Aquellas palabras persuadieron al hombre, que arrojó su espada y le entregó en mando del Valle de la Sombra a Hilan Grove.

Todo el mundo quedó en silencio mientras Mourngrym se marchaba hacia el edificio principal, seguido a unos pasos por Gunthor.

Tras unos segundos de quietud, alguien entre la multitud gritó:

“¡Viva el Lord del Valle de la Sombra, Viva Hilan Grove!”

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