Dirigir Rol: Romance en los juegos de rol

El amor es, probablemente, una de las piedras angulares en la vida de la mayoría de las personas. Debido a esto, es lógico que se haya tratado en medios como la literatura y el cine con bastante recurrencia. En el artículo de hoy, me gustaría reflexionar acerca de su presencia en nuestro hobbie favorito: los juegos de rol.

Creo que no le descubro nada nuevo a nadie si digo que, en la mayoría de las mesas de juego, la presencia del romance es meramente testimonial o, directamente, inexistente. Puede que esto tenga mucho que ver con que los sentimientos románticos, y no digamos ya el sexo, siguen teniendo hoy en día bastante de tabú en nuestra sociedad.

Los momentos románticos o eróticos son generalmente reservados para la intimidad, de modo que nos sentimos relativamente cómodos experimentándolos de forma pasiva a través de su exposición en películas o novelas pero sentimos ciertos reparos a la hora de interpretarlos de forma activa durante una partida de rol.

Puede que también tenga mucho que ver el hecho de que, al menos durante mucho tiempo, la mayoría de las mesas tenían una presencia masculina dominante. Si el romance es algo tabú para la sociedad, sin duda lo ha sido mucho más para los hombres debido a nuestra educación cultural en la que, por ejemplo, la violencia ha sido representada siempre de un modo mucho más explícito sin que hubiese problema alguno con ello.

Todo esto hace que la inclusión del romance en una partida de rol pueda llegar a ser algo que cause vergüenza e incomodidad entre los jugadores. La única manera, a mi entender, de lograr que la inclusión del romance o el erotismo en una partida de rol funcione es asegurarse de que realmente los jugadores tienen un verdadero interés en que esté presente y que todos van a encontrarse cómodos con la inclusión de este tipo de escenas en partida.


AMAMOS HABLANDO

Tanto la aproximación romántica en forma de seducción, como la evolución del vínculo romántico o incluso las crisis entre los integrantes del romance, suelen ir mucho más allá de las tórridas escenas de alcoba. Generalmente, la “chicha” auténtica de una relación romántica suele estar en las conversaciones, ya que es hablando como se capta la atención de la otra persona y cómo se descubren cosas acerca de ella: anhelos, esperanzas o miedos. Si nos conocemos hablando, es lógico decir que amamos hablando.

De este modo, si la mesa ha decidido incorporar el romance a sus sesiones, el director de juego debería asegurarse de propiciar oportunidades para que las escenas conversacionales tuviesen lugar. Esos tiempos muertos como las guardias junto al fuego, las cervezas en un local o las charlas durante un viaje tranquilo son momentos ideales para explorar la interacción entre los implicados en el romance. Las escenas costumbristas son siempre una herramienta magnífica para profundizar en los personajes de un modo que no suele ser habitual en nuestras partidas de rol.

Igualmente, la mesa debería asegurarse de que estas escenas no sean interrumpidas por las clásicas gracietas o chascarrillos que, seguramente, sean reacciones a la incomodidad derivada del tabú que ya he mencionado. Una actitud de respeto y madurez por parte de la mesa es indispensable para que una escena romántica tenga alguna mínima posibilidad de éxito.

También me gustaría señalar que el romance no tiene porqué basarse siempre en escenas conversacionales entre los enamorados: puede tratarse perfectamente de un monólogo introspectivo de uno de ellos en el que expresa sus pensamientos de duda o zozobra. Además, también pude incluir a otros personajes implicados tangencialmente mediante confesiones o búsqueda de consejos.



MÉTELE DRAMA

Salvo que la mesa lo tenga muy muy claro, lo ideal es que el romance no acapare toda la carga de la partida. De hecho, incluso en la literatura o el cine, el romance suele ir mezclado con otros géneros en mayor o menor medida. Esta no es solo una buena receta para que algunos integrantes de la mesa no se aburran, también es una herramienta que te facilitará incluir cierto nivel de drama en el propio romance.

El drama es un componente magnífico que genera tensión e impacto en los jugadores, ayudando a implicarles en la historia. Problemas, obstáculos, traumas, todas esas cosas que nos espantan en nuestras relaciones reales son realmente interesantes a nivel narrativo, así que no temas explotarlas siempre que los jugadores se sientan cómodos con ello.

Te aconsejo que si vas a incluir escenas realmente tensas o que incluyan cierto grado de violencia emocional, verbal o sexual, lo hables primero con tus jugadores para evitar que nadie se sienta mal. Las personas somos un mundo y lo que a ti te puede parecer algo sin importancia puede remover cosas muy desagradables en otras personas. Cuidadito.



SEXO Y EROTISMO

El sexo y el erotismo son componentes que tarde o temprano van a aparecer si incluyes habitualmente el romance en tus partidas. La forma de tratar estas cuestiones en mesa puede ir desde lo poéticamente velado hasta lo más bizarro y explicito. Una vez más, lo único que se puede aconsejar en este aspecto es el consenso con la mesa. Pacta con tus jugadores el nivel de detalle que pueden llegar a alcanzar este tipo de escenas a fin de que a nadie le resulten incómodas.

Personalmente, no recomiendo la inclusión de este tipo de escenas en mesas con integrantes que aún no se conocen demasiado entre sí y que, por lo tanto, puede que carezcan de un grado de confianza y conocimiento idóneos para que las escenas funcionen. Si bien puede que nadie se sienta excesivamente incómodo, quizá se caiga rápidamente en la necesidad de alivio cómico a la que nos empuje el tabú y tengamos una escena mucho más ridícula que intensa... lo cual no está necesariamente mal, pero quizá no sea lo que buscábamos.



ALGUNOS CONSEJOS MÁS

En mi opinión, el director de juego no debe imponer las escenas románticas en partida, más bien debería ser un facilitador de las mismas; dejando que sean los jugadores los que marquen siempre el ritmo e intensidad de estas escenas.

Si el romance se produce entre dos personajes jugadores, el director de juego debería propiciar esas escenas costumbristas o conversacionales a modo de oportunidades para que los jugadores puedan explorar su relación a la velocidad que deseen.

Si el romance tiene lugar entre un personaje jugador y un personaje no jugador, sería bueno que el director de juego se esforzase en crear PNJ atrayentes e interesantes, dotados de cierta complejidad que pueda dar juego a la relación. En estos casos, también debe ser el jugador quien marque el ritmo del romance, limitándose el director de juego a propiciar oportunidades para que, si el jugador lo desea, se desarrollen las escenas románticas.

Por último, creo que puede ser una gran idea que el director de juego intente facilitar estas escenas justo al inicio de una sesión o, a lo sumo, cuando esta no ha avanzado aún demasiado. Al hacerlo así, dotamos de mayor importancia a la escena y, a la vez, tenemos a los jugadores con la mente bastante despejada y no preocupados en otros asuntos de la trama: ¿Quién tiene tiempo para ver como Lina y Serván hacen arrumacos cuando estamos persiguiendo al Culto de la Sangre?



¿Y tú? ¿Incluyes el romance en tus partidas? ¿Cómo te funciona?



 

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