DT.VII: Korvosa (T4) - Historia de unas cenizas (2/6)

Tras dejar atrás la ciudad de Kaer Maga, el grupo formado por la paladina humana Kaylee, el guerrero minotauro Jarnarak el ladrón elfo Tepheiros y la maga gnoma Seldysa, proseguía su camino en dirección noreste; hacia los montes Kallow.

No se hallaban ni a un par de kilómetros del lugar cuando se toparon con cuatro guerreros shoanti. Según Seldysa contó a los compañeros, se trataba de “matadores de huesos”, una especie de patrulla de la tribu contra los muertos vivientes que merodeaban los montes Kallow. No en vano, los montes Kallow no eran sino una enorme necrópolis de túmulos funerarios en la que las diferentes tribus shoanti daban sepultura a sus muertos.

A pesar de los recelos iniciales, los shoanti accedieron a conducir a los compañeros hasta el campamento Skoan-Quah para que pudiesen entrevistarse con el anciano chamán Milhuesos, siempre que el jefe Unavida diese su visto bueno.

Por desgracia, el camino hacia el campamento no sería tan apacible como hubiesen esperado ya que, poco después de iniciar el camino, vieron la enorme forma de un roc sobrevolándoles. En mitad de aquella llanura no había demasiados lugares para ocultarse, así que el grupo tomó las armas a la espera de que la inmensa rapaz descendiese a por ellos.

El miedo en el rostro de los shoanti era evidente, así que Jarnarak les indicó que se apartasen, mientras Seldysa lanzaba unos proyectiles mágicos intentando atraer a la enorme criatura hacia el resto del grupo, alejándola de los Matadores de muertos.

La criatura resultó un rival formidable. Todos los compañeros recibieron heridas, sobre todo Seldysa y Jarnarak. El minotauro acabó en un estado tan precario que necesitó de los poderes curativos de Kaylee. Finalmente, la enorme rapaz se desplomó muerta tras el brutal impacto de un rayo eléctrico invocado por la maga gnoma.

Realmente impresionados con lo que acababan de ver, los shoanti corrieron a felicitar a los compañeros. Todo atisbo de tensión parecía haberse esfumado, se habían ganado de sobra el respeto de aquellos guerreros.

Cuando llegaron al campamento Skoan-Quah, Milhuesos se mostró realmente contento de reencontrarse con Kaylee. Recordaba perfectamente como la paladina y el grupo que por aquel entonces la acompañaba había logrado rescatar el cadáver de su pariente de las terribles Madrigueras Muertas.

Milhuesos les presentó al jefe Unavida quien, agradeciendo también la recuperación del cuerpo del joven Gaekhen, les ofreció la hospitalidad shoanti.

Conversando con el anciano chamán, se dieron cuenta de que a Milhuesos le preocupaba lo que Ileosa pudiese tener preparado para el pueblo shoanti una vez hubiese logrado consolidar su poder sobre Korvosa.

Mientras hablaban con el anciano, un nuevo actor irrumpía en escena. Un tal Korjun Comeloquemata, de la tribu Skarl-Quah, llegaba junto con una docena de sus guerreros al campamento para enterrar a alguien de su clan.

A Korjun no le hizo demasiada gracia encontrar a extranjeros en un lugar sagrado como aquel, así que intentó presionar al jefe Unavida para que les expulsase de allí. Sin embargo, Unavida se mostró firme, haciendo hincapié en que había ofrecido su hospitalidad a los visitantes.

Ya que no iba a conseguir expulsar al grupo de los montes Kallow, Korjun decidió desafiarles a que, al menos, mostrasen ser dignos de permanecer entre los shoanti. Para ello, retó a los compañeros a que uno de ellos se enfrentase a él en la Sredna, un juego ritual típico de los shoanti.

La Sredna consistía en que dos contendientes se colocasen enfrentados a cuatro patas, con las frentes separadas como a dos palmos de distancia, ambos con un lazo de cuero en torno a la cabeza y atados entre sí. El juego consistía en intentar retroceder arrastrando consigo al rival.

A pesar de las protestas de Unavida, el grupo decidió aceptar el reto a fin de rebajar la tensión y ganarse el respeto de Korjun. Como era lógico, escogieron al minotauro Jarnarak para el desafío. De todos modos, Korjun era un tipo grande y fuerte, así que nada estaba decidido del todo.

De hecho, Korjun fue un rival demasiado duro para Jarnarak que, incrédulo, observó como aquel humano le arrastraba de su posición si que pudiese evitarlo, desparramándolo de bruces sobre el suelo de tierra ante la algarabía generalizada de los shoanti.

Con el orgullo herido, Jarnarak aceptó la mano de Korjun para levantarse. El shoanti respetó el valor y la fuerza de su oponente. Tras sonreír ampliamente y palmear el hombro del minotauro, Korjun les dio la bienvenida a los montes Kallow.

Aquella noche, en torno al fuego, los compañeros le hablaron a Milhuesos acerca de la extraña corona de colmillos con la que se había visto a Ileosa y de la posible vinculación de ese artefacto, según Vencarlo, con un antiguo dragón sepultado en tiempos inmemoriales en el lugar donde ahora se erigía el Castillo de Korvosa.

Lamentándose, Milhuesos les confesó que un conocimiento tan perdido como aquel quizá solo perviviese en aquellos días entre los más ancianos de la tribu Skarl-Quah, ya que suyo fue el antiguo territorio en el que se había erigido Korvosa.

Aunque los compañeros se habían ganado la simpatía de Korjun, no sería suficiente como para que los ancianos le desvelasen sus secretos a un grupo de extranjeros. Sin embargo, Milhuesos les habló de que los Skarl-Quah llevaban tiempo buscando una reliquia llamada la Marca de los Guardianes de los Siervos: una especie de estrella ornamental de siete puntas con ciertos poderes mágicos.

La Acrópolis de los Guardianes de los Siervos, un lugar en ruinas donde antaño habitó ese temido clan de lanzadores de conjuros, estaba situada a unas cuantas jornadas al norte de allí, cruzando Vado Llama; el territorio de los Skarl-Quah.

Ante esta información, los compañeros convinieron que, al día siguiente, viajarían a esa acrópolis a fin de hacerse con la reliquia para presentarla como ofrenda a los ancianos de la tribu Skarl-Quah.

Tras una cena modesta, los shoanti ofrecieron un par de sus tiendas a los compañeros para que pasasen la noche. Kaylee y Seldysa ocuparon una, mientras que Jarnarak y Tepheiros la contigua. Aquella noche, la maga gnoma uso su magia para crear un círculo de teletransporte en la tienda y transportarse hasta el círculo que había establecido en el almacén de Armin Jalento: querían saber cómo andaba todo por Korvosa.

Armin se alegró mucho de ver a Seldysa y de saber que todo el grupo se encontraba bien. Le comentó a la gnoma que había contactado con la mariscal Cressida Kroft y que se estaban coordinando para intentar averiguar el próximo movimiento de la reina Ileosa.

Viendo que todo parecía en orden, Seldysa regresó al campamento shoanti y borró el círculo que había establecido en la tienda.

A la mañana siguiente, cuando el grupo se encontraba preparando su equipo para la marcha, el anciano chamán Milhuesos se acercó a ellos en compañía de cuatro jóvenes guerreros shoanti. El aciano les presentó como Ahalak, Hargev, Nalmid y Shadfrar. Se trataba de cuatro matadores de huesos que les servirían como guías en las Tierras Cenicientas.

Tras agradecer el gesto a Milhuesos y despedirse del jefe Unavida, los compañeros emprendieron el camino hacia el Acrópolis de los Guardianes de los Siervos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dirigir Rol : Subtramas

Cuando las cosas no están saliendo bien

Los Reinos (T4) - Las Tablas del Destino (12/18)