Dirigir Rol: Partidas políticas
Los juegos de poder, sus tramas y corrupciones... un afinadísimo juego de ajedrez que puede reflejar en nuestras partidas hasta donde llega la ambición humana. La perspectiva de experimentar en mesa la influencia, las intrigas y todas esas alianzas y traiciones propias del pulso de poder podría convertir tu sesión en algo memorable.
Te recomiendo que, al menos una vez, arrojes a tus jugadores a este tipo de contexto en el que el armamento pesado sirve de poco o nada, un escenario en el cual las circunstancias requieren de un comportamiento civilizado y de que la mayoría de las acciones de los personajes sean veladas o indirectas mientras ellos se esfuerzan por mantener una imagen impecable ante la opinión pública.
Algunas de las líneas que voy a escribir a continuación te ayudarán a esbozar cómo deberían fluir los personajes en una partida política, tanto los personajes jugadores como los no jugadores. Evidentemente, estas campañas no tienen por qué basarse exclusivamente en fiestas de alta alcurnia y cosas así, pero conocer el funcionamiento de la política puede ayudarte a establecer las consecuencias de, por ejemplo, una escena de acción en el pulso de poderes de una nación.
EL JUEGO DE LA CORTE
Normalmente, cuando se habla de la corte es para referirse al grupo de personas influyentes que rodean normalmente a un gobernante. En la corte se lleva a cabo parte del juego político de las apariencias, además de ser un lugar donde se plantan las semillas de amistades o enemistades y donde la reputación puede subir como la espuma o caer en picado.
Aunque hable de la corte, lo hago como concepto. Un concepto que puede ser utilizado tanto para una corte medieval al uso como para los círculos políticos de una sociedad futurista de tu campaña cyberpunk. Cuando hablo de corte, me refiero a los círculos de poder político y/o económico.
Las fiestas y otros eventos sociales son importantes entre aquellos que ostentan el poder, por lo que convertirse en aquel que celebra las fiestas más memorables siempre es una gran idea. Por otra parte, dar la sensación de ser alguien ocioso y que nunca tiene demasiada prisa puede considerarse un símbolo de estatus entre los privilegiados.
Ya que tanto el poder como la apariencia de poseerlo es tan importante, nunca suele funcionar mal aquello de menospreciar en público lo que se sabe que no se puede obtener. De ese modo, parecerá que lo inaccesible no es tal, sino que simplemente no interesa. Igualmente, despreciar las cosas gratuitas o de poco valor como si causasen repugnancia también ayuda a dar una imagen de potencia.
Hay que tener en cuenta que la corte es un pequeño océano infestado de tiburones, por lo que es aconsejable ocultar las intenciones en la medida de lo posible. De ese modo, si resulta imprescindible compartir alguna información, un buen jugador siempre desvelará menos de lo necesario, guardándose algo solo para sí.
Por otra parte, tan importante es dejarse ver en la corte y llamar la atención como saber jugar con las ausencias. Dosificar los momentos de impacto es aún más efectivo cuando después nos retiramos para dejar que los corrillos comenten nuestra hábil intervención.
Alguien que sabe moverse en la corte no suele ensuciarse las manos con crímenes, fallos o deudas que arruinen su reputación. En su lugar usará siempre que pueda a sus esbirros o cabezas de turco. No obstante si la reputación está en juego, la defenderá con la vida si es necesario: la reputación quizá no lo sea todo en la corte, pero lo es casi todo.
Es importante también tener en cuenta los bandos, las facciones de poder antagónicas o simplemente inmersas en un conflicto de intereses. Alguien hábil siempre se mostrará relativamente ambiguo, sin tomar partido por nadie a menos que no le quede más remedio.
He recomendado antes mostrar cierto protagonismo en las reuniones sociales, llamar la atención. Sin embargo, hay que tener cuidado con la medida en que se hace para no generar envidias peligrosas u ofender a las personas equivocadas: en la corte hay gente mucho más peligrosa de lo que aparenta ser tras su aspecto de noble melindroso.
En caso de estar subordinado en posición a otros nobles, alguien hábil en la corte halagará a su superior y se preocupará de no hacerle sombra a menos que ansíe su lugar y entienda que el momento de asestar el golpe ha llegado de forma inequívoca.
En resumen, saber moverse en la corte requiere ser bastante elegante e indirecto en las acciones; es un juego de apariencias en el que la reputación es a una vez el arma y la armadura.
TEN CERCA A TUS AMIGOS...
Existe un proverbio turco que reza “El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos”. Esto es más cierto en la política que en cualquier otro contexto de la vida. Todos los “amigos” o más bien aliados en la corte son tan potencialmente útiles como peligrosos.
En un entorno tan potencialmente hostil, muchos optarían por refugiarse en la seguridad de sus salones intentando no generar demasiadas enemistades peligrosas. Sin embargo, la política es un juego para el cual se necesita información si se quiere tener alguna posibilidad. Y, guste o no, para lograr información es necesario hacer contactos y, para esto, resulta indispensable moverse en sociedad.
Un político hábil se mostrará siempre como un amigo y aliado fiable, pero en secreto reunirá información sensible de sus aliados por si las tornas cambiasen en un futuro y esa amistad se tornase en enemistad. Este procedimiento es tan habitual que cualquiera con un mínimo sentido común se guarda mucho de compartir información de ese tipo con sus aliados, desconfiando de que pueda ser usada contra ellos en el futuro.
Una señal de gran habilidad es la de mostrar la capacidad de apuntarse como propios los éxitos de nuestros aliados. Sobre todo, es conveniente hacerlo sin despertar suspicacias o rencores en dichos aliados que puedan causarnos problemas o debilitar nuestra influencia sobre ellos. Igualmente, un político hábil sabe pedir ayuda sin que parezca que pide un favor, sino que le ofrece una oportunidad ventajosa al otro. Saber calar los anhelos y ambiciones de los aliados es importante, de modo que puedan usarse para manipularles mediante la seducción en contra de una coacción que podría traer problemas a futuro.
En cuestión de alianzas y contactos, es bueno tener siempre en mente que los hábiles en la corte tienen claro aquello de “Quien mucho abarca poco aprieta”, por lo que sus círculos de verdaderos amigos o aliados suelen ser más bien reducidos aunque de cierta calidad, ya sea por su fiabilidad o influencia.
Por último, hay que tener en cuenta que, en política, todos huyen despavoridos ante los que han caído en desgracia, quizá por un temor más que cierto a ese “efecto contagio” de la desventura. De modo que alguien hábil se apartará rápidamente de aquellos cuya reputación esté en caída libre.
...PERO MÁS CERCA A TUS ENEMIGOS
El filósofo Arthur Schopenhauer decía que “Los amigos suelen considerarse sinceros, pero los enemigos siempre lo son”, mientras que Fuller aseguraba que “Si no tienes enemigos es señal de que la fortuna te ha olvidado”. Es más que probable que ambos tuviesen razón, ya que eran tipos mucho más listos que yo y solo un poco más listos que tú; de modo que si un político no tiene enemigos hará bien en obtenerlos, ya que la talla de una personalidad política se mide por la de sus enemigos.
En política, pronto se aprende que los argumentos, por loables y correctos que sean, nunca son tan efectivos como los hechos. Por eso alguien hábil se esforzará en mostrar su grandeza a través de sus acciones y no de la palabra. Del mismo modo, hará que sus enemigos parezcan deleznables por medio de la exposición antes que por medio de la simple calumnia.
El uso de la honestidad puntual, la sinceridad selectiva y las medias verdades otorga al político cierto aire imprevisible ante sus oponentes que le ayuda a desarmarlos o, como mínimo, a confundirlos. La aparente (pero falsa) ingenuidad hace que el enemigo se confíe más de la cuenta en el juego de la política, lo que es una gran ventaja siempre.
Un político astuto elegirá solo aquellas confrontaciones que tenga posibilidad de ganar, haciéndose a un lado o directamente claudicando cuando la derrota es segura. Una retirada o rendición oportuna puede dar un tiempo valioso para recuperar recursos o trazar nuevos y mejores planes.
Y hablando de planes, cuando uno desconoce en qué consisten exactamente los de su adversario, lo más fácil es hacer que los tenga que abandonar. Para ello, alguien hábil agitaría avisperos para hacer reaccionar a sus oponentes, obligándoles a tener que aplazar sus acciones para responder a la amenaza.
Aprender a descubrir los puntos débiles de un rival y explorarlos es tan importante siempre como conocer los propios puntos débiles y saber cuando frenar el ímpetu en la victoria. Un exceso de ambición mostrado a destiempo podría ser mucho más contraproducente que una derrota.
De igual modo, un político eficiente sabe que hay que aplastar al enemigo hasta el final, eliminar cualquier posibilidad de que recupere su poder o influencia algún día. Nadie con habilidad en el juego del poder desea estar en el lado equivocado de una épica historia de venganza.
Pues hasta aquí todo lo que se me ocurre sobre el juego de la política para nuestras partidas de rol.
¿Y tú? ¿Podrías añadir algo más?
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