DT8: Los Reinos (T2) - Reos del Mal Menor (3/8)

Allí se encontraban Jesper, Cinthork, Sathelyn, Zenit y Thorvald contemplando boquiabiertos a Nastra Kenmtor, una de sus más mortales enemigos. La maga drow se había personado en aquella posada bajo la ilusión de una elfa dorada. Ahora, caída sus máscara, decía venir con el ofrecimiento de una alianza.

Según les dijo, los drow se encontraban al tanto de la posibilidad de que el mytal que rodeaba la legendaria ciudad de Myt Drannor se viniese abajo, liberando a todos los demonios albergados en su interior en las tierras de Los Valles. Nastra les dijo que su hermana Viciira poseía información relativa a todo aquello, la cual podía ser extremadamente valiosa para las gentes de la región.

Cuando los compañeros le preguntaron qué querían los drow de la familia Kenmtor a cambio de aquella información, la hechicera les comunicó que aquella negociación deberían llevarla a cabo con su hermana Viciira.

Así, los compañeros acordaron que Cinthork, Zenit y Thorvald acompañarían a Nastra, mientras que Jesper y Sathelyn se quedarían en Shind, al tanto de las evoluciones en aquella localidad.

Una vez Nastra hubo hecho uso de su poder ilusorio para adoptar de nuevo la apariencia de una elfa dorada, Cinthork, Zenit y Thorvald descendieron con ella hacia el comedor de la posada, donde se encontraron inesperadamente con Britha y Álakir.

Los arpistas se habían preocupado por el tumulto formado en la posada cercana. Desconocían la implicación de los compañeros dicho tumulto, resultante de su enfrentamiento con Gilew, Altes y Wynna.

Con relativo poco tacto, Cinthork y Zenit se deshicieron de sus amigos, continuando su camino con Nastra hacia la calle.

Una vez fuera de la posada, la drow les guió hacia el bosque y, de allí, hasta la entrada de una pequeña cueva donde aguardaban dos soldados drow. En aquel lugar, la hechicera les pidió que se vendasen los ojos, ya que iban a ser conducidos por los túneles drow.

Tras más de una hora de caminata en la que los compañeros acabaron bastante desorientados, les fue retirada la venda en una caverna espaciosa. Allí, dos driders guardaban un círculo arcano dibujado en el suelo bajo el mando de una tal Amatista, una guerrera drow que parecía haber ocupado el puesto de comandante de la familia Kenmtor tras la muerte de Istorlan a manos de los compañeros.

Siguiendo a Nastra, los compañeros entraron en aquel círculo para ser transportados mágicamente a otra caverna, esta muchísimo más grande. En el suelo de aquel lugar podían verse docenas de círculos de teletransporte como el que habían utilizado ellos hacía un momento.

Antes de que Cinthork, Zenit y Thorvald se hubiesen repuesto de su asombro, Nastra volvió a pedirles que se vendaran los ojos. Eso inició un nuevo periplo a través de la suboscuridad hasta que, casi una hora después, los compañeros notaron el fresco aire del exterior en sus rostros.

Cuando las vendas fueron retiradas, los compañeros descubrieron que se encontraban en Cormanthor, al noreste concretamente, según supo Zenit gracias a sus conocimientos de orientación. Poco después, al ver los primeros edificios en estado de semi abandono, tendrían seguro que se hallaban en la Corte Élfica: el lugar abandonado por los elfos tras la Era de los Trastornos.

Los drow parecían estar rehabilitando el lugar, aunque las altas y alargadas vidrieras de los edificios estaban siendo sustituidas por enormes paneles labrados que impedían la entrada de la luz solar cuando amaneciese, en unas pocas horas.

Vieron también cabezas clavadas en picas, las cabezas de goblins, orcos, kobolds e incluso la de algún gigante de las colinas. Por toda la antigua ciudad de los elfos, había quaggots trabajando bajo el látigo de los drow, mientras driders patrullaban la zona desde arriba, encaramados a las copas de los árboles.

Llegaron hasta el lugar en el que se encontraba el antiguo templo de Collerion Larethian. Aquel majestuoso lugar erigido en honor al creador de todos los elfos había sido profanado. El emblema de la deidad había sido arrancado y, en su lugar, se podía ver la piedra labrada conformando la aún inacabada forma de una araña.

Nastra les hizo entrar en el templo, donde un par de soldados encendieron sendas antorchas para facilitar la visión tanto de Cinthork como de Thorvald.

Allí, junto al altar de piedra, pudieron contemplar de espaldas a Viciira Kenmtor, envuelta en aquella armadura formada por decenas de miles de pequeñas arañas. Tras darles la bienvenida con quizá excesiva amabilidad, les invitó a que la siguiesen.

Para sorpresa de los compañeros, la sacerdotisa prohibió a Nastra que les acompañase a la reunión. Zenit pudo percatarse de la contrariedad sentida por la hechicera cuando esta situación tuvo lugar.

Cinthork, Zenit y Thorvald fueron acomodados en uno de los salones del templo, donde varios sirvientes dispusieron vino, carne asada y frutas sobre una larga mesa de madera.

La matriarca les confirmó que estaba al tanto de la previsible caída del campo mágico que rodeaba la ciudad de Myt Drannor. Dijo haber recibido aquella información por parte de Lloth, su diosa, quien no veía con muy buenos ojos que Tyranthraxus tuviera éxito en sus planes de dominio sobre Faerún. Todo giraba en torno a un misterioso conflicto de intereses entre entes infernales, al parecer.

Allí, Viciira les informó de que, si bien no conocía el modo en que Tyranthraxus iba a hacer caer el mytal, sabía quien podía disponer de aquella información. La matriarca drow estaba dispuesta a compartir aquello con los compañeros siempre y cuando estos accediesen a hacer algo por ella.

Inquietos, los tres aventureros cruzaron sus miradas.

Cuando Cinthork preguntó a Viciira qué quería a cambio, esta les comunicó la pretensión de la familia Kenmtor relativa a establecerse en la antigua Corte Élfica. La matriarca deseaba que los compañeros, en su calidad de héroes reconocidos, defendiesen el derecho de este clan drow a reclamar aquel territorio frente a los lores de Los Valles.

Obviamente, los compañeros le hicieron saber a la sacerdotisa que no podían garantizar el éxito de sus demandas, a lo que Viciira contestó que el simple juramento por parte de los aventureros de que harían todo lo posible por lograrlo bastaría para sellar el acuerdo; al menos de momento.

Después de exponer sus condiciones, la matriarca dejó a los compañeros solos en aquella estancia para que discutiesen su decisión.

Tras unos pocos minutos intercambiando opiniones, los tres aventureros convinieron aceptar el acuerdo con los drow, decisión que trasladaron a Viciira Kenmtor. En ese momento, Cinthork fue totalmente consciente de como el vínculo con su dios se hacía pedazos: estaba claro que Tyr no aceptaba aquella alianza con los elfos oscuros, pero el minotauro sentía que ese pacto era lo que las gentes de Los Valles necesitaban para continuar con vida.

Satisfecha, la sacerdotisa de Lloth les comunicó que en Mechanus, uno de los planos de existencia exteriores, se encontraba una entidad llamada Nilandus. Se trataba de un ser que recibía el nombre de modrón, una especie de constructo con inteligencia propia. El tal Nilandus atesoraría, siempre según la matriarca, el conocimiento acerca de cómo Tyranthraxus pensaba hacer caer el mytal.

Inevitablemente, los compañeros le dijeron a Viciira que no tenían modo de viajar a Mechanus. La sacerdotisa se limitó a sonreír, respondiendo que su hermana Nastra se encargaría de aquellos detalles.

Así, los compañeros fueron conducidos ante Nastra, quien les guió fuera del templo. Caminando por la Corte Élfica de vuelta a la suboscuridad, pudieron ser testigos de cómo los soldados drow ejecutaban a un par de elfos. Según supieron por Nastra, se trataba de miembros de la Eldret Veluuzhra, los cuales se hallaban enemistados con los drow.

Ya en la caverna de los círculos de teletransporte, Nastra les informó de que viajarían hasta la ciudad de Farallón de los Cuervos. Allí, los compañeros deberían llegar a la Posada del Alce, donde preguntarían por el capitán Jel A'Nan. Al parecer, ese sujeto sería el encargado de transportarles hasta Mechanus.

Una vez en el plano exterior, les explicó Nastra, debían llegar a la Fortaleza de la Iluminación Disciplinada. Dentro de aquella ciudad, en su impresionante biblioteca, encontrarían al tal Nilandus.

Tras despedirse de la maga drow, los tres compañeros cruzaron el círculo de teletransporte para llegar hasta otra caverna donde les aguardaban dos soldados de la familia Kenmtor. Tras vendarles una vez más los ojos, les condujeron al soleado exterior.

Una vez retiradas las vendas, los drow les informaron de que les aguardarían durante una semana para escoltarles de vuelta al círculo de teletransporte. Si los compañeros se demoraban, no podrían regresar a Shind mediante el uso de la magia drow y deberían hacerlo por sus propios medios.

Conformes con las directrices, los compañeros se alejaron hacia la ciudad de Farallón de los Cuervos, ubicada a un par de horas de camino de aquella cueva por la que habían vuelto a la superficie.

La ciudad de Farallón de los Cuervos era un lugar bullicioso, una ciudad de aventureros audaces, piratas y delincuentes que habían encontrado un buen lugar donde esconderse. Tras hacer algunas compras en la ciudad, los compañeros preguntaron por la Posada del Alce.

Siguiendo las indicaciones de un maestro armero, encontraron el lugar sin demasiados problemas. Apenas hubieron cruzado las puertas, el amable camarero les advirtió de que en ese local los zhentarim no eran bien recibidos y que, si pertenecían a aquella facción, podían enfrentarse a consecuencias bastante severas.

Tras jurar que no pertenecían al grupo criminal, los compañeros se sentaron en una de las cuidadas mesas a disfrutar de una magnífica comida y buen vino. Thorvald se mostró entusiasmado de poder disfrutar de aquellas comodidades.

Zenit no tardó mucho en preguntar por Jel A'Nan al dueño del local. Si bien el posadero admitió no conocer en persona al capitán, les indicó que su contramaestre, un tal Damardas, se encontraba sentado en la mesa del fondo.

Damardas, un mago a todas luces, ni siquiera se inmutó cuando los compañeros se sentaron a su mesa. De hecho, ni siquiera le prestó mucha atención a nada de lo que dijeron más allá del hecho de que tuviesen suficiente oro para el viaje, una cantidad enorme de oro.

Una vez satisfecho, Damardas, les emplazó a encontrarse con él en aquel mismo salón al amanecer del día siguiente. Al parecer, no podía llevarles hasta la Fortaleza de la Iluminación Disciplinada ya que no estaba en la ruta de su... ¿Navío?, pero podía dejarles razonablemente cerca.

Los compañeros pasaron la noche en aquella confortable posada, escuchando el ocasional entrechocar de aceros en algún callejón cercano, fruto probablemente de algún ajuste de cuentas entre delincuentes habituales de aquella extrema ciudad.

A la mañana siguiente, según lo convenido, se encontraron con el mago Damardas en el comedor de la posada. Este, a través de un pasaje secreto en la trastienda, les hizo descender por un pasadizo hasta una extraña caverna en la que aguardaba un bote de remos plantado sobre el suelo de piedra.

Extrañados, los compañeros subieron a bordo tras Damardas. Antes de que acabasen de mirarse entre ellos, el mago murmuró unas palabras que hicieron iluminarse varios símbolos arcanos en la madera del bote.

Sin previo aviso, el suelo pétreo de aquella caverna se iluminó, dejándoles caer a través de un portal mágico. En unos segundos, se encontraban en mitad de un enorme vacío, un lugar infinito sin suelo ni cielo, una inmensidad de resplandor ceniciento surcada ocasionalmente por auroras multicolor y en el que algunos islotes flotaban como suspendidos en el aire.

De hecho, el portal por el que habían llegado a lo que Damardas les comunicó que era el Plano Astral, se ubicaba en la parte inferior de uno de aquellos islotes. Según el mago explicaba esto, dos pares de enormes alas, como de libélula, surgieron del bote y comenzaron a impulsar la embarcación a través del vacío.

Tras una breve travesía, después de rodear uno de aquellos islotes, los compañeros quedaron boquiabiertos ante la visión de lo que se desplegaba ante ellos.

Se trataba de una especie de mantarraya de proporciones tan colosales que incluso transportaba una ciudadela en su inabarcable grupa. Orgulloso, Damardas les informó que aquella sería la “embarcación” que les acercaría a su destino: el Spelljammer.

El bote de remos voló hasta introducirse en una especie de dársena existente en la panza de la mantarraya. Después de eso, los asombrados compañeros fueron conducidos por Damardas hasta el puente de mando. Por el camino, observaban con curiosidad los extraños instrumentos y artilugios repartidos por todas partes en aquel navío que era mitad máquina y mitad ser vivo.

Las sorpresas no habían acabado, pues pronto descubrirían que Jel A'Nan, el capitán del Spelljammer era en realidad un rakshasa. Tras intercambiar algunas formalidades con los nuevos viajeros, les informó de que podía dejarles de camino en uno de aquellos islotes flotantes. Según explicó el capitán, se trataba de un portal cartografiado hasta Mechanus, el cual no les dejaría muy lejos de la Fortaleza de la Iluminación Disciplinada.

Al parecer, si bien no se trataba de un portal demasiado utilizado, podría servir perfectamente a los propósitos de los compañeros.

Zenit pidió permiso a Jel A'Nan para dibujar un círculo de teletransporte en su camarote. De este modo, una vez salieran de Mechanus, los compañeros podrían viajar hasta el Spelljammer sin necesidad de que el navío pasase por aquel islote a recogerles. Los compañeros no iban bien de tiempo en lo referente a aquellos drow que les aguardaban en Farallón de los Cuervos.

El capitán no mostró inconveniente alguno, siempre que Zenit no dañase el suelo del camarote. El mago elfo prometió ser cuidadoso y emplear pigmentos en lugar de grabar los símbolos sobre la madera.

Tras entrevistarse con el capitán, Cinthork, Zenit y Thorvald pasaron unas horas deambulando por el Spelljammer. Allí vieron seres desconocidos, como una especie de aterradores hombres-mantis llamados thri-kreen provenientes de un mundo conocido como Athas. También vieron a unos elfos, ligeramente distintos a Zenit que decían provenir de otro mundo llamado Krynn.

Cuando aquella noche los compañeros conciliaron por fin el sueño en sus camarotes, lo hicieron maravillados por hallarse en aquel fantástico navío.

A la mañana siguiente, los tres fueron conducidos hasta las dársenas de la panza, donde subieron a bordo de una versión mucho más pequeña del propio navío, del tamaño de una barcaza. Ese Smalljammer estaba comandado por uno de los oficiales de Jel A'Nan, un tal Ismo.

La Smalljammer se alejó del navío nodriza en dirección a uno de aquellos enormes islotes del Plano Astral. Por el camino, Zenit conversó con el oficial acerca de los posibles peligros del plano. Ismo le reconoció que, si bien el Plano Astral era relativamente tranquilo, cualquier peligro mortal podría acechar sin previo aviso, como mostraban sus numerosas cicatrices.

Tras un viaje de un par de horas, el Smalljammer aguardó flotando sobre un enorme islote de frondosa vegetación cuyo cristalino rio desembocaba en el vacío, derramando un torrente que se perdía en la nada del Plano Astral. Una vez los marineros hicieron un reconocimiento rápido, la embarcación se posó para que los compañeros pudiesen descender.

Antes de despedirse afectuosamente de ellos, Ismo les informó de que el portal que buscaban se encontraba en el interior de la caverna en la que nacía el río. Igualmente, les aconsejó que fueran prudentes.

Mientras los aventureros comenzaban a introducirse en la exuberante vegetación de aquel islote, el Smalljammer se alejaba volando hacia el eterno y ceniciento ocaso del Plano Astral.

Supieron que algo no iba bien en cuanto Thorvald, que abría la marcha, se topó con los huesos blanqueados de algún tipo de humanoide. La criatura parecía haber sido despedazada allí mismo. Ante tal presagio, los compañeros decidieron extremar las precauciones.

Con suma cautela, llegaron a la enorme caverna de la cual brotaban las cristalinas aguas de aquel río que surcaba el islote para acabar derramándose en la nada del Plano Astral. Desde el interior de la gruta escapaba el dorado resplandor que, sin duda, provocaba la magia del portal.

La caverna estaba inundada casi en su totalidad. Las oscuras e insondables aguas eran cruzadas por una especie de pasarela natural de piedra que se encontraba interrumpida más o menos a medio camino de la enorme catarata del fondo, tras la que refulgía el portal mágico. El ultimo trecho, vieron los compañeros, debería hacerse casi escalando sobre las rocas en las que rompía la catarata.

Tras adentrarse en la caverna, un pequeño crujido en el techo llamó rápidamente la atención de Zenit. Para cuando el mago volvió la vista hacia arriba, solo pudo ver como un enorme humanoide con las hechuras de un ogro y cabeza de terrible sapo hacía ceder una enorme estalactita, derrumbando una enorme porción de techo rocoso sobre los compañeros.

Si bien, Zenit y Cinthork estuvieron rápidos, esquivando gran parte de los cascotes, Thorvald recibió de lleno el impacto de una piedra bastante considerable. Antes de que pudiesen reaccionar, el slaad había saltado del techo para colocarse junto al minotauro. Mientras, otra de aquellas criaturas nadaba a través de las aguas en su misma dirección.

El mago elfo no se demoró en gritarle a sus compañeros que las garras de aquellos slaads transmitían una terrible enfermedad que podría matarles en pocos días.

Mientras Zenit se apresuraba a emplear la magia para hacerse invisible antes de correr a toda velocidad hacia la catarata, Cinthork se arrojaba sobre el slaad empuñando su espada “Hoja de Sombras”. El daño psíquico de la espada mágica, en combinación con las saetas disparadas por Thorvald desde retaguardia, hicieron retroceder a la criatura.

Sin embargo, aquel slaad era una bestia dura y con capacidades regenerativas. Aquello, junto con el hecho de que un segundo monstruo se dirigía nadando hacia ellos a toda velocidad, hicieron que Cinthork le diese la orden a Thorvald de que escapase hacia la cascada.

Mientras el veterano guerrero corría en pos del invisible Zenit, el minotauro se afanaba en combatir contra aquella criatura que le acosaba en un torbellino de garras y dientes.

El segundo slaad surgió de las aguas de un salto, aterrizando sobre la pasarela para cortar el avance de Thorvald. Para su desgracia, el guerrero resultó herido por las garras del monstruo. Mientras, Zenit, invisible, saltaba de roca en roca para rebasar ágilmente aquella zona en la que el paso se había derruido.

Cinthork sabía que no lograría resistir mucho más tiempo, así que manipuló el pomo de “Hoja de Sombras” para volverse invisible. En su carrera hacia la cascada, embestiría con fuerza al slaad que acosaba a Thorvald, haciéndole caer a las oscuras aguas.

El veterano aprovechó la irrupción del invisible minotauro para continuar su carrera. Por desgracia, cuando llegó a la zona interrumpida, resbaló al saltar de piedra en piedra y hubo de perder un valioso tiempo en volver a encaramarse a uno de los cascotes para salir del agua.

En ese lapso de tiempo, el invisible Zenit había trepado a lo alto de la cascada, desde donde observaba impaciente las evoluciones de Thorvald, ya que Cinthork también era invisible. Tras la cortina de agua, pudo encontrar multitud de restos humanoides.

El fulgor del portal, además, hizo resplandecer un par de enormes gemas junto con un camisote de mallas de aspecto inequívocamente mágico y un anillo que destellaba en el huesudo dedo de un cadáver. El mago se apresuró a tomar el anillo.

Los slaads habían nadado con rapidez, surgiendo nuevamente del agua para situarse ambos ante Thorvald, cortando su avance. No contaban con el empuje de Cinthork que, en su invisible carrera, tomó a Thorvald en volandas para arrojarlo más allá del camino de los monstruos. A trompicones, el aterrorizado veterano continuó entonces su carrera hacia la cascada.

Los monstruos, algo confundidos pero que seguían sin ver al minotauro, volvieron a arrojarse al agua para aprovechar su rápida natación e interceptar a la presa que escapaba. Uno de ellos emergió en la parte superior de los cascotes sobre los que rompía la cascada, mientras que el segundo lo hizo tras el propio Thorvald para, tras sujetarle con sus garras, hendir los dientes en su clavícula. El veterano aulló de dolor y terror mientras vertía su sangre sobre aquellas rocas húmedas.

Nuevamente al rescate de su compañero, Cinthork se aprovechó de su invisibilidad para arrollar al slaad en su carrera. La criatura soltó a Thorvald para caer de nuevo al agua, aunque esta vez su olfato le permitió ubicar más o menos al minotauro.

Zenit, que aún aguardaba tras la cascada, perdió su invisibilidad para conjurar una sombra de fuego junto al slaad que, desde la parte superior de los cascotes, aguardaba el ascenso de Thorvald. El guerrero logró pasar junto al llameante esqueleto extraplanar mientras el slaad rugía de dolor al ser atacado por las incandescentes falanges de su inesperado enemigo.

Tras conjurar a aquel aliado, el mago elfo cruzó el mágico portal para encontrarse de bruces con el sorprendente plano de Mechanus. Se trataba de un plano infinito en el cual el vacío estaba lleno de gigantescos engranajes muy parecidos al mecanismo de un reloj. Algunos se conectan en ángulo recto y otros a lo largo de un mismo plano. Las ruedas dentadas estaban hechas de piedra, tierra y metal.

En la imposiblemente gigantesca rueda que ocupaba Zenit, el portal ahora a su espalda estaba custodiado por dos pequeños constructos poliédricos dotados de un enorme ojo en su parte frontal. Los seres flotaban a varios metros de altura. Frente al mago, a lo lejos, una inmensa ciudad se alzaba en el centro de la rueda.

Mientras, en la caverna, la situación seguía siendo peligrosa. Cinthork, también aún bajo el efecto de invisibilidad de su espada, logró cruzar la cascada; aunque el slaad al que había derribado hacía un instante había logrado encaramarse a las rocas justo a tiempo de, por pura suerte, lanzar un certero mordisco guiándose tan solo por su olfato.

A su espalda, el otro slaad acababa de hacer pedazos a la sombra de fuego que había convocado Zenit y olfateaba el aire, probablemente intentando valerse de este sentido para tratar de detectar también al minotauro. Antes de arrojarse al iridiscente portal, Cinthork tuvo la destreza suficiente para aferrar el camisote de mallas que se hallaba entre los restos putrefactos que descansaban amontonados allí.

Ya del otro lado del portal, los tres compañeros respiraron aliviados al comprobar que los slaads no les perseguían hasta Mechanus. Supusieron que la presencia de aquellos modrones les disuadía. Según les había contado Ismo, el oficial de la Spelljammer, aquellos pequeños constructos eran mas peligrosos de lo que uno se imaginaba.

Con Cinthork y Thorvald en un estado realmente crítico, los aventureros casi se arrastraron hasta la Fortaleza de la Iluminación Disciplinada. La enorme ciudad-fortaleza bullía de actividad en aquel lugar donde los espíritus de los fallecidos cohabitaban con los visitantes del plano y, sobre todo, con innumerables de aquellos seres llamados modrones.

Por suerte tanto para Cinthork como para Thorvald, lograron dar con uno de aquellos constructos que estaba especializado en medicina avanzada. Aquel cachivache se las arregló para drenar la totalidad del veneno slaad de la sangre de los dos compañeros sin demasiados problemas.

Salieron tarde de el sanatorio regentado por aquel modrón, por lo que se vieron obligados a alojarse en una de las posadas de aquella ciudad, donde igualmente fueron atendidos por aquellos constructos que igual servían las mesas que deleitaban con una actuación musical.

A la mañana siguiente, Cinthork, Zenit y Thorvald se encaminaron a la biblioteca. Allí, tras ser atendidos diligentemente por otro de esos modrones, fueron conducidos ante la presencia de Nilandus, el encargado de la sección de “Planos existenciales y Campos de abjuración”. El camino les llevó a través de interminables galerías donde estantes de decenas de metros de altura recogían tantos volúmenes que nadie podría leerlos ni en mil vidas.

Nilandus, el constructo, tenía forma de icosaedro metálico. Una vez los compañeros se encontraron ante él, les saludó cortésmente. En ese momento, se dirigió a Zenit por el nombre de “Fenbalar”. Aunque el elfo trató de sacarle de su error, el constructo insistió en que su nombre era Fenbalar Daehorn y en que ya había estado en aquella biblioteca.

Entonces, Zenit se desmayó. En su mente, las visiones de una vida pasada cruzaron ante él, mostrándole mientras manipulaba una especie de consola mágica ante el acoso de un demonio que atacaba el laboratorio en el cual se hallaba.

El mago recuperó la consciencia bajo las atenciones de sus compañeros. En aquel momento, comprendió que quizá sí fuese aquel tal Fenbalar del que le hablaban. Inexplicablemente, no recordaba nada de aquello por algún motivo que ni siquiera Nilandus no sabía explicar.

Lo que si les pudo decir Nilandus es que solo había dos personas con los conocimientos necesarios como para manipular el mytal: uno era el propio Fenbalar, la otra era una baatezu amnizu llamada Rarzizian y que habitaba una torre en algún punto de Los Nueve Infiernos.

Igualmente, a petición de Cinthork, Nilandus les proporcionó la ubicación de un portal que desembocaba en un punto seguro del Plano Astral. Desde allí, Zenit podría dibujar un nuevo círculo de teletransporte que les llevase de vuelta a su camarote en el Spelljammer.

Antes de dejar la biblioteca, Zenit tuvo tiempo de investigar acerca de su inexplicable amnesia, llegando a la conclusión de que se trataba de algún tipo de amnesia mágica auto inducida. Hablaría con Elminster de todo aquello.

Tal y como les había indicado Nilandus, los compañeros abandonaron Mechanus por uno de los portales seguros, yendo a parar a una especie de posta comercial enclavada sobre uno de aquellos islotes flotantes del Plano Astral. Desde allí, el círculo de teletransporte les llevaría de vuelta al Spelljammer y el mítico navío les transportaría a Farallón de los Cuervos.

Cuando llegaron a la cueva de los drow, estos les estaban esperando para vendarles los ojos y conducirles a la Corte Élfica a través de un círculo de teletransporte. Allí, tras verse brevemente con Nastra Kenmtor, serían transportados de vuelta a Shind sin mayores contratiempos.

Tenían muchas e inquietantes noticias que dar a sus compañeros.

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