DT8: Los Reinos (T2) - Reos del Mal Menor (4/8)

Tras su asombroso periplo en el plano exterior de Mechanus, donde descubrieron la existencia de una baatezu llamada Rarzizian que, presuntamente, iba a ser la encargada de derruir el mytal que rodeaba la legendaria ciudad de Myt Drannor, Cinthork, Zenit y Thorvald regresaron a la localidad de Shind a través de los círculos de teletransporte drow.

Como las demás veces, Nastra Kenmtor les hizo vendarse los ojos para ser conducidos por las laberínticas galerías de la suboscuridad hasta la superficie. En algún momento, Zenit empleó su anillo mágico para enviar un mensaje a Elminster: "Soy Fenbalar, quiero recordar". Sin demora, el viejo sabio le citó a media noche, en aquel viejo roble en el que ya se habían encontrado anteriormente.


Lo primero que encontraron al llegar a Shind fue un ejército acampado que despertaba con la primeras luces del alba. Al parecer, dos millares de mercenarios zhents (sospechaban que también zhentarim) habían llegado desde Alcázar Zhentil en auxilio de Lord Salom Clawtalon.

También se percataron de que el pueblo se hallaba notablemente engalanado, por lo que no les costó adivinar que la boda entre Yorel Altoarce y la hija de Salom, Lady Lathre, había tenido lugar.

Sin perder el tiempo, se encaminaron hacia el templo de Lathander, donde esperaban encontrar a Britha para ponerla al día de todas las novedades descubiertas, sobre todo la posible alianza con los drow. Sabían que el apoyo de Los Arpistas en aquel asunto podía ser crucial.

Si bien Britha se mostró realmente alarmada ante aquel ofrecimiento de pacto por parte de la familia drow Kenmtor, acabó por reconocer que, ante la amenaza de los ejércitos goblinoides en Cormanthor y, sobre todo, de los demonios que podían llegar a resultar liberados si caían las salvaguardas de Myt Drannor, era una opción tan necesaria como desesperada.

Así, la sacerdotisa prometió que gestionaría una reunión con Lord Salom para aquella misma tarde. Además, Britha informó a los compañeros de que Lord Hilan Grove, del Valle de la Sombra, se encontraba en Shind, ya que había asistido como invitado a la boda de Lady Lathre y Yorel.

Los compañeros se asearon en la posada y pudieron comer algo antes de asistir a la reunión de la tarde. Jesper y Sathelyn no asistirían, ya que mientras el sacerdote se encontraba en mitad de un intenso retiro espiritual, la guerrera se hallaba explorando las lindes del bosque junto a los hombres de Lord Salom.

Antes de que la reunión de la tarde tuviese lugar, Cinthork quiso visitar a Lord Hilan Grove en sus aposentos. Su amigo le recibió con efusividad, alegrándose de verle. Si bien se mostró algo escéptico ante todo lo referente de la alianza con los drow, acabó por confirmar que apoyaría el asunto en la reunión, ya que comprendía la necesidad de aquella alianza extrema dadas las circunstancias.

En el salón del trono se reunieron Lord Salom, Yorel Altoarce, Britha, Álakir, Cinthork, Zenit y Thorvald. Además, se hallaba también presente ese mercader llamado Temmi Dharimm del cual el minotauro conocía su implicación en la trata de esclavos, por lo cual ni le dirigió la palabra. También había un hombre enorme y de modales bastante mejorables que respondía al nombre de Guthber Golthammer.

La reunión, de hecho, comenzó con un parco informe del propio Guthber acerca de la actividad goblinoide en Cormanthor. El hombretón abogaba por lanzar una serie de misiones expeditivas destinadas a hacer retroceder a los “pieles verdes”, alejándolos de las zonas pobladas. Aquello le pareció bien a todo el mundo.

El siguiente punto a tratar fue el relativo a la alianza de los lores de la región para combatir la amenaza común. Hasta el momento, solo Lord Hilan Grove del Valle de la Sombra había respondido a la llamada de Shind. Ni Lejanascolinas, ni Riba de Ashaba habían dado respuesta aún pese a que Lord Salom había mandado emisarios.

En el caso particular de Riba de Ashaba, Cinthork y Zenit sabían a ciencia cierta que Járesk Málorn había sido informado por sus hombres de la amenaza, por lo que se mostraron bastante decepcionados con el hecho de que el Valle de la Bruma no hubiese respondido.

Según Lord Salom, era probable que no pudiesen contar con Essembra, ya que aquella localidad parecía concentrada en controlar la amenaza de la Eldret Veluuzhra.

Cuando llegó el momento de tratar el asunto de la alianza con los drow, los compañeros recibieron la agradable sorpresa de que, además de Hilan, Yorel Altoarce también apoyaba la necesidad de aquella extrema alianza. Por desgracia, Lord Salom mostraba demasiadas reservas: si bien entendía la necesidad de aquello, pensaba que el hecho de reconocer oficialmente la Corte Élfica como territorio drow podía tensar (o incluso romper) sus relaciones con Arbolelfo y Olmeda; ya que aquello colocaba a los indeseables drow en sus mismas fronteras.

Yorel consultó a Temmi Dharimm, que parecía conocer a los drow bastante bien. El mercader dijo que los drow cumplirían cualquier acuerdo, al menos durante unos años. Después, era probable que buscasen alguna escusa para romperlo. De momento, ese margen era lo que necesitaban la mayoría de los presentes.

A sugerencia de Lord Hilan, se decidió que Lord Salom convocase la Reunión del Escudo. En una semana, los lores de la región se reunirían en Shind. Sería entre todos que decidirían lo referente a la alianza con los drow.

Decidido esto, Guthber anunció que al alba del día siguiente lanzaría una expedición punitiva sobre uno de los campamentos orcos detectado por sus exploradores. Invitó a Yorel a acudir, quien aceptó de buen grado aquella invitación. Asimismo, Yorel hizo extensiva aquella invitación a su suegro, Lord Salom, quien pareció bastante incómodo por ello, aunque acabó accediendo para salvaguardar su honor de guerrero.

Sospechando que aquello no era sino una treta zhentarim para acabar con la vida de Lord Salom y que Yorel Altoarce asumiera el control de Shind, Cinthork logró convencer al mandatario de que su presencia era necesaria en Shind, dedicada a las labores de gobierno.

Aquello pareció molestar bastante a Yorel.

Finalizada la reunión, Zenit se dispuso a acudir a su reunión con Elminster. Mientras tanto, Cinthork inició la noche en una de las tabernas de Shind, bebiendo a mares con su amigo Hilan Grove. Tenían mucho de qué hablar.

Zenit llegó al viejo roble a la hora acordada, encontrando allí al anciano Elminster. Antes de que comenzasen a hablar, el archimago decidió petrificar a Thorvald. Por lo visto, quería que aquella fuese una conversación privada.

Cuando Zenit le puso al corriente sobre que había descubierto su verdadera identidad, la de Fenbalar Daehorn, mago de Myt Drannor y creador del mytal, el rostro de Elminster se ensombreció. El anciano le explicó a Zenit que había sido el propio Fenbalar quien decidió aniquilar su memoria para proteger al mundo de la caída del mytal. No consideraba prudente que Zenit intentase recobrar la memoria de su vida pasada.

Aparcado de momento aquel asunto, Zenit puso al corriente a Elminster sobre la existencia de Rarzizian y la posibilidad de que fuese aquella baatezu quien hiciese caer el mytal desde el plano exterior de Los Nueve Infiernos.

Lejos de alarmar al archimago, aquella información pareció darle cierta esperanza. Según dijo, aquello abría otro curso de acción para lograr frustrar los planes de Tyranthraxus. Así, Elminster emplazó a Zenit para que volvieran a verse en aquel mismo lugar al mediodía del día siguiente.

Luego, tras sacar de su estado de petrificación a Thorvald (que ni siquiera fue consciente de que aquello ocurrió), el archimago más famoso de Los Reinos desapareció en un destello.

Mientras aquello ocurría, Cinthork e Hilan Grove bebían ingentes cantidades de cerveza en la taberna que habían elegido. El minotauro le confesó a su amigo que se sentía perdido, sin fe... que había apartado su camino del camino de su dios. Hilan, comprensivo, opinó que los mortales no debían deberle nada a los dioses, que debían hacerse su propio lugar en el mundo: lograr gloria y fama, formar una familia y erigir cuatro paredes de piedra dentro de las cuales formar un hogar.

Tras una buena conversación, bastante entorpecida por el alcohol, los dos amigos decidieron retomar su vieja costumbre de medir fuerzas en un pulso. Por primera vez, Cinthork logró imponerse a Hilan Grove. Los dos rieron.

Cuando Zenit y Thorvald regresaban a Shind, rumbo a la taberna en la que aguardaba Cinthork, cruzaron el campamento de los mercenarios. Allí, de soslayo, Zenit pudo ver al mercader Temmi Dharimm hablando con una mujer a la que conocía bien: la asesina llamada Wynna.

El mago decidió hacerse invisible para acercarse y escuchar la conversación que mantenían. Sin embargo, no se acercó todo lo que hubiese querido, ya que se percató de que el guardaespaldas del mercader, un tipo sucio y enorme, parecía inquietantemente alerta.

Pudo escuchar como Temmi intentaba persuadir a la mujer para que aceptase algún tipo de encargo muy bien remunerado. La tajante respuesta de la mujer, “No eres un zhentarim, así que, de momento, no trabajo para ti”, dejó clara tanto la desavenencia entre ambos, como el hecho de que Wynna pertenecía inequívocamente a aquella facción criminal.

Una vez en la taberna, cuando Hilan se hubo despedido de Cinthork, Zenit puso al corriente al minotauro tanto de su encuentro con Elminster como de la reunión entre Temmi Dharimm y Wynna que acababa de presenciar. Cinthork sugirió que, en adelante, deberían vigilar estrechamente a Temmi.

Sin más que hacer, fueron a descansar a sus habitaciones en la posada.

Al día siguiente, Cinthork acompañó a Zenit y Thorvald hasta el viejo roble donde se habían citado con Elminster. El archimago ya se encontraba allí para recibirles con una amplia sonrisa. Una vez intercambiaron saludos, el anciano les hizo desaparecer a todos en un destello mágico.

Fueron transportados a algún punto en el bosque de Cormanthor. Sorprendentemente, allí se encontraba el viejo molino que le servía de torre al archimago. También pudieron ver el pequeño estanque anexo que, como bien sabían, no era sino un elemental de agua.

Con amabilidad, les hizo pasar a su torre, donde encontraron ya a seis personas reunidas en torno a una mesa. Se trataba ni más ni menos que de Doust Maderadesul, Florin Manodehalcón, Islif Lagotentador, Jhessail Arboldeplata, Lanseril Mantodenieve y Merith Arcofuerte.

Se encontraban, a falta del malogrado Lord Mourngrym, en presencia de la legendaria compañía aventurera de Los Caballeros de Myt Drannor.

Si bien Merith se mostró algo molesto por la presencia de los compañeros, a los que llegó a acusar de colaboradores de los zhentarim, cómplices de la muerte de Mourngrym y alguna otra lindeza más, los demás miembros de la mesa se mostraron bastante cordiales con ellos.

Poco a poco, los rostros de los comensales fueron agravando el gesto mientras Cinthork y Zenit les contaban lo que habían descubierto acerca de la existencia de la baatezu Rarzizian y su posible implicación en la futura caída del mytal.

Por su parte, Elminster les contó que, hasta aquel momento, su plan consistía en entrar en Myt Drannor para acabar con la consola mágica que controlaba el mytal. Aquello impediría que, en un futuro, nadie pudiese derribar el cerco mágico desde el interior de la ciudad. La idea de que aquello no se haría desde dentro sino desde otro plano, era bueno y malo a la vez.

La mala noticia es que había dos formas de derribar el mytal. La buena era que el peligro más potencial no estaba en Myt Drannor sino en Los Nueve Infiernos. Según el archimago, la misión de entrar en aquel plano infernal y acabar con la tal Rarzizian podía tener más posibilidades de éxito.

Por desgracia, la entrada de Elminster en Los Nueve Infiernos era imposible ya que, una presa tan codiciada como alguien con su poder, atraería demasiada atención demoníaca en poco tiempo. Además, el archimago se mostraba decidido a que había que eliminar la amenaza que suponía Tyranthraxus de una vez por todas: había que eliminar a Rarzizian y había que destruir la consola de Myt Drannor, ambas cosas a un tiempo.

Así, los presentes acordaron constituir dos grupos para asaltar simultáneamente sus dos objetivos en un par de días: la torre de Fenbalar en Myt Drannor y la morada de Rarzizian en Los Nueve Infiernos.

El grupo que asaltaría Myt Drannor estaría formado por Elminster, Merith, Lanseril, Florin y un tal Ren de la Hoja, quien se hallaba de momento en camino. Por otra parte, los encargados de viajar a Los Nueve Infiernos para localizar y aniquilar a Rarzizian serían los compañeros, Doust, Jhessail, Islif y, por último, unos viejos conocidos de los aventureros: Alias y Cebodedragón, que también se encontraban de camino.

Elminster se comprometió a equipar a los aventureros con algunos objetos como un escudo atrapaflechas, un arco de congelación y componentes mágicos suficientes para el periplo por el plano infernal. Además, Cinthork decidió cederle su martillo “Mazo de Castigo” a Thorvald, quien se sintió muy emocionado por el obsequio.

Cuando Elminster hubo devuelto a Cinthork, Zenit y Thorvald de nuevo a la localidad de Shind, estos decidieron que el mago contactase mentalmente con Nastra Kenmtor a través de su anillo. Querían poner a la drow al tanto de la Reunión del Escudo.

Igualmente, meditaron sobre la posibilidad de pedir a Britha y Álakir que les acompañasen en su misión a Los Nueve Infiernos.

Ya en la posada, un par de horas después, recibirían la visita de Nastra Kenmtor bajo su ilusión de elfa dorada. Informaron a la drow sobre la aceptación de su acuerdo por parte de varios lores, pero que sería la Reunión del Escudo la que lo decidiría todo. Igualmente, la invitaron a asistir a aquella reunión en compañía de Viciira para que pudieran defender, y firmar dado el caso, el acuerdo.

Nastra se mostró conforme, prometiendo asistir junto con Viciira a la Reunión del Escudo. Igualmente, de un modo inexplicable, demostró ser conocedora del próximo viaje que iban a emprender los compañeros... y les deseó suerte.

Cuando la drow se hubo marchado, los compañeros se miraron entre sí, con el semblante tenso. Les aguardaba la que era, sin duda, su más peligrosa aventura hasta la fecha.

En un par de días, descenderían a Los Nueve Infiernos.

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