DT9: Los Reinos (T3) - La sombra de los derrotados (3/11)
Después de haber recibido de boca de los pintorescos habitantes de la aldea de Pondacre una inquietante información acerca de gentes extrañas y aberrantes criaturas vegetales avistadas en el Bosque del Ocaso, los compañeros habían empleado uno de los ojos-ala invocados por Zenit para dar con lo que parecía la entrada a una de las guaridas de la secta: el evidente acceso a una gruta que estaba siendo custodiado por dos ents, a todas luces corruptos.
Cuando el ojo-ala entró en el templo, los compañeros pudieron hacer un descubrimiento aún más importante: una joven dragona plateada se encontraba encadenada en la zona central del templo, presumiblemente para ser sacrificada, tal como les había contado Tara (la joven a la que rescataron de los sectarios) días atrás.
El grupo se hallaba en camino hacia el lugar cuando se topó con un grupo de unos veinte aldeanos en un estado atroz: agotados y hambrientos. Un grupo de elfos dorados parecía escoltar a aquellas personas, además de un sacerdote de Helm.
El sacerdote se identificó como Voros Caim, mientras que el líder de los elfos dijo llamarse Quinnorin Alamofuerte. Al parecer, aquellos aldeanos escapaban de su antiguo asentamiento, recientemente atacado por unos horribles monstruos vegetales.
Los compañeros les hablaron sobre los sectarios de Moander con los que se habían topado. En ese punto, Quinnorin dijo que no podía permitir que aquella secta maligna permaneciese activa en el Bosque del Ocaso y que debía intervenir, a pesar de que Voros intentó hacerle ver la importancia de llevar a los refugiados, al menos, hasta Mithrill Hall para que recibiesen auxilio.
Finalmente, tras conversar entre todos, llegaron a la solución de que Jesper y Sathelyn se encargasen de escoltar a los aldeanos a Mithrill Hall junto con los elfos dorados. Mientras, tanto Quinnorin como Voros se encargarían de acabar con la secta de Moander en aquel bosque en compañía de Cinthork, Zenit y Thorvald.
Así, tras despedirse, cada grupo continuó su camino.
Al medio día, durante un alto en el camino, mientras Cinthork, Zenit, Thorvald y Quinnorin comían algunas de sus raciones secas. El sacerdote Voros les habló acerca de Moander y su culto de abyectos adoradores.
Apodado también "La Mandíbula", Moander había sido una antigua deidad faerunense de la putrefacción, la decadencia y la corrupción. Era caótico maligno y fue desterrado de Faerún en más de una ocasión. Aunque nunca fue muy adorado tenía un pequeño culto de seguidores esclavizados físicamente por el Dios. La presencia y la adoración de Moander habían sido narradas en muchos textos antiguos. Algunos eran más antiguos que su primera adoración organizada registrada en Netheril. La adoración de los moanderitas era un dogma depredador que se aprovechaba de la gente solitaria a la deriva en el mundo.
Durante la Era de los Trastornos, el dios se había hecho presente en Faerún mediante su avatar, la Gran Abominación. Sus cultistas se dedicaban a alimentar a la Gran Abominación con sacrificios de seres inteligentes. En aquella ocasión, el avatar había sido destruido por la acción conjunta de Tyr, Helm y Lathander.
Entre los dioses, Moander tenía varios aliados y significativamente más enemigos. Lloth era un enemigo de Moander. Corellion Larethian, dios de los elfos, estaba en guerra abierta con Moander. Chauntea y Mystra también eran enemigas de Moander. No obstante, la mayor enemistad con este dios era la de Mielikki y Silvanus. Otro antiguo enemigo de Moander fue Tyranthraxus el Espíritu Poseedor, quien, en los días de la antigüedad, intentó someter a "La Mandíbula". Entre sus dioses amigos, Moander contaba a penas con Shar y Talos.
Los individuos que se unieron al clero de La Mandíbula fueron sometidos a una ceremonia en la que se plantó una semilla de Moander dentro de sus cuerpos. La semilla divina creció en el interior, convirtiendo lentamente la totalidad de su cuerpo en materia vegetal podrida. El clero de Moander era identificable por un pequeño zarcillo floreciente que sobresalía de la oreja y se enrollaba a través del cabello. Esta semilla permitía que el dios asumiera directamente el control de cualquier criatura infectada por ella.
Moander era servido por y podía manifestarse como varias criaturas inteligentes no humanas, como ents oscuros o brozas movedizas. Moander y sus cultistas habían usado en el pasado skums para sus nefastos propósitos, y la deidad convocó a sus leales dragones negros o verdes para servir a la Boca de Moander. En algún momento, Moander también había recibido las adoración de algunos de los elfos que temían el avance de la civilización. Estos elfos habían creído que el dios de la decadencia podría protegerlos de los agricultores, ganaderos y madereros.
Los templos típicos del Dios Podrido habían sido construidos como extensos complejos subterráneos o en la cima de colinas afiladas lejos de miradas indiscretas en el desierto aislado. Los templos estaban marcados por círculos de rocas afiladas en forma de colmillos dispuestas en forma de mandíbulas abiertas de Moander, rodeando un altar.
Los lugares de culto más oscuros eran meros rumores para la mayoría. Se rumoreaba que el Bosque del Ocaso albergaba santuarios de varios poderes malignos, incluido el templo llamado La Morada de Moander; que era probablemente hacia donde los compañeros se dirigían.
Voros también les contó que, en el Año del Príncipe, 1357 , los cultistas de Moander encontraron como aliados a una una hechicera llamada Cassana, el lich Zrie Prakis y los asesinos de Los Cuchillos de Fuego. La alianza oscura había reunido sus recursos para crear una construcción viva, un "niño no nacido", cada miembro de la alianza planeaba usar la construcción para su propio propósito.
Los cultistas del Dios Mandíbula buscaron usarlo para desatar la Abominación de Moander en el mundo una vez más. La construcción, que sería controlada mediante una serie de tatuajes azules en su cuerpo, acabó revelándose contra sus amos y dando muerte a los mismos. Aquello les recordó a Cinthork, Zenit y Thorvald a su amiga Alias, quien lucía exactamente esos tatuajes azules.
Conociendo exactamente a qué clase de enemigo se enfrentaban, los compañeros hicieron el resto del camino para llegar, entrada la tarde, a las inmediaciones de lo que sospechaban era La Morada de Moander.
Tal y como Zenit había visto a través de su ojo-ala, dos enormes ents aquejados de algún tipo de oscura corrupción estaban guardando la entrada. Cinthork usó su espada mágica para adoptar el estado de invisibilidad, mientras que Zenit hacía lo propio con su capa. La idea de ambos compañeros era ganar la entrada de la caverna, a través de la cual los ents claramente no podían pasar por una mera cuestión de tamaño. Una vez allí, Zenit trazaría un círculo de teletransporte que comunicaría con otro que previamente había trazado en el bosque, lo cual permitiría que Quinnorin, Thorvald y Voros pudieran acceder a la cueva.
Sin embargo, para desgracia de los compañeros, la capacidad de los ents para sentir las vibraciones del terreno hizo inútil su invisibilidad. Rápidamente, mientras Zenit corría hacia la entrada de la gruta, Cinthork se interpuso ante el ent más cercano que corría hacia ellos.
Justo al tiempo, Quinnorin, Voros y Thorvald salían de su escondite. Mientras que Voros desataba su magia de Ley sobre el ent con el que ya Cinthork combatía cuerpo a cuerpo, y Thorvald le disparaba su ballesta, Quinnorin empleaba su arco mágico para disparar una de sus flechas a los pies del segundo ent; haciendo crecer un enorme muro vegetal que impedía su avance.
Zenit, ya desde la seguridad de la entrada a la caverna, convocó un azer frente al segundo ent. Mientras aquella especie de enano llameante se batía a hacha contra el ser vegetal, Voros se unió al extraplanar, desatando sobre él nuevas andanadas de magia divina.
Fueron dos certeras flechas de Quinnorin las que finalmente segaron la vida del primero de los ents, hundiéndose en la putrefacta madera casi hasta el emplumado. El segundo ser vegetal, ya muy maltrecho por la acción conjunta de la magia de Voros y el hacha llameante del azer, acabó fulminado por el torrente de fuego que Zenit invocó sobre él.
Con los dos cuerpos humeantes de los ents consumiéndose bajo la débil cortina de aguanieve que comenzaba a caer sobre el Bosque del Ocaso, los compañeros entraron en La Morada de Moander.
El templo subterráneo era un lugar con podredumbre, desechos y aguas residuales en descomposición. Las paredes del complejo del templo habían sido talladas en algún momento del pasado con delicadas imágenes de elfos frunciendo el ceño en los árboles, humanoides torturados y personas derretidas por el ácido de los dragones negros que servían, según los grabados, al Dios de la Podredumbre.
Los compañeros sobrepasaron el par de bifurcaciones que, sabían por el ojo-ala, no conducían más que a un par de salas inundadas y llenas de vegetación. Según se acercaban al centro del lugar, donde sabían que se encontraba prisionera la dragona, escucharon los susurros de los sectarios; quienes se preparaban para recibirles.
Conscientes de que no existiría factor sorpresa alguno, los aventureros irrumpieron en la bóveda consagrada al dios Moander empuñando sus armas. Lo primero que pudieron ver fue a la maltrecha dragona plateada que permanecía encadenada en el centro de la sala, después vieron a cuatro sectarios parapetados tras columnas de roca y a un sectario con túnica cobriza ubicado junto al altar a Moander que presidía la estancia.
Mientras Cinthork corría espada en mano hacia dos de los sectarios, tanto Quinnorin como Thorvald disparaban arco y ballesta respectivamente contra el sectario de túnica cobriza que se hallaba junto al altar. El minotauro abrió uno de los viales que poseía durante la carrera, para consumir la poción que le envolvería en un aura de llamas.
Dos de los sectarios dispararon sus flechas contra Zenit y Thorvald, pero la destreza del guerreo ubicando su escudo les mantuvo a salvo a ambos. A la vez, Cinthork ya arrinconaba a los dos sectarios del flanco izquierdo con su espada de factura élfica. Una bola de fuego lanzada por Zenit echó una última mano al minotauro, quien no sufrió daño por las llamas debido a la magia de la poción que aún le mantenía también rodeado por el aura flamígera.
Thorvald se acercó rápidamente a examinar las cadenas, solo para constatar que requeriría demasiado tiempo y esfuerzo liberar a aquella dragona: debían centrarse en el combate.
Quinnorin empleó su anillo mágico para arrojar un voraz enjambre de insectos sobre el sacerdote de túnica cobriza, quien murió entre alaridos de dolor bajo los mordiscos y picaduras de millares de insectos.
Zenit, parapetado tras Thorvald, se apresuró a convocar un azer frente a la puerta de madera que se abría para dejar salir a aquella extraña sacerdotisa de túnica blanca y máscara roja. Cuando aquella mujer gritó “¡Aquí no!” y el extraplanar se desvaneció inmediatamente, el mago elfo supo que se iba a enfrentar a un enemigo que pondría a prueba sus capacidades mágicas.
Mientras Quinnorin dirigía al enjambre de insectos, ahora contra la mujer de túnica blanca, el cadáver del sacerdote cobrizo explotaba para dar lugar a un enorme monstruo vegetal que se precipitó sobre Cinthork. El minotauro gritó el nombre de Tyr, su dios, y enarboló la espada con furia contra aquel ser corrupto. Cuando la hoja hendió la carne vegetal, sin embargo, el paladín comprobó con frustración que el daño psíquico del arma era ineficaz contra esa criatura.
A un gesto de la sacerdotisa de blanca túnica, una gruesa enredadera surgía del enfangado suelo de la sala abovedada para atrapar a Zenit. El mago elfo se debatía desesperado mientras que, casi a la vez, dos seres con el aspecto de una maraña de ramas y plantas trepadoras se deslizaban avanzando rápidamente por los túneles a la retaguardia de Voros y Quinnorin, quienes aún permanecían justo a la entrada de la gran sala.
Las brozas movedizas atraparon tanto al sacerdote como al explorador elfo, arrastrándoles hacia los túneles subterráneos mientras ambos se debatían contra decenas de tentáculos vegetales que amenazaban con asfixiarlos.
La situación se estaba complicando mucho para los compañeros.
Mientras Cinthork continuaba luchando a brazo partido con aquella abominación vegetal, Zenit conseguía librarse de la enredadera que lo aprisionaba en un inaudito alarde de fuerza. Poco le duraría la alegría al elfo, por desgracia. La sectaria de blanca túnica convocó un enjambre de insectos que, aunque menor que el de Quinnorin (que la estaba hostigando a ella misma) se mostró mucho más dañino.
Con un rugido de furia, el paladín minotauro decapitó a la abominación vegetal. Viendo que Zenit corría hacia los túneles en pos de Voros y Quinnorin, él mismo corrió tras su amigo también.
El enjambre convocado por la sectaria de Moander aún seguía a Zenit, aunque el mago lo fulminó rápidamente con una deflagración llameante. Acompañado por Cinthork, el mago elfo corrió por el túnel mientras que Thorvald permanecía en solitario bajo la bóveda, batiéndose cuerpo a cuerpo con la sectaria de blanco y el último adorador menor. El sectario no parecía rival para el veterano guerrero y la sacerdotisa, si bien parecía más ducha, mostraba las evidentes secuelas del veneno que, una y otra vez, el enjambre de Quinnorin seguía inoculando en su cuerpo.
Una de las brozas movedizas se llevó a Voros hacia una de las salas inundadas, mientras que la segunda broza hacia lo propio con Quinnorin, llevándole hacia la otra sala existente. Mientras Cinthork iba a por Voros, Zenit se dirigió a por Quinnorin.
Confiando en su fuerza, el minotauro comenzó a forcejear con las enredaderas para intentar liberar al sacerdote. Zenit, consciente de que aquello no era una opción para él, invocó primero un azer y luego un méfit de fuego para que atacasen a la broza.
Mientras, en la bóveda, Thorvald aplastaba con su martillo de guerra el rostro de la sacerdotisa, quien se desplomaba sobre el suelo enfangado. Luego, se afanaba en continuar batiéndose con el sectario que aún permanecía en pie.
El terror invadió el rostro del veterano guerrero cuando vio explotar el cuerpo inerme de la sacerdotisa. De aquel cadáver surgió una abominación aún más terrible que la que hubo dado el cuerpo del acólito cobrizo. Mantenía un aberrante parecido con un cuerpo femenino, pero con su totalidad surcada por abyectas enredaderas podridas y con decenas de insectos correteándole por encima.
Con un golpe de su ardiente hacha, el azer invocado por Zenit arrebató la vida a aquella broza movediza a la que las llamas convocadas por el méfit de fuego ya habían debilitado. Como pudo, Quinnorin salió de aquella maraña vegetal humeante. Casi al tiempo, los esfuerzos de Cinthork dieron su fruto para liberar a Voros de la otra broza, aunque las llamas que envolvían al hombre-toro hicieron aullar de dolor al sacerdote.
Pero no había respiro.
Con un agónico alarido, Thorvald caía muerto bajo la vegetal garra de la abominación que, sin dudarlo, se acercó a la joven dragona encadenada. Las zarpas arbóreas del abyecto ser comenzaron a castigar a la indefensa dragona, que solo podía emitir rugidos de dolor.
Mientras Cinthork y Quinnorin corrían hacia la sala abovedada seguidos por el azer y el méfit, Zenit decidió teleportarse mágicamente: no confiaba en que la dragona resistiese hasta que el grupo llegase para salvarla. En su desesperado intento por llegar hasta la gran sala, los compañeros no se percataron de que Voros quedaba atrás y era atrapado de nuevo por la broza movediza que quedaba con vida, la cual le arrastró a su interior y comenzó a estrangularle con sus tentáculos vegetales.
Unos segundos después, Voros Caim perdía la vida asfixiado por aquella criatura.
Zenit se materializó en la sala abovedada y empleó su bastón de relámpago para lanzar un rayo eléctrico contra la criatura. Sin embargo, el mago elfo quizá se precipitó demasiado en su acción, ya que el haz de electricidad pasó bastante lejos de su objetivo.
Viendo que la abominación le prestaba atención por un segundo, Zenit comenzó a provocarla con insultos a la fe de Moander. Iracunda, la criatura vegetal comenzó a correr hacia aquel mago elfo que la observaba con la cara descompuesta.
Rezándole a Tyr porque sus compañeros llegasen a tiempo, Zenit empleó uno de sus pergaminos para crear tres copias ilusorias de sí mismo, esperando que aquello confundiese al monstruo.
Justo en ese momento, sus compañeros irrumpieron en la sala. Mientras Quinnorin disparaba sus certeras flechas contra la espalda de la abominación, Cinthork corría junto con el azer para interceptar al monstruo. El méfit, más rápido gracias a su capacidad de vuelo, llegaría a colocarse a la altura de la criatura.
Zenit, un mago de recursos, decidió emplear su magia para desterrar a aquel monstruo a algún tipo de semiplano inofensivo. Consiguió esto, al menos por unos instantes, lo que dio suficiente tiempo al méfit para que se colocase ante el hechicero mientras que Cinthork y el azer llegaban también al lugar.
Cuando la abominación volvió a materializarse, Zenit trató de escapar teleportándose. Esta vez fue el monstruo y no su versión humana el que gritaría “¡No!” con su gutural voz. Con el labio inferior temblando, el elfo fue testigo de como su urdimbre mágica se desvanecía bajo el terrible poder de Moander. De un manotazo, la criatura despedazó al méfit, que detonó en una explosión incendiaria; haciendo rugir de dolor al monstruo.
Pero al elfo aún le quedaba un último truco. Con sus reservas mágicas al límite, el mago recurrió a su socorrida capa de invisibilidad para desaparecer de la vista de la criatura y alejarse corriendo. Sin embargo, la abominación no tuvo mucho tiempo para preocuparse de la desaparición de aquel mago y sus copias ilusorias, por que un minotauro envuelto en llamas y un azer se le abalanzaban por detrás.
Los golpes combinados de Cinthork y el azer hicieron retroceder un par de pasos a la abominación, cuyo cráneo fue inmediatamente después atravesado por una de las flechas de Quinnorin. Finalmente, para alivio de todos, el monstruo se desplomó sin vida.
Totalmente agotados, los compañeros liberaron a la dragona, la cual se mostró muy agradecida. También pareció agradarla el detalle de que Zenit emplease la lengua dracónida para saludarla.
El reptil plateado dijo llamarse Fareye. Según les contó, si hubiese sido sacrificada y su sangre usada para manchar las rocas que componían el altar, una niebla amarilla se hubiese propagado rápidamente por la zona, extendiéndose hasta alcanzar cualquier aldea cercana. Todo aquel que se hubiese visto sumido en la niebla hubiese acabado convertido en una Corrupción de Moander.
Además, la dragona prometió a los compañeros que trataría por todos los medios de conseguir el concurso de los dragones del bien en la lucha contra el Culto del Dragón que se estaba librando en la Costa de la Espada.
Tras matar la última de las brozas movedizas y recuperar el cuerpo sin vida de Voros. Zenit, que había logrado recuperar algo de su poder tras descansar, usó su magia para detener la inevitable podredumbre de los cadáveres.
Luego, el mago atravesó la puerta por la que había salido la sacerdotisa de blanco para encontrar la biblioteca que los acólitos del Dios de la Podredumbre mantenían en aquel lugar. Allí, el mago elfo encontraría una inquietante información acerca de algo llamado “Las Tablas del Destino”.
Según los textos que encontró Zenit, Ao (el dios supremo) creó las Tablas del Destino, un conjunto de artefactos mágicos extremadamente poderosos. Existían cinco tablas en total: Ley, Caos, Bien, Mal y Equilibrio. Siendo tan peligrosas, las Tablas del Destino estaban cuidadosamente vigiladas y protegidas por entes conocidos como Los Guardianes Sagrados.
Al parecer, cada tabla era una losa de piedra gigante, tallada con runas antiguas y cubierta de una capa de polvo mágico. Ao ocultó las tablas en un santuario del Plano Astral, bajo un acertijo mágico cuyos componentes Ao dispersó para que no fuesen fácilmente encontrados.
No había más información sobre qué eran o qué hacían esas tablas, pero el hecho de que la secta de Moander estuviera tras ellas preocupó a los compañeros.
Finalmente, tras despedir a Fareye y sin nada más que hacer allí, los compañeros usaron uno de los círculos de teletransporte de Zenit para regresar a Aguaprofunda con los cadáveres de Thorvald y Voros.
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