DT9: Los Reinos (T3) - La sombra de los derrotados (4/11)
Tras asaltar a sangre y fuego el oscuro templo del Bosque del Ocaso conocido como La Morada de Moander, los compañeros se encontraban en Aguaprofunda con la intención de informar a la Alianza de los Lores, así como de revivir a Thorvald y Voros a la vez que eliminaban la enfermedad mágica contraída por Cinthork al resultar herido por la abominación de Moander.
Después de desembolsar una buena cantidad de oro en el templo de Lathander a cambio tanto de las resurrecciones como de la eliminación de la enfermedad de marchitamiento que sufría el minotauro, los compañeros se reunieron para comer en una de las mejores posadas de la ciudad.
Allí, tanto Quinnorin como Voros se comprometieron a continuar ayudando a Cinthork, Zenit y Thorvald en sus misiones contra el Culto del Dragón. Ya avanzada la comida, Thorvald le confesaría a Zenit que comenzaba a sentirse viejo y agotado de todas aquellas aventuras. La intención del veterano guerrero era abandonar la vida aventurera tras derrotar definitivamente al Culto del Dragón, quería establecerse en algún lugar tranquilo de Los Valles; en Shind quizá.
Tras la comida, Cinthork marcharía a entrevistarse con Remallia Haventree, su contacto en los Arpistas. La elfa tenía un martillo mágico preparado para el minotauro, quien lo intercambió por su espada, la cual sería puesta al servicio de los Arpistas. Tras poner a Remallia al tanto de los avances del grupo, le informó de que los compañeros partirían hacia Mithrill Hall en breve, a fin de ayudar a defender la ciudad del ataque del Culto del Dragón.
Zenit, por su parte, informó personalmente a Khelben Aursún de los avances de los compañeros. Además, también le comunicó que irían a Mithrill Hall, si bien Zenit primero debería hacer una escala en Luskan para entrevistarse con la Hermandad Arcana. Debido a esto Zenit le pidió un favor al archimago: que este transportase mágicamente al grupo hasta Luskan, desde donde posteriormente viajarían en barco a Mirabar para seguir a caballo hasta la ciudad de los enanos.
Así, a través de un portal que primero les hizo pasar brevemente por el plano etéreo, los compañeros fueron llevados por Khelben Aursún hasta las afueras de Luskan, donde se despidió de ellos.
En Luskan, Zenit le hizo entrega a la Hermandad Arcana del Bastón del Mago de Invierno que había encontrado en el Mar de los Hielos Movientes. Además, puso al tanto a Tern Hojadecuerno de lo descubierto en La Morada de Moander. El veterano mago se comprometió a seguir investigando el asunto, analizando los textos que Zenit había encontrado en La Morada de Moander, si bien reconoció que ya había oído hablar de “Las Tablas del Destino”.
De hecho, tras el ataque del Culto del Dragón a Riba de Ashaba, la Hermandad Arcana había quedado extrañada del inusual despliegue de recursos del Culto para un objetivo en apariencia menor. De ese modo, habían estado investigando.
Aquellas investigaciones habían dado como resultado el hallazgo de un extraño complejo subterráneo en Riba de Ashaba. En ese complejo, la Hermandad Arcana había encontrado textos similares a los traídos por Zenit. Según teorizaba Tern, el Culto también andaba tras esos artefactos, o al menos lo hacía Nérgozh, el que fuese líder de la organización hasta que el tal Severin lo asesinase.
Mientras Zenit se entrevistaba con La Hermandad Arcana, Cinthork se reunía con los Arpistas de Luskan en un piso franco. Allí, los agentes de la organización le conseguirían pasajes en un barco hacia Mirabar a todos los miembros del grupo junto con sus monturas.
Y así, tras finalizar sus asuntos en Luskan, embarcaron en una gabarra fluvial de buen tamaño hacia Mirabar.
Habrían navegado durante seis jornadas cuando, casi al caer la noche, Zenit divisó humo en la distancia. Sus ojos de elfo pronto identificaron que se trataba de fuego en un poblado cerca del margen derecho del río. Rápidamente, los compañeros hicieron que el patrón fletara un bote y les prometiera aguardarlos allí.
A bordo de dicho bote, el grupo remó hasta la orilla para desembarcar sin tiempo que perder y correr hacia el poblado. Pronto pudieron ver a los quince hombres armados que mantenían a más de una veintena de habitantes arrodillados y maniatados en el centro del pueblo.
Gritando juramentos por Tyr, Cinthork corrió hacia un grupo de ellos, empleando su medallón mágico para acortar distancias. Mientras el minotauro entablaba combate con cinco adversarios a la vez, pudo comprobar que no se trataba de soldados del Culto, sino de meros mercenarios.
Quinnorin abatía a un par con su arco. Un méfit de fuego invocado por el anillo mágico de Zenit desataría un torrente de llamas sobre otros tres mercenarios, haciendo que sus cadáveres envueltos en llamas rodasen sobre aquel suelo húmedo por las recientes nevadas.
Zenit desató una oleada de energía necrótica que envolvió a cinco mercenarios, haciendo que su tez se volviese azulada y negras venas surcasen su carne entre horribles dolores antes de arrebatarles la vida por completo.
Fue entonces cuando los cinco mercenarios que luchaban con el minotauro intentaron huir. El martillo mágico de Cinthork desató una andanada sónica que les hizo rodar a todos por el suelo justo antes de que el paladín de Tyr les amenazase con matarlos a todos si no se rendían. Aquellos mercenarios optaron, sabiamente, por detenerse y entregar las armas.
Tras liberar a los aldeanos, los compañeros interrogaron a aquellos soldados de fortuna. Los mercenarios eran plenamente conscientes de que trabajan para el Culto y sabían que los propios agentes de esta organización estaban recopilando tesoro para algún tipo de ritual. Dicho ritual parecía incluir a los desgraciados que ellos secuestraban para algún tipo de enloquecido sacrificio humano. Al parecer, tenían orden de conducir a los esclavos a un campo de prisioneros en el sur del Páramo Eterno, donde eran custodiados por un tal Temmi Dharimm, quien había contratado a los mercenarios y del cual se decía que trabajó en el pasado para los Zhentarim.
Por descontado, la sola mención de Temmi Dharimm bastó para poner nervioso a Cinthork.
Los mercenarios también habían oído que Varram, un antiguo mercenario de Puerta de Baldur, ahora servía al Culto e intentaba captar adeptos entre los mercenarios. Se decía que ha viajado al Mar de los Hielos Movientes en busca de un arma creada por alguna antigua civilización.
Finalizado el interrogatorio, los compañeros decidieron llevar a los maniatados mercenarios hasta la gabarra que aguardaba en el río y dar instrucciones al patrón para que entregase a aquellos desgraciados a las autoridades de Mirabar junto con la descripción de sus crímenes.
Y es que el grupo había decidido viajar al Páramo Eterno en busca de Temmi Dharimm: para liberar a los prisioneros y porque Cinthork tenía un especial interés en ajustar cuentas con el responsable del secuestro y esclavización de aquellos enanos con los que él había estado prisionero hacía ya dos años en una fortaleza subterránea de los drow.
Como no podía ser de otro modo, los compañeros fueron agasajados por los habitantes del pueblo, quienes les debían su libertad. Los aldeanos les dieron alojamiento aquella noche y suficientes víveres para el viaje.
A la mañana siguiente, el grupo partió hacia el Páramo Eterno. Cruzarían las llanuras de Nesme sin incidentes. Tampoco tuvieron que preocuparse de cruzarse con nadie en un lugar tan desolado como el Páramo Eterno, al menos hasta el décimo tercer día de camino.
Aquel día, Zenit divisó la silueta de un dragón joven en el horizonte. Una observación más minuciosa le permitió identificar al reptil como un dragón blanco e incluso distinguir la difusa figura de un jinete en su grupa. No obstante, ni dragón ni jinete parecieron detectar al grupo y acabaron por perderse en la lejanía, dirección al norte.
El grupo prosiguió entonces su camino, aunque la calma duraría mucho menos que en el tramo anterior, ya que tres días después, se toparían con un grupo de exploración del Culto del Dragón: cuatro garras y dos magos. Los cultistas habían establecido un pequeño campamento en el que dos garras montaban guardia mientras los magos y los otros tres exploradores permanecían sentados junto al fuego.
Zenit se aproximo ligeramente al campamento, amparado por la invisibilidad de su capa mágica. Con un gesto, hizo que la fogata de los cultistas deflagrara, arrojando una lluvia de llamas y humo sobre los que se sentaban en torno a ella. Sus víctimas gritaron de dolor y sorpresa a partes iguales.
Lamentablemente, al conjurar, Zenit perdió su invisibilidad; lo que propició que las garras le tomasen como objetivo de sus certeros arcos. En apenas un parpadeo, el cuerpo de Zenit se desplomó totalmente erizado de flechas, como un sangriento alfiletero.
Quinnorin abandonó entonces su cobertura para abatir a los dos magos con su arco. Thorvald acabaría con una de las garras con un disparo de su ballesta mientras que Cinthork descargaba una andanada sónica del martillo contra uno de los exploradores, haciéndole rodar por el suelo. Al mismo tiempo, Voros desplegaba su magia curativa sobre el cuerpo de un Zenit que en ese momento agonizaba entre la vida y la muerte.
El arco de Quinnorin eliminó a dos garras más, lo que puso en fuga a los dos exploradores que aún quedaban con vida. Si bien uno pudo escapar arrojándose por un terraplén cercano, el segundo se topó con la magia de un Zenit que acababa de recobrarse gracias al poder de Helm: el mago elfo conjuró un campo de fuerza que aprisionó a su enemigo.
El interrogatorio del cultista no arrojó ninguna luz más sobre lo que ya sabían los compañeros. Como el grupo no quería ejecutar a un hombre indefenso, le llevaron amordazado con ellos.
El camino prosiguió durante cuatro días más sin incidentes, hasta que se toparon con el cadáver de un miembro del Culto del Dragón que parecía haber sufrido el mal infligido por Moander. Según dedujeron los compañeros, el infeliz había comenzado a transformarse en planta cuando sus propios compañeros cultistas lo habían abatido.
Continuaron su marcha otros tres días hasta dar con el campo de prisioneros. Se trataba de un complejo amplio y rodeado por una empalizada salvo el lugar donde el campo se abría a una pequeña laguna.
Allí contaron veinticuatro mercenarios, además del propio Temmi Dharimm y sus tres obesos guardaespaldas: Muhnur, Rirded y Toscebus. Además, Zenit detectó una gran pajarera en la parte posterior de la casa en la que el esclavista parecía tener a seis halcones sanguinarios.
Tras debatirlo durante un rato, los compañeros decidieron que Zenit les envolviese a todos en una ilusión: Cinthork y Quinnorin parecerían dos reos encadenados mientras los demás adoptarían la apariencia de los mercenarios a los que los compañeros habían capturado días atrás en aquel poblado.
De ese modo, el grupo se aproximó al campo de prisioneros bajo la ilusión creada por el arcano poder del mago elfo. Zenit supo interpretar bien su papel y convenció a los guardias del campo de que aquellos prisioneros serían de interés para Temmi, por lo que el orondo esclavista no tardó en salir de la casa para examinar a los reos.
Esta vez, Zenit se esforzó en sus engaños, logrando hacer creer incluso al astuto Temmi que aquellos prisioneros escondían información valiosa. Así, el esclavista dio orden para que Rirded y Toscebus llevasen a Cinthork al interior de la casa con el fin de interrogarlo. Quinnorin seria llevado a los barracones, con el resto de prisioneros.
En el interior de la casa de Temmi, el esclavista se irritó notablemente con aquel prisionero que se mostraba tan desafiante. Cuando los matones de Temmi golpearon al reo, este se defendió con inusitada violencia empleando el travesaño de madera al que se suponía que estaba encadenado y que en realidad era su martillo de guerra bajo el influjo ilusorio de la magia de Zenit.
Una explosión sónica reventó las ventanas de la casa de Temmi, arrojando cristales en todas direcciones y llamando la atención de todos los que se encontraban en el exterior.
En el exterior, Zenit invocaba un área de exclusión en torno a él mismo, Voros y Thorvald, si bien este último corrió en dirección a la casa del esclavista para, tras abrir la puerta, atacar a Rirded con su martillo.
Si bien Zenit había conjurado discretamente el área de exclusión, el intento de Voros por reforzar esta de modo igualmente discreto no funcionó, atrayendo de inmediato la atención de los mercenarios; que de inmediato identificaron a los recién llegados como traidores.
Mientras unos guardias intentaban sin éxito aproximarse, chocando contra una barrera invisible, otros conseguían cruzar... y todos parecían disparar flechas contra los compañeros. Mientras, en los barracones de prisioneros, Quinnorin liberaba el enjambre de insectos de su anillo ante los atónitos ojos del resto de reos.
Cinthork, dentro de la casa, se tomaba una poción que le envolvería en llamas. Mientras Rirded, Toscebus y el propio Temmi aullaban a causa de las quemaduras, Zenit empleaba su anillo mágico para convocar al méfit de fuego junto a una de las ventanas destrozadas de la casa. La pequeña criatura arrojó llamas por la ventana abierta para castigar aún más al esclavista y sus secuaces, ya que la poción flamígera también otorgaba a Cinthork inmunidad al fuego.
Temmi, viendo peligrar su vida, se arrojó por la ventana norte para rodar por el patio y correr (no tan velozmente) hacia la pajarera. Casi a la vez, un grupo de mercenarios comenzó a disparar sus arcos con muy poco éxito a través de la ventana sur hacia el interior de la casa.
Quinnorin corría a través del patio de barracones a toda velocidad mientras su enjambre asesino daba cuenta de un par de guardias y hacía huir al resto. Con gran agilidad, el elfo rebasaría la empalizada para moverse por el exterior del campo, en dirección a la pequeña laguna.
En aquel momento, Muhnur, el guardaespaldas de Temmi que había permanecido en el exterior, bloqueado por las áreas de exclusión de Zenit y Voros, corría junto a la empalizada en pos de su patrón, cubriendo su retaguardia. Mientras, Zenit empleaba su magia para elevarse sobre el campo de batalla y volar hasta el exterior del campo de prisioneros sin , por suerte para él, llamar la atención de ninguno de sus enemigos en el proceso. El conjuro de vuelo del mago, terminó con la ilusión que cubría al grupo y todos mostraron por fin su verdadera forma, para furia de los mercenarios.
Quinnorin, que gracias a la laguna tenía linea de disparo hacia el interior del campo, asestó varios flechazos en la espalda de Muhnur mientras en guardaespaldas, así como Rirded y Toscebus dentro de la casa, asumían su verdadera forma de hombres-jabalí. De hecho, Rirded intentó embestir a Cinthork para sacarle por una de las ventanas de la casa, aunque topó con un rival demasiado fuerte y corpulento incluso para él. Thorvald, mientras tanto, se afanaba en castigar con su martillo a un Toscebus que no parecía capaz de hacerle frente.
Zenit, a fin de ganar ángulo de visión, volvió a levantar el vuelo. Nada más ver al esclavista corriendo hacia la pajarera, descargó sobre él un rayo eléctrico de su bastón. Mientras aullaba de dolor, Temmi llegó hasta la pajarera y consiguió liberar a los halcones sanguinarios al tiempo que señalaba a Zenit. Las aves volaron a toda velocidad, rodeando al mago en pleno aire mientras le herían con picos y garras.
Desde unos seis metros de altura, el mago cayó en picado hasta el suelo; chocando dolorosamente con él.
Casi al mismo tiempo en que Cinthork aplastaba con su martillo la cabeza de Rirded, Thorvald hacía lo propio con Toscebus. De inmediato, el minotauro corrió hacia la ventana este de la casa, a través de la cual se veía a Temmi junto a la pajarera.
El orondo esclavista ni lo vio venir: el puño de Cinthork le golpeó en pleno rostro, haciéndole rebotar contra la empalizada para luego golpear la pared de la casa antes de desplomarse inconsciente. Muhnur, el hombre jabalí que corría tras él para protegerle, dejó escapar una risa floja (el golpe le pareció cómico) antes de arrojarse a por el minotauro; no pudiendo alcanzarle al quedar obstaculizado por la ventana cuando Cinthork retrocedió hacia el interior de la vivienda.
En aquel momento, los mercenarios decidieron que no se les pagaba suficiente como para luchar hasta la muerte, así que comenzaron a huir del campo. Allí donde las áreas de exclusión de Zenit y Voros impedían el avance, los hombres se ayudaban entre ellos para saltar las empalizadas.
El martillo de Cinthork descendería una vez más, implacable para extinguir la vida Muhnur, el hombre-jabalí, mientras los últimos mercenarios huían a toda carrera mientras Voros daba caza a los rezagados, poseído por alguna especie de frenesí de justicia que pretendía hacer pagar a aquellos hombres por todo el mal que habían causado a los prisioneros de aquel campo.
Cuando Temmi recuperó la consciencia, aún tuvo la osadía de gimotear ofreciendo un trato a los compañeros, canjeando su libertad por montañas de oro. Cinthork, respaldado por el resto del grupo, le dejó meridianamente claro que aquello no iba a suceder.
Temmi sabía que el Culto estaba recopilando tesoro, llevándolo a un lugar llamado "La Tumba de Toahlil", donde se lo entregaban a una tal Rezmir, la Señora del Dragón negro; aunque él no conocía la ubicación exacta del lugar. También sabía que Varram, el Señor del Dragón Blanco aguarda en una fortaleza voladora el momento para atacar la mina de Thurburn, en Mithrill Hall. La fortaleza, al parecer, era de naturaleza Netherese y se hizo con ella en el Mar de los Hielos Movientes.
Por último, era consciente de que los prisioneros de aquel campo serían empleados en alguna especie de sacrificio humano. Nada que no supieran los compañeros ya. Sin embargo, les reveló que cuando reunía alrededor de ciento cincuenta en el campo, los trasladaba a las Colinas de la Serpiente, donde se los entregaba a agentes del Culto del Dragón.
Finalmente, cuando le preguntaron por qué había roto con los Zhentarim, el esclavista confesó que la Red Negra se hallaba sumida en el germen de una guerra civil entre los partidarios de Lord Manshoon, el actual dirigente y adorador de Cyric, y Lord Fzoul Chembryl, el segundo al mando y antiguo sacerdote del dios caído Bane; de quien se decía que Fzoul anhelaba su resurrección.
Sea como fuere, todo aquello no interesaba para nada a Temmi, que había decidido quitarse de en medio antes que verse atrapado entre los bandos.
Después de registrar los aposentos de Temmi y encontrar una auténtica fortuna en joyas allí, los compañeros liberaron a los prisioneros del campo y, a través de uno de los círculos de teletransporte de Zenit, viajaron a Aguaprofunda con ellos; llevando también como prisioneros al cultista del dragón que habían capturado por el camino y al propio Temmi para entregárselos a los Lores. Thorvald, Quinnorin y Voros aguardarían en el campo de prisioneros al regreso de Cinthork y Zenit.
Tras poner a los prisioneros del campo al cuidado de la guardia de Aguaprofunda, Cinthork y Zenit se dispusieron a conducir al cultista y a Temmi ante Khelben Aursún. De camino a ello, se toparon con Rian Nightshade, la emisaria Zhentarim en Aguaprofunda. La mujer les ofreció que le entregasen a Temmi a cambio de una fuerte suma, lo que los compañeros rechazaron.
Rian, que lo asumió con deportividad, se despidió cortésmente de los compañeros, que se alejaron por el pasillo llevando a sus prisioneros de camino a ser interrogados por Khelben Aursún y la Alianza de los Lores.
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