DT9: Los Reinos (T3) - La sombra de los derrotados (9/11)
Tras un penoso periplo a pie, ascendiendo las escarpadas Montañas de Picogrís, los compañeros llegaron a las inmediaciones del Castillo de Tuldrim. Ahora que sabían que los ejércitos del Culto del Dragón estaban confluyendo en ese lugar conocido como Pozo de los Dragones, el tiempo parecía apremiar peligrosamente; máxime con la certeza que la Señora del Dragón Negro y el Señor del Dragón Verde ya se encontraban allí. En aquellos momentos, derrotar al Señor del Dragón Azul, Kragor, y hacerse con su máscara, se había convertido en un objetivo primordial.
Estando tan cerca de aquel enclave del Culto y, conscientes de que el enemigo estaba alertado su presencia en la zona tras el encontronazo con Kragor, los compañeros decidieron no acercarse mucho más antes de conocer a qué se enfrentaban. De ese modo, Zenit decidió invocar a uno de sus ojos-ala para que sobrevolase la zona y transmitiese lo que veía a la mente del hechicero elfo.
El vuelo de aquel pequeño extraplanar fue bastante efímero. Pudo apenas comprobar que la fortaleza parecía encontrarse en buen estado. El Castillo de Tuldrim había sido erigido en lo alto de una escarpadura, rodeado de acantilados por todas partes, con un único sendero de entrada a pie que en aquel momento custodiaban dos enormes gigantes de fuego. La barbacana de entrada estaba unida al cuerpo principal de la construcción por una larga pasarela cubierta en la que se habían dispuesto multitud de troneras.
Poco más pudo ver aquel ojo-ala, ya que cuando iniciaba su exploración aérea sobre el patio central, un joven dragón negro elevó el vuelo desde el lugar para devorarlo.
Frustrado por la poca información obtenida, Zenit decidió invocar a un segundo ojo ala. Este pequeño engendro volador les anunció que los gigantes estaban tomando posiciones defensivas junto a las puertas. El extraplanar voló hasta la pasarela cubierta, examinándola a través de las troneras para constatar que el pasillo estaba vacío.
La torre sur parecía estar ocupada por tres Alas de dragón, los cuales permanecían en actitud algo relajada en torno a una mesa. La estancia anexa no reveló demasiada información más, ya que lo último que pudo ver el pequeño ojo-ala fue a uno de los magos menores del Culto asomado a la ventana, descubriéndole. Y ahí terminó todo.
Manejando esta información, Cinthork, Jesper, Sathelyn, Zenit y Voros decidieron que lo más adecuado sería que el mago les teleportase a la torre sur, donde tomarían por sorpresa al trío de Alas de dragón. Desde allí, podrían organizar relativamente rápido una ofensiva sobre el resto de la fortaleza.
Y así lo hicieron.
Ante el grito, entre sorprendido y aterrorizado, de los Alas de dragón, los compañeros se materializaron en la torre sur del Castillo de Tuldrim. Voros no perdió ni un segundo, convocando un muro de fuerza mágica que debería impedir la llegada de refuerzos desde el adyacente cuerpo de guardia. Zenit, por su parte, no dudó en activar las propiedades de su capa de invisibilidad.
Cinthork se trabó inmediatamente en combate con uno de los cultistas, mientras los otros dos se arrojaban sobre Jesper y Sathelyn. Casi al tiempo, la puerta que daba al cuerpo de guardia se abrió para mostrar a un Colmillo de dragón y un mago menor, ambos con el acceso negado al lugar por el muro mágico de Voros. El oficial miró al mago, esperando que disolviese aquel obstáculo, pero el frustrado arcanista negó indicando que aquella magia superaba sus posibilidades.
El poderoso golpe de Cinthork derribó un par de veces a uno de los Alas que, sin embargo, volvía a ponerse en pie gracias a las arengas del oficial que le gritaba desde el otro lado del muro mágico. Al menos lo hizo hasta que el último martillazo del minotauro le reventó el cráneo.
Con alivio, Jesper vio como el enemigo que se disponía a ensartarle era abatido por un certero disparo de Sathelyn, que se había alejado unos metros para obtener distancia de tiro. El segundo enemigo que se arrojó sobre el sacerdote fue recibido por el fuego sagrado de Lathander surgiendo de las manos de Jesper para disolver al cultista en una nube de cenizas.
Sin previo aviso, la puerta que daba a la pasarela cubierta se abrió, dejando ver a un Garra de dragón, que disparó su arco contra Sathelyn. Tras esquivar el proyectil, la guerrera contraatacó con una flecha que seccionó parte del cuello de su enemigo, haciéndole retroceder a trompicones mientras la vida se le escapaba a ríos por la garganta.
Otros tres Garras más se encontraban en la pasarela cubierta, con los arcos prestos. Sin pensarlo, Cinthork corrió con un grito de guerra hacia ellos. Quizá pensó que los rostros de terror de los cultistas se debían a su presencia, y no al hecho de que el minotauro estaba a punto de activar la trampa mágica dispuesta contra intrusos en aquel pasillo. El martillo del paladín aún tuvo tiempo de reventar la cabeza del Garra herido por su compañera.
La diminuta gota de ácido que cayó del techo explotaría mucho antes de tocar el suelo, rociando con el corrosivo líquido tanto a Cinthork como a los Garras. Los cultistas vieron como el ácido derretía su carne, exponiendo los huesos y dejándoles reducidos a una mera pulpa sangrienta. El minotauro, por suerte, pudo arrojarse al suelo y evitar lo peor, aunque recibió algunas heridas terriblemente dolorosas.
Protegido por la invisibilidad de su capa, Zenit se acercó a puerta del cuerpo de guardia para evaluar cómo estaba la situación al otro lado del muro mágico que aún sostenía Voros. Para su sobresalto, vio aparecer a una elfa plateada que vestía la túnica púrpura de los altos magos del Culto. Junto a ella, dos abyectas criaturas infernales encorvadas y barrigudas, con la piel como el cuero ennegrecido y un cuerno negro brotando de la parte posterior del cráneo.
A un gesto de la Ataviada de Púrpura, el muro de Voros se desplomó sin resistencia.
Jesper reaccionó rápido, desplegando un muro de poder ante la puerta que infligiría un terrible daño a cualquier criatura maligna que decidiese cruzarlo. Solo el Colmillo tuvo tiempo de cruzar antes de que la puerta hubiese sido bloqueado. Sin embargo, la sonrisa de Jesper se vino abajo cuando escuchó burbujear el muro oeste de la torre...
El dragón negro que el ojo-ala había visto en el patio quería abrirse paso a través de los muros empleando su aliento de ácido.
Aunque el mago menor del Culto no se atrevió a cruzar la defensa alzada por Jesper, si pudo crear un área de oscuridad mágica que envolvió a Sathelyn de inmediato. Por suerte para la guerrera, Voros estuvo rápido a la hora de disipar aquella negrura invocando el poder de Helm.
Prácticamente fue en aquel momento cuando el muro oeste de la torre se vino abajo, con la argamasa derretida por el ácido de dragón. Con el terror en el rostro, Jesper inició una rápida carrera hacia la esquina sureste de la enorme habitación. Voros no perdió el tiempo y erigió un nuevo muro mágico, impidiendo la entrada del reptil negro en la torre.
Los babau, que así se denominaban esos infernales, irrumpieron en la estancia con un potente salto. Poco pareció importarles el poder sagrado que bloqueaba la puerta, aunque este les achicharrase las carnes hasta hacerlas humear. A la vez, el mago cultista desplegó una nueva área de oscuridad, esta vez sobre Cinthork, que corría a interceptar al demonio que se abalanzaba sobre Jesper.
La situación aún empeoraría un segundo después cuando la Ataviada de Púrpura disolviera la barrera mágica de Jesper. Voros necesitaba equilibrar la situación, sí que disipó la oscuridad mágica que impedía a Cinthork ver a sus enemigos (aunque el minotauro había propinado un par de buenos golpes a ciegas).
Con una fiera sonrisa, la maga elfa abatió el muro mágico que impedía el acceso del dragón que, en lugar de entrar, vomitó su aliento de ácido sobre Cinthork, Jesper y Voros, causándoles terribles heridas. Un latido después, la Ataviada de Púrpura se había hecho invisible.
Abandonando la protección de su invisibilidad, Zenit alzó rápidamente un muro de fuerza para impedir que el dragón avanzase, o peor aún, volviera a exhalar ácido sobre sus compañeros. Mientras el combate a su alrededor continuaba, activó su anillo ”Alma de Fuego” para invocar a un méfit ígneo que abrasaría al mago menor de culto con su ataque flamígero, quitando un molesto problema del campo de batalla.
Una certera flecha de Sathelyn arrebató la vida al Colmillo de dragón, dejando al Culto sin su oficial en aquella estancia. En el otro lado de la habitación, mientras Cinthork aplastaba la cabeza de un babau con su martillo, Jesper desintegraba a otro con el poder solar de Lathander.
Parecía que los compañeros disponían de un momento de calma, así que Jesper decidió usar el poder divino para localizar a Kragor, Señor del Dragón Azul, en aquella fortaleza. El sacerdote elfo tuvo una visión del minotauro de pelaje negro corriendo por un pasillo con la Máscara del Dragón Azul cubriéndole el rostro. Junto a él corrían cuatro Garras y un nuevo infernal: un humanoide bicéfalo con la piel de un rojo intenso; una de sus cabezas era un feroz lobo, mientras que la otra una amenazadora serpiente.
Alarmado por los problemas que sin duda se avecinaban, Jesper canalizó el poder de su dios en una andanada de energía curativa que se derramó sobre Cinthork, Sathelyn y él mismo. A la vez, Zenit aprovecharía para tomar una de sus pociones curativas y leer dos pergaminos, uno que le proporcionaría una coraza de energía mágica y otra que aumentaría su resistencia a base de entrelazar energías necróticas con su propia esencia vital.
La Ataviada de Púrpura no tardó en volver a hacerse presente, intentando derribar el muro mágico que obstaculizaba al dragón. Sin embargo, esta vez Zenit estuvo rápido para contrarrestar su poder y sostener la barrera. Mientras el duelo mágico tenía lugar, dos babau más entraron en la sala de un potente salto. Uno se arrojó sobre Cinthork y otro sobre Sathelyn.
Un momento después, las cuatro garras entraban en la estancia junto con el molydeus, que así se denominaba el infernal bicéfalo. A continuación, haría también su aparición Kragor, empuñando su pesada maza de armas.
Obcecada, la hechicera elfa continuaba tratando de derribar la barrera mágica que retenía al dragón negro, esta vez con la oposición de Voros. La magia arcana crepitaba en un pulso contra el poder divino de Helm que esgrimía el sacerdote. A la vez, preparándose para la irrupción de más enemigos, Zenit convocó a un demonio de la sombra para que se ocultase junto a la entrada, presto a sorprender a quien entrase en la estancia.
Tras derribarlo varias veces a golpes, Cinthork finalmente destrozó el cráneo del babau que luchaba contra él. Jadeando por el esfuerzo, tuvo tiempo de girarse hacia la puerta del lado norte, desde donde ya llegaba el tanar'ri molydeus empuñando su enorme hacha. El demonio de la sombra comenzó a atacar casi de inmediato al infernal, aunque no parecía ser para él más que una simple molestia.
Voros se apresuró a erigir un nuevo muro mágico en aquella puerta, uno que impediría la entrada a las criaturas del Caos. Al tiempo, Sathelyn se veía obligada a soltar su arco mientras el babau que la hostigaba con su lanza conseguía arrinconarla en la esquina suroeste de la torre. La guerrera desenvainó su espada para trabarse en lucha cuerpo a cuerpo con la criatura infernal.
Rápidamente, Cinthork extrajo uno de los pequeños viales de su cinturón para consumir la poción que envolvería su cuerpo en un aura de crepitantes llamas. Mientras intercambiaba golpes con aquel molydeus que era inmune al fuego, vio como Kragor atravesaba sin problemas la barrera de Voros para dirigirse hacia él. Los Garras, por su parte, si se vieron detenidos por el conjuro.
Kragor, Señor del Dragón Azul, estaba intercambiando los primeros golpes con Cinthork cuando la Ataviada de Púrpura realizó una nueva arremetida arcana contra el muro que retenía al dragón, pero esta vez toparía con la fe de Jesper, que logró sostener de nuevo la barrera ante el empuje de la maligna maga elfa.
Sin embargo, los compañeros no contaban con el poder de la Máscara del Dragón Azul, que fue la responsable de derribar aquella defensa mágica. El ácido aliento del dragón negro se derramó esta vez sobre Jesper, Zenit y Voros. Aunque el mago y el sacerdote de Lathander aguantaron el tipo razonablemente, Voros estaba muy herido a aquellas alturas del combate.
En la zona noreste de la torre, Cinthork estaba comenzando a sufrir más de la cuenta ante las arremetidas constantes tanto de Kragor como del molydeus. No siquiera el apoyo proporcionado por el demonio de la sombra de zenit era suficiente.
Al sureste de la estancia, tras mucho sufrimiento, finalmente Sathelyn lograba decapitar al babau con un revés de su espada para recoger su arco y disparar sobre el dragón negro. La flecha disparada por el arco mágico castigó con hielo al reptil, que rugió de furia.
Zenit evitó que el monstruo se abalanzase sobre la arquera alzando un nuevo muro mágico. La barrera dejó un pequeño hueco por el que Sathelyn se atrevió a disparar, pero era un blanco demasiado difícil hasta para ella.
Desde la puerta de la pared norte, los Garras disparaban sus arcos sin demasiado éxito. Zenit intentó usar su Cetro del Tirano para hacer huir a varios adversarios, pero ninguno resultó afectado por la magia de artefacto, a excepción de un solitario Garra que huyó corriendo hacia el patio de armas.
A aquellas alturas, los compañeros fueron conscientes de que el combate se había torcido irremediablemente para ellos, de modo que Zenit trató de teleportarles lejos de allí. Sin embargo, con frustración, el mago fue testigo de cómo la Ataviada de Púrpura atajaba su magia, impidiendo la huida del grupo.
Un instante después, el muro de fuerza era también abatido por la maga elfa, permitiendo que el dragón negro penetrase en la habitación para arrastrarse por ella hacia Jesper, Zenit y Voros.
Jesper, alarmado por el estado de Voros, le tendió una de sus pociones de curación. Sin embargo, el sacerdote de Helm no llegó a beberla, pues la flecha de uno de los Garras le atravesaría la garganta, arrebatándole la vida.
Una nueva andanada de flechas caía sobre Zenit y Jesper, mientras que otro Garra disparaba sobre Sathelyn. Jesper decidió activar su “Anillo de Exhalación” para convertirse en una forma brumosa e intentar escapar de aquella trampa mortal.
En el mismo momento, Cinthork era derribado por Kragor y, desde el suelo, se debatía agónicamente por no morir bajo la lluvia de golpes con la que le castigaban entre el propio Kragor y el molydeus.
Casi con lágrimas aflorando de sus ojos, Zenit empleó algunas de sus últimas reservas arcanas en intentar salir de allí junto con sus amigos. Por suerte, las fuerzas de la Ataviada de Púrpura también habían resultado extinguidas en aquel enfrentamiento y, furiosa, solo pudo ver como los compañeros desaparecían en un destello mágico.
Completamente exhaustos, Cinthork, Jesper, Sathelyn y Zenit se desplomaron en el salón de la fortaleza voladora.
Esta vez, había faltado muy poco...
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