Draconis Tempora: Korvosa, al borde de la anarquía (4/6)
La situación en la ciudad parecía haberse complicado notablemente durante el último par de días. Aunque en la mayoría de las zonas de la ciudad, tanto la guardia como las compañías mercenarias parecían controlar en mayor o menor medida la situación, habían vuelto a surgir algunos focos de revueltas en los barrios más deprimidos de la ciudad.
El grupo formado por la maga
semielfa Gilmarie, el bardo halfling Riff, la paladina Kaylee y el guerrero
elfo Ealar había establecido su base en una posada del centro de la ciudad
llamada “El Cálamo Tembloroso”. Fue allí donde recibieron la visita del
emisario de la mariscal Cressida Kroft, quien les citaba en la Ciudadela de
Volshyenek.
Cuando llegaron, la mariscal
despedía a varios de sus hombres, que al parecer partían a diversos puntos de
la ciudad para asegurar que no se produjeran nuevas revueltas. Las gentes de
Korvosa seguían desconfiando de la futura gestión de la Reina Ileosa. Del mismo
modo, los rumores que ganaban fuerza acerca del asesinado del Rey Eodred no
contribuían a la estabilidad. La frase “Esos nobles y sus intrigas siempre
acaban en impuestos y hambrunas para el pueblo” era la más escuchada en las
calles últimamente.
Cressida les explicó que se había
filtrado la identidad de la asesina del Rey Eodred: una pintora local llamada
Trinia Sabor. Al parecer, los hombres de Sabina Merrin habían capturado a un
guardia de palacio implicado, quien había confesado que permitió que la pintora
accediese a la comida del monarca para verter un veneno en la copa “del
tirano”.
Sin embargo, la mariscal Cressida
no las tenía todas consigo.
El hecho de que los hombres de la
Reina no hubiesen detenido directamente a Trinia, sino que se hubiese filtrado
rápidamente la información, la hacía sospechar. Parecía más bien una filtración
interesada, probablemente enfocada a que volviesen los disturbios a la ciudad.
Además, a Cressida le constaba que la confesión del soldado había sido extraída
mediante tortura por Sabina Merrin, la guardaespaldas de la Reina.
Cressida temía que la turba
impusiese su justicia y acabase encontrando a la tal Trinia Sabor, linchándola
antes de que pudiesen conocer la verdad. No podía enviar a sus hombres a hacer
el trabajo, ya que estaban ocupados impidiendo que se desatasen nuevos
disturbios. Además, tampoco sabía si podía fiarse de todos ellos. Quería que el
grupo capturase a Trinia y se la entregase en la Ciudadela de Volshyenek a
cambio de 1.000 monedas de oro.
La mariscal les indicó que Trinia
se alojaba en el 42 de la Calle de la Luna. Les instó a darse prisa antes de
que una turba o los Caballeros Infernales, que también buscaban a la pintora,
diesen con la muchacha y se la entregasen a Sabina Merrin. Cressida quería
conocer la verdad que había en todo aquello.
Además, la mariscal compartió con
ellos su preocupación: había oído rumores en palacio sobre la intención de la
Reina de disolver la guardia de la ciudad para poner en su lugar a un nuevo
cuerpo militar que sería fundado en breve. Algo estaba ocurriendo en Korvosa y
podría ser que el margen de maniobra para Cressida Kroft fuese cada vez más
estrecho.
El barrio donde se alojaba la tal
Trinia Sabor era un lugar densamente poblado, con pasarelas de madera que
comunicaban los pisos superiores de muchas viviendas ya de por sí apelotonadas.
El caos arquitectónico era tal, que la luz del sol apenas llegaba al nivel de
la calle.
De camino, se toparon con un
nutrido grupo de unos veinte alborotadores; sujetos armados con palos,
antorchas y algún arma de mala calidad. La valiosa equipación del grupo pronto
llamaría su atención. Así que, puede que tomándoles por gente adinerada, se
abalanzaron sobre ellos.
A pesar de tratarse de mera
chusma, su gran número complicó la cosa. Si bien el grupo logró matar a más de
la mitad de la turba y poner al resto en fuga, todos recibieron heridas; sobre
todo Kaylee, quien necesitó recurrir al poder de su dios ante la gravedad de
sus lesiones.
Tras esta escaramuza, el grupo
continuó hasta el 42 de la Calle de la Luna. No obstante, allí encontraron a
unos treinta vecinos frente a la casa de Trinia. Los vecinos confiaban en la
inocencia de la pintora, y no parecían dispuestos a dejar que nadie la
capturase.
Los intentos de Riff por
tranquilizar a esa gente, asegurando que se daría un trato justo a Trinia, no
resultaron como el halfling esperaba; al punto que esa gente se puso violenta.
Cuando uno de los vecinos incrustó una botella rota en el muslo de Riff, se
desató el combate.
El grupo tuvo mucho cuidado de no
matar a ninguno de aquellos desgraciados, lo que quizá mermó su eficacia en
combate. Finalmente, los vecinos que no quedaron inconscientes acabaron por
darse a la fuga. Esta vez, fue Riff el que había acabado bastante maltrecho.
Aunque Kaylee se ofreció a sanarle, el bardo insistió en que la paladina
guardase sus poderes por si hacían falta en las próximas horas.
Cuando intentaron entrar en la
vivienda, descubrieron que la puerta de la misma había sido atrancada desde
dentro. Fue necesario que Kaylee y Ealar aplicasen toda su fuerza para echar
abajo la puerta. Al parecer, Trinia había apilado unas cuantas sillas por la
parte interior.
Encontraron a Trinia durmiendo en
la cama, o eso creían, ya que pronto escucharon pasos moviéndose por el tejado.
Cuando Ealar quiso agarrar a la muchacha de la cama, esta se desvaneció como la
ilusión que era.
Por lo que sabían, Trinia no era
una maga, así que sin duda se hallaba en posesión de algún tipo de objeto
mágico. Debían tener cuidado.
Así, comenzó una frenética
persecución por los tejados de aquel barrio. El grupo corría tras una Trinia
que les sacaba bastante ventaja, mientras todos corrían sobre tejas
resbaladizas o saltaban de tejado en tejado. En la carrera, pudieron observar
que la mujer portaba una especie de cetro, sin duda el objeto mágico del que
habían sospechado.
Trinia saltó grácilmente el
enorme espacio que separaba los tejados de dos edificios cercanos. Mientras que
Gilmarie cruzó levitando, el resto del grupo se precipitó al vacío al no poder
alcanzar el edificio contiguo. Ealar tuvo la agilidad suficiente para agarrarse
a una pasarela justo tras rebotar en otra de ellas y escuchar como se le partía
alguna costilla. Kaylee y Riff, sin embargo, cayeron hasta la calle. Por
desgracia, las heridas que Riff había recibido en el combate con los vecinos,
junto con esta terrible caída fueron demasiado para el pequeño halfling; que se
dejó la vida sobre el empedrado.
Sin tiempo para llorar a su
amigo, Kaylee invocó a su dios para que la recuperase e inició de nuevo la
persecución de Trinia; esta vez desde el nivel del suelo.
Tras moverse sobre los tejados a
través de un par de manzanas, Trinia apuntó a Ealar con su cetro. Una amalgama
de colores inundó entonces los ojos de el elfo, que quedó cegado y obligado a
detenerse para no caer del tejado durante unos segundos.
Trinia saltó a un tejado estrecho
plagado de palomas y, justo cuando Gilmarie se disponía a seguirla, la enorme
bandada de palomas se alzó en vuelo; amenazando con hacerla caer. Sin embargo,
los reflejos de la semielfa la permitieron rehacerse y continuar la persecución.
Ealar, a alguna distancia de
Gilmarie y a bastante de Trinia, decidió tomar un atajo cruzando en equilibrio
sobre una cuerda de tender que comunicaba dos viviendas situadas en lados
opuestos de un callejón. Había bastante altura, pero el elfo decidió jugársela.
No fue una decisión muy acertada,
como pensaría Ealar justo antes de partirse el cuello en aquella terrible
caída.
Trinia proseguía su carrera, cada
vez más visiblemente cansada. Su paso por uno de los tejados sobresaltó a una
especie de vagabundo que parecía vivir allí. Y como la muchacha que le asustó
ya había salido de su alcance, decidió abalanzarse sobre Gilmarie.
La maga, en plena carrera, no
tuvo tiempo de reaccionar. El vagabundo la abrazó con fuerza, haciéndola caer
sobre el tejado. Ambos rodaron sobre las tejas y se precipitaron al vacío. Por
suerte, el hecho de que la maga cayera sobre el cuerpo del hombre cuando
finalmente impactaron contra el adoquinado, pudo salvarle la vida.
Renqueando, muy malherida,
Gilmarie cojeaba por la calle con la vista en los tejados; aún en persecución
de Trinia.
Sin embargo, fue Kaylee quien
interceptó a la pintora ya en el nivel de la calle, en un estrecho callejón,
cuando esta acababa de abandonar los tejados. La muchacha, con la magia de su
cetro ya agotada, ni siquiera pudo resistirse cuando la paladina la redujo.
Apenas un instante después,
Gilmarie llegó al lugar. La semielfa suspiró agradecida cuando Kaylee empleó
sus poderes curativos para paliar un poco sus graves heridas.
En aquel sucio callejón, Trinia
les juró entre lágrimas que ella no había tenido nada que ver con la muerte del
Rey Eodred, que había sido incriminada falsamente. Según su versión, solo había
estado en el Castillo para pintar un retrato del monarca.
Aunque Gilmarie se mostró escéptica,
Kaylee le aseguró a su compañera que aquella mujer estaba diciendo la verdad.
Tras discutir durante un rato,
finalmente decidieron ocultarla en “El Cálamo Tembloroso”, dentro de las
dependencias que allí tenía alquiladas el grupo.
A la mañana siguiente, Gilmarie
se dirigió a la Ciudadela de Volshyenek para entrevistarse con Cressida,
mientras que Kaylee se quedaba en la posada al cuidado de Trinia.
Cuando Gilmarie puso al tanto de
todo a la mariscal, esta se mostró sumamente preocupada. Tras darle el pésame a
la semielfa por la muerte de sus dos compañeros, Cressida decidió que pondría a
Trinia Sabor al cuidado de Vencarlo, el maestro de esgrima; un hombre de su
máxima confianza. Obviamente, todo aquello quedaría en secreto.
Mientras tanto, Cressida había
decidido iniciar sus propias investigaciones acerca de la muerte del Rey
Eodred. Algo no le olía nada bien.
Tras la reunión con la mariscal,
Gilmarie regresó a la posada para reunirse con Kaylee y Trinia.
Ya caída la noche, las tres
mujeres se moverían con sigilo a través de las calles de Korvosa hasta llegar a
la escuela de esgrima de Vencarlo.
Allí, la joven pintora se
despidió de Kaylee y Gilmarie, agradeciéndolas que la hubiesen creído. Por su
parte, Vencarlo juró poner a salvo a Trinia.
Una vez se hubieron despedido, la
maga y la paladina caminaron en la noche de Korvosa, de vuelta a la posada.
Había mucho que hacer: necesitaban reclutar a dos compañeros para reforzar el
grupo.

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